CRÍTICA
por
David Garrido Bazán
Épica y convencionalismo
Reconozco que Edward Zwick
es un director que no goza precisamente de mis simpatías. A lo
largo de su corta filmografía (que incluye títulos como "Tiempos
de gloria", "Estado de sitio", "Leyendas de pasión" o "En ho-nor
a la verdad") ha demostrado tres cosas: una, que le encanta
ambientar sus historias en un contexto lo más épico posible;
dos, que le fascinan los turbulentos cambios que tuvieron lu-gar
a finales del siglo XIX; y tres, que gusta de explorar su
concepto parti-cular del patriotismo en sus más variadas
interpretaciones. A todo ello hay que añadir que, en su faceta
como productor de casi todos sus films, siente una genuina
pasión por sus historias que le permi-te darse el lujo de
ralentizar y extender las mismas hasta límites insospechados, en
la (falsa) creencia de que éstas son lo suficien-temente
interesantes como para poder aguantar sin despeinarse más de dos
horas y media de metraje.
Muchos de estos elementos
vuelven a darse cita en "El último samurái", atrevida
superproducción que ofrece una particular visión sobre el Japón
del último cuarto del siglo XIX, más concretamente durante el
periodo conocido como el de la restauración Meiji, en el que la
pasión del Emperador por abrir su hasta entonces casi
inac-cesible país al mundo occidental permitió por un lado una
moderni-zación vertiginosa del mismo pero, por otro, también la
práctica de-saparición del poder de la clase guerrera dominante
durante largo tiempo en Japón, es decir, los samuráis. A este
convulso periodo histórico llega el personaje de Nathan Algren,
un desencantado y medio alcohólico soldado profesional, un
mercenario que viaja a Ja-pón para entrenar por una considerable
suma de dinero al incipiente ejército imperial, cuyo objetivo
primordial es liquidar precisamente la resistencia de los
samuráis a los acelerados cambios que tienen lugar en su país.
Por supuesto, el contacto de Algren con esa cul-tura milenaria,
en la que se verá forzado a convivir durante mucho tiempo, le
ofrece una perspectiva radicalmente distinta de ver el mundo,
hasta el punto que le hará plantearse su lugar en él y,
final-mente, aceptar sus códigos como propios y defenderlos en
el cam-po de batalla.
Resulta inevitable no establecer cier-tas comparaciones entre el
plantea-miento de "El último samurái" y otra obra cuya idea
central se mueve en coordenadas parecidas como es "Bai-lando con
lobos", en la que el perso-naje de Kevin Costner encontraba un
nuevo sentido a su vida a través de su contacto con una cultura
absoluta-mente extraña y ajena a él como era la india. El
proceso de fascinación de Algren (un esforzado
Tom Cruise que, a pesar de
estar correcto, no ofrece una de sus mejores interpre-taciones)
por el modo de vida de los samuráis que va descubriendo remite
sin duda al modelo que es-tableció Costner en su debut como
director, las semejanzas pesan mucho más que las diferencias y
hasta el modo de rodar de Zwick –un director al que le gusta
abusar de las tomas paisajísticas y recrearse en la descripción
casi idílica de ese mundo condenado a desaparecer– recuerda, aun
sin ser tan engolado y retórico, al uni-verso de Costner. Lo
cual, en sí mismo, no tiene nada de malo, por supuesto, pero
puede llevar al espectador a la conclusión de que se encuentra
en un terreno ya conocido, andando por senderos ya transitados y
por consiguiente desconectarse un poco emocional-mente de una
historia predecible a más no poder en la que sus aspectos
positivos no consiguen del todo superar el lastre de un guión
demasiado cargado de lugares comunes y con-vencionalismos.
No obstante, sería injusto
despachar sin más "El último samurái" por su simpleza argumental
y no reconocer los logros de una pelí-cula que ofrece aspectos
interesantes tanto en el tratamiento de ciertos temas como en la
puesta en imágenes de los mismos. Por un lado, no sería
inteligente obviar el juego de espejos que se es-tablece entre
dos géneros que tienen históricamente mucho en co-mún y que se
han prestado iconos y valores de forma continua: es bien
conocido el hecho de que el western adaptó muchos de los códigos
establecidos en el cine de samuráis por Akira Kurosawa y si no
costó mucho trabajo, por poner un par de ejemplos, convertir
"Los siete samuráis" en "Los siete magníficos" o al ronin Mifune
de "Yojimbo" en el pistolero Eastwood de "Por un puñado de
dólares", el diálogo sigue funcionando a la inversa y la
película se esfuerza (con éxito desigual, eso si) por hacer
creíble la adopción del gue-rrero Algren al código del Bushido.
La voluntad de darle veracidad a la historia deteniéndose
ampliamente en el proceso de Algren es digna de reconocimiento y
da lugar a algunos de los mejores mo-mentos de la película: el
aprendizaje del idioma y las costumbres, la observación
fascinada de su disciplina, la memorable secuencia de la pelea
con espadas de madera bajo la lluvia...
Es cierto que a ello ayuda mucho un diseño de producción
exquisito en el que a veces parece que la imagen ex-terior de la
película amenaza con de-vorar el interior de la misma, pero sin
embargo le perjudica, y mucho, un doblaje infecto, indigno del
habitual buen hacer en ese campo de los pro-fesionales
españoles, que deviene en un acento ridículo de los actores
nipo-nes que invita a huir de la versión do-blada: las
trascendentes conversacio-nes entre Katsumoto (un excelente
Ken Watanabe) y Algren pare-cen
estar siempre a un punto de la parodia por esta causa. Zwick
abusa de una reiterativa voz en off muchas veces innecesa-ria
para contar la historia y la incipiente historia de amor, aunque
inteligentemente huye del tópico al final, no por ello resulta
menos increíble y forzada.
Sin embargo, es en el campo
de la épica y la lucha donde mejor se desenvuelve Zwick,
rescatando en parte su mejor cine: ya sea en la feroz primera
escaramuza del desorganizado ejército manda-do por Algren
–destrozado a las primeras de cambio por la carga de los
samuráis (precedida de una fantasmagorica y emocionante
aparición entre la niebla)–, en los combates cuerpo a cuerpo de
Al-gren con éstos y con los ninjas en la aldea o en la brutal y
desigual batalla final, un enfrentamiento cargado de épica y
emoción, Zwick juega a fondo sus bazas, no resulta en ningún
momento confuso (algo muy de agradecer en los tiempos que
corren) y, con un ojo siempre puesto en las lecciones del "Ran"
de Kurosawa, consigue deslumbar en más de una ocasión al
espectador, ayudado por una excepcional banda sonora a cargo de
Hans Zimmer, que acompaña
poderosamente los momentos más épicos de la película.
Tampoco está de más hacer notar la sorprendente crudeza con la
que se despacha a algunos supuestos ico-nos de la historia
americana, como el conocido Custer, al que la película po-ne en
su sitio, o el abuso de la excu-sa del progreso por parte de los
go-bernantes para justificar cierto exter-minio de culturas, ya
sea la india o la de los samuráis. Es una lástima que tantos
buenos apuntes se malogren por la falta de profundidad con la
que se tratan algunos de los temas claves de la película (¿Por
qué se retrata de una forma tan idílica a los samuráis, al fin y
al cabo una casta guerrera dominante en un sistema feudal con
poder de vida y muerte sobre sus inferiores? ¿Por qué uno tie-ne
la sensación de que el progreso ha de suponer forzosamente algo
tan intrínsecamente malo para Japón?). "El último samurái" es en
muchos momentos buen cine convencional que sabe cómo
ad-ministrar con clasicismo un guión en el que se suceden con
fluidez y encajan con precisión las escenas de tensión y lucha
con las secuencias de contemplación y aprendizaje, aderezado con
las precisas gotas de melodrama en un complicado equilibrio que
siempre le había sido esquivo a un Zwick que nunca ha sido
pre-cisamente un ejemplo de sutileza. Es en los lamentables
veinte minutos finales cuando sale a la luz la falta de alcance
de la pro-puesta de la película, que se muestra cobarde y
efectista para jus-tificar el título de la misma. Y es una
lástima porque es una pelí-cula con suficientes elementos de
interés en su interior para conformar una gran obra, pero que se
acaba conformando con trasladar al espectador un esquema
convencional en el que diseminar aislados momentos emocionantes
cargados de cierta épica, pero decididamente insuficientes para
que alcance una consideración mayor que la de correcto
espec-táculo.
Calificación:
    
Imágenes de "El último samurái" - Copyright © 2003 Warner Bros
Pictures, Radar Pictures, Bedford Falls Company y Cruise-Wagner
Productions. Distribuida en España por Warner Sogefilms. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "El último samurái"
Añade "El último samurái" a tus películas favoritas
Opina sobre
"El último samirái" en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda
"El último samurái" a un amigo
|