CRÍTICA
por
David Garrido
Una comedia plagada de
autoreferencias
Decía Fernando Trueba en su
Dic-cionario de Cine una frase a propósito de
Woody Allen que definía
bastante bien la relación que tenemos sus apa-sionados seguidores
con él: “La cita anual con la nueva película de Woody Allen es un
rito irrenunciable. Es sa-ber que vas a ver algo familiar y, sin
embargo, siempre distinto, sorpren-dente. Incluso cuando se
equivoca, es siempre divertido e interesante. Y so-bre todo,
inteligente.” La certera sentencia nunca cobró más sen-tido que
en esta película en la que uno tiene la sensación de asistir a
la más autoreferencial de las películas que el cómico
neoyorquino haya hecho en su carrera.
Es un hecho bien conocido que
los detractores de Allen repiten con cada nuevo estreno la misma
retahíla de descalificaciones: que si siempre hace la misma
película, que si las mismas situaciones de siempre son abordadas
una y otra vez, que si resulta cansino verle hacer el mismo
papel cuando actúa... Resulta una tarea bas-tante inútil tratar
de convencer, a quien no comulga con esta espe-cie de religión
profana que seguimos los conversos al universo de Woody, que sí,
que puede que los temas sean los mismos, pero que esos son los
temas que más han obsesionado al hombre des-de el principio de
los tiempos: el sexo, el amor, las siempre difíci-les relaciones
de pareja, la muerte, la inseguridad en uno mismo; en
definitiva, la vida misma, y que cada nueva variación de estos
temas eternos no hace sino enriquecer nuestro conocimiento de
los mismos y, como dice Trueba, siempre, siempre de una forma
inteligente y divertida.
Pero será complicado en esta
oca-sión rebatir tales argumentos. Porque "Todo lo Demás" es,
en el fondo, una puesta al día de "Annie Hall" con referencias a
otras películas clave en la filmografía del cineas-ta.
Rastreando en la historia de este guionista neurótico, dominado
por su novia y absoluto alter ego juvenil del Woody Allen más
característico y re-conocible que interpreta con notable soltura
Jason Biggs (bastante mejor
de lo que lo hizo Kenneth Branagh en ese experimento parecido
que se llamó "Celebrity"), no resulta nada complicado encontrar
las huellas de "Broadway Danny Rose" (el papel de
Danny DeVito es de lo más
significativo al respecto, aunque aquí se invierta el punto de
vista), de "Manhattan" y hasta de "Maridos y Mujeres". Pero por
encima de todo, de "Annie Hall".
Porque es sobre el esqueleto
argumental de esa película em-blemática, con todos los rodeos y
reparos que quieran ponerse, sobre el que Allen ha construido su
última película. Más allá de los parecidos puramente formales,
que van desde la vuelta a los recur-sos de hacer que Jason Biggs
se dirija constantemente a la cáma-ra para explicar a los
espectadores sus sentimientos sobre las si-tuaciones que están
ocurriendo en segundo plano o que su perso-naje sea, como fue el
Allen de entonces, un catálogo completo de inseguridades y
neuras directamente heredadas del director, "Todo lo Demás" es
una comedia que incide sobre la problemática de la pareja desde
un punto de vista demasiado cercano a aquélla, lleno de la
ironía y amargura características del neoyorquino, que se
describe a sí mismo a través de su joven protagonista con la
mis-ma dureza implacable que ya empleara entonces, si bien
añadién-dole algunos matices lúcidamente perversos, como por
ejemplo el terrible retrato que Allen hace aquí de la inutilidad
del psicoanálisis a través del personaje del psiquiatra que no
ayuda en lo más mí-nimo a su paciente desde su continuo silencio.
Woody Allen parece
desafiar abiertamente, eso sí, a los que no le aguantan: si sus
películas no funcionan en EEUU porque los es-pectadores no le
soportan como actor, Allen les da dos tazas de lo mismo: al
personaje central que inter-preta Jason Biggs se añade el propio
Allen interpretando a una especie de mentor/amigo/voz de la
conciencia del atribulado joven que suelta unos dis-cursos
terriblemente lúcidos sobre una amplia variedad de temas, desde
el sentido último de la vida hasta la mejor forma de solucionar
sus problemas personales. Pero tiene un pequeño problema: está
absolutamente loco, es un paranoico que defiende la posesión de
armas para la autodefensa y la venganza como forma de hacer
justicia. Resulta así que la relación entre los dos ‘Allen’ se
convierte en lo único novedoso de la película, porque este
análisis de la amistad entre dos personajes de edades tan
di-ferentes es algo relativamente nuevo en su filmografía. Es muy
cu-rioso cómo se construye la relación entre ambos, ya que Jason
Biggs reconoce que dice cosas muy inteligentes y que podrían
ser-virle de mucha ayuda en su vida personal, pero cuando menos
se lo espera se encuentra con un rifle en las manos, regalo de
su men-tor, y claro, no puede dejar de cuestionarse todo acerca
de tal in-fluencia. La relación entre ambos es quizá lo más
interesante y rico de la película.
Cuestión distinta –y es aquí
donde reside, en mi opinión, el prin-cipal lastre de esta
película– es el retrato furiosamente misó-gino y plano que Allen
hace de los dos personajes femeninos de la función.
Christina Ricci interpreta con
desparpajo a una psicótica de libro, cruel, deshonesta,
mentirosa y manipuladora hasta extremos cómicos que trae por la
calle de la amargura a su sufrido novio. Pero su personaje,
aunque consiga de su relación con Biggs los mejores y más
furiosamente divertidos momentos de la película (la escena de la
revelación de sus infidelidades es anto-lógica), es tan negativo
que no tiene por dónde agarrarse, y otro tanto le sucede a la
insoportable madre que interpreta
Stockard Channing, que se instala con ellos y añade
más tensión y proble-mas al santo varón que por contraposición a
ellas resulta ser Biggs. Es extraño que un escritor como Allen,
que a pesar de cierta misoginia siempre ha sabido construir
papeles femeninos equilibrados, se deje llevar por este error
evidente que afecta a la columna vertebral de la película, pues
no se sostiene una relación tan inverosímil entre el guionista
enamorado y ese pendón vacío de contenido.
Así las cosas, siempre nos
queda la capacidad de Allen para cons-truir diálogos incisivos y
chispean-tes que suelen rematarse con fra-ses memorables,
pues Allen no pier-de la oportunidad de ser irónico y crí-tico con
temas como el Holocausto (atención al chiste de Auschwitz,
te-rrible), la educación, la masturbación o la proliferación de
armas. Pero le falta empuje dramático a una comedia que se
pretende seria y que Allen ha construido mucho mejor al menos
una docena de veces, y eso puede ser motivo de inquietud para
los que somos grandes admiradores de su obra, porque "Todo lo
Demás" no tiene la excusa que hacía defen-dibles las tres últimas
películas de Allen: tanto "Granujas
de Medio Pelo" como "La
Maldición del Escorpión de Jade" y "Un
Final Made in Hollywood" eran comedias que tenían la
virtud de colocar al reali-zador en escenarios y situaciones
alejadas de su universo más re-conocible, lo que le permitía
disfrutarlas como comedias sin más pretensiones que divertir,
sin componente dramático o reflexivo al-guno más allá de la pura
anécdota, por lo que las acusaciones de falta de chispa y
agotamiento de una propuesta resultaban infunda-das... "Todo lo
Demás" sí pertenece a un círculo más interno y sí hace más
perceptible ese agotamiento. O quizás es que, como el mismo
autor dice, ya no tiene derecho a la amargura y por eso rue-da
películas más vitalistas. Aun así, estamos ante un Allen puro;
para lo mucho bueno y para lo poco malo.
Calificación:
    
Imágenes de "Todo lo demás" - Copyright © 2003 DreamWorks
Pictures, Perdido Productions, Granada Film Productions y
Gravier Productions. Distribuida en España por Lauren Films. Todos los derechos
reservados.
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