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TROYA
(Troy)


Dirección: Wolfgang Petersen.
País:
USA.
Año: 2004.
Duración: 163 min.
Interpretación: Brad Pitt (Aquiles), Eric Bana (Héctor), Orlando Bloom (Paris), Diane Kruger (Helen), Sean Bean (Odiseo), Brian Cox (Agamenón), Julie Christie (Tetis), Peter O'Toole (Rey Príamo), Brendan Gleeson (Rey Menelao), Saffron Burrows (Andrómaca), Rose Byrne (Briseis).
Guión: David Benioff; basado en el poema épico "Ilíada" de Homero.
Producción: Wolfgang Petersen, Diana Rathbun y Colin Wilson.
Música: James Horner.
Fotografía:
Roger Pratt.
Montaje: Peter Honess.
Diseño de producción: Nigel Phelps.
Dirección artística: Julian Ashby, Jon Billington, Andy Nicholson y Adam O'Neill.
Vestuario: Bob Ringwood.
Estreno en USA: 14 Mayo 2004.
Estreno en España: 14 Mayo 2004.

 

CRÍTICA
por David Garrido Bazán

Hollywood interpreta a Homero

Canta, oh diosa, la cólera del pélida Aquiles; cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al orco muchas al-mas valerosas de héroes, a quienes hizo presa de perros y pasto de aves"       
                                    Primeros versos de la "Ilíada", Homero

  "Troya" constituye un nuevo y apro-vechado intento por parte de Holly-wood para recuperar un género que pasó un letargo de varias décadas hasta que el arrollador éxito de "Gla-diator" (Ridley Scott, 2000) permitió a los responsables de los estudios pen-sar que podría resultar rentable invertir una fuerte cantidad de dinero en una superproducción que llevara a la pan-talla grande la inmortal obra del poeta griego que ha acompañado y estimu-lado la imaginación de tantos a lo lar-go de sus casi tres mil años de histo-ria. Ahí es nada afrontar la tarea de convertir en carne personajes como Aquiles, Héctor, Ajax, París o la hermosa Helena, por no mencionar el esfuerzo que supone comprimir en poco más de dos horas y media una obra tan rica como compleja, una historia que mezcla espectaculares batallas con un conflicto amoroso, la políti-ca y la ambición de poder con duelos mano a mano entre héroes legendarios, reflexiones sobre la ética y el honor o la asunción de responsabilidades en tiempos de guerra con la mitología y la conti-nua interferencia de los dioses en los asuntos de los hombres.

  El resultado es una película desconcertante e irregular, en la que, dependiendo del aspecto de la misma en el que nos fijemos o nuestro grado de conocimiento previo de la obra original (y la con-siguiente capacidad de soslayar las libertades que la película se to-ma, de manera por otra parte inevitable), podemos afirmar con idén-tica convicción que estamos ante una película notable o que cae en la más absoluta de las necedades, que contiene interpretaciones estupendas junto a otras que francamente dejan bastante que de-sear o que por momentos parece que consigue recuperar el sabor de algunas de esas viejas producciones de antaño que tanto dis-frutamos de niños, para en la secuencia siguiente caer en algunos de los vicios recurrentes del cine actual. Uno no sabe a ciencia cierta a qué carta quedarse, la verdad.

  Wolfgang Petersen, realizador ale-mán afincado en Hollywood que de-mostró en el pasado su capacidad pa-ra hacer notables o correctas pelícu-las ("El submarino", "En la línea de fuego") como para caer sin ambages en el más penoso de los ridículos ("Air Force One"), es un hombre prag-mático que ha sabido en casi todo momento cómo manejar la enorme cantidad de recursos que Hollywood ha puesto a su disposición. Para em-pezar, el guión de David Benioff ha tomado algunas decisiones acertadas con respecto a la obra original, la me-or de las cuales es sin duda prescindir completamente de toda re-ferencia a la mitología clásica, para al tiempo que se asume cons-cientemente la ausencia de parte de la magia que rodea la obra ori-ginal de Homero, conseguir una mejor identificación por parte del espectador de los conflictos, muy humanos, que se plantean en la película: así, por poner un ejemplo, Aquiles no es un ser invulnera-ble al que sólo se le podría matar acertándole en su famoso talón, sino una especie de soldado profesional que únicamente lucha por su gloria, una imparable máquina de matar segura de sí misma y de sus habilidades hasta la prepotencia, que no reconoce señor al-guno y que combate con el único propósito de que en el futuro se canten sus hazañas. La película de hecho profesa un acusado sen-tido casi ateo en el que cuando las decisiones de los personajes pretenden justificarse en la voluntad de los dioses, suelen ser con-tra el más elemental sentido común, lo cual es casi una idea revo-lucionaria en una película que pretende adaptar la "Ilíada".

  Petersen es plenamente consciente de que ha de dar prioridad al aspecto más espectacular de la película por encima de la a menu-do deficiente construcción de personajes o de diálogos, y eso se nota en lo cómodo que se siente cuando maneja las escenas de batallas campales (que tienen la rara virtud de ser mejores cuanto más avanza la película, como se puede ver si se compara la confu-sa escena del primer desembarco en la playa con el primer ataque del ejército griego a las murallas de Troya, aunque no falten las ine-vitables referencias a clásicos como "Espartaco") o, aún mejor, en los coreografiados duelos entre los principales personajes de la pe-lícula, entre los que destaca de forma evidente la lucha entre Aqui-les y Héctor, uno de los momentos cumbres de la película.

 

Una película irregular que oscila entre lo más notable y la más absoluta de las necedades

  Sin embargo, hay desequili-brios apreciables en demasia-dos aspectos de la cinta: si Eric Bana construye un Héc-tor excelente y ajustado, al que aporta la mezcla justa de humanidad, capacidad de lide-razgo, habilidad en el combate y un admirable componente heroico, Brad Pitt no consigue darle a su personaje una mínima profundidad, incapaz de completar su es-pléndida caracterización física de Aquiles con algo más que esa prepotente mirada de permanente enfado con el mundo (algo que queda especialmente claro cuando tiene que mostrar una mínima emoción, como en las secuencias que comparte con Rose Bryce o con un magistral Peter O’Toole); si Diane Kruger compone una Helena tan bella como sorprendentemente correcta en su primer papel importante en el cine, Orlando Bloom es un auténtico de-sastre dando vida a un Paris en perpetua deriva, perdido por com-pleto hasta que, retomando su famoso Legolas, echa mano del ar-co; si Brendan Gleeson es un fiero Menelao o Peter O’Toole un espléndido y juicioso Príamo, Brian Cox compone un Agamenón caricaturesco, un tópico villano, ciego de poder y ambición, del que no se comprende bien cómo ha podido unificar Grecia con esa ma-nifiesta estrechez de miras en la práctica totalidad de sus actos.

  Y así sucesivamente: mientras el equipo de producción realiza un nota-ble trabajo ambientando la película, consiguiendo con sus elaborados de-corados transmitir esa sensación de realidad, de fisicidad, que tantas ve-ces se echa de menos en esta era de lo digital, la horrorosa e inadecuada banda sonora de James Horner (que no se molesta lo más mínimo en di-simular sus evidentes préstamos de la de Hans Zimmer para "Gladiator") destruye gran parte del impacto de los logros visuales de la película. Tan destacable es el acierto del guión de Benioff en eliminar todo rastro de mitología, como condenable el absurdo retorcimiento que hace de la obra original en el bastante desastroso tramo final que aporta soluciones mucho peores a la trama, con la notable excepción de una idea brillante que hace reflexionar sobre como pueden forjarse algunas leyendas, en este caso particular, la conocida invulnerabilidad de Aquiles y su punto débil. Quizás el mayor reproche que puede hacérsele a "Tro-ya" (obra que, en honor a la verdad, casi nunca aburre y en-tretiene mucho a ratos) es que sigue tan a pie juntillas la fór-mula de "Gladiator", sin alcanzar su nivel ni en emoción ni en brillantez técnica, con la excepción del duelo mencionado, que puede que muchos se conformen con esta nueva ración de es-péctaculo pero decepcionará a aquellos con un espíritu más exi-gente que busquen aquí nuevos caminos para la épica: se encon-trarán simplemente con más de lo mismo y echarán de menos el talento visual de un, por ejemplo, Peter Jackson, referente de Pe-tersen en demasiados pasajes de la película.

Calificación:


Imágenes de "Troya" - Copyright © 2004 Warner Bros. Pictures, Village Roadshow Pictures, Radiant Productions y Plan B Films. Distribuida en España por Warner Sogefilms. Todos los derechos reservados.

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