CÓMO SE HIZO "EL ÚLTIMO
SAMURÁI"
Notas de producción
© 2003
Warner Sogefilms
2. La investigación y la acción
se dan la mano
A Zwick y Herskovitz, que
trabajan juntos como guionistas y productores desde hace tiempo
y que han colaborado con éxito durante años en series de
televisión y películas galardonadas con varios premios, les
encantó encontrar en Tom Cruise un compañero de equipo con el
mismo espíritu para hacer El último samurai.
Herskovitz dice, “Tom se
metió de lleno en la preparación. Nunca he visto a un actor
documentarse tanto para una película. Tenía todo un archivo de
información y fue increíblemente útil. Ed y yo siempre nos hemos
retado el uno al otro, ésa es la base de nuestra relación
creativa, pero es raro para nosotros que alguien distinto nos
estimule de un modo similar. Tom se convirtió en parte de
nuestra asociación creativa, que ha sido increíblemente
agradable y gratificante. Tiene una actitud muy positiva y sus
ideas son siempre sensatas y a menudo inspiradas. Nos apremiaba
continuamente dándonos su apoyo mientras trabajábamos en el
guión y esa actitud continuó a lo largo de toda la producción”.
Parte de la preparación del
actor supuso meses de riguroso entrenamiento para las escenas en
las que había combates mano a mano, equitación y esgrima con dos
espadas, lo que llevó a Herskovitz a atestiguar, “Trabajó
durante varias horas todos los días durante casi un año con una
dedicación y una disciplina que era totalmente samurai. Puede
manejar las dos espadas maravillosamente y es un magnífico
jinete”.
“Trabajé durante ocho meses
para ponerme en forma para esta película”, confiesa el actor.
“Aprendí kendo [manejo de la espada al estilo japonés], artes
marciales japonesas y el manejo de todo tipo de armas. No sólo
tenía que montar a caballo, sino que también tenía que luchar
mientras cabalgaba. Estudié japonés. En lo que se refiere a la
preparación, he hecho de todo”.
Cruise, que tiene fama de ser
un actor muy centrado y entregado, continuó su investigación y
su preparación durante toda la producción. Zwick le dio varios
libros sobre historia y cultura japonesas para ampliar la cada
vez mayor biblioteca del actor, y entre tomas no era raro
encontrarlo leyendo un volumen como el clásico libro sobre la
Guerra de Secesión The Killer Angels.
Cruise llegaba normalmente al
rodaje dos horas antes que el resto del reparto y del equipo
técnico para poner a punto su destreza física. Su dedicación
valió la pena porque le permitió interpretar todas sus
acrobacias, desde varias noches luchando con dos espadas contra
múltiples oponentes y cinco días y una noche rechazando a
peligrosos intrusos ninjas, hasta semanas de instrucción en
artes marciales frente a sus compañeros de reparto japoneses y,
finalmente, dos meses de incesantes secuencias de batallas.
“Al principio me preocupaba
conseguir realismo en las escenas de lucha”, dice Cruise,
comentando que, si bien tenía un alto nivel de forma física
cuando llegó a la película, no estaba familiarizado con los
rigores específicos de las artes marciales de los samurais. El
centrarse en la flexibilidad y bajar gradualmente su centro de
gravedad con ejercicios diarios le permitió ejecutar los
movimientos naturalmente fluidos “sin rigidez”. De hecho,
después, Cruise mencionó que incluso su respiración se había
vuelto más profunda y que tenía “una conciencia más clara, del
espíritu sobre el cuerpo”, a lo que él atribuye, al menos en
parte, el haber podido llevar a cabo algunas de las más intensas
escenas de batalla sin sufrir ninguna herida.
A veces, observando la
entrega de su protagonista, Zwick se preguntaba si estaba
esperando demasiado. “Pensaba, ‘¿qué estoy haciendo?’”, dice.
“Aquí tengo a Tom boca abajo en el barro, apartando la mierda, o
estamos haciendo toma tras toma en las que auténticas espadas de
aluminio están blandiéndose por delante de su cara a una
velocidad increíble y pienso que tal vez le estoy sometiendo a
un riesgo demasiado grande. Pero siempre decía, ‘dame tiempo y
la preparación adecuada y dime qué quieres que haga, y lo
haré’”.
Hay que reconocer que Cruise,
un atleta por naturaleza y un entusiasta de los deportes en
todos los sentidos, estaba deseando hacer frente a los retos
físicos de su personaje. En un acierto de planificación, antes
de embarcarse en sus noches de combate con dos espadas, Cruise
dividía el día de rodaje empezando con escenas de mucha carga
emocional entre Algren y sus captores japoneses. Esta
combinación de emoción y acción recordaba la propia bifurcación
de Algren, un hombre concienzudo y en conflicto, luchando por
recuperar su honor, pero también un soldado impasible, estratega
y mortalmente eficaz. Si bien los profundos y complejos matices
emocionales de Algren intrigaban a Cruise, después de terminar
esas escenas se iba literalmente corriendo y feliz a los
siguientes escenarios, ansioso por empezar sus secuencias de
luchas samurais. “He querido hacer esto desde que era un niño”,
anunció la primera noche, y no defraudó.
Los paralelismos entre la
experiencia de Algren en el campamento samurai y la preparación
de Cruise para el papel no pasaron desapercibidos en la
compañía. “La preparación que hizo Tom no fue simplemente la de
un actor preparándose para hacer acrobacias para una película”,
explica Zwick. “Hay una correspondencia muy significativa entre
la preparación en artes marciales y la dedicación filosófica que
Algren consigue como prisionero de los samurais y el tipo de
preparación que Tom estaba experimentando tanto a nivel mental
como físico. Se estaba preparando para el papel en sí, no sólo
para las acrobacias o las escenas de lucha”. Cruise está de
acuerdo, añadiendo que, “Empecé a sentirme como Algren en la
aldea, tuve una sensación del tipo de transformación emocional y
física que él estaba experimentando”.
También para Ken Watanabe
trabajar en El último samurai supuso una considerable cantidad
de introspección, a pesar de que la película le colocaba en un
terreno en cierto modo familiar. Su carrera en el cine japonés
incluye papeles en varios dramas históricos, entre ellos la
popular serie de la NHK sobre samurais Dokuganryu Masamune y la
película Bakumatsu Junjyo Den, que transcurre durante los días
de declive del shogunado Tokugawa cuando dominaban los samurais.
Incluso así, Watanabe confiesa que trabajar en El último samurai
le animó a examinar más detenidamente sus propios sentimientos
sobre la famosa clase guerrera de su país y que fue en parte la
pasión de Zwick por el tema lo que en última instancia le ayudó
a comprender a Katsumoto y a dar vida al guerrero samurai.
“Al principio me resultaba
difícil comprender al personaje”, dice. “¿Qué quiere? ¿Qué
piensa? Es cierto que, tradicionalmente, hay belleza en la
muerte pero, para mí, morir no es necesariamente una virtud, por
lo que al principió me resultó difícil aceptar la idea. Como
samurai y como líder de su gente, Katsumoto tiene una manera muy
concreta de vivir y de morir, pero yo no podía dejar de
preguntarme, ¿qué derecho tiene a llevar a su gente, a los
aldeanos y a la gente que le rodea hacia una muerte segura con
él? ¿cómo podría justificarse y permitirse eso? Al principio era
un dilema para mí, hasta que me di cuenta de que para Katsumoto
lo que importaba no era que se tratase de una cuestión de vida o
muerte, sino una cuestión de honor”.
Al igual que Cruise, Watanabe
se preparó a fondo y realizó la mayor parte de sus acrobacias.
“Katsumoto siempre lleva dos espadas”, dice, “por lo que tuve
que aprender a utilizarlas de manera simultánea. Queríamos que
todo diera una impresión de realismo, incluidas las luchas. Fue
duro, pero la motivación era fuerte. Antes de rodar cada escena
de batalla tenía que gritar a más que 500 soldados. Grité tantas
veces que perdí la voz”.
“Era un papel complejo y Ken
realizó una interpretación profundamente emotiva, con humor y
con una gran elegancia”, responde Zwick. “No me puedo imaginar
la película sin él”.
Como contrapunto a las
extraordinarias secuencias de acción de la película, El último
samurai ofrece una serie de escenas aparentemente tranquilas. En
sus primeros días como prisionero de Katsumoto en la aldea
samurai, en sus silenciosos pero intensos contactos con
Katsumoto y los otros samurais, Algren se ve obligado a
comunicarse sin hablar en circunstancias en que las palabras son
imposibles – y, en última instancia, innecesarias.
Tal como señala Zwick, la
ausencia de diálogo con sentido no disminuye la profundidad de
esos encuentros. “Las escenas en las que Algren está conociendo
a Taka, la mujer que cuida de él todos los días y que no dice
una palabra, tienen mucha fuerza. Son dos personas forzadas a
compartir sus respectivas vidas y a pesar de eso hay barreras
entre ellos – las circunstancias, las limitaciones obvias debido
a la diferencia de culturas y, por supuesto, el idioma. Hay
muchos obstáculos para que entren en contacto, pero lo hacen.
Para mí es un auténtico placer ver lo mucho que Koyuki es capaz
de transmitir con su mirada, sus gestos y su porte, y lo mucho
que Algren comprende. Es casi como una interpretación de cine
mudo”.
El empeño del director en
explorar el drama interno de sus personajes tal vez quede mejor
descrito en sus primeros consejos a Watanabe en una escena en la
que estaban intentando “entrar en la mente de Katsumoto”, según
recuerda el actor. “Antes de rodar, Ed me dijo, ‘Tienes que
sentir todo – la hoguera, el sonido de los insectos, el viento,
la temperatura. Es una noche fría. Escucha el movimiento de los
caballos. La respiración de Tom’. Y todo eso para una escena en
la que yo no tenía diálogo. En cierto sentido, era más un
consejo para vivir que para interpretar, lo cual es un buen
ejemplo del espíritu del bushido. El bushido es como respirar,
ser conscientes de nuestro contacto con la naturaleza y con
todo. Los samurais no hablan de ello, simplemente lo viven”.
De hecho, el propio trabajo
de Zwick en la película a menudo entraba en el terreno de una
interpretación de cine mudo cuando trataba de transmitir sus
instrucciones a través de una barrera lingüística siempre
presente mientras rodaba en Japón y más tarde en Nueva Zelanda
con cientos de extras y miembros del equipo japoneses. “Cuando
observas la magnitud de la película, y piensas en lo importante
que es cada interpretación, en que cada momento es importante
para el todo, te quedas asombrado”, dice Cruise, “por la
habilidad de Ed para comunicarse de manera eficaz como director
con gente que puede que no hablase ni una palabra de inglés y
aún así conseguir la interpretación que quería”.
A nivel logístico, el
director se enfrentó a numerosos retos, que acabó por tomarse
con calma, reconociendo la magnitud de la película, su
naturaleza intercultural y la cantidad de tomas en exteriores.
“Simplemente pensando en las secuencias de batalla”, dice, “me
acuerdo que pensaba, ‘¿cuántos hombres vamos a necesitar en esta
escena?’ y me daba cuenta de repente de la enormidad que suponía
organizar todo aquello. No sólo necesitamos a esos hombres, sino
que tienen que ser buenos actores, eficaces ante la cámara, y
además estar preparados para pelear, estar preparados en artes
marciales. ¿Cuántos traductores necesitaremos?”
Lo que felizmente descubrió
fue que “muchos de los extras que encontramos ya tenían algún
tipo de preparación en artes marciales y estaban dispuestos a
demostrar esas habilidades. Hace mucho tiempo que no se ven en
cine luchas al estilo japonés. Las artes marciales chinas han
aparecido en muchas películas populares en los últimos años, e
incluso en el tipo de trabajo con cables que han inspirado, pero
las disciplinas practicadas tradicionalmente en Japón tienen su
propia brillantez. En cierto sentido, muchos de los actores se
veían como embajadores, capaces de mostrar ese estilo a los
espectadores de todo el mundo. Estaban entusiasmados de formar
parte de esto y nosotros estuvimos inmensamente agradecidos de
contar con ellos”.
3.
Un reparto
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Imágenes y notas
de cómo se hizo "El último samurái" - Copyright © 2003 Warner Bros
Pictures, Radar Pictures, Bedford Falls Company y Cruise-Wagner
Productions. Distribuida en España por Warner Sogefilms. Todos los derechos
reservados.
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