CÓMO SE HIZO "EL JURADO"
Notas de producción
© 2003
Hispano Foxfilm
1. La producción
La pasión del productor (y
fundador de Regency Enterprises) Arnon Milchan por EL JURADO se
remonta a la fecha de publicación de la novela superventas de
John Grisham, la cual salió a la calle en 1996. Tras haber
producido con anterioridad dos exitosas adaptaciones de las
novelas de Grisham – “Tiempo de matar” y “El cliente” – Milchan
pensaba que la convincente historia y los sorprendentes giros en
la trama de EL JURADO podían convertirla en una gran película.
Cuando Gary Fleder, quien
había dirigido el exitoso thriller de Regency “Ni una palabra”,
dio su conformidad para ponerse al frente de EL JURADO, Milchan
estaba ya listo para poner en producción el proyecto. A Fleder
le gustaba que EL JURADO no fuera la típica película de género.
“No se trata simplemente de un drama judicial y tampoco es
estrictamente un thriller”, explica el director. “Para mí, su
atractivo reside en que es una película de ladrones que
transcurre en un juicio; trata del soborno de un jurado”. “En
nuestra película, hay varias personas que están intentando
comprar el voto de un jurado. No tratan de ganar un juicio, sino
de comprar el resultado. Ése es el objetivo de Nick y de Marlee,
interpretados respectivamente por John Cusack y Rachel Weisz,
así como también del poderoso consultor de jurados Rankin Fitch,
al que encarna el actor Gene Hackman. Y al final, podría
resultar también ser incluso el del honrado y compasivo abogado
Wendall Rohr, al que da vida Dustin Hoffman. Una película de
ladrones ambientada en un juicio es algo que nunca había visto
con anterioridad”. A Fleder y a Milchan les encantaba este
aspecto de la historia, “Para nosotros -señala Fleder- EL JURADO
trataba menos de un juicio en cuanto a la naturaleza específica
del mismo, y más de la idea de manipular y hacerse con la
voluntad de un jurado. “Dentro de las novelas de Grisham se
trata de una historia única. No se trata de David contra Goliat;
no hay el típico desvalido. Es una historia mucho más ambigua
desde el punto de vista moral”.
El personaje de Rankin Fitch
era otro de los factores desequilibrantes para los realizadores.
“Es alguien muy consciente e inteligente y, en consecuencia,
amedrentador”, afirma Fleder. “Fitch es un gran personaje porque
tiene su propia moralidad que no resulta ser compartida por
mucha gente”. La ambigüedad moral del guión era otro de los
grandes atractivos. Los personajes de EL JURADO no son blancos o
negros, en el sentido de ser buenos o malos, sino que tienen
todas las tonalidades de gris. “EL JURADO supone un desafío para
el público porque no está claro quién es ‘bueno’ y quién es
‘malo’”, dice Fleder. “Fitch es el evidente antagonista, pero
Nick y Marlee también están intentando manipular al jurado”.
Para el papel del miembro del
jurado Nick Easter, Fleder creía que John Cusack era la persona
ideal. “Tenía una lista muy corta de actores para este personaje
manipulador, fascinante y divertido”, reconoce Fleder. La
primera elección de Fleder era Cusack cuyo trabajo siempre había
admirado. “John cuenta con un gran equilibrio entre sentido del
humor y encanto, pero también tiene un lado extremo y oscuro”.
Los cambios y giros en la trama de EL JURADO y la complejidad
del personaje de Nick Easter eran los principales atractivos del
proyecto para Cusack. “Al centrarse en el soborno de un jurado
se trataba de un drama que no se había hecho antes”, dice
Cusack. “En realidad se trata de dos películas distintas; tiene
la apariencia y el gusto de un drama judicial, pero al mismo
tiempo pasan otras cosas. Para mí la película trata de la
codicia, la obstrucción a la justicia y de cómo el sistema se ha
vuelto corrupto. Es también una película sobre la naturaleza
humana y la manipulación”. El interés de Cusack por EL JURADO se
vio incrementado cuando Gene Hackman y Dustin Hoffman se unieron
al reparto. “Siempre he querido trabajar con Gene y con Dustin”,
señala Cusack. “Eran dos de mis héroes cuando era pequeño. Ver
sus películas me hizo pensar que quería intentar hacer lo que
ellos hacían. Así que trabajar con ellos era muy emocionante”.
Una vez sentado en el banco
del jurado, el Nick Easter de Cusack empieza a mostrarse como
una especie de quarterback del jurado o como Cusack explica: “Él
es la paja que remueve la bebida. Durante el proceso de
selección del jurado Nick intenta ‘leer’ a los otros integrantes
del mismo y averiguar por dónde van sus simpatías. Tiene que
ganarse a sus compañeros de jurado para su causa sin que éstos
se den cuenta de que están siendo captados. Debe ser un astuto
juez de la naturaleza humana. Por un tiempo vas a pensar que
quizás esté timando a la gente, pero luego vas a averiguar que a
lo mejor ocurre algo completamente distinto”.
Para interpretar a la
formidable némesis de Nick, el consultor de jurados Rankin
Fitch, Fleder no podía imaginar a alguien que no fuese Gene
Hackman. “Gene puede encarnar a un antagonista y hacer entender
a los espectadores su punto de vista”, señala Fleder. “Gene y yo
no queríamos que el público viera a Fitch como a alguien malvado
únicamente por cómo es, sino más como un tipo que tiene su
motivación para comportarse como lo está haciendo. Fitch no cree
en el sistema de jurados. No cree que los jurados deban tener el
derecho, el privilegio y el poder de sentar precedente”.
Fleder y Hackman
establecieron entre ellos una comunicación muy estrecha. “Le
dije a Gene que veía moverse a Fitch como un tiburón Mako; el
cual es aerodinámico, preciso y estilizado”, afirma Fleder. “Él
lo entendió y es por eso que en su primera escena, cuando entra
en la Oficina de Guerra con su ayudante Amanda y se entera de
que uno de sus empleados va a llegar tarde porque ha perdido la
conexión de un vuelo Fitch dice: ‘Bueno, cambiémosle por otro’.
Eso habla bien a las claras de su personaje como un tipo que no
tolera la falta de profesionalidad o los sufrimientos fingidos”.
EL JURADO es la tercera
película de Hackman basada en una novela de John Grisham, tras
“La tapadera” y “Cámara sellada”. ¿Por qué esa atracción por el
trabajo de Grisham? Hackman lo resume sucintamente: “Porque
escribe escenas de gran dramatismo para los actores y porque a
nosotros eso nos gusta”. Hackman dice que Fitch es un hombre de
negocios que emplea métodos repugnantes para conseguir lo que
desea. “Fitch llega a Nueva Orleáns para reunir a un equipo de
personas altamente cualificadas que investigue hasta el más
mínimo detalle los curriculums y pasados de jurados potenciales
e intenta influir en sus decisiones. En algunos casos esto
implica el uso del soborno o las amenazas de carácter físico.
“Creo que para Fitch la palabra clave es ‘dinero’”, continúa
Hackman. “Es una persona a la que le encanta competir, a la que
le encanta el juego. Y con ese juego ha ganado muchísimo dinero.
Aunque no tiene principios, sí tiene necesidades y ganar a
cualquiera que sea su rival en ese juego llena esas
necesidades”. A Hackman le encantaba el gusto de su personaje
por las cosas aparentemente sencillas. “Cuando entra por primera
vez en la sala de vistas”, dice el actor, “Fitch habla de lo que
le gusta el olor de la sala, el olor a madera de caoba antigua,
a cera, a colonia barata y a sudor. Y le encanta lo que esto
trae consigo: la tensión, la humanidad. Aunque Fitch quizás no
sea un ser humano, creo que está fascinado por la condición
humana”.
En el polo opuesto del
espectro moral se encuentra Wendall Rohr, el abogado que
representa los intereses de una viuda que litiga con una
mastodóntica corporación a la que responsabiliza de la muerte de
su marido. Cuando Dustin Hoffman mostró su interés por
interpretar el papel de Rohr, el personaje fue reescrito para el
actor haciendo que cobrara más relevancia de la que tiene en la
novela. A diferencia de Fitch, Rohr tiene unos sólidos
principios éticos. “Si la ley fuera como la religión, entonces
Fitch sería un ateo, Nick y Marlee serían agnósticos y Rohr
sería un creyente”, dice Gary Fleder. “Dustin aportó mucha
profundidad a su personaje”, continúa Fleder. “Creo que si la
historia hubiera tenido a dos abogados depredadores, no hubiera
habido nadie con el que conectar más allá de Nick y Marlee, que
son por sí mismos moralmente indefinidos. Pero al tener a Rohr
luchando contra la corrupción que le rodea, esas personas te
interesan y también por supuesto Rohr. Una vez que Dustin se
unió al proyecto pensé que habría sido una pena no haber
alargado y dado más intensidad a su papel”.
Hoffman y Fleder estuvieron
horas valorando la ética y los principios de Rohr. Hoffman dice:
“Hay una cara totalmente distinta en Rohr. Su ética para con su
profesión ha ido disminuyendo con el paso del tiempo. Vivimos en
una época en la que no es que se haya bajado el listón, sino que
continuamente éste parece estar por los suelos”. “Cuando se
estableció la Declaración de Derechos y sus creadores hablaban
de que la gente debería ser juzgada por sus iguales”, continúa
Hoffman, “ni se les pasaba por la cabeza que hoy pudiera haber
un sofisticado aparato de consultoría de jurados que pueden
condicionar al jurado de tal forma que el veredicto ya esté
dictado antes de que empiece el juicio; que todo se resuma a
saber elegir el jurado”. Hoffman considera que Rohr es un caso
único dentro de la abogacía en nuestro tiempo. “Creo que es una
rara avis”, dice Hoffman. “Como el personaje que interpretaba
Gregory Peck en ‘Matar a un ruiseñor’, Rohr es un ser humano
decente. Es como recordar aquel tiempo en el que los médicos
solían llamar a casa y en la que los abogados no sólo eran
éticos sino que además querían respetar las reglas de juego”.
El contraste entre Rohr y su
oponente fascinaba a Hoffman. “Fitch y Rohr son personajes
arquetípicos”, señala Hoffman. “Fitch representa el éxito, una
época. Tiene que ganar, triunfar y ganar un montón de dinero, de
eso se trata en definitiva. Rohr es un dinosaurio, una reliquia
que todavía cree en lo de luchar por ‘una buena causa’; pero le
dicen que hay que atenerse al guión, es la única forma”. A
Hoffman le atraía tener la oportunidad de actuar en una sala de
vistas con escenas de gran intensidad, “Lo que me gustaba de
interpretar a un abogado en esas escenas”, afirma Hoffman, “era
que Gary Fleder hacía que pareciera verdad que la sala estaba
llena de gente. Era como estar en un verdadero salón de
justicia; era una sensación maravillosa porque en cierto sentido
era como estar en el teatro. Tenía a un público ante el que
actuar y si eres actor vives y mueres por el público”.
Los principios éticos de Rohr
se ven sometidos a una dura prueba por parte de Marlee, una
joven que parece estar compinchada con Nick Easter. Las dos
cualidades que Fleder consideraba esenciales para el personaje
eran la simpatía y el misterio. Tras haber visto las
interpretaciones de Rachel Weisz en varias películas, más
señaladamente en “Un niño grande”, Fleder tenía claro que la
actriz poseía ambas. “Rachel tiene un carácter misterioso que
considero que era esencial para Marlee en términos de lo que la
mueve y de quién es”, señala el director. Weisz apunta: “Quería
interpretar un personaje que está representando una función. De
hecho, Marlee está interpretando varios ‘papeles’ diferentes. Al
final nos damos cuenta de que Marlee quizás no sea
necesariamente la persona que creíamos que era, así que
resultaba interesante construir un personaje que estuviera
fingiendo ser una persona distinta. Es siempre excitante y un
reto que trata de descubrir la máscara que se halla detrás de la
máscara”.
A Weisz le encantaba tener la
oportunidad de actuar dando la réplica a tres actores tan
importantes. “Me encantó trabajar con John Cusack”, afirma
Weisz. “John tiene de verdad su propio estilo, su propia forma
de hacer las cosas. Es relajado y libre e improvisa muchísimo.
John siempre mantiene frescas las cosas con una energía
maravillosa. Y puede transmitir cualquier sentimiento; puede ser
desenfadado e intenso a continuación, u oscuro en un momento
dado y enseguida luminoso. Así es que es una gran ‘pareja de
baile’”. Weisz tiene una escena importante tanto con Hackman
como con Hoffman, cuando Marlee intenta vender el jurado a cada
uno de los personajes que éstos interpretan. Con Hackman, el
encuentro tiene lugar en un tranvía. “Interpretamos la escena
como si se tratara de una cita amorosa”, explica Weisz. “Gene
sabe interpretar villanos de la forma más adorable que una se
pueda imaginar, por lo tanto es casi imposible que te resulte
desagradable aun cuando Fitch sea alguien tan malvado y tan
corrupto. Gene es tan encantador que te seduce. Y Marlee, en
contrapartida, intenta seducirle a él también. Al mismo tiempo
tiene que ser dura con Fitch, pero resulta difícil serlo
demasiado con Gene Hackman”. ¿Y cómo fue trabajar con los dos
iconos del cine? “Pocas cosas pueden ser más emocionantes que
trabajar con Gene Hackman y Dustin Hoffman”, confiesa Weisz.
“Ellos trabajaban de forma muy distinta el uno del otro, pero
ambos son intensamente encantadores. Son estrellas del celuloide
que en esencia son actores de personajes, pero tienen esa clase
de sexualidad de los grandes hombres”.
Para el gran reparto de
actores secundarios, incluyendo a los miembros del jurado y a
los equipos legales de ambas partes, Fleder eligió a actores
cuya cara le pudiera resultar familiar al público aunque no
recordaran exactamente cuál es su nombre. Como explica el
director: “En una película como ‘Doce hombres sin piedad’,
tienes toda la película para escribir, desarrollar y crear esos
personajes. Nosotros no tuvimos esa oportunidad. Teníamos como
entre veinticinco y treinta y cinco personajes que salían en el
filme, así que teníamos que ocuparnos del jurado de una forma
casi taquigráfica”. “Era muy importante hacer saber enseguida a
los espectadores quién era cada uno, no en plan caricatura sino
como persona”, dice Fleder. “Por lo tanto, elegimos a actores
que les pareciera conocer o que pudieran comunicar de forma
rápida cómo eran”. “Con gente como Bruce Davison como el asesor
de la defensa Durwood Cable, Bruce McGill como el juez Harkin y
Jeremy Piven como el asesor legal de Rohr, Lawrence Green, sabía
que no habría que aleccionarles demasiado. Se trataría de darles
la dirección y la forma y dejar que ellos se encargaran del
resto”.
Fleder dijo a los actores que
interpretaban a los miembros del jurado que quería que solaparan
sus diálogos y que improvisaran. “Los actores introdujeron la
improvisación en la película”, dice Fleder. “No hay ni una
escena con el jurado en la que no hayamos añadido cosas. Las
escenas del jurado son como una película dentro de una más
grande, en la que ensayábamos y a medida que filmábamos más y
más tomas, más diálogo había en ellas”.
Rodar escenas ambientadas en
un sala de vistas fue uno de los mayores retos que hubo de
afrontar Fleder, “He hecho cuatro películas y unas quince horas
de televisión y he aprendido que nunca te sientes del todo
cómodo cuando ruedas escenas con quince actores a la vez en una
misma habitación”, declara el director. Fleder hizo todo lo que
pudo para dar a las escenas de EL JURADO que transcurren en un
salón de justicia un sabor y una energía que nunca se hubieran
visto en otras películas. “EL JURADO trata de la omnipresencia
de la corrupción en el sistema legal y, al rodar la película,
quería representar ese concepto desde el punto de vista
cinematográfico”, reconoce Fleder. “La primera vez que entramos
en la sala de vistas la fotografié de una forma reverencial,
como se ha hecho en muchos otros largometrajes de temática
judicial. A medida que la película evoluciona corrompimos ese
entorno, rodando muchas escenas con una cámara de mano o con una
Steadicam, moviéndonos de un sitio a otro para añadir una
sensación de incertidumbre geográfica”.
La iluminación del director
de fotografía Robert Elswit era otro elemento crucial a la hora
de subrayar la narrativa de la película. Cada escena tiene su
propia calidad de luz, sirviendo como metáfora de la misma o
situando la acción, los personajes y los estados de ánimo.
Al productor ejecutivo
Jeffrey Downer, un colaborador frecuente de Fleder, no le
resultan extrañas las películas a gran escala, tras haber
trabajado en “En honor a la verdad” y “Speed 2”. EL JURADO, con
sus setenta y cinco personajes con frase, incluyendo veinticinco
actores principales en las escenas de la sala de vistas y los
tres mil extras, presentaba un incomparable conjunto de retos
logísticos. “Otras películas de esta magnitud cuentan también
con muchos actores, pero no con tantos trabajando el mismo día”,
afirma Downer.
Aunque la novela de John
Grisham está ambientada en Biloxi, Mississippi, los realizadores
optaron por rodar EL JURADO en Nueva Orleans, empleando más de
cincuenta exteriores de la ciudad, la mayor parte de los mismos
situados en el barrio francés. “La misma ciudad de Nueva Orleans
es en sí misma un personaje más de la película”, explica Fleder.
“Hay dos caras en la ciudad; una apariencia arquitectónica
hermosa y casi heroica que es como el personaje de un héroe,
pero también un lado oscuro debajo de la misma. Juntas reflejan
a los contendientes de la historia. Era la localización perfecta
para la película”.
Para facilitar los
intrincados y complejos planos creados por Fleder, los
realizadores construyeron varios decorados en un estudio de
sonido. El diseñador de producción Nelson Coates, otro antiguo
colaborador de Fleder, supervisó la construcción de un plató
modular que permitiera a Fleder rodar desde prácticamente
cualquier ángulo imaginable.
Además, Fleder y Coates
pusieron el banco de los testigos y del jurado sobre unas
ruedas, lo que les otorgaba grandes posibilidades a la hora de
rodar. “Quería poner en conexión cuanto más se pudiera los
elementos de la película”, señala Fleder. “Eso hacía que pudiese
tener, en un mismo plano, al jurado delante, a un abogado en
segundo plano y al juez al fondo. La habilidad para mover los
elementos físicamente alrededor era algo muy importante”.
2.
Hackman y Hoffman
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