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Dirección: Anthony Minghella.
País: USA.
Año: 2003.
Duración: 155 min.
Interpretación: Jude Law (Inman),
Nicole Kidman (Ada Monroe), Renée Zellweger (Ruby Thewes), Eileen Atkins
(Maddy), Brendan Gleeson (Strobod Thewes), Philip Seymour Hoffman
(Reverendo Veasey), Natalie Portman (Sara), Giovanni Ribisi (Junior),
Donald Sutherland (Reverendo Monroe), Ray Winstone (Teague),
Kathy Baker (Sally Swanger), James Gammon (Esco Swanger), Jack
White (Georgia).
Guión: Anthony Minghella;
basado en el libro de Charles Frazier.
Producción: Sydney Pollack, William
Horberg, Albert Berger y Ron Yerxa.
Música: Gabriel Yared.
Fotografía: John Seale.
Montaje: Walter Murch.
Diseño de producción: Dante Ferretti.
Dirección artística:
Pier Luigi Basile, Luca Tranchino,
Cristian Niculescu y Maria Teresa Barbasso.
Vestuario: Ann Roth y Carlo
Poggioli.
Estreno en USA: 25 Diciembre 2003.
Estreno en España: 20 Febrero 2004. |
CRÍTICA
por
Mateo Sancho Cardiel
Si hay algo que caracteriza
el espíritu cine-matográfico de Anthony Minghella es su gran
afición por convertir el Séptimo Arte en la divulgación
ilustrada de la literatura y, co-mo ya ocurrió en “El paciente
inglés” o en “El talento de Mr. Ripley”
–sus dos anteriores y
magistrales películas–, vuelve a tomar una ambiciosa novela,
“Cold Mountain”, para reali-zar una adaptación que deje entrever
sin disi-mulo capítulos y epígrafes, prosa y verso, y, para
moverse con comodidad entre los cor-sés de la palabra escrita, se
despoja del en-varamiento recurriendo a los ambientes de época. Así, su última película se
encuadra, cual “Lo que el viento se llevó”, en una lujosa
reconstrucción de la Guerra de Secesión estadounidense. Pero en este caso, en
contraste con lo que sí conseguía en sus anteriores obras,
Minghella deja que la belleza humana –que no la plástica– se le
es-curra entre los dedos, esconde la pasión en los errores de un
casting que funciona, como la propia película, en su
individualidad pero no en su con-junto y hace que, en
determinados pasajes, la cinta vaya deletreando la palabra
“fallida” en la retina del espectador. Por ello, la sensación a
la sa-lida del cine esconde un desconcierto, un medio lleno o un
medio vacío que, poco a poco, se inclina hacia la evidencia de
que “Cold Mountain” es una obra de calidad, pero que se queda en
los aledaños de la épica por la irregularidad con la que
profundiza en los terrenos de la emoción que es, finalmente, el
factor de empaste y de engrandecimiento del que disfruta el
cine.
Este
tratamiento inestable de
los perso-najes y de sus tormentos internos provo-ca en el
espectador un sentimiento de tropiezo a cada giro que da la
historia, a cada salto del homérico viaje de vuelta a casa del
personaje de Jude Law hacia la dramáti-ca supervivencia de las
mujeres en el poblado de Cold Mountain y, sobre todo, encuentra
su mayor bache narrativo con la unión de ambas tramas. Porque lo
cierto es que, a pesar de todo, la historia nos envuelve
considerable-mente en un ambiente de ilusión, de supera-ción y de
esperanza entre la tragedia de una guerra. Nos seduce con su
explosión de co-lor, de naturaleza, de luz de la que Minghella es
netamente responsable y, en sus sobrecargada narración, no hay
espacio para el desfallecimiento fíl-mico. Pero en el que se
presumía el estallido apoteósico de las notables bases que la
película construye, se desparraman los resultados hacia lo
ortopédico y lo forzado por un ensamblaje falto de química,
espe-cialmente, entre los dos protagonistas y una resolución que,
aun literaria-mente válida, se encuentra con una plasmación
cinematográfica errónea. De esta manera, hereda de la literatura
su potencial error, su gran riesgo, que es el de no ensamblar capítulo
con capítulo, el marcar demasiado la diferencia en sus pasajes y
convertir la narración en una sucesión de sket-ches
independientes que, aunque encuentren momentos de calidad
estre-mecedora, contengan también vertiginosas cuestas hacia lo
convencional y desalmado, mientras que no sabe adoptar su mayor
virtud: su licencia para describir los personajes minuciosa y
frontalmente, para crearles un pasa-do, un presente y un futuro.
Así, “Cold Mountain” es una
cinta que no acaba de funcionar porque nos muestra, en su misma
proyección, todas las posibilidades que contenía y que no han
sido alcanzadas, que crea paralelamente a su desarrollo una
sombra de lo que pudo haber sido y no fue y, aunque es an-te todo
un espectáculo dramático y visual realizado con buen oficio,
correc-tamente interpretado y exquisitamente filmado, crea la
insatisfacción en el espectador más exigente.
Calificación:
    
Imágenes de "Cold Mountain" - Copyright © 2003 Miramax Films, Mirage
Enterprises y Bona Fide Productions. Distribuida en España por
Buena Vista International. Todos los derechos
reservados.
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