CRÍTICA
por
Leandro Marques
La muerte y la violencia dicen
gracias
La pantalla se pone negra y una ole-ada de tensión inunda
la sala cuando las letras presentan y anuncian: Kill Bill, la
cuarta película de Quentin Ta-rantino.
Pantalla en blanco y negro, primera imagen del film, un primer
pla-no de la cara de Uma Thurman,
la protagonista. Su rostro aparece de-macrado a golpes mientras
la mano de su agresor enciende un cigarrillo. Su voz, parca,
oscura, interpela a la bella desfigurada: “¿Te parece que es-to
es sádico?”. Una bala se dispara. Primer momento de Kill Bill.
Cuarta película de Tarantino. Desde hace ya algo más de
cinco años, tras el estreno a finales de 1997 de "Jackie
Brown", que poco o nada se sabía, más allá de alguna
participación en la producción de algún film, de los proyectos
cine-matográficos del director de "Pulp fiction". "Kill Bill",
entonces, es su esperado reencuentro con la pantalla grande.
Casi un viaje deli-rante y místico por las temáticas que escogió
explorar esencial-mente a lo largo de toda su obra. La venganza,
el honor, la violen-cia como ritual, el amor como vecino de la
muerte.
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Un viaje
delirante y místico por las temáticas de la obra
tarantiniana |
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Sus incursiones por esos
temas son tan profundas que no le al-canzó con una película para
poder contarlos. La venganza es cosa seria, para Tarantino,
requiere de paciencia, aprendizaje y valor. Aunque tal vez haya
momentos que debieran recortarse, que parecieran reposarse más
de lo nece-sario en información que se absorbió rápidamente,
tanto estética-mente como en lo que hace al hilado de la trama, y
por eso lucen como demás. A pesar de esto, la película es
siempre intensa, por momentos subida a cumbres de acción, por
instantes detenida en procesos que tienen cita en la cabeza y
pensamientos de los per-sonajes. Mamba Negra, el personaje de
Thurman (otro de los nom-bres en código de guerra característicos
de los films de Tarantino), se toma una película para
desquitarse nada más que de la mitad de sus enemigos. El resto
se verá en la segunda parte. Lo cierto es que hay cosas que no
pueden perdonarse de otra manera que con la muerte.
Mamba Negra fue atacada
brutal-mente por Bill –la cabeza del grupo mafioso al que estaba
vinculada de al-guna manera– y sus secuaces. Y de ellos, uno por
uno, sangrienta y lenta-mente, deberá cobrarse la revancha. Las
escenas de acción son constan-tes, y más de una vez obligarán a
apartar bruscamente la mirada. Pero más allá de la
exasperante canti-dad de sangre derrochada, "Kill Bill" es mucho
más que una pelí-cula violenta. Tarantino inventa un mundo en el
que el comportamiento de sus integrantes tiene sentido, se
vuelve lógico. Sus pensamientos, sus códigos, sus
modos de reaccionar frente a las situaciones de la vida, no son
meras recreaciones concebidas para aumentar el marketing de la
distribuidora. Para el director, la violencia es la vida, o la
vida es violencia. Sus personajes ejecutan en la práctica un
modo de en-tender las cosas que les es propio, y que el
espectador puede en-contrar coherente. Esa magia es propia de
Tarantino, la de volver justificable o al menos comprensible
comportamientos y rituales que podrían considerarse ridículos
tomados por otro director.
Desde la increíble banda de
sonido, hasta los ángulos y planos de cámara utilizados, la
composición de los personajes, los diálogos –atrapantes y
misteriosos–, el modo de narrar la historia (por capítu-los,
alterando a veces los tiempos narrativos) y, fundamentalmente,
gracias a la esencia mística que envuelve a cada escena,
otorgando a las imágenes una atmósfera siempre tensa, me-chada
con varios picos de humor negro, el cine de Tarantino es una
propuesta sin medias tintas. Casi salvaje, casi primitiva.
Nunca pasará desapercibida una película dirigida por él. Artista
de la muerte, de la violencia, sus personajes, en este caso
Mamba Negra, llevan muerte y violencia en la sangre, pero
también respon-den a principios sagrados, a una filosofía
esencial. No matan por-que sí, aunque sí eligen matar como modo de
resolver las cosas. Son códigos que respetan, que defienden,
aunque halla que llevar-los al extremo. Es interesante observar a
la protagonista porque vive la vida en función de lo que es y
siente en ese momento. La venganza es su motor, es el llamado de
su ira interior que ejecuta sin miramientos, tenga que
enfrentarse a quien sea para llevarla a cabo.
Un poco de todo esto se trata
el ci-ne de Tarantino: muerte, violencia, có-digos, principios;
todas palabras co-munes para el ser humano, resguar-dadas en algún
rincón sin mucho uso, probablemente debido a la naturalidad y
automaticidad que demanda la ru-tina de la vida diaria. Quizás
llevando todo a un límite extremo los ojos de la humanidad se
despierten, y cada indi-viduo pueda iniciar un camino hacia su
propio conocimiento. Quizás no. Hay muchas maneras de entender
una película de Tarantino. Más allá de eso, sin duda, lo más
im-portante es poder sentir, aunque sea de vez en cuando, la
tensión asfixiante que irradia una imagen oscura, una bala que
se dispara, un cuerpo, junto a su alma, haciendo algo al
respecto. Basta mirar "Kill Bill" para recordar de qué se trata.
Valió la pena la espera.
Calificación:
    
Imágenes
y notas de cómo se hizo "Kill Bill: Vol. 1" - Copyright © 2003 Miramax
Films, A Band Apart y Super Cool ManChu. Distribuida en
Latinoamérica por Buena Vista International. Todos los derechos
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