CRÍTICA
por
Julio Rodríguez
Chico
Una enfermedad del espíritu
El director de "Mensaka" adapta la novela de
Natalia Ginzburg "Las palabras
de la noche" trasladando la acción a un pueblo espa-ñol surgido
en torno a la industria, y recreando todo un ambiente cerrado y
provinciano que dejará su huella en los personajes. La historia
transcurre entre dos épocas enlazadas por varios flash back, que
nos llevan desde la inmediata posguerra civil a los años
cincuenta, momento en que los hijos de la familia propietaria
han crecido y dilucidan su vida personal y familiar. Pero por
encima de estas coordenadas, García
Ruiz nos habla de una historia de amor y de una
enfermedad del espíritu que trasciende a la pareja protagonista,
que se puede encontrar en todo tiempo y lugar.
Se cuenta la historia de una familia que con su fábrica ha dado
sentido al pueblo y trabajo a sus habitantes. Pe-ro en realidad,
cada uno de los hijos herederos carece del más mínimo aliento de
vida propia porque su exis-tencia resulta gris, sin afectos ni
ali-cientes: Anita, Germán y Bárbara vi-ven sin amor, por
fracaso o rutina en sus matrimonios, o porque nunca lle-gó a
existir tal compromiso. Para Jor-ge, el menor de todos, sólo le
quedan unos libros con los que matar las tar-des de invierno...
y un amor secreto por Elisa, la hija del contable de la fábrica
pero que tiene cierta formación intelectual. Ambos pro-tagonizan
un conflicto interior que se debate entre el compromiso a
construir su vida juntos y la cobardía a romper con el pasado,
una lucha contra las costumbres y la inercia existencial.
Retrato sobre las
convenciones sociales y sobre la pugna por ser uno mismo, en un
ambiente cerrado que oprime hasta asfixiar el amor más joven. Se
nos presentan horizontes pequeños que aca-ban apagando los
tímidos intentos por tener una vida propia, para terminar siendo
como los progenitores antes cuestionados. García Ruiz hace
todo un estudio psicológico de unos personajes que están bien
trazados, con ilusiones, dudas y amarguras, que luchan pero
sin la fuerza necesaria para salirse del círculo en que viven
encerrados. Una madre posesiva y controladora hasta cercenar la
vida, un padre sin autoridad, una tía solterona y liberal, un
novio pusilánime y sin carácter, unas vidas en soledad y
triste-za, un pueblo chismoso y sin aire para respirar. Al
final, resulta una vida apagada y plomiza: estos son los
sentimientos que trasmite de principio a fin, y por eso no
sorprende la falta de fuerza de la pe-lícula, la misma que sus
personajes.
El director busca y logra una pelícu-la de época, no histórica
sino más bien de mentalidades. La cuidada fo-tografía y la
puesta en escena robus-tecen la construcción de ese mundo que
camina a la fatalidad, con tramas y personajes que se van
componiendo como un rompecabezas a medida que avanza la
película. El ambiente está bien conseguido, pero a la cinta
le falta ritmo dramático: languidece a medida que avanza, y
faltan re-sortes que impulsen la historia. A este respecto,
García Ruiz ha comen-tado que ha buscado provocar la reflexión
del espectador sobre una realidad dolorosa y desoladora, que no
ha querido engañarle provo-cando el llanto fácil, y que ha
preferido dejar los sentimientos ence-rrados en los personajes
de la película. Entre los actores, aparente-mente poco se parece
esta Laia Marull a la que
veíamos en "Te
doy mis ojos", aunque en ambos casos haga un trabajo
digno de elogio en el papel de una mujer frágil y temerosa que
mira hacia dentro para desnudar sus sentimientos. Con todo, el
resultado es una cinta pesimista, parsimoniosa y lenta en lo
narrativo y en el trazado de los caracteres, también por un
excesivo sometimiento al original literario y por verse obligada
a dar explicaciones innecesa-rias a través de los flash back.
En definitiva, un cine
intimista y de mirada triste, sin pulso vital, que se va
desinflando con sus personajes, sin ideales ni referentes
vitales. Hay notas de calidad cinematográfica, pero se echa en
falta una perspectiva humana y moral de mayor altura y
profundidad, que eleve a sus personajes por encima de la negrura
existencial, de un pobre sentido de la libertad, o del amor
reducido a la mera relación furtiva en la habitación de un
hotel.
Calificación:
    
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