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EL JURADO
(Runaway jury)


Dirección: Gary Fleder.
País:
USA.
Año: 2003.
Duración: 127 min.
Interpretación: John Cusack (Nicholas Easter), Gene Hackman (Rankin Fitch), Dustin Hoffman (Wendell Rorh), Rachel Weisz (Marlee), Bruce Davison (Durwood Cable), Bruce McGill (Juez Harkin), Jeremy Piven (Lawrence Green), Nick Searcy (Doyle), Stanley Anderson (Henry Jankle).
Guión: Brian Koppelman, David Levien, Rick Cleveland y Matthew Chapman; basado en la novela de John Grisham.
Producción: Gary Fleder, Christopher Mankiewicz y Arnon Milchan.
Música: Christopher Young.
Fotografía:
Robert Elswit.
Montaje: William Steinkamp.
Diseño de producción: Nelson Coates.
Dirección artística: Scott Plauche.
Vestuario: Abigail Murray.
Estreno en USA: 17 Octubre 2003.
Estreno en España: 6 Febrero 2004.

CÓMO SE HIZO "EL JURADO"
Notas de producción
© 2003 Hispano Foxfilm

1. La producción

  La pasión del productor (y fundador de Regency Enterprises) Arnon Milchan por EL JURADO se remonta a la fecha de publicación de la novela superventas de John Grisham, la cual salió a la calle en 1996. Tras haber producido con anterioridad dos exitosas adaptaciones de las novelas de Grisham – “Tiempo de matar” y “El cliente” – Milchan pensaba que la convincente historia y los sorprendentes giros en la trama de EL JURADO podían convertirla en una gran película.

  Cuando Gary Fleder, quien había dirigido el exitoso thriller de Regency “Ni una palabra”, dio su conformidad para ponerse al frente de EL JURADO, Milchan estaba ya listo para poner en producción el proyecto. A Fleder le gustaba que EL JURADO no fuera la típica película de género. “No se trata simplemente de un drama judicial y tampoco es estrictamente un thriller”, explica el director. “Para mí, su atractivo reside en que es una película de ladrones que transcurre en un juicio; trata del soborno de un jurado”. “En nuestra película, hay varias personas que están intentando comprar el voto de un jurado. No tratan de ganar un juicio, sino de comprar el resultado. Ése es el objetivo de Nick y de Marlee, interpretados respectivamente por John Cusack y Rachel Weisz, así como también del poderoso consultor de jurados Rankin Fitch, al que encarna el actor Gene Hackman. Y al final, podría resultar también ser incluso el del honrado y compasivo abogado Wendall Rohr, al que da vida Dustin Hoffman. Una película de ladrones ambientada en un juicio es algo que nunca había visto con anterioridad”. A Fleder y a Milchan les encantaba este aspecto de la historia, “Para nosotros -señala Fleder- EL JURADO trataba menos de un juicio en cuanto a la naturaleza específica del mismo, y más de la idea de manipular y hacerse con la voluntad de un jurado. “Dentro de las novelas de Grisham se trata de una historia única. No se trata de David contra Goliat; no hay el típico desvalido. Es una historia mucho más ambigua desde el punto de vista moral”.

  El personaje de Rankin Fitch era otro de los factores desequilibrantes para los realizadores. “Es alguien muy consciente e inteligente y, en consecuencia, amedrentador”, afirma Fleder. “Fitch es un gran personaje porque tiene su propia moralidad que no resulta ser compartida por mucha gente”. La ambigüedad moral del guión era otro de los grandes atractivos. Los personajes de EL JURADO no son blancos o negros, en el sentido de ser buenos o malos, sino que tienen todas las tonalidades de gris. “EL JURADO supone un desafío para el público porque no está claro quién es ‘bueno’ y quién es ‘malo’”, dice Fleder. “Fitch es el evidente antagonista, pero Nick y Marlee también están intentando manipular al jurado”.

  Para el papel del miembro del jurado Nick Easter, Fleder creía que John Cusack era la persona ideal. “Tenía una lista muy corta de actores para este personaje manipulador, fascinante y divertido”, reconoce Fleder. La primera elección de Fleder era Cusack cuyo trabajo siempre había admirado. “John cuenta con un gran equilibrio entre sentido del humor y encanto, pero también tiene un lado extremo y oscuro”. Los cambios y giros en la trama de EL JURADO y la complejidad del personaje de Nick Easter eran los principales atractivos del proyecto para Cusack. “Al centrarse en el soborno de un jurado se trataba de un drama que no se había hecho antes”, dice Cusack. “En realidad se trata de dos películas distintas; tiene la apariencia y el gusto de un drama judicial, pero al mismo tiempo pasan otras cosas. Para mí la película trata de la codicia, la obstrucción a la justicia y de cómo el sistema se ha vuelto corrupto. Es también una película sobre la naturaleza humana y la manipulación”. El interés de Cusack por EL JURADO se vio incrementado cuando Gene Hackman y Dustin Hoffman se unieron al reparto. “Siempre he querido trabajar con Gene y con Dustin”, señala Cusack. “Eran dos de mis héroes cuando era pequeño. Ver sus películas me hizo pensar que quería intentar hacer lo que ellos hacían. Así que trabajar con ellos era muy emocionante”.

  Una vez sentado en el banco del jurado, el Nick Easter de Cusack empieza a mostrarse como una especie de quarterback del jurado o como Cusack explica: “Él es la paja que remueve la bebida. Durante el proceso de selección del jurado Nick intenta ‘leer’ a los otros integrantes del mismo y averiguar por dónde van sus simpatías. Tiene que ganarse a sus compañeros de jurado para su causa sin que éstos se den cuenta de que están siendo captados. Debe ser un astuto juez de la naturaleza humana. Por un tiempo vas a pensar que quizás esté timando a la gente, pero luego vas a averiguar que a lo mejor ocurre algo completamente distinto”.

  Para interpretar a la formidable némesis de Nick, el consultor de jurados Rankin Fitch, Fleder no podía imaginar a alguien que no fuese Gene Hackman. “Gene puede encarnar a un antagonista y hacer entender a los espectadores su punto de vista”, señala Fleder. “Gene y yo no queríamos que el público viera a Fitch como a alguien malvado únicamente por cómo es, sino más como un tipo que tiene su motivación para comportarse como lo está haciendo. Fitch no cree en el sistema de jurados. No cree que los jurados deban tener el derecho, el privilegio y el poder de sentar precedente”.

  Fleder y Hackman establecieron entre ellos una comunicación muy estrecha. “Le dije a Gene que veía moverse a Fitch como un tiburón Mako; el cual es aerodinámico, preciso y estilizado”, afirma Fleder. “Él lo entendió y es por eso que en su primera escena, cuando entra en la Oficina de Guerra con su ayudante Amanda y se entera de que uno de sus empleados va a llegar tarde porque ha perdido la conexión de un vuelo Fitch dice: ‘Bueno, cambiémosle por otro’. Eso habla bien a las claras de su personaje como un tipo que no tolera la falta de profesionalidad o los sufrimientos fingidos”.

  EL JURADO es la tercera película de Hackman basada en una novela de John Grisham, tras “La tapadera” y “Cámara sellada”. ¿Por qué esa atracción por el trabajo de Grisham? Hackman lo resume sucintamente: “Porque escribe escenas de gran dramatismo para los actores y porque a nosotros eso nos gusta”. Hackman dice que Fitch es un hombre de negocios que emplea métodos repugnantes para conseguir lo que desea. “Fitch llega a Nueva Orleáns para reunir a un equipo de personas altamente cualificadas que investigue hasta el más mínimo detalle los curriculums y pasados de jurados potenciales e intenta influir en sus decisiones. En algunos casos esto implica el uso del soborno o las amenazas de carácter físico. “Creo que para Fitch la palabra clave es ‘dinero’”, continúa Hackman. “Es una persona a la que le encanta competir, a la que le encanta el juego. Y con ese juego ha ganado muchísimo dinero. Aunque no tiene principios, sí tiene necesidades y ganar a cualquiera que sea su rival en ese juego llena esas necesidades”. A Hackman le encantaba el gusto de su personaje por las cosas aparentemente sencillas. “Cuando entra por primera vez en la sala de vistas”, dice el actor, “Fitch habla de lo que le gusta el olor de la sala, el olor a madera de caoba antigua, a cera, a colonia barata y a sudor. Y le encanta lo que esto trae consigo: la tensión, la humanidad. Aunque Fitch quizás no sea un ser humano, creo que está fascinado por la condición humana”.

  En el polo opuesto del espectro moral se encuentra Wendall Rohr, el abogado que representa los intereses de una viuda que litiga con una mastodóntica corporación a la que responsabiliza de la muerte de su marido. Cuando Dustin Hoffman mostró su interés por interpretar el papel de Rohr, el personaje fue reescrito para el actor haciendo que cobrara más relevancia de la que tiene en la novela. A diferencia de Fitch, Rohr tiene unos sólidos principios éticos. “Si la ley fuera como la religión, entonces Fitch sería un ateo, Nick y Marlee serían agnósticos y Rohr sería un creyente”, dice Gary Fleder. “Dustin aportó mucha profundidad a su personaje”, continúa Fleder. “Creo que si la historia hubiera tenido a dos abogados depredadores, no hubiera habido nadie con el que conectar más allá de Nick y Marlee, que son por sí mismos moralmente indefinidos. Pero al tener a Rohr luchando contra la corrupción que le rodea, esas personas te interesan y también por supuesto Rohr. Una vez que Dustin se unió al proyecto pensé que habría sido una pena no haber alargado y dado más intensidad a su papel”.

  Hoffman y Fleder estuvieron horas valorando la ética y los principios de Rohr. Hoffman dice: “Hay una cara totalmente distinta en Rohr. Su ética para con su profesión ha ido disminuyendo con el paso del tiempo. Vivimos en una época en la que no es que se haya bajado el listón, sino que continuamente éste parece estar por los suelos”. “Cuando se estableció la Declaración de Derechos y sus creadores hablaban de que la gente debería ser juzgada por sus iguales”, continúa Hoffman, “ni se les pasaba por la cabeza que hoy pudiera haber un sofisticado aparato de consultoría de jurados que pueden condicionar al jurado de tal forma que el veredicto ya esté dictado antes de que empiece el juicio; que todo se resuma a saber elegir el jurado”. Hoffman considera que Rohr es un caso único dentro de la abogacía en nuestro tiempo. “Creo que es una rara avis”, dice Hoffman. “Como el personaje que interpretaba Gregory Peck en ‘Matar a un ruiseñor’, Rohr es un ser humano decente. Es como recordar aquel tiempo en el que los médicos solían llamar a casa y en la que los abogados no sólo eran éticos sino que además querían respetar las reglas de juego”.

  El contraste entre Rohr y su oponente fascinaba a Hoffman. “Fitch y Rohr son personajes arquetípicos”, señala Hoffman. “Fitch representa el éxito, una época. Tiene que ganar, triunfar y ganar un montón de dinero, de eso se trata en definitiva. Rohr es un dinosaurio, una reliquia que todavía cree en lo de luchar por ‘una buena causa’; pero le dicen que hay que atenerse al guión, es la única forma”. A Hoffman le atraía tener la oportunidad de actuar en una sala de vistas con escenas de gran intensidad, “Lo que me gustaba de interpretar a un abogado en esas escenas”, afirma Hoffman, “era que Gary Fleder hacía que pareciera verdad que la sala estaba llena de gente. Era como estar en un verdadero salón de justicia; era una sensación maravillosa porque en cierto sentido era como estar en el teatro. Tenía a un público ante el que actuar y si eres actor vives y mueres por el público”.

  Los principios éticos de Rohr se ven sometidos a una dura prueba por parte de Marlee, una joven que parece estar compinchada con Nick Easter. Las dos cualidades que Fleder consideraba esenciales para el personaje eran la simpatía y el misterio. Tras haber visto las interpretaciones de Rachel Weisz en varias películas, más señaladamente en “Un niño grande”, Fleder tenía claro que la actriz poseía ambas. “Rachel tiene un carácter misterioso que considero que era esencial para Marlee en términos de lo que la mueve y de quién es”, señala el director. Weisz apunta: “Quería interpretar un personaje que está representando una función. De hecho, Marlee está interpretando varios ‘papeles’ diferentes. Al final nos damos cuenta de que Marlee quizás no sea necesariamente la persona que creíamos que era, así que resultaba interesante construir un personaje que estuviera fingiendo ser una persona distinta. Es siempre excitante y un reto que trata de descubrir la máscara que se halla detrás de la máscara”.

  A Weisz le encantaba tener la oportunidad de actuar dando la réplica a tres actores tan importantes. “Me encantó trabajar con John Cusack”, afirma Weisz. “John tiene de verdad su propio estilo, su propia forma de hacer las cosas. Es relajado y libre e improvisa muchísimo. John siempre mantiene frescas las cosas con una energía maravillosa. Y puede transmitir cualquier sentimiento; puede ser desenfadado e intenso a continuación, u oscuro en un momento dado y enseguida luminoso. Así es que es una gran ‘pareja de baile’”. Weisz tiene una escena importante tanto con Hackman como con Hoffman, cuando Marlee intenta vender el jurado a cada uno de los personajes que éstos interpretan. Con Hackman, el encuentro tiene lugar en un tranvía. “Interpretamos la escena como si se tratara de una cita amorosa”, explica Weisz. “Gene sabe interpretar villanos de la forma más adorable que una se pueda imaginar, por lo tanto es casi imposible que te resulte desagradable aun cuando Fitch sea alguien tan malvado y tan corrupto. Gene es tan encantador que te seduce. Y Marlee, en contrapartida, intenta seducirle a él también. Al mismo tiempo tiene que ser dura con Fitch, pero resulta difícil serlo demasiado con Gene Hackman”. ¿Y cómo fue trabajar con los dos iconos del cine? “Pocas cosas pueden ser más emocionantes que trabajar con Gene Hackman y Dustin Hoffman”, confiesa Weisz. “Ellos trabajaban de forma muy distinta el uno del otro, pero ambos son intensamente encantadores. Son estrellas del celuloide que en esencia son actores de personajes, pero tienen esa clase de sexualidad de los grandes hombres”.

  Para el gran reparto de actores secundarios, incluyendo a los miembros del jurado y a los equipos legales de ambas partes, Fleder eligió a actores cuya cara le pudiera resultar familiar al público aunque no recordaran exactamente cuál es su nombre. Como explica el director: “En una película como ‘Doce hombres sin piedad’, tienes toda la película para escribir, desarrollar y crear esos personajes. Nosotros no tuvimos esa oportunidad. Teníamos como entre veinticinco y treinta y cinco personajes que salían en el filme, así que teníamos que ocuparnos del jurado de una forma casi taquigráfica”. “Era muy importante hacer saber enseguida a los espectadores quién era cada uno, no en plan caricatura sino como persona”, dice Fleder. “Por lo tanto, elegimos a actores que les pareciera conocer o que pudieran comunicar de forma rápida cómo eran”. “Con gente como Bruce Davison como el asesor de la defensa Durwood Cable, Bruce McGill como el juez Harkin y Jeremy Piven como el asesor legal de Rohr, Lawrence Green, sabía que no habría que aleccionarles demasiado. Se trataría de darles la dirección y la forma y dejar que ellos se encargaran del resto”.

  Fleder dijo a los actores que interpretaban a los miembros del jurado que quería que solaparan sus diálogos y que improvisaran. “Los actores introdujeron la improvisación en la película”, dice Fleder. “No hay ni una escena con el jurado en la que no hayamos añadido cosas. Las escenas del jurado son como una película dentro de una más grande, en la que ensayábamos y a medida que filmábamos más y más tomas, más diálogo había en ellas”.

  Rodar escenas ambientadas en un sala de vistas fue uno de los mayores retos que hubo de afrontar Fleder, “He hecho cuatro películas y unas quince horas de televisión y he aprendido que nunca te sientes del todo cómodo cuando ruedas escenas con quince actores a la vez en una misma habitación”, declara el director. Fleder hizo todo lo que pudo para dar a las escenas de EL JURADO que transcurren en un salón de justicia un sabor y una energía que nunca se hubieran visto en otras películas. “EL JURADO trata de la omnipresencia de la corrupción en el sistema legal y, al rodar la película, quería representar ese concepto desde el punto de vista cinematográfico”, reconoce Fleder. “La primera vez que entramos en la sala de vistas la fotografié de una forma reverencial, como se ha hecho en muchos otros largometrajes de temática judicial. A medida que la película evoluciona corrompimos ese entorno, rodando muchas escenas con una cámara de mano o con una Steadicam, moviéndonos de un sitio a otro para añadir una sensación de incertidumbre geográfica”.

  La iluminación del director de fotografía Robert Elswit era otro elemento crucial a la hora de subrayar la narrativa de la película. Cada escena tiene su propia calidad de luz, sirviendo como metáfora de la misma o situando la acción, los personajes y los estados de ánimo.

  Al productor ejecutivo Jeffrey Downer, un colaborador frecuente de Fleder, no le resultan extrañas las películas a gran escala, tras haber trabajado en “En honor a la verdad” y “Speed 2”. EL JURADO, con sus setenta y cinco personajes con frase, incluyendo veinticinco actores principales en las escenas de la sala de vistas y los tres mil extras, presentaba un incomparable conjunto de retos logísticos. “Otras películas de esta magnitud cuentan también con muchos actores, pero no con tantos trabajando el mismo día”, afirma Downer.

  Aunque la novela de John Grisham está ambientada en Biloxi, Mississippi, los realizadores optaron por rodar EL JURADO en Nueva Orleans, empleando más de cincuenta exteriores de la ciudad, la mayor parte de los mismos situados en el barrio francés. “La misma ciudad de Nueva Orleans es en sí misma un personaje más de la película”, explica Fleder. “Hay dos caras en la ciudad; una apariencia arquitectónica hermosa y casi heroica que es como el personaje de un héroe, pero también un lado oscuro debajo de la misma. Juntas reflejan a los contendientes de la historia. Era la localización perfecta para la película”.

  Para facilitar los intrincados y complejos planos creados por Fleder, los realizadores construyeron varios decorados en un estudio de sonido. El diseñador de producción Nelson Coates, otro antiguo colaborador de Fleder, supervisó la construcción de un plató modular que permitiera a Fleder rodar desde prácticamente cualquier ángulo imaginable.

  Además, Fleder y Coates pusieron el banco de los testigos y del jurado sobre unas ruedas, lo que les otorgaba grandes posibilidades a la hora de rodar. “Quería poner en conexión cuanto más se pudiera los elementos de la película”, señala Fleder. “Eso hacía que pudiese tener, en un mismo plano, al jurado delante, a un abogado en segundo plano y al juez al fondo. La habilidad para mover los elementos físicamente alrededor era algo muy importante”.

2. Hackman y Hoffman >>


Imágenes y notas de cómo se hizo de "El jurado" - Copyright © 2003 New Regency Pictures. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados.

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