CRÍTICA
por
Mateo Sancho Cardiel
El descerebrado caballo de
"Troya"
Hay parte de libertad y parte de impotencia cuando se
aborda en una crítica una cinta que tiene el futuro tan
asegurado como “Tro-ya”. Sabiendo de antemano que poco se pude
influenciar en su ca-rrera comercial, que sin duda alguna será
espectacular, expreso, por si a alguien le sirve de referencia,
mi total desaprobación ante este arrollador derroche de medios
al servicio de la más absoluta de las naderías.
Hollywood alcanza con
“Troya” un hito en su capacidad de manipular, reconvertir,
adaptar hasta el destrozo un material clásico para ceñirlo a sus
tópicos y sus ambiciones comercia-les y, como poniéndola
patas arriba, sacude hasta vaciar de todo contenido, de toda
espiritualidad, magia, fuerza o fantasía, la “Ilía-da” de
Homero. Prácticamente elimina a
Ulises (Odiseo),
cambia los destinos de los personajes, elimina todo rastro
mitológico y es-quematiza los roles para ponerlos al servicio de
una inconexa y abusiva sucesión de secuencias en las que parece
que la mayor preocupación es ajetrear las hormonas con su
estética de revista para púberes descerebrados.
Efectivamente, la superproducción con ínfulas de épica que el
antaño ga-rante de calidad Wolfgang
Petersen ha coordinado para reventar las taqui-llas
de medio mundo, deja entrever, entre tanta batalla, tanto extra
y tanto efecto digital, una despreocupación total por la tensión
dramática, por la construcción de personajes y, desde luego, por
el respeto a su base litera-ria. Pero es que no sólo nos muestra
conflictos personales simplistas y previsibles, no se
contenta con acu-mular arquetipos uno tras otro, si-no que
tampoco consigue, en su factura técnica, un resultado
deslumbrante. Obviamente, no hay fallos estrepitosos que
repro-char, pero más allá de la corrección, “Troya”, pese a sus
doscien-tos millones de dólares invertidos, no sabe reinventar,
ni descubrir, ni siquiera sorprender al espectador, que, sin ir
más lejos, pudo en-contrar en un producto de similares
ambiciones como “Gladiator”,
una resolución muchísimo más acertada, más emocionante, más
vibrante. De hecho, la sombra de la premiada película de Ridley
Scott se pasea frecuentemente por los fotogramas de “Troya” y no
encuentra en ella una digna rival para la comparación.
Y es que, ni con el trío de
ases que Petersen destapa en el car-tel, nada menos que
Brad Pitt,
Orlando Bloom y
Eric Bana, con-sigue
introducirnos en su aventura clásica y, a excepción del último
citado, ninguno de ellos consigue un trabajo interpretativo
digno, si-no que bajan notablemente el nivel al que nos tienen
acostumbra-dos. Quizá mal dirigidos, o quizá sujetos a la
galería de poses, de musculatura y de lucimiento personal que la
película les brinda, sus personajes no logran superar la
mediocridad del guión para dar garra a sus atormentados vínculos
y, por ello, dejan paso a un, eso sí, apabullante desfile de
venerables secundarios: Peter O’Toole,
Brian Cox, Brendan Gleeson,
Saffron Burrows y, a modo de
cameo, Julie Christie. Así,
salvo por esta cantera de intérpretes respetables, “Troya” se
nos revela como una apoteósica ausencia de talento
cinematográfico, como uno de los más irrespetuosos productos de
la desesperada búsqueda del éxito comercial.
Calificación:
    
Imágenes de "Troya" - Copyright © 2004 Warner Bros. Pictures, Village Roadshow Pictures,
Radiant Productions y Plan B Films.
Distribuida en España por Warner Sogefilms. Todos los derechos
reservados.
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