CRÍTICA
por
Joaquín R. Fernández
Sé que nado a contracorriente, pero
Quentin Tarantino me parece uno
de los mayores timos que ha dado el cine de la década de los
noventa. Ele-vado a los altares gracias a "Reservoir dogs", un
filme exageradamente len-to, con diálogos estólidos e
irrelevan-tes y en el que el uso de los «flash-backs» era del todo
irregular, su con-sagración llegaría con la sobrevalora-dísima
"Pulp fiction". Esta cinta pre-sentaba un guión de interminables
e insustanciales diálogos, apenas tenía un argumento –eso sí, su
estructura era todo un caos, algo que pa-rece gustar en demasía a
algunos sesudos críticos– y lo único ver-daderamente destacable
de ella era su reparto. Pero, ya saben, cuando uno alcanza la
cima del farragoso mundo de Hollywood lle-ga el momento de
derribarlo, y eso es lo que precisamente le suce-dió a Tarantino
con "Jackie
Brown", película que, sinceramente, no me parece
mucho peor que su ya citada filmografía. Ah, permítan-me que me
ahorre mis opiniones acerca de "Four rooms" para no enfadar aún
más a los acérrimos seguidores de este peculiar actor y
realizador.
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Quentin
Tarantino me parece uno de los mayores timos que ha dado
el cine de la década de los noventa |
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Dicho esto, y nuevamente para
evitar que ciertos fans de Taranti-no se me echen encima, he de
re-conocer ciertos aspectos positi-vos que entrañaron algunos de
sus éxitos: como todo el mundo estaba pendiente de él, cualquier
palabra que brotaba de su boca era como la de un profeta
sentan-do cátedra. Gracias a eso fueron muchos los que se
acercaron a un tipo de cine, en este caso el oriental, que no
interesaba en exceso a los grandes estudios de Hollywood.
Enseguida se empezaron a importar realizadores veni-dos de
Oriente, y pronto los mamporros sin sentido comenzaron a
transformarse en bellas coreografías dotadas incluso de cierto
con-tenido filosófico. Ese es, a mi entender, el mejor legado que
nos ha dado hasta ahora Quentin Tarantino, aparte de "resucitar"
a actores como John Travolta, Samuel L. Jackson o Pam Grier, por
poner tan sólo unos pocos ejemplos.
Tras estos dos párrafos se
habrá percatado el lector de que el cine de este señor no me
sacia demasiado; sin embargo, gracias a "Kill Bill: Vol. 1"
puedo decir que Tarantino ha cons-truido por fin una buena
–aunque no brillante– película. ¿Y cómo lo ha conseguido? Muy
sencillo, recurrien-do a aquellas fuentes que en su día tanto
alabó pero a las que aún no ha-bía rendido un merecido tributo (o
una descarada copia, como prefieran). Cierto que nos hallamos
ante una obra tremendamente irregular y que de ningún modo
debería haberse dividido en dos partes (estoy seguro de que la
historia completa se podría haber contado en poco más de dos
horas, por lo que tan sólo nos encontramos ante una burda
estrategia comercial), pero algunos de sus pasajes son realmente
cautivadores y, desde luego, la violencia que destila el
filme no es tan innecesaria y perturbadora como la de "Reservoir
dogs" o "Pulp fiction", sino una caricatura que, dada su
exageración, pronto comprendemos forma parte de un auténtico
«anime» en imagen real.
Es verdad que Tarantino
intenta hacerse el listillo y nos distrae con sus habituales
«flashbacks» y su peculiar narrativa cinemato-gráfica, evitando
con ello que cualquiera pueda pensar que nos en-contramos ante
una sucesión de combates sacados directamente de "Dragon ball",
"Ranma 1/2" o incluso de "Virtua fighter", un cui-dado videojuego
de lucha del maestro Yu Suzuki, pero personal-mente no ha
conseguido despistarme del todo y me doy perfecta cuenta de su
desmedido afán de trascendencia. Por ello, algunos de los
capítulos de "Kill Bill: Vol. 1" podrían haberse resumido
mu-chísimo (la entrega de la espada en el bar de Okinawa) e
incluso suprimido (la estancia de "La Novia" en el hospital), de
ahí que vuelva a insistir en lo innecesario de dividir la cinta
en dos mitades (provocando con ello un final muy folletinesco).
No obstante, de to-dos es conocida la afición del director de
"Reservoir dogs" por los metrajes abultados, así que no quiero
ni imaginarme todo este ma-terial en una sola película que
rondara las cuatro horas.
Y es una pena, porque no hay
duda de que algunos de los fragmentos de "Kill Bill: Vol.1"
rezuman cali-dad y exhalan un inequívoco so-plo de arte.
Citar, por ejemplo, el bri-llante pasaje de animación en el que
se nos explica el pasado de O-Ren Ishii y cuya sanguinolenta
brutalidad se ve luego continuada en la impresio-nante secuencia
en la que la protago-nista se enfrenta con los esbirros de
aquélla y posteriormente con su des-piadada líder. La
visualización de es-tos combates por parte de Tarantino es
fastuosa (no hay que olvidar, eso sí, que detrás de las
coreo-grafías se encuentra el afamado y talentoso
Yuen Wo Ping), pero es que
incluso los movimientos de cámara anteriores a tan cruenta
escaramuza se asemejan a lo mejor de la obra de Brian De Palma.
Lástima que las partes más occidentalizadas del relato sean tan
simplistas, resultando por contra muy gratificante el poder
escu-char a un buen puñado de personajes hablando en un idioma
tan hermoso como el japonés.
Respecto a los intérpretes,
Uma Thurman realiza una
actuación realmente sorprendente, sobre todo en su apartado
físico, algo que también sucede con
Lucy Liu, que, como si se tratara de la ma-jestuosa
Michelle Yeoh de "Tigre y dragón", deja atrás esperpentos como "Los
Ángeles de Charlie" y nos brinda una caracterización
de O-Ren Ishii digna de todos los halagos posibles.
Finalmente, es imposible
llevar a cabo una valoración de la parti-tura original de la
película, puesto que Tarantino opta nuevamente por formar un
mosaico de piezas musicales de muy diversos esti-los,
construyendo una atípica pero efectiva banda sonora. Así, uno
tan pronto escucha a Bernard Herrmann
como a Quincy Jones,
pasando incluso por Luis Bacalov,
Armando Trovaioli y el
mis-mísimo Ennio Morricone,
aunque ello confluya en situaciones tan curiosas como la
inclusión de breves ritmos latinos al comienzo de la refriega
entre "La Novia" e Ishii.
Calificación película:
    
Calificación banda sonora:
    
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