CRÍTICA
por
Joaquín R. Fernández
Suele suceder en estos casos, y a pesar de lo difícil que
resultará desa-pegarse de semejante polémica, la discusión
acerca de la deslealtad de "Troya" con respecto a la obra
original de Homero me parece
completamen-te estéril. Por un lado, son innumera-bles las
películas que se han visto perjudicadas por haber adoptado una
estructura excesivamente literaria, ol-vidándose de que el cine
utiliza un lenguaje muy diferente, pues a veces no precisa de
palabras a la hora de describir emociones, sino que, por
ejemplo, le bastan gestos y mi-radas para que intuyamos lo que
piensa un determinado individuo (uno de los mayores defectos de
los guiones de hoy en día es que algunos personajes pormenorizan
a través de sus voces aquello que el espectador ya observa en la
pantalla, creando una innecesa-ria e incluso risible
redundancia).
Pero además, considero
legítimo que los creadores de "Troya" ha-yan querido
desprenderse de toda la mitología que rodea a la "Ilía-da",
humanizando su argumento, simplificándolo e incluso recu-rriendo
a otros textos para completarlo, una decisión respetable y que,
por cierto, también ha tomado Jerry Bruckheimer con respecto a "King
Arthur". En realidad, lo que se ha intentado
confeccionar es un filme con ciertas reminiscencias históricas
pero en el cual sub-yace un único interés: recuperar la magnitud
y la grandiosidad de aquellas superproducciones que Hollywood
nos regaló en los años cincuenta, abandonadas posteriormente a
causa de sus excesivos costes y de las dificultades que
acarreaban sus rodajes, amén del fracaso económico de alguna de
ellas.
Ciñámonos, por tanto, a los aspec-tos puramente cinematográficos
de "Troya", y a contestar a una pregunta cuya respuesta
seguramente anhela conocer el lector: ¿merece la pena ver en la
pantalla grande una cinta como esta? Obviamente, sí, y ello a
pesar de sus evidentes imperfecciones. Po-seedora de un
desarrollo demasia-do irregular, "Troya" combina mo-mentos
brillantes con otros que no lo son tanto, y aunque no provoca el
aburrimiento del espectador, tampoco consigue que éste se
implique plenamente en la historia. Instantes poderosos como
la partida y la llegada a la pla-ya de los navíos griegos, la
aproximación de los hombres de Aga-menón hasta las mismas
puertas de Troya o el duelo entre Paris y Menelao, se diluyen
cuando la mayor parte de las escenas dramá-ticas no logran
penetrar en el corazón del público, que en ocasio-nes las
observa con cierta indiferencia.
Esa falta de alma en un
producto de estas características supone un lastre para toda la
película, que no exuda la pasión que todos esperábamos de ella.
Y la culpa de que esto sea así la tienen prin-cipalmente dos
personas: Wolfgang Petersen,
excelente realiza-dor de variados divertimentos que, sin
embargo, aquí se toma tan en serio el asunto que tiene entre
manos que al final termina des-cubriéndonos sus limitaciones a
la hora de afrontar obras tan ambi-ciosas, y
David Benioff, que no ha
conseguido escribir un guión uniforme, sino un libreto
claramente dividido en pasajes, como si en realidad estuviera
trabajando para una serie de televisión. No obs-tante, es justo
reconocer que le otorga cierto atractivo a algunos personajes.
Así, la evolución de Aquiles es bastante creíble, miti-gándose
de forma progresiva sus ansias de gloria en una lógica redención
que sólo obtiene cuando siente lo que es el verdadero amor. Por
su parte, cabe destacar también la noble personalidad de Héctor,
hastiado por las guerras y deseoso de vivir en paz con su
familia. Otros, sin embargo, aparecen y desaparecen de la
na-rración con demasiada presteza, a pesar de que, en principio,
de-berían ser el fundamento de la misma (Paris y Helena, a cuya
rela-ción apenas se le presta atención durante el segundo tramo
del re-lato).
Pero donde verdaderamente se halla lo mejor de "Troya" es en
su apabullante apartado técnico. Ja-más, repito, jamás se había
visto en el cine una combinación tan asombrosa y efectiva de
decora-dos reales con efectos generados por ordenador. Los
primeros son fastuosos y logran impresionarnos con su
colosalismo (atención al triun-fante recibimiento de Héctor y
Paris cuando regresan a Troya tras el ban-quete que les ha
ofrecido Menelao o a la entrada del gigantesco caballo de los
griegos en la ciudad), pero es que los segundos se integran con
naturalidad con aquéllos, multiplicán-dose edificaciones y masas
humanas gracias a la excelente labor de los encargados de los
efectos especiales de "Troya". Ni siquiera Peter Jackson
consiguió un resultado tan realista en la saga de "El
señor de los anillos", aunque bien es verdad que las
batallas de "Troya" no son ni por asomo tan espectaculares y
dramáticas co-mo las que vivimos en la última entrega de la
citada trilogía, si bien ésta jugaba con la ventaja de
representar un mundo de fantasía en el que la oscuridad
amortiguaba la masiva utilización de la infogra-fía, mientras
que aquí algunos combates se producen a la luz del sol, algo que
resulta mucho más difícil de resolver debido a la pre-sencia de
una radiante iluminación. En todo caso, es una evidente muestra
de que usar únicamente efectos digitales sin integrarlos con
paisajes o extras reales es un auténtico error.
El sensacional reparto está
encabezado por Brad Pitt,
que con-vence en las escenas más físicas o en aquellas otras en
las que queda claro el engreimiento de su personaje, mas no
consigue salir bien librado cuando ha de exteriorizar la ira y
la furia de Aquiles o algunas de sus emociones.
Eric Bana da vida a un correcto
Héc-tor, un hombre de fuertes convicciones morales que desprecia
la guerra, mientras que a Orlando Bloom
se le ve correcto en su in-terpretación de un impetuoso joven
que lleva a los suyos al desas-tre por culpa de un ardor
amoroso. Diane Kruger sólo
puede lucir su belleza (Saffron Barrows
muestra un mayor talento en su breve papel), siendo los
verdaderos aciertos de la película la intervención de
Brian Cox,
Sean Bean,
Brendan Gleeson y un
especialmen-te brillante Peter O'Toole
(que se merienda de un bocado a Brad Pitt y a Orlando Bloom
cuando ha de actuar junto a ellos).
Julie Christie apenas aparece en una breve pero
sensible escena en la que habla con su hijo, Aquiles.
Finalmente, no se puede obviar lo que ha sucedido con la
banda so-nora de "Troya", un auténtico des-propósito que nos
descubre lo peor de la industria del cine. Cuan-do se
anunció que Gabriel Yared se
haría cargo de esta partitura, un poco antes de que comenzara el
rodaje del filme, casi todo el mundo pensó que no era esa una
elección adecuada (no es un compositor que me apasione, mas
tampoco creí que Howard Shore pudiera escribir piezas tan
asombro-sas para "El señor de los anillos"). Unos meses antes
del estreno de "Troya", y argumentando que su música era
demasiado clásica, fue sustituido por
James Horner, que ha compuesto un trabajo discre-to y
muy, muy tópico. El autor de "Titanic" recurre a las voces
étni-cas y a la percusión con excesiva profusión, y es incapaz
de otor-garle trascendencia a los pasajes más rutilantes de la
película. Es más, las notas heroicas que describen las hazañas
de Aquiles son un tanto penosas debido a su exagerada
grandilocuencia, mostrán-dose más talentoso en las secuencias
intimistas, tal y como suce-de cuando se escucha el tema que nos
describe el romance entre Aquiles y la prima de Héctor y Paris.
No hay duda de que la partitu-ra de Yared le hubiera otorgado un
mayor carácter épico a la cinta. Cosas de Hollywood...
Calificación película:
    
Calificación banda sonora
original:
    
Imágenes de "Troya" - Copyright © 2004 Warner Bros. Pictures, Village Roadshow Pictures,
Radiant Productions y Plan B Films.
Distribuida en España por Warner Sogefilms. Todos los derechos
reservados.
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