CRÍTICA
por
Joaquín R. Fernández
No fueron pocos los que se sintieron decepcionados con la
nueva versión que Tim Burton
estrenó en 2001 de "El
planeta de los si-mios", siendo acusado entonces de
venderse a Hollywood al reali-zar un tipo de cine excesivamente
comercial que, en principio, po-co tenía que ver con las
inquietudes de este cineasta. Bajo mi pun-to de vista, aquella
cinta tan sólo era un divertimento bien construi-do que le
permitió al director de "Batman" poder recuperar cierto poder a
la hora de rodar relatos que se amoldaran más a su
perso-nalidad. Si no fuera por aquel trabajo quizás "Big fish"
nunca hubie-ra visto la luz, al igual que su siguiente proyecto,
"Charlie and the Chocolate Factory", obra que le volverá a unir
con Johnny Depp, ac-tor con el que trabajó en la inquietante "Sleepy
Hollow", en la nota-ble "Ed Wood" y, por supuesto, en
ese maravilloso cuento cinema-tográfico llamado "Eduardo
Manostijeras".
Es muy probable que "Big fish" sea una película a la que le
sobre algo de metraje y a la que, por contra, le falte un mayor
equilibrio entre sus compo-nentes fantásticos y aquellos otros
más realistas, defectos que, por ejemplo, no encontrábamos en la
cita-da "Eduardo Manostijeras". A pesar de ello, no deja de
resultar fasci-nante el empeño de Tim Burton por contarnos una
historia repleta de humanidad en la que un hijo de-sea
descubrir quién es en realidad su padre, cuya vida aparece
enmascarada por un buen puñado de mi-tos e ilusiones que, al
menos al joven William Bloom, le impiden descubrir lo que de
verdad pueda albergar el corazón de su proge-nitor. Y es que, en
muchos aspectos, éste no deja de ser para él un auténtico
desconocido. Burton se adentra aquí, pues, en una historia en la
que los personajes principales no consiguen conectar entre sí,
existiendo ciertas incompatibilidades entre ambos a pesar de que
es evidente que se profesan un cariño mutuo y sincero.
El espectador asiste entonces
a la narración de las vivencias de Edward Bloom, preguntándose
qué hay de cierto y qué hay de falso en ellas y por qué éste se
empeña en envolver sus aventuras con tantas fabulaciones y
quimeras. La historia se estructura entonces en sucesivos
capítulos en los que un enfermo y envejecido Bloom nos va
contando su vida, entremezclándose todo ello con el presen-te y
haciendo aquí acto de presencia la frustración de un hijo que no
es capaz de comprender el superficial comportamiento del hom-bre
que lo crió. Burton abusa un tanto de estos elementos oníricos
de la cinta, pudiendo haber prescindido de algunos de ellos o
bien reducido su presencia en la narración.
Pero, a pesar de este lastre, "Big fish" logra transmitir un
nítido mensaje al espectador: por un lado, esa falta de
entendimiento y de comunicación entre dos seres que se aprecian;
por otro, la nece-sidad de que la imaginación im-pregne nuestras
vidas con un hálito de esperanza que nos ayude a supe-rar
las circunstancias más pesarosas que se puedan producir a lo
largo de nuestro devenir por el mundo. De ahí que el filme
presente una conclusión de diez minutos realmente arrebatadora,
pues sirve para que Wi-lliam entienda finalmente el porqué de la
conducta de su padre y se convierta en cómplice de sus
fantasías. Simplemente por estas maravillosas y emotivas escenas
ya merece la pena recomendar el visionado de esta película.
A todo ello hay que sumarle
la carismática realización de Tim Burton, capaz con su genio de
crear imágenes surrealistas y au-ténticos delirios visuales que
resultan deslumbrantes en las pupilas del público (no hay que
olvidar tampoco las aportaciones de los dis-tintos responsables
de los departamentos técnicos que han traba-jado en el filme), y
la existencia de un reparto competente donde, aparte de unos
correctos Ewan McGregor,
Billy Crudup o
Steve Buscemi, también nos
encontramos con un acertado Albert
Fin-ney y, especialmente, una espléndida
Jessica Lange y un notable
Danny DeVito.
Respecto a la banda sonora de Dan-ny
Elfman sólo cabe decir que es preciosa, un ensueño en
sí misma que se adapta a la perfección al con-tenido del relato
de Burton. Cierto que presenta momentos oscuros, como
cuando Edward cruza el bosque en medio de la oscuridad, o que el
uso de los coros es más limitado que en otras de sus obras, pero
su música desprende una intensa emotividad, y ello a pesar de
que no exista un tema central encantador que cautive desde el
primer momento al espectador. Sin embargo, fragmentos como los
que escuchamos cuando Sandra se levanta de la cama y desde la
ventana de su habitación observa a Edward rodeado de narcisos,
la flor favorita de la muchacha, son buena muestra de la calidad
de esta gran obra de Danny Elfman.
Calificación película:
    
Calificación banda sonora
original:
    
Imágenes de "Big fish" - Copyright © 2003 Columbia Pictures,
The Zanuck Company y Jinks/Cohen Company. Distribuida en España
por Columbia TriStar Films. Todos los derechos
reservados.
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