CRÍTICA
por
David Garrido Bazán
Hollywood interpreta a Homero
Canta, oh diosa, la cólera del pélida Aquiles; cólera funesta
que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al orco
muchas al-mas valerosas de héroes, a quienes hizo presa de
perros y pasto de aves"
Primeros versos de la "Ilíada", Homero
"Troya" constituye un nuevo y apro-vechado intento por parte de
Holly-wood para recuperar un género que pasó un letargo de
varias décadas hasta que el arrollador éxito de "Gla-diator"
(Ridley Scott, 2000) permitió a los responsables de los estudios
pen-sar que podría resultar rentable invertir una fuerte
cantidad de dinero en una superproducción que llevara a la
pan-talla grande la inmortal obra del poeta griego que ha
acompañado y estimu-lado la imaginación de tantos a lo lar-go de
sus casi tres mil años de histo-ria. Ahí es nada afrontar la
tarea de convertir en carne personajes como Aquiles, Héctor,
Ajax, París o la hermosa Helena, por no mencionar el esfuerzo
que supone comprimir en poco más de dos horas y media una obra
tan rica como compleja, una historia que mezcla espectaculares
batallas con un conflicto amoroso, la políti-ca y la ambición de
poder con duelos mano a mano entre héroes legendarios,
reflexiones sobre la ética y el honor o la asunción de
responsabilidades en tiempos de guerra con la mitología y la
conti-nua interferencia de los dioses en los asuntos de los
hombres.
El resultado es una película
desconcertante e irregular, en la que, dependiendo del aspecto
de la misma en el que nos fijemos o nuestro grado de
conocimiento previo de la obra original (y la con-siguiente
capacidad de soslayar las libertades que la película se to-ma,
de manera por otra parte inevitable), podemos afirmar con
idén-tica convicción que estamos ante una película notable o que
cae en la más absoluta de las necedades, que contiene
interpretaciones estupendas junto a otras que francamente dejan
bastante que de-sear o que por momentos parece que consigue
recuperar el sabor de algunas de esas viejas producciones de
antaño que tanto dis-frutamos de niños, para en la secuencia
siguiente caer en algunos de los vicios recurrentes del cine
actual. Uno no sabe a ciencia cierta a qué carta quedarse, la
verdad.
Wolfgang Petersen,
realizador ale-mán afincado en Hollywood que de-mostró en el
pasado su capacidad pa-ra hacer notables o correctas pelícu-las
("El submarino", "En la línea de fuego") como para caer sin
ambages en el más penoso de los ridículos ("Air Force One"), es
un hombre prag-mático que ha sabido en casi todo momento cómo
manejar la enorme cantidad de recursos que Hollywood ha puesto a
su disposición. Para em-pezar, el guión de
David Benioff ha tomado algunas
decisiones acertadas con respecto a la obra original, la me-or
de las cuales es sin duda prescindir completamente de toda
re-ferencia a la mitología clásica, para al tiempo que se asume
cons-cientemente la ausencia de parte de la magia que rodea la
obra ori-ginal de Homero,
conseguir una mejor identificación por parte del espectador de
los conflictos, muy humanos, que se plantean en la película:
así, por poner un ejemplo, Aquiles no es un ser invulnera-ble al
que sólo se le podría matar acertándole en su famoso talón, sino
una especie de soldado profesional que únicamente lucha por su
gloria, una imparable máquina de matar segura de sí misma y de
sus habilidades hasta la prepotencia, que no reconoce señor
al-guno y que combate con el único propósito de que en el futuro
se canten sus hazañas. La película de hecho profesa un acusado
sen-tido casi ateo en el que cuando las decisiones de los
personajes pretenden justificarse en la voluntad de los dioses,
suelen ser con-tra el más elemental sentido común, lo cual es
casi una idea revo-lucionaria en una película que pretende
adaptar la "Ilíada".
Petersen es plenamente
consciente de que ha de dar prioridad al aspecto más
espectacular de la película por encima de la a menu-do
deficiente construcción de personajes o de diálogos, y eso se
nota en lo cómodo que se siente cuando maneja las escenas de
batallas campales (que tienen la rara virtud de ser mejores
cuanto más avanza la película, como se puede ver si se compara
la confu-sa escena del primer desembarco en la playa con el
primer ataque del ejército griego a las murallas de Troya,
aunque no falten las ine-vitables referencias a clásicos como
"Espartaco") o, aún mejor, en los coreografiados duelos entre
los principales personajes de la pe-lícula, entre los que
destaca de forma evidente la lucha entre Aqui-les y Héctor, uno
de los momentos cumbres de la película.
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Una película
irregular que oscila entre lo más notable y la más
absoluta de las necedades |
Sin embargo, hay
desequili-brios apreciables en demasia-dos aspectos de la cinta:
si Eric Bana construye un
Héc-tor excelente y ajustado, al que aporta la mezcla justa de
humanidad, capacidad de lide-razgo, habilidad en el combate y un
admirable componente heroico, Brad Pitt
no consigue darle a su personaje una mínima profundidad, incapaz
de completar su es-pléndida caracterización física de Aquiles
con algo más que esa prepotente mirada de permanente enfado con
el mundo (algo que queda especialmente claro cuando tiene que
mostrar una mínima emoción, como en las secuencias que comparte
con Rose Bryce o con un
magistral Peter O’Toole); si
Diane Kruger compone una
Helena tan bella como sorprendentemente correcta en su primer
papel importante en el cine, Orlando
Bloom es un auténtico de-sastre dando vida a un Paris
en perpetua deriva, perdido por com-pleto hasta que, retomando
su famoso Legolas, echa mano del ar-co; si
Brendan Gleeson es un fiero
Menelao o Peter O’Toole un espléndido y juicioso Príamo,
Brian Cox compone un Agamenón
caricaturesco, un tópico villano, ciego de poder y ambición, del
que no se comprende bien cómo ha podido unificar Grecia con esa
ma-nifiesta estrechez de miras en la práctica totalidad de sus
actos.
Y así sucesivamente: mientras el equipo de producción realiza un
nota-ble trabajo ambientando la película, consiguiendo con sus
elaborados de-corados transmitir esa sensación de realidad, de
fisicidad, que tantas ve-ces se echa de menos en esta era de lo
digital, la horrorosa e inadecuada banda sonora de
James Horner (que no se molesta
lo más mínimo en di-simular sus evidentes préstamos de la de
Hans Zimmer para "Gladiator") destruye gran parte del impacto de
los logros visuales de la película. Tan destacable es el acierto
del guión de Benioff en eliminar todo rastro de mitología, como
condenable el absurdo retorcimiento que hace de la obra original
en el bastante desastroso tramo final que aporta soluciones
mucho peores a la trama, con la notable excepción de una idea
brillante que hace reflexionar sobre como pueden forjarse
algunas leyendas, en este caso particular, la conocida
invulnerabilidad de Aquiles y su punto débil. Quizás el mayor
reproche que puede hacérsele a "Tro-ya" (obra que, en honor a la
verdad, casi nunca aburre y en-tretiene mucho a ratos) es que
sigue tan a pie juntillas la fór-mula de "Gladiator", sin
alcanzar su nivel ni en emoción ni en brillantez técnica,
con la excepción del duelo mencionado, que puede que muchos se
conformen con esta nueva ración de es-péctaculo pero
decepcionará a aquellos con un espíritu más exi-gente que
busquen aquí nuevos caminos para la épica: se encon-trarán
simplemente con más de lo mismo y echarán de menos el talento
visual de un, por ejemplo, Peter Jackson, referente de Pe-tersen
en demasiados pasajes de la película.
Calificación:
    
Imágenes de "Troya" - Copyright © 2004 Warner Bros. Pictures, Village Roadshow Pictures,
Radiant Productions y Plan B Films.
Distribuida en España por Warner Sogefilms. Todos los derechos
reservados.
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