CRÍTICA
por
Miguel Á. Refoyo
La salvaje magnificencia de la violencia
Tarantino realiza con su cuarta película la proeza de aleccionar
so-bre la dirección, la absorción de referencias y la
composición de un salvaje chute de adrenalina
Los seis años de espera entre "Ja-ckie
Brown" –posiblemente la mejor película de
Quentin Tarantino hasta el
momento– y este primer volumen de "Kill Bill" han servido para
demos-trar que su ausencia ha sido el tiempo necesario para
crear y componer la obra libre y desvergonzada que este polémico
y figura imprescindible del cine de este siglo estaba destinado
a realizar. Ante el aluvión mediático desplegado por esta
primera mitad, se hacía previsible que "Kill Bill: Vol. 1" fuera
una película que respondiera al filme que un director se otorga
a sí mismo y a los amantes de los géneros a los que reve-rencia
como repuesta a sus propios deseos como espectador. Y así ha
sido. Tarantino ha realizado la película que le ha dado la
gana. Sin pretensiones, sin concesiones a las reglas. Cine libre
en estado puro. Estamos ante un preciso y contundente cóctel
de referencias de temática sobre la que el cineasta es un
experto conocedor. Así, los clásicos de serie B, los dogmas
popu-lares, las cintas orientales y sus expresiones genéricas
más estan-darizadas (como el ‘wuxia pian’, los filmes de
yakuzas, el ‘anime’) o el ‘western’ (en sus versiones clásicas y
‘spaghetti’) desfilan en un imposible combinado genérico donde
la fuerza del impacto y las analogías temáticas no sólo evocan
simplemente el exceso y los aspectos más determinantes del cine
de género, sino que escon-den tras su apariencia un
impresionante espíritu de rebelión subver-siva que le confiere
una intensidad emocional y un poder de fasci-nación infinitos.
Para su díptico, Tarantino ha dejado atrás cualquier complejidad
argumen-tal para contar, a través de los ojos de un personaje
creado para su musa Uma Thurman,
una historia de ven-ganza. La de ‘La Novia’, una ex asesi-na del
Escuadrón Asesino Víbora Le-tal (DIVAS) que sobrevive a la
matan-za que se lleva a cabo por sus com-pañeros y su jefe, el
enigmático Bill, el día de su boda. Cuatro años des-pués, tras
salir del coma, comienza la cruenta venganza buscando a cada uno
de los miembros que han estado a punto de matarla. En esta
primera parte de la historia los objetivos de ‘La Novia’ son
Vernita Green (Vivica A. Fox),
reformada de su carrera delictiva y encanta-dora madre de
familia, y O-Ren Ishii (una muy comedida
Lucy Liu), la nueva emperatriz
del crimen organizado de Tokio, que tiene a su servicio a 88
asesinos y a sus guardaespaldas Sofie Fattale (Julie
Dreyfus) y la sádica Go Go Yubari (lo mejor de la
función, encarna-da por la perturbadora
Chiaki Kuriyama). Y en esa
lineal y reitera-da trama es donde Tarantino encuentra la
grandeza de su trabajo como realizador. Su epopéyica y trágica
odisea de venganza se nu-tre de arquetipos, sintonías e
historias ya contadas y vistas en mul-titud de ocasiones. Puede
que sea cierto que "Kill Bill: Vol. 1" pa-rezca una simple y
espectacular ráfaga de situaciones violentas, de luchas y
sangrientos correctivos como reverberación del vacío argu-mental
en el cine de género y del que hacían gala las películas de
artes marciales orientales, pero también lo es el sustento del
poder salvaje de la imagen sobre la palabra, de una forma
adscrita a su descarada intención superlativa del impacto sobre
el diálogo al que nos tiene acostumbrados. Una asombrosa
lección de estilo, un riguroso catálogo de material popular y un
festival de guiños, homenajes, devociones y conmemoraciones
cinéfilas. Lo de Tarantino no es, por tanto, una
acomodaticia concepción del cine, sino un intenso ritual fruto
de una convicción que es la columna ver-tebral de toda su obra:
una fusión armónica entre cine y vida. Des-de la cortinilla
inicial de estilo ‘Drive-in’ “Now our feature presenta-tion”,
seguido del logotipo de los Shaw Brothers, Tarantino está
en-señando todas sus cartas, preparando al espectador para una
pelí-cula de venganza al puro estilo del ‘Grind house cinema’,
donde los protagonistas no son los típicos héroes o villanos
arrogantes, sino victimas de sus decisiones en la que las
motivaciones no tienen ninguna profundidad o resonancia
psicológica, sino que son simple-mente marcadores del diagrama
argumental. Los personajes son definidos mediante sus
características físicas y su recorrido vital viene dado por sus
actos. Y en ese aspecto "Kill Bill: Vol. 1" es una de las más
honestas cintas de la temporada.
Amparado en su estética y pues-ta en escena de prominente
aten-ción a los detalles visuales, pleno de desbordante
capacidad visual, Tarantino deja su impronta de templado
academicismo en una inteligente y ingeniosa lección de estilo.
El ejercicio de cine de acción a medio camino entre el cine
nipón y el ‘western’ esconde bajo su simulada apariencia frívola
auténticas lecciones de cine y una cosmología visual de
entusiasta poesía brutal que además hace al espectador partícipe
de la diversión categórica. El director de "Pulp fiction" se
permite además el intento de perfeccionar la técnica de
desestructuración de sus anteriores trabajos y punto clave en su
carrera fílmica. Y lo hace realzando la subjetividad de la
narración afásica y volviendo a jugar con los tiempos, donde la
ana-cronía temporal reside una vez más en la acción definida y
frag-mentada en bloques, como capítulos de una novela ‘pulp’ que
tanto prolifera en el cine de Tarantino. Se impone en "Kill
Bill: Vol. 1" una lógica que obedece a la discontinuidad clásica
cinematográfica ba-sada en el ‘flashback’, signo evidente de que
la moderación de vo-cación establecida en "Jackie Brown". Aunque
pueda tener aquí una extensión rebelde. Esto queda patente en el
hecho de que el juego formal y la ruptura directa con la
realidad de sus dos prime-ros filmes ha venido a ser sustituida
por la apoteosis de los capítu-los. Y esto es extensible a "Kill
Bill" como filme unitario, que deja ver una intención comercial
en la decisión de fragmentar la película en dos partes. Un
tributo por parte de Tarantino y los
Wenstein a la más antigua tradición popular: la
entrega.
Como tentativa a un nuevo sentido del arte de la narración
cinematográ-fica, en este filme/homenaje se permi-te una
experimentación de estilismo insólito en el cine de Tarantino.
Refle-jada ésta en una larga secuencia de lucha con los ‘88
maníacos’ donde las texturas cromáticas y utilización del B/N
juegan un papel vital para la pre-paración de la pelea final
entre 'La Novia' y O-Ren, uno de los encuentros más violentos y
hermosos del cine de este maestro contemporáneo desarro-llado en
la ‘Casa de las hojas azules’, referente "Shuratukihime", de
Fujita o al drama "Tokyo drifter", de Seijun Suzuki. Pero donde
la conjunción de géneros y de referen-cias a la cultura pop
llega a su apogeo estético es en el espléndido ‘backstory’ de
animación japonesa que une con una cadencia per-fecta el cine de
‘yakuzas’ (típica del ‘flingage’ nipón) con el ‘spa-ghetti’.
Lo bueno de esta combinación de grafismos genéricos es que
Tarantino sabe rescatarlos, reactualizarlos y volver a
significarlos. En el fondo, asumiendo la mirada occidental,
subra-yando la incapacidad de occidente por representar con
fidelidad la cultura oriental. Un irónico mundo donde chinos y
japoneses son lo mismo, el inglés y la lengua oriental se
confunden y se reemplaza ingeniosamente a mafiosos por mujeres
que recuerdan (como el DIVAS) al cine de Russ Meyer en su visión
feminista de la heroína vengativa y feroz. La representación
devota de Tarantino del cine oriental vendría a ser como una
película de ‘yakuzas’ y artes mar-ciales dirigida por un
‘gaijin’ (un extranjero) ajeno al mundo que na-rra.
Tarantino compone en esta ma-gistral primera parte de su
cuarta película una esplendorosa sinfo-nía de violencia,
mecanismo cardi-nal en "Kill Bill: Vol. 1". Violencia ex-trema,
salvaje y magnificada que en-cuentra su gran virtud en la
parvedad de su discurso moral, despojado de cualquier teoría
especulativa que acer-ca al salvajismo sangriento de sus
po-tentes imágenes. Como en "Reservoir dogs" y "Pulp fiction",
la sangre es mostrada como elemento necesario, sin caer en la
trivialidad y asentando todo el interés de su agresiva ceremonia
en la diversión y sentido del humor. Por eso, la imagen de
sadismo, el desmedido exceso de sangre y la exageración de los
combates desde la perspectiva de Tarantino es necesario
mos-trarla detenidamente en cada golpe, en cada patada, en cada
sa-blazo de katana y en cada muerte para reflejar siempre un
sutil sar-casmo. Una mirada que realza el crimen con su habitual
estiliza-ción de la violencia, eliminando su realismo para poder
así coreo-grafiarla en una espléndida disposición de signos. Por
eso, la apa-rente linealidad de la trillada historia de
venganza, fundamentada en el estereotipo más manido, se invalida
con una dirección convertida en una auténtica celebración
coreográfica, un rebelde manifiesto visual, una ofrenda de
ilusiones que recupera el sentimiento del ci-ne por ofrecer una
explosión casi sublime del entretenimiento. La violencia, en
este caso, resulta efecto y no causa. Una de las cua-lidades del
cine de este dinamitador insurrecto.
Cabe destacar, por último, el ele-mento que puede definir "Kill
Bill: Vol. 1". Y es la oda de amor de Tarantino por una actriz,
por Uma Thurman (re-trasando el proyecto cuando la actriz estuvo
embarazada), que realiza no sólo un verdadero y plausible
maratón físico, sino que sabe combinar este rasgo tan poco
valorado con una in-tensidad actoral mostrada en esa es-cena en
que 'La Novia' cree haber per-dido a su bebé, manifestado en un
llanto desgarrador. Thurman está in-creíble. Este avance de la
última película de Quentin Tarantino es una odisea
cinematográfica donde los planos musicales, en una elegante
coreografía visual, entre el ritual y la utilización del humor,
se disparan como una descarga de maestría. Siempre manteniendo
el equilibrio en el peligro del exceso y que refuerza su
intensidad por una inserción realmente prodigiosa de canciones y
sintonías que forman una banda sonora inolvidable. Habrá que
esperar hasta julio a la conclusión de la película, el ‘Volumen
2’, para disfrutar en su totalidad de esta joya... y para
terminar esta crítica.
Calificación:
    
Imágenes
y notas de cómo se hizo "Kill Bill: Vol. 1" - Copyright © 2003 Miramax
Films, A Band Apart y Super Cool ManChu. Distribuida en
Latinoamérica por Buena Vista International. Todos los derechos
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