CRÍTICA
por
Miguel Á. Refoyo
Los fantasmas del pasado y la venganza del presente
Eastwood compone una sólida intriga policial que indaga en la
más cruel y oscura naturaleza del ser humano y en la violencia
de la so-ciedad americana actual
Tras la más que fallida "Deuda
de sangre", Clint Eastwood
vuelve por sus fueros confirmando de nuevo su talento como
director con "Mystic Ri-ver", una trágica película que vuelve a
planear sobre la violencia como infec-ción creada por la
sociedad para su propia autodestrucción, tema en el que Eastwood
ha sido uno de los ico-nos contemporáneos idealizándola dentro
de la pantalla ("Harry, el su-cio") y demoliéndola fuera de ella
("El jinete pálido" y, sobre todo, "Sin perdón"). Basada en la
novela homónima de Dennis Lehane
y adaptada al cine por Brian Helgeland,
"Mystic River" presenta un complejo lienzo de historias cruzadas
a lo largo de un cuarto de siglo en un pequeño distrito de
Boston. Tres niños viven un trauma que marca sus vidas para
siempre encontrado en la cruel vejación de uno de ellos por
parte de un hombre que dice ser policía. Un se-gundo encuentro
en circunstancias igualmente aterradoras cierra el círculo entre
los ahora tres hombres, tres vértices de un triángulo de
prototipos de ciudadanos recluidos en el barrio periférico donde
transcurren sus vidas.
Sombría y pesimista, "Mystic River" desarrolla líneas
laberínticas en las cuales los personajes dan paso a sus tres
complejos caracteres marcados por la soledad silenciosa, el
ansía de venganza y la locura pretérita, respec-tivamente,
actualizadas por un hecho inconfesable que no es más que la
coartada moral para confirmar una an-helada búsqueda de la
propia identi-dad. Con una estremecedora imagen periódica de la
baldosa en la que dos de los chicos escribieron su nombre y el
tercero sólo pudo escribir la mitad –visión de una vida
truncada–, la intención ética del filme exhibe una inteligente
disertación sobre la naturaleza humana, ás-pera y melancólica,
que abre el insondable fondo grisáceo del com-portamiento
humano, donde las secuelas del abuso infantil y las
consecuencias del crimen exponen no simplemente personajes a un
lado u otro del bien y el mal, sino a seres humanos combatien-do
contra su propios fantasmas.
El interés de "Mystic
River", por tanto, no reside en saber quién ha cometido el
asesinato que conmueve y lleva a sus personajes a un tortuoso
destino, un ‘whodunit’ policial que en su desenlace puede ser lo
más deficiente del relato (por su resolución), sino en abrir una
profunda y seria reflexión sobre las consecuencias que
desencadena el hecho origina-rio, el homicidio de la hija de
uno de los tres amigos, en el entorno que rodea a la familia, en
el barrio donde se ha perpetrado el cri-men, alcanzando el
macabro estigma a aquellos que intentan supe-rar sus miedos y
trastornos viéndose todos en una espiral de pesa-dillesca
venganza y aire de violencia imparable.
Un oscuro pasado restaurador de las pesadillas infantiles
trasladadas al presente en diversas y escabrosas formas que
sirve de metáfora para ur-dir una siniestra visión de la
hipocre-sía y de procacidad provocadas en el actual Estados
Unidos por la violencia bajo una intriga, en realidad
desapa-sionado y cruel análisis psicológico y social del terror
violento y sus efectos en la actual y paranoica sociedad
‘yanqui’. Un grito de mordacidad y pe-simismo, de opacidad moral
que es esta réplica al espejismo polí-tico de Bush con la
presencia de dos rostros militantes en la lucha contra la
estupidez americana como son Sean Penn
y Tim Rob-bins
realizando dos de las interpretaciones más loables y intensas de
la temporada, dos creaciones llevadas hasta cotas de
insupera-ble maestría, a las que se unen unos magníficos
Kevin Bacon y
Lawrence Fishburne, pero, sobre
todo, los secundarios persona-jes femeninos,
Marcia Gay Harden y
Laura Linney, esposas,
cómplices y traidoras, que toman una imperiosa fuerza narrativa,
fundamental para el discurso radiográfico social, en la parte
final de la película.
Con este relato de agobiante turbie-dad moral, Eastwood
consigue con "Mystic River" volver a demostrar su virtuosismo en
una dirección de tintes clásicos, volviendo a la den-sidad
violenta desgranadora de la verdadera y oscura condición hu-mana
de "Sin perdón" e influencia-do de nuevo por "El incidente
Ox-Bow" de William A. Wellman y reali-zando, de paso, uno de los
mejores trabajos de toda su filmografía. Una película de sólido
temple, de elegante factura, categórica en su lóbrega
proposición dramática que lanza la clásica mirada de su director
en una línea sombría ante los personajes y los ambientes. Un
recurso que hace que "Mystic River" encuentre en su extensión un
aire enrarecido de in-moralidad, maldad y recovecos internos en
los que el destino teñi-do de sangre acaba por contagiar a todos
los miembros de una co-munidad que fecunda la violencia para
sufrirla posteriormente. El veterano actor y cineasta crea así
un obsesivo tono pausado y a veces voluntariamente arrítmico que
otorga a la cinta un equilibrio lento y sostenido, proporcionado
en su investigación policial y en su profundización emocional a
través de largos diálogos que dan como consecuencia una
oscurísima deliberación sobre la amistad, la fatalidad y la
imposibilidad de las personas por evitar la tragedia. Uno de los
trabajos fílmicos más sobresalientes del año.
Calificación:
    
Imágenes de "Mystic River" - Copyright © 2003 Warner Bros
Pictures, Malpaso Productions, Village Roadshow Pictures y NPV
Entertainment. Distribuida en España por Warner Sogefilms. Todos los derechos
reservados.
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