CRÍTICA
por
David Garrido Bazán
Espléndida muestra de cine
fantástico
La mayor parte de las revistas de cine se han hecho eco
de la úl-tima película de Guillermo del
Toro presentándola como “una obra protagonizada por
un superhéroe diferente”, lo que en realidad no es una
definición muy acertada, pues perpetúa esa errónea
identificación entre cómic y superhéroes que películas como "Ca-mino
a la perdición", "Desde
el infierno" o la desafortunada "La
liga de los hombres extraordinarios", todas ellas
basadas en cómics que difícilmente podrían ser catalogadas como
‘de superhéroes’, han intentado soslayar (sin mucho éxito, la
verdad: es una iden-tificación que la mayor parte del público no
entendido hace de for-ma natural). Mike
Mignola, espléndido dibujante y entintador con mucha
experiencia en el mundillo del cómic, decidió un día publi-car,
en una editorial pequeña, una obra bastante a contracorriente
protagonizada por un demonio rojo venido a la Tierra por error y
educado por humanos, que acaba por convertirse en un defensor de
la especie humana frente a las amenazas paranormales que, en
forma de monstruos, acechan de cuando en cuando: en suma, un
monstruo que caza a otros monstruos y cuya humanidad es
bas-tante mayor de la que su aspecto podría dar a entender.
¿Superhé-roe? Pues no en el sentido usual, no.
Hellboy cuenta así con alguna venta-ja respecto a los mucho más
famosos Spiderman o X-Men y es que precisa-mente el hecho de que
sea un cómic relativamente conocido, pero no uni-versal, permite
a Del Toro una mayor libertad creativa, lo que en realidad no
pone en peligro la fidelidad al mismo, ya que el director
mexicano es un fan tan convencido de las posibilidades del
personaje que peleó durante seis años para que una productora le
diera luz verde para hacer el proyecto a su manera y con el
reparto que él consi-deraba idóneo, amén de tener que pa-gar el
peaje de realizar "Blade
II" (sin ninguna duda, su película me-nos
interesante, aunque sus resultados comerciales fueran más que
aceptables) para demostrar que tenía la capacidad de hacer
viable una obra tan peculiar como ésta, que, como ya se ha
dicho, no puede inscribirse en el género de superhéroes sin
admitir que, como mínimo, es un relato muy poco convencional en
ese sentido, mientras que sus mejores bazas están sin duda en
todo aquello que hace de la película una estupenda y muy
entretenida muestra del género del cine fantástico.
Lo más
interesante de "Hellboy", la película, es cómo Gui-llermo del
Toro ha conseguido realizar una adaptación mo-délica, fiel a la
esencia básica del personaje y a los argu-mentos de los cómics
en los que se basa sin renunciar por ello a muchas de las claves
más reconocibles del realizador de "Cronos", "Mimic" o "El
espinazo del diablo". En otras palabras, "Hellboy" es
tan inequívocamente un producto del universo personal de su
director como la reconocible obra de Mignola, con la virtud
añadida de que en absoluto resulta mínimamente necesario que el
espectador conozca la obra en la que está basada para
disfrutarla en su totalidad. Del Toro ha construido una película
con una atmós-fera propia en la que se dan cita sin mucha
dificultad y con un sorprendente equilibrio el terror gótico, la
aventura paranormal, un desarmante sentido del humor, una nueva
lectura de la conocida historia de amor de "La bella y la
bestia" y hasta unos toques de cine bélico en su prólogo, todo
ello aderezado por un buen puñado de escenas rebosantes de
acción que, afortunadamente, no aca-ban devorando el film, pues
Del Toro pone buen cuidado en mante-ner la coherencia argumental
y bosquejar bien el retrato de los per-sonajes de su relato.
El arranque de "Hellboy" da buena idea del tono general de la
película: en un prólogo que nos remite de for-ma inevitable a
Spielberg (las referen-cias a "En busca del arca perdida" son
evidentes) asistimos a la entrada en este mundo de un
niño/demonio de otro plano, por culpa de un desespe-rado ritual
mágico –en el que un Ras-putín al servicio de unos nazis
ocul-tistas trata de cambiar el rumbo de la guerra– interrumpido
por un pelotón de soldados norteamericanos. Este un tanto
delirante argumento inicial, que en manos de un realizador menos
inspirado resultaría imposible de mantener, está tan bien
perfilado por Del Toro que lo aceptamos con naturalidad en lo
que acaba por convertirse en una de las características más
interesantes de la pe-lícula, donde la perturbación que podría
causar la inclusión de lo fantástico en la vida normal es
compensada por la naturalidad con la que dicho elemento
fantástico es presentado como algo cotidia-no: véase la
secuencia en la que Myers es introducido en su nuevo destino,
esa agencia secreta de lucha contra lo paranormal, con la mágica
presentación de Abe, el fascinante anfibio, en su pecera y
culminada con la primera introducción de Hellboy burlándose de
su ‘imagen pública’... en forma de cómic.
La
precisa construcción de Hellboy como personaje es otro de los
aciertos del film: Del Toro nos presenta a un demonio
fu-mador de puros, buen comedor y bebedor, resignado por sus
ca-racterísticas (es casi virtualmente invulnerable, además de
muy fuerte) a su trabajo de cazador de monstruos que desempeña
con la ironía y la amargura propia de aquel que se sabe, pese a
haber crecido entre humanos, más cercano en origen a aquellos
que combate que a los que defiende. Y, sin embargo, sus
sentimientos son muy humanos: el tierno amor que siente por la
desdichada pi-rokinética Liz o el que profesa a su padre
adoptivo, el profesor Broom, están sólidamente mostrados.
Ron Perlman, bajo todo ese
maquillaje, hace un trabajo espléndido en la construcción de
este héroe que se mueve entre su apariencia monstruosa y la
inna-ta bondad de su alma, una característica que hace
reflexionar una vez más sobre la difícil, por no decir
imposible, integración en la sociedad de aquellos que son muy
diferentes y sobre lo que hace verdaderamente considerar a uno
humano, pregunta retórica con la que, al igual que aquella
famosa «¿Qué es un fantasma?» de "El espinazo del diablo", se
abre y se cierra la película.
"Hellboy" se disfruta como una película fantástica bien
construida en la que no faltan unas muy bien coreografiadas y
nada confusas escenas de acción (a destacar la secuencia del
museo y la posterior persecución en el metro, por lo que tiene
tanto de presentación de las ha-bilidades de Hellboy como, aun
más importante, de mostrar los rasgos esenciales de su
personalidad) en las que Del Toro, por fortuna, no abusa de los
efectos generados por ordenador a favor de un cuidado trabajo de
maqui-llaje y efectos especiales convencio-nales, algo que, a
diferencia de otros productos recientes, consigue no crear una
excesiva distancia con el espectador. A ello ayudan escenas tan
logradas como la resurrección de Rasputín, la visuali-zación en
flashback de lo ocurrido en el museo gracias a los
pode-res de Abe o la autopsia (casi siempre hay una autopsia en
los films de Del Toro) de uno de los villanos más inquietantes
del cine reciente, el enmascarado y letal nazi Kroenen, especie
de zombie ninja que resulta a ratos de lo más tétrico. Y es que
el film no se recata en su lado más gore, por así decirlo, ni
obvia la evidente fas-cinación que Del Toro siente por las
criaturas surgidas de la mente del novelista H.P. Lovecraft
(tanto Sammael como las criaturas del otro plano dimensional
guardan un parecido más que razonable con los viscosos seres
tentaculares surgidos de la mente del creador de Cthulhu) o por
las enormes posibilidades del universo que tiene entre manos (la
estupenda secuencia acuática protagonizada por Abe, muy bien
rodada).
Pero
quizás lo que más se agradece de Hellboy es ese tono general
de la película que se mueve entre lo fantástico (no hay que
olvidar que esto es a ratos un delirante cómic en el que no
faltan ese extravagante villano que es Rasputín, ar-mas cargadas
de agua bendita o imaginería católica) y lo hu-mano, como
ese prometedor romance entre la Bestia de aparien-cia monstruosa
pero hermosa en su interior y la Bella, esa chica melancólica
(qué razón tiene Del Toro cuando afirma que
Selma Blair tiene una de las
miradas más tristes de la actualidad) cuya diferenciación que le
aparta de los demás no radica en su aspecto exterior, sino en el
incontrolable y muy destructivo poder que es-conde en su
interior, que no por azar a Hellboy, ignífugo, no afecta, lo que
permite a Del Toro hacer un hermoso plano casi al final de la
película. Si algo puede reprochársele a "Hellboy" es que
simplifique en exceso el retrato de algunos personajes
secundarios que devie-nen tópicos (el novato Myers, el típico
jefe mandón aunque un pun-to cínico encarnado por
Jeffrey Tambor, la pérfida y
entregada vi-llana Ilsa) por comparación al preciso trazado de
Hellboy, el profe-sor Broom (un felizmente recuperado
John Hurt) o Liz y que, aun-que
esto suene a concesión final hecha a Hollywood en una pelícu-la
tan personal, en el algo menos logrado tramo final se derroche
en efectos visuales lo que durante la película se ha
administrado con bastante inteligencia.
"Hellboy" demuestra de forma bastante fehaciente que
Del Toro está empezando a saber conciliar su muy personal
universo fílmico con las exigencias de una super-producción de
Hollywood y salir bien parado del intento (a diferen-cia de
lo que sucedió en las fallidas "Mimic" o "Blade II"), lo que sin
duda le permitirá en el futuro seguir cons-truyendo más
proyectos personales que no necesariamente tienen por qué estar
reñidos con la comercialidad. Esperemos que, a la luz de los
nume-rosos logros de esta "Hellboy", haya productoras en
Hollywood que sigan confiando en la indudable ca-pacidad de este
interesante realizador mexicano. Al fin y al cabo, una industria
que financia productos inscritos en la misma tenden-cia pero
mucho más caros y, por supuesto, sensiblemente inferio-res como
"Van Helsing", "Underworld"
o "La liga de los hombres extraordinarios" debería ser capaz de
ver la diferencia. Aunque igual es mucho pedir.
Calificación:
    
Imágenes de "Hellboy" - Copyright © 2004 Revolution Studios,
Dark Horse Entertainment, y Lawrence
Gordon Productions. Distribuida en España por Columbia TriStar
Films. Todos los derechos
reservados.
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