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KILL BILL: VOL. 1  KILL BILL: VOL. 2


Dirección y guión: Quentin Tarantino.
País:
USA.
Año: 2003.
Duración: 111 min.
Interpretación: Uma Thurman (La Novia / Mamba Negra), David Carradine (Bill), Lucy Liu (O-Ren Ishii / Mocasín de Agua), Daryl Hannah (Elle Driver / Serpiente de la Montaña de California), Vivica A. Fox (Vernita Green / Cabeza de Cobre), Michael Madsen (Budd / Serpiente de Cascabel), Michael Parks (Sheriff), Sonny Chiba (Hattori Hanzo), Chiaki Kuriyama (Go Go Yubari), Julie Dreyfus (Sofie Fatale), Gordon Liu (Johnny Mo), Jun Kunimura (Jefe Tanaka).
Producción: Lawrence Bender.
Música: The RZA.
Fotografía:
Robert Richardson.
Montaje: Sally Menke.
Diseño de producción: Yohei Tanada y David Wasco.
Dirección artística: Daniel Bradford.
Vestuario: Kumiko Ogawa y Catherine Marie Thomas.
Estreno en USA: 10 Octubre 2003.
Estreno en España: 5 Marzo 2004.

 

CRÍTICA
por David Garrido Bazán

Reciclaje, exceso y diversión

  Quentin Tarantino parece sentirse a gusto sorprendiendo a pro-pios y a extraños. Si sus primeras películas despertaron una polé-mica como no ha vuelto a verse en el cine desde entonces, con las continuas acusaciones de apología y banalización de la violencia siempre permanentes sin que, en el fondo, casi nadie cuestionara seriamente su condición de autor por encima de otra considera-ción, esta "Kill Bill" que nos ofrece seis años después de la fría (y, hasta cierto punto, injusta) acogida que recibió la notable "Jackie Brown" es una película que provocará el más absoluto desconcierto incluso entre los más fieles de las huestes tarantinianas. O no, quién sabe.

  Porque, por una parte, resulta com-plicado imaginar a otro director detrás de las imágenes de una película que, por encima de todo, es una declaración de amor puro y duro del cineasta a todas esas películas que formaron desde niño su pa-sión por el cine, unas películas que, pasadas por la maquina de reciclaje que es su mente cinéfila, se han con-vertido en un universo personalísimo repleto de una fascinación rayana en la devoción por fuentes tan diversas como los spaghetti westerns de Sergio Leone, las películas de sa-muráis o las de los yakuza japoneses, cientos de obras de artes marciales, las películas de Brian de Palma, el manga y el anime, obras sobre gángsters o el comic, por citar sólo una mínima parte de las influencias rastreables en cada uno de los planos de esta película pastiche cuyo afán de trascendencia es nulo y su principal objetivo, que es divertir lo más que se pueda a un personal con gustos afines a los de este inclasificable cineasta, se consigue más que sobradamente.

  Por otro lado, Tarantino parece haberse dado cuenta de un par de cosas: una es que el listón que puso con "Reservoir dogs" y "Pulp fiction" es tan alto que necesitaba evolucionar hacia un estilo diferente y algo alejado de la impronta de sus pri-meros films. No es que Tarantino abandone ni por un instante sus señas de identidad (de hecho, "Kill Bill" contiene casi tantas citas y guiños autorreferenciales como homenajes a otras películas), pe-ro lo que sí se percibe claramente en Kill Bill es que si antes Taran-tino tenía su punto fuerte en la construcción de la compleja estruc-tura de sus films y se apoyaba en unos diálogos tan brillantes co-mo contundentes que conseguían una más que sólida creación de personajes, ahora es el aspecto puramente visual el que prima so-bre cualquier otra consideración: Tarantino ha querido convertirse (y a fe que lo ha conseguido) en un director de películas de acción con un estilo visual impactante y trabajado, a la altura de aquellos cuya obra fusila alegremente.

  Una segunda consideración es que Tarantino parece dar por sentado que todo está ya más que inventado en esto del cine y, en lugar de explorar nuevos caminos de contar sus histo-rias (uno de los elementos que hicie-ron de él un autor revolucionario), esta vez opta por aplicar un depurado tra-bajo de reciclaje, apropiándose de multitud de códigos genéricos y esti-listicos de lo más diverso y pasándo-los todos a la vez por una coctelera de la que, partiendo de un argumento tan mínimo que hace por comparación que algunas de las películas de tipos tan inefables como Jean-Claude Van Damme o Steven Seagal sean más ricas en ese sentido (que ya es decir), consigue extraer una película llena de ritmo, gozosa la mayor parte del tiempo, permanentemente excesiva, pero, por encima de todo, furiosamente divertida para todos los que entren en su juego.

  Esto en sí mismo no es bueno ni malo, sino todo lo contrario. Es evidente que para aquellos de nosotros que esperábamos de Taran-tino una película más innovadora, en la línea de sus primeros traba-jos, "Kill Bill" deja nuestras expectativas razonablemente insatisfe-chas. Pero, al mismo tiempo, este cronista no recuerda haberse di-vertido tanto y de forma tan falta de prejuicios en una sala de cine desde hacía años. Lo que no obsta para que "Kill Bill" me parezca la película menos interesante de la filmografía de Tarantino, pero eso es otra historia bien distinta.

  El argumento de "Kill Bill" se cuenta en pocas líneas: una asesina que in-tenta abandonar el negocio es masa-crada y dejada por muerta el día de su boda por sus antiguos compañeros de profesión. Cuatro años después, despierta de su coma y emprende el camino de una salvaje venganza. Pun-to. A partir de aquí, Tarantino constru-ye su película (con una estructura no líneal, pero sí más sencilla de seguir que anteriores trabajos suyos) dando rienda suelta a todos los elementos –propios y ajenos– que es capaz de juntar en casi dos horas de cine salvaje. La película es, por otro lado, una declaración de amor del director a su musa, una Uma Thurman convertida en devota cómplice de un proyecto exigente al que se entrega por completo: su trabajo es im-presionante en una película en la que no abandona un segundo la pantalla salvo por la sorprendente y atrevida inclusión de un frag-mento de quince minutos de duración de un anime ultraviolento en el que se narra en flashback el origen de uno de los personajes de la historia, lo que resulta a la postre en uno de los momentos más brillantes (y éste si, innovador) de la película.

Una película salvaje y desmadrada, muestrario de las obsesiones más personales de Quentin Tarantino

 

  Sería tarea imposible citar las múltiples referencias que Taran-tino maneja a lo largo de la pelí-cula. Baste decir que, además de los evidentes homenajes al cine de artes marciales y más concretamente, de la figura de Bruce Lee, Quentin ofrece una versión especialmente perversa de "Los Ángeles de Charlie" con el escuadrón a las órdenes de Bill (que enlaza esta película con la extraña serie de televisión que el personaje de Uma Thurman iba a protagonizar en "Pulp fiction") en la que éste parece comportarse con un ánimo más libidinoso con sus empleadas; que hay planos de la película que remiten directamente a Brian de Palma (obsérve-se el uso de la pantalla dividida en el hospital o el plano secuencia aéreo que sigue a Uma por las habitaciones de la casa de té en Tokio); un perverso guiño a Almodóvar o que Tarantino ha cumplido su viejo sueño de rendir pleitesía a su ídolo Sonny Chiba con un papel perfecto para sus caracteristicas. Pero es Sergio Leone quien se lleva la palma en los homenajes: si el realizador italiano hubiese realizado alguna vez una película de artes marciales, no duden que a ratos hubiera sido muy parecida a este relato de ven-ganza que seguro le habría complacido. Incluso la ambientación musical de algunas escenas (sumadas a esos zooms a los ojos, mantenidos en primer plano, marca inconfundible) recuerda –e in-cluso recurre– por momentos a alguna pieza de Ennio Morricone.

  Para todos aquellos que reiterada-mente han acusado a Tarantino de hacer apología de una violencia cuya banalización no les resulta nada diver-tida, "Kill Bill" ofrece una batería de nuevos argumentos, pues no cabe du-da de que estamos ante la que quizás es la película más brutalmente violen-ta producida por un estudio de Holly-wood en los últimos tiempos. Pero hay una diferencia con toda la filmo-grafía anterior de Tarantino: si en pelí-culas como "Reservoir dogs" o "Pulp fiction" la acción se desarrollaba en un mundo bastante parecido al mundo real, "Kill Bill" se situa en un nivel completamente distinto: desde sus primeros fotogramas y durante todo su metraje la pelícu-la se coloca voluntariamente en un plano mucho más artifi-cial que real. Esa artificialidad permite a Tarantino jugar constantemente con el exceso, mostrando una violencia tan divertida que resulta imposible tomársela en serio y que tiene su momento cumbre en la secuencia en la que, con una desco-munal matanza, La Novia se deshace al completo a lo largo de casi veinte minutos de un grupo de 88 yakuzas con profusión de cortes, tajos y desmembramientos de todo tipo, una coreografía del a es-tas alturas imprescindible Yuen Wo Ping que recuerda inevitable-mente a otra similar de "Matrix reloaded", pero ésta exenta de do-bles informáticos y solucionada de forma mucho más brillante. El plano general que muestra la sala tras la batalla (con los pocos supervivientes gimiendo desconsoladamente en un suelo cubierto de sangre y miembros mutilados) es suficientemente esclarecedor al respecto de donde nos encontramos, por si a esas alturas no había quedado suficientemente claro: el cinismo con el que Taranti-no se acerca a la violencia es mayor que nunca.

  Eso, por supuesto, va en perjuicio de algunas otras señas de identi-dad del cineasta: resulta desespe-rante comprobar, por primera vez en una película de Tarantino, que al salir del cine uno no recuerda un solo diálogo chispeante, de esos que se te quedaban grabados a fuego en la mente, aunque a cambio uno recupere por un instante la curio-sa sensación que de niño nos inunda-ba cuando salíamos de ver uno de aquellos programas dobles de pelis ‘de chinos’ como decíamos entonces, en las que nos dedicabamos a golpear toda papelera que se cru-zaba en nuestro camino emitiendo grititos raros. No me cabe la menor duda de que ese era el principal objetivo de Tarantino al hacer esta película salvaje y desmadrada, que no es sino un gozo-so muestrario de sus obsesiones más personales y exclusivas. ¿Es un cambio a mejor? En mi opinión, no, aunque quizás sea pronto para decirlo. Pero les aseguro que iré de cabeza a ver "Kill Bill: Vol. 2" con la esperanza de pasar un rato la mitad de divertido del que pasé con este primer volumen.

Calificación:



Imágenes y notas de cómo se hizo "Kill Bill: Vol. 1" - Copyright © 2003 Miramax Films, A Band Apart y Super Cool ManChu. Distribuida en Latinoamérica por Buena Vista International. Todos los derechos reservados.

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