CRÍTICA
por
Manuel Márquez
Aunque la atonía
industrial del cine español, por lo inveterada, pu-diera inducir
a pensar lo contrario, no hay por qué pensar que toda apuesta
valiente o arriesgada haya de ser, necesariamente, teme-raria o
suicida: si se ponen en juego los elementos adecuados, y se
trabaja con inteligencia y claridad de ideas, los resultados han
de terminar, forzosamente, resultando satisfactorios. Así
sucede, de hecho, en el caso de "El Lobo", un producto de muy
cuidada factura y del cual, salvo inesperada sorpresa, no cabe
mas que es-perar un rotundo éxito comercial, dado su enfoque y
sus compo-nentes.
A pesar de lo que el propio director haya podido mencionar
acerca de sus fuentes de inspiración, "El Lobo", en cuanto a su
sustancia política, no tie-ne el más mínimo parecido con un film
de Costa-Gavras, mientras que sí se acerca, y bastante, a las
constantes creativas de un director como Alan Parker: el
trasfondo polí-tico subyacente no deja de ser, en el film de
Miguel Courtois —un realiza-dor, pese a su juventud, muy rodado
en el medio televisivo en Francia—, un elemento derivado del
fundamento histórico real de la trama, y no, desde luego, un eje
vertebrador de la película; además, su presencia efec-tiva se
ciñe a una secuencia, ésa en la que Ricardo, responsable del
servicio secreto, formula su tesis acerca de la continuidad del
terrorismo como un factor necesario (como salvavidas) ante el
cam-bio político que se avecina, y justifica con ello la falta de
voluntad (política y policial) para ponerle fin.
El resto es acción, mucha acción. Y muy bien rodada, por cierto;
enmarcadas en una ambientación, tanto de gentes como de
deco-rados, excelentemente trabajada (la tarea de reconstrucción
de la época es encomiable, y hay que felicitar al equipo técnico
en pleno por la minuciosidad con que se han recreado todos los
detalles a tener en cuenta en estos casos), las escenas de
atentados y per-secuciones se van sucediendo, entreveradas por
secuencias inter-medias que, situadas en otros planos de la
historia —los configura-dos por las diferentes tramas
secundarias: la relación afectiva de Amaia con sus compañeros
Lobo y Nelson; las reuniones y asam-bleas de los etarras, que se
desarrollan en paralelo con las reunio-nes de la cúpula
gubernativa: tanto en unas como en otras, se van a debatir y
confrontar estrategias de ataque/defensa, que se ven ilustradas
(y se contrastan) a través de iluminaciones contrapues-tas, cada
una con su simbolismo específico—, sirven de contrapun-to (y
remanso, previo a un nuevo empujón, y salto hacia delante) a una
trama central cuya progresión rítmica y dramática está
perfec-tamente calibrada.
La resultante final es la de un thriller tenso y trepidante, que
sos-tiene la emoción y el interés a lo largo de todo el metraje,
y que ex-plota sabiamente, gracias a una reali-zación ágil y clara
(y con una dota-ción de medios materiales y económi-cos
suficientes: basta ver la amplitud y nivel del reparto actoral,
o el des-pliegue de localizaciones, para com-probar de manera
evidente que esta-mos muy lejos —por elevación— de los estándares
de una tv-movie al uso), el material dramático con el que
cuenta, oro de muchísimos quilates: el enorme juego que el
personaje genérico del “infiltrado” —las habi-lidades que ha de
desplegar para introducirse en la organización; la permanente
incertidumbre acerca de si, con motivo del más mínimo fallo,
será, o no, descubierto...— puede proporcionar a una trama de
suspense político-policial está, en el caso de "El lobo",
perfecta-mente desarrollado, y nos termina ofreciendo un producto
de un ni-vel más que digno, en cuyo debe, no obstante, cabe
apuntar algu-nas deficiencias que, aun sin empañar en demasía la
valoración global del film, no se deberían pasar por
alto: es el caso de la elec-ción del protagonista, o de la
delineación en el guión de la persona-lidad del principal (más
bien, único) personaje femenino.
Sobre la elección del protagonista, hay que empezar reconocien-do
que el trabajo de Eduardo Noriega para cubrir las dos facetas
(Txema Loygorri/Lobo) de su único personaje es muy, muy
merito-rio, y que ha crecido como actor, desde su debut con "Tesis", en magnitudes gigantescas; pero aun así, a la creación de
su perso-naje le sigue faltando un punto de hervor, que habría de
concretarse en algo más de dureza, un grado mayor de hosquedad,
que le re-sultan muy complicados por sus perfiles, tanto físico
como de ca-rácter: Noriega lo intenta, pero, en esas escenas en
que se planta con ataques arrebatados de dignidad —ya sea real o
ficticia—, no resulta nada convincente: a su mirada le falta
acero; a su voz, gra-vedad y potencia; y a su presencia general,
el trasladar la convic-ción de que estás ante alguien que,
llegado el caso, sería capaz de hacerte daño. De todos modos, su
esfuerzo es tan grande, y tal su grado de concentración, que
consigue que, al menos, la película no se vaya al traste por una
decisión básica de casting.
En cuanto al dibujo del persona-je femenino (encarnado por una
prometedora y muy sugerente Mé-lanie Doutey, que sí que está a la
altura de las circunstancias), resul-ta muy poco creíble, hasta
el punto de que ni siquiera la evidencia de que se trata de un
elemento de contraste dramático, introducido con una inten-ción
instrumental y el ánimo, eminen-temente, de que funcione como un
“factor de relajación” y un gancho adi-cional (un puntito erótico
para salpi-mentar la historia nunca sobra cuando hay una
pretensión de llegar a un pú-blico amplio), consiguen salvarlo de
su incongruencia, rayana en el absurdo: a una peligrosísima
activista no hay por qué asociarla, in-defectiblemente, a una
imagen feísta de rudeza y carencia absoluta de feminidad, pero
esta Amaia se encuentra bastante más cercana a la Linda
Fiorentino de "La última seducción", o a la Nicole Kid-man de "Malice", que a cualquier otro arquetipo femenino menos
sofisticado. Y tampoco es eso, supongo.
En definitiva, y aun con sus fallas puntuales, hay que calificar
"El Lobo" como un producto muy comercial y tremendamen-te solvente,
llamado a satisfacer el gusto por un cine de en-tretenimiento
bien hecho de un segmento de público muy, muy amplio. Y,
también, por qué no, de una tremenda patada en el culo a toda
esa caterva de prejuiciosos malintencionados que, a la vista de
la nacionalidad de la película, jamás se van a acercar a verla,
aun cuando la misma se encuentre en parámetros genéricos y
tonales plenamente acordes con sus gustos habituales; qué se le
va a hacer, siempre habrá alguien más dispuesto a identificarse
con las aventuras y desventuras de un detective de Ohio que con
las de un muchacho de
Oyarzun: me temo que ése debe ser un efecto colateral no
contemplado en "Super
size me" por el amigo Spurlock...
Calificación:
    
Imágenes de "El Lobo" - Copyright © 2004 Mundo Ficción,
Castelao Productions y Estudios Picasso. Distribuida en España
por Filmax. Todos los derechos
reservados.
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