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PELÍCULAS    CRÓNICAS    PALMARÉS  
LA BUTACA - Revista de Cine

Cobertura de la 54ª edición del Festival de Berlín  
 5 - 15 Febrero 2004   

        


COLD MOUNTAIN


Dirección: Anthony Minghella.
País:
USA.
Año: 2003.
Duración: 155 min.
Interpretación: Jude Law (Inman), Nicole Kidman (Ada Monroe), Renée Zellweger (Ruby Thewes), Eileen Atkins (Maddy), Brendan Gleeson (Strobod Thewes), Philip Seymour Hoffman (Reverendo Veasey), Natalie Portman (Sara), Giovanni Ribisi (Junior), Donald Sutherland (Reverendo Monroe), Ray Winstone (Teague), Kathy Baker (Sally Swanger), James Gammon (Esco Swanger), Jack White (Georgia).
Guión: Anthony Minghella; basado en el libro de Charles Frazier.
Producción: Sydney Pollack, William Horberg, Albert Berger y Ron Yerxa.
Música: Gabriel Yared.
Fotografía:
John Seale.
Montaje: Walter Murch.
Diseño de producción: Dante Ferretti.
Dirección artística: Pier Luigi Basile, Luca Tranchino, Cristian Niculescu y Maria Teresa Barbasso.
Vestuario: Ann Roth y Carlo Poggioli.
Estreno en USA: 25 Diciembre 2003.
Estreno en España: 20 Febrero 2004.

 

CRÍTICA
por David Garrido Bazán

Ulises en la Guerra de Secesión

  La obra de Anthony Minghella parece estar marcada por su gusto por las adaptaciones literarias. Tras arrasar hace unos años con la exitosa "El paciente inglés" y despertar cierta injusta indiferencia con "El talento de Mr. Ripley" –películas ambas bastante más personales de lo que muchos han querido reconocer por su procedencia–, Minghella se ha embarcado de nuevo en una lujosa adaptación de otro best seller, ambientado en la Gue-rra de Secesión y en la que el novelista Charles Frazier aprovechaba una anécdota familiar real para, hermanándose con la clásica "La odisea" de Homero, construir un relato que se centraba tanto en la peripecia del Uli-ses que vuelve a su casa desde el frente sorteando mil peligros como en la difícil tarea de supervivencia de una Penélope superada por su obligación de mantener en pie su casa en la retaguardia.

  Con estos mimbres, un presupuesto más que holgado y un reparto de lujo entre manos, Minghella reconoció con facilidad las partes del relato que más se ajustaban a su visión particular del cine y ha tratado de centrar su película en ellas, con desi-gual fortuna. "Cold Mountain" es una pelícu-la que reflexiona sobre aspectos más que in-teresantes sobre la condición humana en tiempos de necesidad y guerra, sobre las consecuencias de la violencia desatada o in-cluso sobre los valores que a veces surgen de esos mismos tiempos convulsos, pero por encima de todo, Minghella habla sobre el amor y la necesidad del mismo como plante-amiento vital más allá de cualquier otra consideración. Así evoluciona el personaje que interpreta Jude Law, el soldado confederado Inman que, como muchos antes que él, reflexiona herido en la cama de un hospital –sobre el sinsentido de una guerra que nunca ha sentido como suya, sobre sus prioridades–, y que resuelve convertirse en un desertor, atravesando cientos de kilómetros a pie para reunirse con su amada, que le suplica de-sesperada que vuelva ante las múltiples dificultades que atraviesa su situa-ción en la retaguardia.

  El problema principal de "Cold Mountain" es que su tema central es una relación tan intensamente romántica como mal contada y perfilada por Minghella, que en ningún momento consigue conven-cer a los espectadores de la fuerza de los sentimientos de la pareja protagonista, cuyo inicio de relación se muestra por medio de unos desa-fortunados flashbacks que se traducen en una frialdad inexplicable por par-te de un autor que desde luego ha demostrado en el pasado más que so-bradamente su capacidad para conmover o emocionar al espectador. La re-lación descrita entre Inman y Ada (una desafortunada Nicole Kidman que, quizás por la tortura emocional de su rodaje anterior con Lars von Trier en "Dogville", no acierta con el tono de su personaje y hace su peor interpreta-ción en años), construida a partir de unos fugaces instantes de intimidad, unas conversaciones de las que se pueden contar las palabras que se in-tercambian y un apasionado beso de despedida, no es que no resulte creí-ble, es que su frialdad es tal que afecta a todo el desarrollo posterior del film. Quizás si la construcción temporal de la misma fuera otra, la columna central de la película no estaría compuesta de un material tan frágil y el balance final de "Cold Mountain" no dejaría un regusto tan amargo. Porque, a pesar de todo lo antedicho, la película contiene apuntes de la notable obra que hubiera podido ser y, afortunadamente, tiene otros elementos que hacen que se vea con agrado y se siga con interés, más allá de su eviden-te falla.

  Por un lado tenemos el largo retorno del per-sonaje de Jude Law, que interpreta desde la contención, expresando mucho más con la mirada y sus elocuentes silencios el viaje es-piritual de un hombre que comprende a tiem-po lo que resulta verdaderamente importante. Minghella no está en absoluto interesado en hacer una lectura personal de la Gue-rra Civil Americana y, de hecho, pasa de puntillas por los motivos que llevaron a ella e incluso se desentiende de los re-sultados de la misma, abandonando las ba-tallas para centrarse siempre en el destino de Inman. En realidad, Minghella se limita a mostrar un sangriento y brutal pasaje de la misma más con la intención de hacernos comprender el derrumbe de los valores de Inman, que comprende que nada de lo que le ha sido enseñado para diferenciar el bien del mal tiene sentido en una contienda en la que un bando no escatima toneladas de pólvora para hacer saltar por los aires a sus enemigos, sin diferenciar soldados y civiles, y el otro no duda en per-petrar una salvaje matanza en cuanto tiene oportunidad: esa primera se-cuencia llena de furia, barro, violencia brutal y el caos más absoluto que, aunque confusamente narrada por Minghella en un intento de provocar des-concierto, permite a Inman tomar su decisión sin remordimiento alguno de conciencia y convertirse en desertor por una causa mucho más noble. Co-mo ya hiciera el Almassy de "El paciente inglés" vendiendo sus planos a los nazis para tratar de salvar a su amada, Inman no duda en abandonar a sus compañeros de armas en busca del amor que le espera en casa. No es complicado encontrar los puntos de contacto entre una película y otra, aunque no deje de resultar sorprendente que, en estos tiempos en los que el patriotismo está en auge y la política oficial de los USA va en sentido opuesto, "Cold Mountain" se revele como una película decididamente paci-fista y nada bélica, algo de lo más estimulante.

  El largo camino a casa de Inman no hace sino confirmar lo que ya ha to-mado forma en su mente: nada tiene sentido excepto volver a Ada. Sus su-cesivos encuentros van desde lo patético a lo épico y salta con facilidad del sinsentido de la violencia y el caos a los momentos de ternura o la ayu-da desinteresada. En este itinerario real que es más un viaje espiritual (tan obviamente tomado de la vuelta de Ulises a Itaca narrada en "La odisea" que hay hasta una divertida relectura del pasaje de las sirenas, como ya ocurriera en "O brother!" de los Coen), los encuentros de Inman con los se-res humanos con los que se cruza son ejemplos constantes de cómo las siempre difíciles relaciones humanas se degradan de una u otro forma por algún vicio que la necesidad hace crecer. Entre ellos destaca con luz pro-pia el episodio con la joven viuda interpretada por Natalie Portman, cuyo intimismo y hermosa ternura se ve bruscamente interrumpido por la brutal irrupción de esa guerra siempre presente. La mirada final desde el marco de la cabaña resulta tan desalentadora como reveladora de los negros pen-samientos de Inman sobre la condición humana.

  Paralelamente, el otro punto de interés de la película se centra en las penalidades de Ada para sacar adelante su granja. Al igual que en el caso de Inman, aquí estamos ante otro proceso de aprendizaje que no se detiene en las duras tareas de labranza que la señorita bien educada que interpreta Kidman ha de conocer, sino en la relación que se establece entre ésta y una estupenda Renée Zellwe-ger (de lejos, lo mejor de la función, pese a un doblaje cuanto menos dudoso) que inter-preta a una descarada y maleducada mujer de campo que se revela como lo más opues-to a Ada, y a la vez, justamente lo que nece-sita en ese momento. En manos de otro realizador menos hábil, la presen-cia del personaje de Zellweger, que aparece casi como contrapunto humo-rístico entre tanta miseria, no adquiriría la notable capacidad de conmover que tiene tanto la evolución de la fuerte amistad que surge entre ellas co-mo la relación de Ruby con su padre (un estupendo Brendan Gleeson), otro desertor en busca de recuperar relaciones largo tiempo perdidas.

  La lucha de estas mujeres por sobrevivir tanto al hambre como a la brutal injusticia con la que se manejan los pocos hombres que quedan en la reta-guardia ofrece, por un lado, un tono más equilibrado a la película, que res-pira y descansa ocasionalmente de tanta tragedia gracias a su ligero senti-do humorístico y, por otro –y mucho más importante–, ofrece una intere-sante reflexión sobre el papel de las mujeres en la retaguardia no ya de la Guerra de Secesión, sino de cualquier guerra, acertadamente resumida por Ruby en la frase “Los hombres provocan la tormenta y luego se quejan de estar mojándose por la lluvia”: Mientras los hombres se matan unos a otros en guerras de dudoso sentido, son las mujeres las que aprenden, crecen y construyen. Decididamente, en "Cold Mountain" Penélope dista mucho de permanecer ociosa en su telar mientras espera el regreso de Ulises.

  "Cold Mountain" no es en absoluto una pelí-cula desdeñable, aunque la ya mencionada debilidad de la historia de amor que debiera ser la columna vertebral de la película provo-que que su resolución no sólo provoque indi-ferencia, sino que posea un aire entre forzado y oportunista que genera bastante insatisfac-ción y un regusto muy amargo al salir de la sala, ese conocido sabor de la diferencia en-tre la película que se prometía por las imáge-nes de la misma y la que finalmente resulta. Pero, dejando esto aparte, "Cold Mountain" tiene sus puntos fuertes en los pequeños detalles, en la minuciosa reconstrucción de una época y una atmósfera (algo a lo que contribuye tanto el excelente trabajo de dirección artística de Dante Ferretti como la fotografía de John Seale o la por momentos espléndida banda sonora original de Gabriel Yared) y en la evolución de algunos de sus personajes. Quizás su afán por seguir las reglas del ci-ne de gran presupuesto y espectáculo (algo perceptible en las escenas de batalla y en los abundantes planos paisajísticos) no comulgue bien con lo que mejor se recuerda de la película: los pequeños pero intensos detalles de intimismo de algunos de los episodios de Inman o de la relación entre Ruby y Ada, que tienen mucha más fuerza que aquellos a los que se pre-tende infructuosamente otorgar una mayor trascendencia.

Calificación:


Imágenes de "Cold Mountain" - Copyright © 2003 Miramax Films, Mirage Enterprises y Bona Fide Productions. Distribuida en España por Buena Vista International. Todos los derechos reservados.

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