CRÍTICA
por
Julio Rodríguez
Chico
Una cuestión de necesidad
Como sorpresa agradable hay
que calificar a esta película nomi-nada para los Oscar®
en las categorías de mejor actor principal y mejor actriz de
reparto. El ruso Perelman
–proveniente del mundo publicitario– dirige al británico
Kingsley y nos cuenta una
historia de americanos e inmigrantes iraníes, curiosa mezcla
para hablar-nos de la necesidad de cualquier individuo de tener
un lugar en el que asentarse, en el que vivir y donde formar una
familia con cierta estabilidad.
El director se sirve para ello de la metáfora de una casa,
embargada a Kathy, una joven deprimida tras ser abandonada por
su marido. El nuevo propietario será Amir Behrani, un ex coronel
del ejército del Sha de Persia, huido de su país y que busca
mante-ner el status vital y social de su fami-lia mediante la
especulación inmobi-liaria. La casa se convierte en motivo de
discordia legal y moral entre esos dos seres que huyen de un
pasado tormentoso, y que han construido su vida sobre la
necesidad de cuidar la apariencia, aunque esto conlleve la
mentira. Para ella es vital recuperar el hogar como tabla de
salvación en un mundo en el que no se encuentra; para él es una
cuestión de necesidad pues le permitirá dar una educación
universitaria a su hijo, máxima priori-dad y sostén en su
destierro forzoso.
Obsesiones y anhelos parejos
en ambos personajes, contados según un montaje paralelo que
muestra la similitud de dos vidas enfrentadas en los juzgados,
pero que reflejan la misma lucha por hacerse un hueco en la
vida, por construir un hogar. Pero son exis-tencias marcadas por
la desesperanza o la tensión contenida, abo-cadas a una tragedia
que se adivina: son vidas edificadas sobre arena, con una niebla
que impide ver hacia dónde caminan.
Soberbia es la interpretación de Ben Kingsley, con un
complejo personaje de convicciones firmes y una dignidad
intachable, muy bien dibujado en el guión y magis-tralmente
incorporado de manera contenida, con una mirada que deja
vislumbrar un pasado glorioso y una mentalidad profunda y
religiosa. Tam-bién el pasado de Kathy está doloro-samente
asumido por Jennifer Con-nelly,
que experimenta una soledad existencial que la arroja al amor de
un ayudante de policía cuyo matrimonio languidece. Sin duda,
este es el personaje más flojo, en el guión y en la
interpretación, sin la fuer-za suficiente como para desencadenar
la historia con un primer de-senlace fortuito y poco
convincente.
Cruce de culturas y
necesidades comunes en la lucha por la su-pervivencia, tratado
todo con aires fatalistas y sombríos. Esta at-mósfera de
tragedia es potenciada por una preciosista fotografía –de un
esteticismo quizá excesivo– que se regodea en atardeceres y
bellas escenas paisajísticas, reflejo del alma de sus
personajes. El resto lo pone una banda sonora omnipresente y muy
cuidada, que envuelve al espectador y le conduce a la
contemplación y la reflexión.
Es la opera prima
de Perelman, cuyo dominio del ritmo na-rrativo invita a pensar
en un futuro prometedor, merced tam-bién a la complejidad de
su planteamiento antropológico y la logra-da ambientación. La
buena dirección de la pareja protagonista apor-ta, por otra
parte, toda la fuerza dramática necesaria para engan-char a un
espectador que vivirá con ellos sus mismas tragedias
existenciales.
Calificación:
    
Imágenes de "Casa de arena y niebla" - Copyright © 2003
DreamWorks Pictures y Cobalt Media Group. Distribuida en España
por Filmax. Todos los derechos
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