CÓMO SE HIZO "EL ÚLTIMO
SAMURÁI"
Notas de producción
© 2003
Warner Sogefilms
1. El director Edward Zwick hace
realidad su sueño
Aunque el rodaje de El último
samurai comenzó oficialmente en octubre de 2002, el director
Edward Zwick ha estado fascinado desde hace mucho tiempo por la
cultura y el cine japoneses. En cierto sentido, ha estado
imaginando El último samurai desde que era adolescente.
“Vi por primera vez Los siete
samurais de Akira Kurosawa cuando tenía 17 años y desde entonces
la he visto más veces de las que puedo recordar”, reconoce. “En
esa película concreta está todo lo que un director necesita
aprender sobre cómo contar una historia, sobre el desarrollo de
los personajes, sobre cómo rodar escenas de acción y cómo
dramatizar un tema. Después de verla me dispuse a estudiar todas
y cada una de sus películas. Aunque no podía saberlo entonces,
me marcó el camino para convertirme en director de cine”.
A Zwick, que estudió historia
durante mucho tiempo, el período conocido como la restauración
Meiji le parecía especialmente atractivo. El final del dominio
del viejo shogunado dio lugar al primer encuentro significativo
de Japón con Occidente después de un aislamiento voluntario de
200 años.
“Sobre todo”, dice Zwick,
“fue una época de transición. En todas las culturas, ese momento
de cambio de lo antiguo a lo moderno es especialmente doloroso y
dramático. Es también extraordinariamente visual. Cada imagen,
cada paisaje, cada habitación cuenta la historia, la
yuxtaposición de lo viejo y lo nuevo. Un hombre con bombín pasea
al lado de una mujer vestida con kimono. Un hombre que dispara
un rifle de repetición se enfrenta a otro que empuña una
espada”.
Zwick, cuyo largometraje
Shakespeare enamorado consiguió el Oscar a la mejor película,
conoce bastante bien las historias que transcurren en ese
período. Sus películas Tiempos de gloria y Leyendas de pasión
transcurrían a finales del siglo XIX. “Me siento atraído, una y
otra vez, por ese momento histórico”, dice. “Hay algo
conmovedor, incluso hipnótico, en el hecho de observar a un
personaje experimentar una transformación personal en un momento
en que toda la cultura que le rodea está asimismo sumida en el
caos”.
Tom Cruise, nominado varias
veces al Oscar, y elegido para interpretar al obsesionado
capitán Algren, comparte el interés de Zwick y su admiración por
el espíritu japonés, en concreto el de los samurais. Al igual
que Zwick, descubrió a Kurosawa y el cine japonés cuando era
adolescente, y reconoce haber tenido siempre “un profundo
respeto y una gran sensibilidad hacia la cultura y el pueblo
japoneses, hacia la elegancia y la belleza de los samurais,
hacia su espíritu del bushido que enseña a tener fuerza,
compasión e intensa lealtad, y hacia su compromiso en cumplir su
palabra y la decisión de dar su vida por lo que ellos creen
justo. Se trata esencialmente de asumir la responsabilidad de lo
que haces y dices, cualesquiera que puedan ser las
repercusiones. Más que un código para los guerreros samurais, es
una manera firme de vivir la vida – cualquier vida. Era algo a
lo que no podía resistirme. Cuando Ed se reunió por primera vez
conmigo para hablar de ella, supe que tenía que hacer esta
película. Me siento fuertemente conectado con su tema, así como
con los personajes de la historia”.
Cruise, que es también uno de
los productores de El último samurai, dice que la naturaleza
épica de la historia, además del arco emocional y filosófico de
Algren y la oportunidad de trabajar con Edward Zwick y Marshall
Herskovitz, eran unos incentivos muy tentadores. “Esta película
tiene de todo”, dice. “La aventura y el viaje del personaje, el
mundo en el que se adentra y la gente que conoce – es una
historia rica, difícil y realmente fascinante. Desde el punto de
vista de la producción, es la más ambiciosa de todas las que he
hecho en mi carrera: es física, es dramática, es romántica y es
filosófica”.
“Francamente”, continúa
diciendo, “lo que también me atrajo fue que los tres
compartiésemos un entusiasmo tal por el tema. Cuando hablé por
primera vez con Ed, estaba muy apasionado y entusiasmado con él;
era como un chaval de 15 años, saltando por la habitación,
describiendo las escenas con las manos. Y mantuvo esa pasión a
lo largo de toda la producción”.
Las películas de Zwick han
explorado a menudo las complejidades de la guerra y el honor.
Llevar al cine las diferencias y los puntos en común que tienen
un soldado occidental y un guerrero samurai, era algo
irresistible. “Primero en la facultad y luego durante años, leí
mucho sobre historia japonesa”, cuenta Zwick. “Me emocionó
profundamente “The Nobility of Failure” de Ivan Morris, que
cuenta la historia de Saigo Takamori, una de las figuras más
famosas de Japón, que primero ayudó a crear el nuevo gobierno y
luego se rebeló contra él. Su hermosa y trágica vida supuso el
punto de partida para nuestra historia de ficción”.
El cambio del Japón feudal a
una sociedad más moderna supuso la desaparición de ciertas
costumbres y valores “arcaicos” personificados por los samurais.
Durante muchos años, éstos ocuparon un puesto muy respetado en
el orden social. Al igual que los caballeros ingleses, los
soldados samurais protegían a los señores, o, en este caso, al
shogunado, al que habían jurado lealtad. Al igual que los
caballeros respetaban y defendían su sistema de caballería, los
samurais vivían de acuerdo con un código llamado bushido, “la
conducta del guerrero”, que ponía de relieve, entre otras cosas,
la lealtad, el valor, la fortaleza y el sacrificio.
En contraste con las modernas
armas que Occidente ofrecía ahora a Japón, los samurais parecían
anacrónicos respecto a los defensores del progreso. Esta nueva
pasión por todo lo moderno no dejaba sitio a los samurais con
sus legendarias espadas y sus anticuadas nociones del honor,
ejemplificadas aquí por su último líder, Katsumoto (interpretado
por Ken Watanabe) y sus pocos y leales guerreros. El reto de
Katsumoto es mantener sus principios personales en una sociedad
que ya no los valora. Su lucha, especialmente en combinación con
el viaje espiritual que emprende Algren a su pesar, atrajo a
Zwick.
“Los valores básicos de la
cultura samurai siempre me han parecido admirables y válidos”,
explica, “en concreto, la creencia de que la violencia y la
compasión van juntas y que la poesía, la belleza y el arte son
parte de la formación de un guerrero del mismo modo que la
destreza en el manejo de la espada o la fuerza física. También
me interesa la inesperada posibilidad de renacimiento espiritual
que llega a esas vidas para quienes parecía que tenían menos
posibilidades”. Hablando de su deseo de combinar estos elementos
en El último samurai, dice, “Nuestra historia es una aventura
romántica en el más amplio sentido de la palabra y, al mismo
tiempo, una odisea muy personal. El reto es crear una historia
en la que las relaciones rivalicen con el contexto más amplio,
el paisaje interior resonando contra la trama épica.
“El personaje de Katsumoto me
resulta tan fascinante como el de Algren”, continúa diciendo
Zwick. “Personalmente, me identifico con su dilema y veo como es
aplicable a otros muchos aspectos de la vida moderna”.
Del mismo modo que el código
de los samurais es vívidamente expresado por Katsumoto y sus
hermanos, también es evidente en la hermana de Katsumoto, la
joven viuda de guerra Taka, que se encuentra con Algren en medio
de las circunstancias más amargas. Taka, interpretada por la
actriz japonesa Koyuki, se comporta con una compostura tan
estricta que el extraño americano no sospecha las complejas y
poderosas emociones que ella siente hacia él hasta que se da
cuenta de que es tan samurai como homólogos masculinos.
La productora Paula Wagner,
que, junto con Cruise, dirige Cruise/Wagner Productions, comenta
que el entusiasmo de Cruise for la película y su intensa
conexión y colaboración con Zwick y Herskovitz tiene mucho que
ver con la excepcional y ferviente visión que tiene Zwick del
proyecto y del personaje del capitán Nathan Algren. “Ed fue
capaz de combinar el empuje épico y la acción de la historia con
el viaje íntimo y heroico de este poderoso personaje”, dice.
Añade que la complejidad de la película atrajo a Cruise/Wagner
Productions, que ha desarrollado y producido una variada serie
de películas, comentando que, “Esta película funciona a muchos
niveles. El último samurai ofrece personajes interesantes y
complejos, grandes escenas de acción y aventuras y, en concreto
en el capitán Algren, una persona que recorre una gran
distancia, literal y figuradamente, para encontrarse a sí mismo
y a sus valores”.
La película tuvo su origen en
un proyecto que tenía Radar Pictures a principios de los años 90
sobre un norteamericano que viaja a Japón en una época similar.
“Nos llamaron la atención los paralelismos entre la dominación
del Oeste americano y la occidentalización del Japón
tradicional”, explica Scott Kroopf de Radar Pictures, “y supimos
que había una historia que contar sobre el modo en que la
modernización empequeñecía a estas dos culturas tan enormemente
distintas”.
“Contratamos a Ed Zwick”,
dice Tom Engelman, que también trabajaba en Radar Pictures en
aquel momento, “al que yo conocía desde hacía años como amigo y
vecino. Era sin duda la persona ideal para hacerlo, por su obra
y por su interés en acercarse a los héroes del Oeste americano
desde una perspectiva totalmente nueva”. Más tarde, continúa
diciendo Kroopf, “Ed sugirió contratar a John Logan y resultó
que John, al igual que Ed, era un estudioso de la caída de los
samurais. Al final, nuestra paciencia con el proyecto fue
recompensada no sólo por el magnífico guión sino también por la
increíble habilidad de Ed al poner en marcha la película”.
Zwick y Logan, el guionista
de Gladiator (El gladiador) nominado al Oscar, coincidieron en
que la revuelta de los samurais de 1876-1877 sería un punto de
referencia histórica para la película apasionante y provocador.
“Desarrollar al protagonista con Ed”, recuerda Logan, “fue uno
de los elementos más difíciles de la historia. A medida que
trabajábamos, el personaje del capitán Algren surgía como una
figura realmente atormentada; un hombre que ha perdido su fe.
Ed, Marshall y yo queríamos que fuese una figura muy vulnerable,
no un típico héroe de película. Intentamos que fuese un alma
perdida, buscando su camino. Sólo a través de su interacción con
los samurais y su creciente respeto por su código guerrero
encuentra su auténtico lugar en el mundo”.
Herskovitz, que pronto se
unió al equipo de guionistas, añade que, si bien la historia y
los personajes son totalmente ficticios, los realizadores se
esforzaron mucho en conseguir un nivel general de autenticidad
en todos los aspectos, “una fiel evocación de ese período de la
historia japonesa y de los principios y valores de los samurais.
Tratamos de ser fieles y respetuosos. Consultamos a expertos,
establecimos contactos con académicos y guionistas de Japón y
contamos con la colaboración de muchos especialistas y personal
japoneses como parte de la producción. Queríamos hacerlo bien”.
En cuanto a los temas que
aparecen en El último samurai, Herskovitz cree que no sólo son
genuinos sino también intemporales. “La historia de un individuo
que debe aceptar la pérdida del honor y del yo, y su posterior
viaje para recuperar ese honor, para confiar de nuevo en sí
mismo para tomar las decisiones correctas, es aplicable a
cualquier época histórica pero sin duda alguna al momento
actual, en que estamos rodeados por los compromisos de la vida
moderna”.
A medida que transcurre El
último samurai, los espectadores experimentan la turbulencia
física, emocional y espiritual de esta exótica y contradictoria
época a través del capitán Algren. Zwick dice, “Cuando él lo
descubre, tú también lo haces; cuando él se siente conmovido por
ello, tú también”.
2.
La
investigación y la acción se dan la mano >>
Imágenes y notas
de cómo se hizo "El último samurái" - Copyright © 2003 Warner Bros
Pictures, Radar Pictures, Bedford Falls Company y Cruise-Wagner
Productions. Distribuida en España por Warner Sogefilms. Todos los derechos
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