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EL ÚLTIMO SAMURÁI
(The last samurai)


Dirección: Edward Zwick.
Países:
USA, Nueva Zelanda y Japón.
Año: 2003.
Interpretación: Tom Cruise (Capitán Nathan Algren), Timothy Spall (Simon Graham), Ken Watanabe (Katsumoto), Billy Connolly (Zebulon Gant), Tony Goldwyn (Coronel Bagley), Hiroyuki Sanada (Ujio), Koyuki (Taka), Shichinosuke Nakamura (Emperador), Shun Sugata (Nakao), Seizo Fukumoto (El samurái mudo), Masato Harada (Omura), Shin Koyamada (Nobutada).
Guión: John Logan, Edward Zwick y Marshall Herskovitz; basado en una historia original de John Logan.
Producción: Edward Zwick, Marshall Herskovitz, Tom Cruise, Paula Wagner, Scott Kroopf, Tom Engelman.
Música: Hans Zimmer.
Fotografía:
John Toll.
Montaje: Steven Rosenblum y Victor du Bois.
Diseño de producción: Lilly Kilvert.
Vestuario: Ngila Dickson.
Estreno en USA: 5 Diciembre 2003.
Estreno en España: 9 Enero 2004.

CÓMO SE HIZO "EL ÚLTIMO SAMURÁI"
Notas de producción
© 2003 Warner Sogefilms

2. La investigación y la acción se dan la mano

  A Zwick y Herskovitz, que trabajan juntos como guionistas y productores desde hace tiempo y que han colaborado con éxito durante años en series de televisión y películas galardonadas con varios premios, les encantó encontrar en Tom Cruise un compañero de equipo con el mismo espíritu para hacer El último samurai.

  Herskovitz dice, “Tom se metió de lleno en la preparación. Nunca he visto a un actor documentarse tanto para una película. Tenía todo un archivo de información y fue increíblemente útil. Ed y yo siempre nos hemos retado el uno al otro, ésa es la base de nuestra relación creativa, pero es raro para nosotros que alguien distinto nos estimule de un modo similar. Tom se convirtió en parte de nuestra asociación creativa, que ha sido increíblemente agradable y gratificante. Tiene una actitud muy positiva y sus ideas son siempre sensatas y a menudo inspiradas. Nos apremiaba continuamente dándonos su apoyo mientras trabajábamos en el guión y esa actitud continuó a lo largo de toda la producción”.

  Parte de la preparación del actor supuso meses de riguroso entrenamiento para las escenas en las que había combates mano a mano, equitación y esgrima con dos espadas, lo que llevó a Herskovitz a atestiguar, “Trabajó durante varias horas todos los días durante casi un año con una dedicación y una disciplina que era totalmente samurai. Puede manejar las dos espadas maravillosamente y es un magnífico jinete”.

  “Trabajé durante ocho meses para ponerme en forma para esta película”, confiesa el actor. “Aprendí kendo [manejo de la espada al estilo japonés], artes marciales japonesas y el manejo de todo tipo de armas. No sólo tenía que montar a caballo, sino que también tenía que luchar mientras cabalgaba. Estudié japonés. En lo que se refiere a la preparación, he hecho de todo”.

  Cruise, que tiene fama de ser un actor muy centrado y entregado, continuó su investigación y su preparación durante toda la producción. Zwick le dio varios libros sobre historia y cultura japonesas para ampliar la cada vez mayor biblioteca del actor, y entre tomas no era raro encontrarlo leyendo un volumen como el clásico libro sobre la Guerra de Secesión The Killer Angels.

  Cruise llegaba normalmente al rodaje dos horas antes que el resto del reparto y del equipo técnico para poner a punto su destreza física. Su dedicación valió la pena porque le permitió interpretar todas sus acrobacias, desde varias noches luchando con dos espadas contra múltiples oponentes y cinco días y una noche rechazando a peligrosos intrusos ninjas, hasta semanas de instrucción en artes marciales frente a sus compañeros de reparto japoneses y, finalmente, dos meses de incesantes secuencias de batallas.

  “Al principio me preocupaba conseguir realismo en las escenas de lucha”, dice Cruise, comentando que, si bien tenía un alto nivel de forma física cuando llegó a la película, no estaba familiarizado con los rigores específicos de las artes marciales de los samurais. El centrarse en la flexibilidad y bajar gradualmente su centro de gravedad con ejercicios diarios le permitió ejecutar los movimientos naturalmente fluidos “sin rigidez”. De hecho, después, Cruise mencionó que incluso su respiración se había vuelto más profunda y que tenía “una conciencia más clara, del espíritu sobre el cuerpo”, a lo que él atribuye, al menos en parte, el haber podido llevar a cabo algunas de las más intensas escenas de batalla sin sufrir ninguna herida.

  A veces, observando la entrega de su protagonista, Zwick se preguntaba si estaba esperando demasiado. “Pensaba, ‘¿qué estoy haciendo?’”, dice. “Aquí tengo a Tom boca abajo en el barro, apartando la mierda, o estamos haciendo toma tras toma en las que auténticas espadas de aluminio están blandiéndose por delante de su cara a una velocidad increíble y pienso que tal vez le estoy sometiendo a un riesgo demasiado grande. Pero siempre decía, ‘dame tiempo y la preparación adecuada y dime qué quieres que haga, y lo haré’”.

  Hay que reconocer que Cruise, un atleta por naturaleza y un entusiasta de los deportes en todos los sentidos, estaba deseando hacer frente a los retos físicos de su personaje. En un acierto de planificación, antes de embarcarse en sus noches de combate con dos espadas, Cruise dividía el día de rodaje empezando con escenas de mucha carga emocional entre Algren y sus captores japoneses. Esta combinación de emoción y acción recordaba la propia bifurcación de Algren, un hombre concienzudo y en conflicto, luchando por recuperar su honor, pero también un soldado impasible, estratega y mortalmente eficaz. Si bien los profundos y complejos matices emocionales de Algren intrigaban a Cruise, después de terminar esas escenas se iba literalmente corriendo y feliz a los siguientes escenarios, ansioso por empezar sus secuencias de luchas samurais. “He querido hacer esto desde que era un niño”, anunció la primera noche, y no defraudó.

  Los paralelismos entre la experiencia de Algren en el campamento samurai y la preparación de Cruise para el papel no pasaron desapercibidos en la compañía. “La preparación que hizo Tom no fue simplemente la de un actor preparándose para hacer acrobacias para una película”, explica Zwick. “Hay una correspondencia muy significativa entre la preparación en artes marciales y la dedicación filosófica que Algren consigue como prisionero de los samurais y el tipo de preparación que Tom estaba experimentando tanto a nivel mental como físico. Se estaba preparando para el papel en sí, no sólo para las acrobacias o las escenas de lucha”. Cruise está de acuerdo, añadiendo que, “Empecé a sentirme como Algren en la aldea, tuve una sensación del tipo de transformación emocional y física que él estaba experimentando”.

  También para Ken Watanabe trabajar en El último samurai supuso una considerable cantidad de introspección, a pesar de que la película le colocaba en un terreno en cierto modo familiar. Su carrera en el cine japonés incluye papeles en varios dramas históricos, entre ellos la popular serie de la NHK sobre samurais Dokuganryu Masamune y la película Bakumatsu Junjyo Den, que transcurre durante los días de declive del shogunado Tokugawa cuando dominaban los samurais. Incluso así, Watanabe confiesa que trabajar en El último samurai le animó a examinar más detenidamente sus propios sentimientos sobre la famosa clase guerrera de su país y que fue en parte la pasión de Zwick por el tema lo que en última instancia le ayudó a comprender a Katsumoto y a dar vida al guerrero samurai.

  “Al principio me resultaba difícil comprender al personaje”, dice. “¿Qué quiere? ¿Qué piensa? Es cierto que, tradicionalmente, hay belleza en la muerte pero, para mí, morir no es necesariamente una virtud, por lo que al principió me resultó difícil aceptar la idea. Como samurai y como líder de su gente, Katsumoto tiene una manera muy concreta de vivir y de morir, pero yo no podía dejar de preguntarme, ¿qué derecho tiene a llevar a su gente, a los aldeanos y a la gente que le rodea hacia una muerte segura con él? ¿cómo podría justificarse y permitirse eso? Al principio era un dilema para mí, hasta que me di cuenta de que para Katsumoto lo que importaba no era que se tratase de una cuestión de vida o muerte, sino una cuestión de honor”.

  Al igual que Cruise, Watanabe se preparó a fondo y realizó la mayor parte de sus acrobacias. “Katsumoto siempre lleva dos espadas”, dice, “por lo que tuve que aprender a utilizarlas de manera simultánea. Queríamos que todo diera una impresión de realismo, incluidas las luchas. Fue duro, pero la motivación era fuerte. Antes de rodar cada escena de batalla tenía que gritar a más que 500 soldados. Grité tantas veces que perdí la voz”.

  “Era un papel complejo y Ken realizó una interpretación profundamente emotiva, con humor y con una gran elegancia”, responde Zwick. “No me puedo imaginar la película sin él”.

  Como contrapunto a las extraordinarias secuencias de acción de la película, El último samurai ofrece una serie de escenas aparentemente tranquilas. En sus primeros días como prisionero de Katsumoto en la aldea samurai, en sus silenciosos pero intensos contactos con Katsumoto y los otros samurais, Algren se ve obligado a comunicarse sin hablar en circunstancias en que las palabras son imposibles – y, en última instancia, innecesarias.

  Tal como señala Zwick, la ausencia de diálogo con sentido no disminuye la profundidad de esos encuentros. “Las escenas en las que Algren está conociendo a Taka, la mujer que cuida de él todos los días y que no dice una palabra, tienen mucha fuerza. Son dos personas forzadas a compartir sus respectivas vidas y a pesar de eso hay barreras entre ellos – las circunstancias, las limitaciones obvias debido a la diferencia de culturas y, por supuesto, el idioma. Hay muchos obstáculos para que entren en contacto, pero lo hacen. Para mí es un auténtico placer ver lo mucho que Koyuki es capaz de transmitir con su mirada, sus gestos y su porte, y lo mucho que Algren comprende. Es casi como una interpretación de cine mudo”.

  El empeño del director en explorar el drama interno de sus personajes tal vez quede mejor descrito en sus primeros consejos a Watanabe en una escena en la que estaban intentando “entrar en la mente de Katsumoto”, según recuerda el actor. “Antes de rodar, Ed me dijo, ‘Tienes que sentir todo – la hoguera, el sonido de los insectos, el viento, la temperatura. Es una noche fría. Escucha el movimiento de los caballos. La respiración de Tom’. Y todo eso para una escena en la que yo no tenía diálogo. En cierto sentido, era más un consejo para vivir que para interpretar, lo cual es un buen ejemplo del espíritu del bushido. El bushido es como respirar, ser conscientes de nuestro contacto con la naturaleza y con todo. Los samurais no hablan de ello, simplemente lo viven”.

  De hecho, el propio trabajo de Zwick en la película a menudo entraba en el terreno de una interpretación de cine mudo cuando trataba de transmitir sus instrucciones a través de una barrera lingüística siempre presente mientras rodaba en Japón y más tarde en Nueva Zelanda con cientos de extras y miembros del equipo japoneses. “Cuando observas la magnitud de la película, y piensas en lo importante que es cada interpretación, en que cada momento es importante para el todo, te quedas asombrado”, dice Cruise, “por la habilidad de Ed para comunicarse de manera eficaz como director con gente que puede que no hablase ni una palabra de inglés y aún así conseguir la interpretación que quería”.

  A nivel logístico, el director se enfrentó a numerosos retos, que acabó por tomarse con calma, reconociendo la magnitud de la película, su naturaleza intercultural y la cantidad de tomas en exteriores. “Simplemente pensando en las secuencias de batalla”, dice, “me acuerdo que pensaba, ‘¿cuántos hombres vamos a necesitar en esta escena?’ y me daba cuenta de repente de la enormidad que suponía organizar todo aquello. No sólo necesitamos a esos hombres, sino que tienen que ser buenos actores, eficaces ante la cámara, y además estar preparados para pelear, estar preparados en artes marciales. ¿Cuántos traductores necesitaremos?”

  Lo que felizmente descubrió fue que “muchos de los extras que encontramos ya tenían algún tipo de preparación en artes marciales y estaban dispuestos a demostrar esas habilidades. Hace mucho tiempo que no se ven en cine luchas al estilo japonés. Las artes marciales chinas han aparecido en muchas películas populares en los últimos años, e incluso en el tipo de trabajo con cables que han inspirado, pero las disciplinas practicadas tradicionalmente en Japón tienen su propia brillantez. En cierto sentido, muchos de los actores se veían como embajadores, capaces de mostrar ese estilo a los espectadores de todo el mundo. Estaban entusiasmados de formar parte de esto y nosotros estuvimos inmensamente agradecidos de contar con ellos”.

3. Un reparto internacional >>


Imágenes y notas de cómo se hizo "El último samurái" - Copyright © 2003 Warner Bros Pictures, Radar Pictures, Bedford Falls Company y Cruise-Wagner Productions. Distribuida en España por Warner Sogefilms. Todos los derechos reservados.

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