CRÍTICA
por
Tònia Pallejà
El laboratorio en la
cocina
"Kitchen stories" —"salmos de la cocina", si nos
atenemos a una tra-ducción literal del título original— es una de esas películas que tiene toda la
pinta de acabar pasando práctica-mente desapercibida en su
anecdóti-co tránsito por la cartelera, cuando la realidad es que el interés y la
afabili-dad de esta propuesta se merecen no poca atención. De
entrada, su director y guionista, el noruego
Bent Hamer, es un gran
desconocido por estos lares, y eso que su anterior trabajo, "Un
día bajo el sol", no sólo fue roda-do en tierras gallegas, sino
que incor-poraba en su equipo a un nutrido grupo de nombres
españoles, entre los más visibles el del fallecido Paco Rabal,
Pilar Bardem, Ingrid Rubio, Luis Cuenca e incluso El Gran
Wyoming. Por otro la-do, se trata de una modesta producción alejada de las
convencio-nes comerciales, que no cuenta con el aparato
propagandístico ha-bitual y de la que no se espera que vaya a
atraer a un sector del público mayoritario; claro síntoma de
ello es que en ciudades como Barcelona o Madrid ha sido
estrenada en una única sala de cine, por lo que no cuesta
imaginar que en otras poblaciones de menor envergadura ni
siquiera se vaya a distribuir. Y, por último, proviene de una
cinematografía, la noruega, tan humilde y todavía pendiente de
descubrir, sobre todo si la comparamos con sus hermanas
escandinavas sueca y danesa, que de no ser por los premios que
ha recibido esta pequeña muestra en los festivales de Valladolid
y Sao Paulo, amén de otros tantos cosechados en el circuito
nórdi-co, su repercusión hubiese sido nula. En definitiva, los handicaps que debe superar
"Kitchen stories" son
sólo un ejemplo más del pez que se muerde la cola —sin
posibilidad de acceder a una pelí-cula no habrá público que vaya
a verla, y la ausencia de concurren-cia tampoco facilitará que
cintas de este tipo se pongan a su dispo-sición—, de manera que
sólo le queda confiar su suerte a los bene-ficios del boca a
boca, siempre que además exista una butaca don-de el espectador
pueda sentar el culo para disfrutarla.
"Kitchen
stories" aborda esa idea del confort doméstico que vivió una
época de apogeo durante los años 50, en la que los científicos
se proponían racionalizar y optimizar los hábitos del ama de
casa en la cocina, así como facilitar sus tareas diarias
desarrollando nuevos enseres y electrodomésticos. La película no
se ciñe a he-chos reales, pero parte de ellos al centrarse en un
peculiar estudio realizado en 1944 por el Instituto de
Investigaciones del Hogar —in-tegrado por amas de casa y
profesores de Economía Doméstica suecos—, que se proponía analizar el
comportamiento de los varo-nes solteros de una región rural de
Noruega en sus cocinas. Ha-mer, en colaboración con
Jörgen Bergmark, nos acerca
a ese ca-prichoso proceso a través de la historia particular de
Folke e Isak: el primero, uno de los observadores entrenados que
se instala con su caravana en casa del segundo para, desde una
silla alta similar a la de un árbitro de tenis situada en un
rincón de la sala, anotar todos los movimientos del sujeto sin
interferir lo más mínimo en su rutina; y el otro, un viejo
granjero que acepta a regañadientes ser su conejillo de Indias
creyendo que obtendrá una compensación que no se corresponde con
la realidad. El relato pivota en un primer momento en torno a la
divertida dinámica entre estos dos persona-jes, obligados a
convivir sin convivir, sin hablarse ni tomar contacto, mientras
el uno se limita a observar y el otro debe comportarse co-mo si
no fuera observado. Pero pronto se hace evidente que lo que
falla en este experimento es, precisamente, el factor humano: el
objeto de observación se rebela, el observador se convierte en
ob-servado y no puede evitar implicarse con su objeto, y esa
barrera invisible se rompe.
Hay mucho de la
comedia clási-ca muda, y menos muda, en este simpático y
entrañable film, aun-que es inevitable no escuchar, por encima
del resto, los ecos de la obra de ese Jacques Tati que en
títulos como "Mi
tío" ridiculizaba las contradicciones del progreso, y
que mediante el personaje de Hu-lot reivindicaba un aporte de
hu-manidad y sentido común en me-dio de tanta tecnificación y
rela-ciones sociales encorsetadas. "Kit-chen stories" es una
cinta eminente-mente visual, con una fuerza en la imagen que
también encuentra espacio para la poesía y el surrealismo, y
en donde, por encima de los diálogos, dominan unos gags apoyados
en los objetos, la actividad y la distribución de los personajes
en el espacio, y que a través de un sentido del humor relajado,
sin aspavientos pero efec-tivo, y algo lunático, que quizás no
siempre encuentre la carcajada del espectador pero sí su
complicidad y reconocimiento, ironiza so-bre el absurdo de
algunas situaciones. Pero, tras esa primera parte más
desenfadada y ligera, la cinta va tomando cada vez tintes más
próximos al drama —aunque manteniéndose en un tono todavía
alejado de baratos sentimentalismos— a medida que se estrecha la
relación entre esos dos seres que se van revelando como dos
almas solitarias abocadas, a pesar de sus reticencias, a algo
más que al entendimiento. En este sentido, llama la atención
encontrar-se con un desenlace que escapa del final feliz y
complaciente que podríamos haber esperado en otro tipo de
producto, y que provoca que se abandone el cine con un
inevitable sabor agridulce, no debi-do a la insatisfacción, sino
a su triste conclusión.
Son los
estupendos
Joachim Calmeyer,
prestigioso actor te-atral noruego, y
Tomas Norström
quienes cargan sobre sus espaldas el peso de una película que se
desarrolla en base a ese mano a mano interpretativo, haciendo
que sus persona-jes dispongan de una profundidad y evolución,
y dotándolos de la contención necesaria, pero al mismo tiempo
potenciando la expresividad de gestos, miradas y posturas para
dejar entrever unos sentimientos que a veces no se corresponden
con los que sa-can a la luz.
"Kitchen stories" es una historia que ofrece lecturas a varios
niveles desde lo más concreto a lo más abstracto. Se puede
entender como el relato de la amistad entre dos personas que
tienen más en común de lo que pare-ce a primera vista, pero más
allá exis-te un alegato en favor de la comunica-ción y el
entendimiento, y en contra de la deshumanización en el trabajo,
en el hogar y en las relaciones perso-nales que se impone en las
socieda-des modernas. También cuestiona la objetividad y validez
de la observación como método científico, en tanto que ni el
sujeto de estudio se mantiene imperturbable ni el observador
puede evitar implicarse con él. No falta tampoco una crítica a
la in-vasión de la privacidad y a la despersonalización del
individuo, con-vertido en simple objeto. Y, por último, en un
plano más cultural, están presentes algunas referencias a las
tradicionales rivalidades entre suecos y noruegos, debidas tanto
a sus distintas posturas durante la Segunda Guerra Mundial como
a ese papel de hermana mayor que ha desempeñado históricamente
Suecia, aunque lamen-tablemente nos pasen por alto algunos
matices y diferencias idio-máticas en la versión original. Pero
a pesar de que "Kitchen sto-ries" sea una película local, no es
una película localista, pues apela en todo momento a
circunstancias y emociones universales que se pueden trasladar a
cualquier ámbito.
Contada
desde un tiempo sosegado, y enmarcada por la fotografía de
Philip
Øgaard,
que sirve para reforzar la naturalidad e intimis-mo de la
historia a la vez que conserva la frialdad propia del cine de
aquellas tierras, "Kitchen stories" es una película sencilla
y agradable, sin artificios ni grandes ambiciones, que pretende
aportar algo de cordura y humanismo, metas que alcanza
sobradamente, y cuyas buenas intenciones no empala-gan. Quizás
algunos motivos secundarios estén dibujados con menor eficacia,
como el personaje de Grant, el vecino y amigo del granjero, o de
ese doctor y director del estudio que se lo monta en grande
dentro de su avión privado, y no haya aprovechado ese con-tinuo
que recorre entre lo personal y lo científico y social para
inda-gar con mayor profundidad. Pero en conjunto resuelve de
manera notable sus objetivos, sacando un gran partido de su
mínima premi-sa —los actores y el espacio—, y, como quien no
quiere la cosa, con esa apariencia humilde y grata, pone sobre
la mesa algunas in-teresantes cuestiones.
Calificación:
    
Imágenes de "Kitchen stories"- Copyright ©
2003 BulBul Film. Distribuida en España por Pirámide Films. Todos los derechos
reservados.
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