CRÍTICA
por
Joaquín R. Fernández
Ron Howard es un realizador
por el que siento cierta simpatía, seguramente debido a que es
el responsable de algunos incompren-didos filmes de
ciencia-ficción y fantasía ("Cocoon" y "Willow", por ejemplo)
que, cuan-do menos, merecerían un mayor respeto por parte de los
aficionados a los citados géne-ros. Por desgracia, el éxito
crítico y comer-cial de la sobrevalorada "Una
mente maravillo-sa" probablemente ha provocado que ahora
Howard esté preparando producciones de cierto prestigio, de esas
que se ruedan con la única y exclusiva intención de agrandar la
re-putación de un determinado autor. No obstan-te, lo único que
conseguirá con dicha actitud es que sus trabajos pierdan la
naturalidad que quizás sí mantendrían si no persiguiera con
ellos el des-lumbrar a compañeros de profesión, medios de
comunicación y público. Eso es lo que precisamente ha hecho que
"Desapariciones" no sólo haya sido ignorada por la crítica, sino
que incluso se ha convertido en uno de los mayores fracasos de
su carrera, pues ni siquiera ha alcanzado los treinta millones
de dólares de recaudación en el mercado estadounidense.
"Desapariciones" es una obra
que en parte se asemeja a "Cold
Moun-tain", tanto en sus intenciones como en su estructura.
Nuevamente nos encontramos con fragmentos intimistas que se
cruzan con la indeseada odisea que han de padecer los
protagonistas de la historia, una aventura que, como en la cinta
de Anthony Minghella, se nos antoja demasiado lar-ga. No
obstante, aquí no se nos narra una frustrada historia de amor,
sino un desencuentro entre un padre y una hija; ésta, cuya vida
ha estado mar-cada por el sufrimiento, no perdona a su
progenitor que, cuando ella era aún una niña, él hubiera
abandonado a su familia para encontrar su propia senda
existencial. Sin embargo, y tras ese sólido comienzo en el que
se nos describe el odio que Maggie siente hacia Samuel, un
dramático acon-tecimiento hará que por un momento ese rencor se
deje a un lado: el rapto de la hija mayor de aquélla.
Comienza entonces un atípico western que posee los mismos
defectos que mu-chas de las películas que se han estrena-do
durante los últimos meses: sus ganas de trascender,
circunstancia que genera una innecesaria dilación en el
desarrollo del argu-mento (así, a nadie le hubiera importado que
se hubieran eliminado los últimos quince mi-nutos de su
metraje). Por otra parte, sus con-tenidos sobrenaturales no
terminan de con-vencer al espectador, que sólo se interesa por
el relato cuando éste se centra en el túr-bido trato existente
entre padre e hija. Dicha relación se convierte en rea-lidad en
una metáfora acerca de la suspicacia existente entre el hombre
blanco y los indios. En ambas culturas existe gente salvaje y
ruin o, por contra, personas buenas y dispuestas a ayudar a los
demás.
Sabemos que Ron Howard es un
buen artesano, pues es algo que ya ha demostrado en anteriores
ocasiones; en "Desapariciones" logra extraer lo mejor de sus
intérpretes y nos deslumbra con paisajes hermosamente
fo-tografiados por Salvatore Totino,
sacando además gran partido a los mo-mentos dramáticos del filme
(atención al punzante dolor de Maggie cuando descubre el cadáver
de Brake o a la crudeza de las escenas en las que un indio
intenta rescatar a Lily).
Cate Blanchett es,
sin lugar a dudas, lo mejor de la película, siendo su actuación
realmente espléndida (quienes puedan ver la versión original
comprobarán que su perso-naje tiene algunos diálogos en español
y, aunque su pronunciación es deficiente, es mejor que la de
Tommy Lee Jones, quien ya había
demostrado su conocimiento de es-te idioma, pues es texano, en
"Men in black [Hombres de negro]"). Su mirada cuando se
reencuentra con su padre es lo suficiente-mente expresiva como
para que no se nece-site palabra alguna a la hora de
describirnos cuáles son sus oscuros sentimientos; cuan-do
finalmente los exterioriza, percibimos la vehemencia de su
aflicción, una mujer recia por fuera pero llena de heridas en su
interior. Aunque Tommy Lee Jones está correcto e incluso
en numerosas escenas tiene que pro-nunciar sus diálogos en el
idioma de los nativos, se ve superado en todo momento por la
arrebatadora presencia de Cate Blanchett, a la que nunca le
llega a hacer sombra. Cabe destacar también el trabajo de
Evan Rachel Wood y la
jovencísima Jenna Boyd,
quienes dan vida a las hijas de Ma-ggie, y las breves pero
certeras apariciones de Aaron Eckhart
y Val Kil-mer.
La meritoria partitura de James Horner
pre-senta una sólida introducción musical para el personaje
interpretado por la protagonista de "Premonición"
e introduce cánticos e instru-mentación indígena. No es una de
esas ban-das sonoras melódicas a las que este oscari-zado
compositor nos tenía acostumbrados hace años, aunque sí existe
un hermoso te-ma central del que, por suerte, no abusa
de-masiado. En realidad, su obra más bien in-tenta profundizar
en las emociones que ani-dan en el alma de los personajes
principales. Así sucede, por ejemplo, cuando sus notas describen
la soledad y la preocupación de Maggie por lo mucho que tardan
en regresar sus hijas de la ciudad, adonde han ido acompañadas
de Brake. Por lo demás, y como suele ser habitual en él, Horner
también muestra su talento en algunos de los pasajes de acción
que encontramos en "Desapariciones".
Calificación película:
    
Calificación banda sonora original:
    
Imágenes de "Desapariciones" - Copyright © 2003
Revolution Studios e Imagine Entertainment. Distribuida en
España por Columbia TriStar Films. Todos los derechos
reservados.
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