CRÍTICA
por
Mateo Sancho Cardiel
La nueva aventura de
Gus Van Sant bajo el velo del cine
independiente americano, “Elephant”, tras títulos rendidos a la
comercialidad sana co-mo “El indomable Will Hunting”
y
“Descubriendo a Forrester” o proyec-tos inexplicables como
“Psicosis”, ha sido celebrada, laureada y aupada co-mo la
recuperación del pulso duro y comprometido que le granjeó su
envi-diable reputación en la industria. Por-que el autor de “Mi
Idaho privado”, aunque arrastra indudables guiños de trampa
demagógica, construye con “Elephant” un vigoroso, impactante y
poético relato pseudo-documental de la matanza en el Instituto de
Columbine en Estados Unidos. Van Sant se nutre de algunas
ideas brillantes y de tópicos expertamente seleccionados para
crear la captación de un ambiente claustrofóbico y lleno de
tensión que moldea secuen-cia a secuencia, personaje a personaje,
una frágil burbuja que reve-la, tras sus paredes de irisado
jabón, la proyección distorsionada pero aplicable de nuestras
miserias sociales presentes que serán el germen de unos
augurios, por su insolidaridad y su individualis-mo, aún más
oscuros, y que explotará dramáticamente en forma de genocidio.
Pero, a sabiendas de que desde el primer minuto el grueso de la
trama es conocida por el espectador, Van Sant se burla de la
obviedad en su
inteligente puzzle narrativo y consigue abarcar
cada arruga de ese gran elefante llamado agresividad atibo-rrando
de suspense lo que es, en apariencia, un costumbrismo amable.
El director convierte un
instituto de secundaria en los minutos pre-vios a una masacre en
un escena-rio ideal para poner en relieve to-da la crueldad
agazapada en el american way of life, y, sin llegar a juzgar ni
justificar los hechos, sí que diseña a su gusto lo que para él
(y he ahí la gran ruptura con el género do-cumental) podría haber
sido el caldo de cultivo para culminar con un asesi-nato múltiple
como consecuencia re-lativamente lógica, como expresión más
radical de lo que se fragua en la base de nuestra sociedad
acomodada. Y si bien las libertades que se toma Van Sant pueden
ser acusadas de tramposas por la sen-sibilización que existe en
torno al tema que tan brillantemente se abordó en el documental “Bowling for
Columbine” de Michael Moo-re, hay que bascular lo que suman a la
película en eficacia, en po-tencial dramático y en capacidad
incisiva, y, sobre todo, no olvidar que, pese a que borra sin
disimulo los límites entre el documental y la ficción,
“Elephant”, aunque ofrezca unos hechos falseados, es enteramente
realista, plasma situaciones y personajes enorme-mente
reconocibles y juega con elementos que, por desgracia, a nadie
resultan extraños. Por ello, se puede otorgar a los mecanis-mos
manipuladores de Van Sant la categoría de válidos ante los
deslumbrantes resultados de su captación angustiosa y
desasose-gante del ambiente previo al caos, de un sostenimiento
continuo del clímax durante los ochenta minutos que dura la
cinta y que in-cluso gozan de una mayor fuerza en los
antecedentes que en el catártico acto criminal, espeluznante por
otro lado. Así, con su es-tética naturalista, con su uso sin
abuso del plano secuencia y con la selección de un elenco de
acertadísima normalidad, embadurna de cercanía la tragedia, nos
ofrece su aroma y su sabor, y, lo más importante, consigue que
lo reconozcamos como vividos en nuestras propias carnes.
Calificación:
    
Imágenes de "Elephant" - Copyright © 2003 HBO Films, Fine Line
Features, Blue Relief Productions, Fearmakers Studios, Meno
Films y Pie Films. Distribuida en España por Vértigo Films. Todos los derechos
reservados.
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