CÓMO SE HIZO "EL DÍA DE
MAÑANA"
Notas de producción
© 2004
Hispano Foxfilm
En INDEPENDENCE DAY, Roland
Emmerich nos trajo la cercana destrucción de la Tierra por los
extraterrestres. Ahora, en EL DÍA DE MAÑANA, el enemigo es aún
una fuerza más devastadora: la misma Naturaleza. “Es una
historia épica de supervivencia y heroísmo con una acción
trepidante y espectaculares efectos visuales”, dice el productor
Mark Gordon. “Esta película ofrece sin duda alguna el tipo de
fuerza visual que los espectadores esperan de Roland Emmerich”.
Aunque el característico sello espectacular de Emmerich es parte
integral a la hora de contar la historia, él dice que la
película no carece del elemento humano. “No importa lo grandes
que sean los efectos”, dice Emmerich, “la parte más importante
de la película sigue siendo el drama humano. Los personajes del
padre y el hijo, interpretados por Dennis Quaid y Jake
Gyllenhaal, son vulnerables, afectuosos y están en conflicto.
Eso es lo que hace su lucha frente a esta increíble fuerza de la
naturaleza tan apasionante. Es una supervivencia frente a unas
fuerzas superiores. En última instancia, se trata del triunfo
del espíritu humano”.
“Fundamentalmente, éste es un
drama sobre gente común y corriente que se encuentra inmersa en
una lucha titánica en extraordinarias circunstancias”, dice
Jeffrey Nachmanoff, uno de los guionistas de la película. “Versa
sobre una familia que está intentando superar este desastre
ecológico. Cada miembro de la familia debe estar a la altura de
las circunstancias. Un joven se convierte en un líder; un padre
adicto al trabajo se enfrenta a todo para salvar a su hijo; y
una madre elige arriesgar su propia vida para salvar la de un
bebé. Es una historia sobre el amor, el sufrimiento y la perenne
lucha de la humanidad por sobrevivir”. “Y es una historia
admonitoria sobre lo que puede pasar si seguimos provocando a la
Madre Naturaleza”.
La superproducción de 1996 de
la Twentieth Century Fox INDEPENDENCE DAY era pura
ciencia-ficción; no estaba basada en una creencia extendida de
que la invasión extraterrestre fuera inminente. Pero EL DÍA DE
MAÑANA presenta un argumento que tiene sus orígenes en
preocupaciones reales sobre el estado de nuestro planeta.
“Acortamos el periodo de tiempo en el que la glaciación puede
tener lugar con fines dramáticos”, dice Mark Gordon, “pero la
teoría de que el calentamiento global podría causar un repentino
cambio climático está ganando preponderancia. Aunque nadie
conoce las consecuencias exactas que para la humanidad tiene la
emisión de dióxido de carbono a la atmósfera, algunos expertos
se han referido a ello como ‘el mayor experimento científico sin
control de la historia’”.
Llámese ironía o coincidencia
pero, mientras se ha estado haciendo la película, se han
empezado a producir en todo el mundo una serie de fenómenos
climatológicos extremos que han aportado un número cada vez
mayor de pruebas de que el cambio climático ya se ha puesto en
marcha. En julio de 2002, durante la preparación, una
devastadora tormenta de granizo golpeó China Central. Los
granizos eran del tamaño de un huevo, y la tormenta mató a
veinticinco personas, además de dejar numerosas víctimas con
heridas en la cabeza que casi les cuestan la vida. La tormenta
arrancó de cuajo árboles, rompió los parabrisas de los coches,
provocó importantes cortes del fluido eléctrico y destruyó
algunos edificios en las zonas más septentrionales de la
provincia de Henan.
Al mes siguiente, ciertas
zonas del continente europeo fueron devastadas por las que
llegaron a conocerse como “las inundaciones del siglo”. Durante
casi tres semanas, lluvias torrenciales destrozaron esas zonas,
inundando el sistema de transporte suburbano londinense,
acabando con viñedos y olivos del norte de Italia y haciendo
desaparecer el turismo en la costa del Mar Negro en Rusia.
Murieron al menos 108 personas y cientos de habitantes tuvieron
que ser evacuados.
En noviembre, justo tres días
antes de que comenzara la fotografía principal en Montreal, se
desencadenaron en los Estados Unidos una serie de tornados
acompañados de un severo clima. Un total de 75 tornados llegaron
a tierra en un único día, matando a 36 personas y causando daños
en trece estados del país. Además, la producción padeció durante
cuatro meses el que se convertiría en uno de los inviernos de
Montreal más fríos de la historia, con temperaturas diurnas que
llegaron en muchas ocasiones a los veinticinco grados bajo cero.
En un ejemplo aún más extraño
de cómo la vida imita al arte, la barrera de hielo Larsen B de
la Antártida cayó al mar en el mes de marzo de 2002, unas
semanas después de que Emmerich y Nachmanoff hubieran escrito
una escena en la que se reflejaba su derrumbe. “En esa época
bromeábamos con la idea de que hubiera sido mejor haber empezado
a rodar antes o de lo contrario íbamos a terminar haciendo un
documental”, señala Emmerich.
Dados los acontecimientos
producidos en la vida real mientras se llevaba a cabo la
planificación y el rodaje de la película. Emmerich, Gordon y
Nachmanoff estaban de acuerdo en que EL DÍA DE MAÑANA tenía que
reflejar el concepto científico contemporáneo del calentamiento
global de la forma más fiel que fuera posible. “En la base de
cualquier ‘película de desastres’ tiene que haber siempre algo
que sea verídico, algo real a lo que el público se pueda
agarrar”, afirma Emmerich. “Lo que sabemos sobre el
calentamiento global y el cambio climático nos ha servido para
tener una gran base real para la película, y es algo que afecta
a la verosimilitud de los personajes y al mundo que hemos creado
para ellos”.
“La película se aparta más
radicalmente de la ciencia real en lo que se refiere a la
velocidad con la que los eventos se producen”, dice Gordon.
“Cuando los científicos hablan de un ‘inminente’ cambio
climático, están hablando en términos de cinco a diez años, no
de unas pocas semanas. Nuestro propósito no fue nunca el de
desmenuzar hasta el mínimo detalle un tema científico tan
complejo en una película de dos horas de duración. Queríamos
hacer una fantástica película veraniega que pudiera (sólo
pudiera) no sólo entretener a la gente, sino también abrirles un
poco los ojos”.
Incluso en otra coincidencia
más, el Pentágono publicó un informe en el mes de febrero de
2004 evaluando los peligros que, para la seguridad nacional
americana, presentaba la amenaza de un cambio climático en el
mundo. El informe se toma seriamente la posibilidad de un
repentino y catastrófico cambio producido por el calentamiento
global; en resumidas cuentas, el argumento imaginario descrito
en EL DÍA DE MAÑANA quizás no vaya a ser tan imaginario.
El cambio climático. El
derretimiento del casquete polar. La Edad de Hielo. El “frío
extremo”. Según Dennis Quaid, estas palabras describen el tiempo
exterior e interior que hubo en los estudios de sonido de
Montreal donde la producción estuvo radicada durante el invierno
de 2002-03. “Hacía frío en todas partes”, dice Quaid, quien
interpreta al climatólogo Jack Hall. “Hacía frío en los
estudios, hacía frío fuera de los estudios, hacía frío durante
el día y un frío de mil demonios por la noche. Allí estuvimos,
en Montreal, desde el mes de noviembre hasta el mes de abril,
durante uno de los inviernos más fríos de la historia, haciendo
esta enorme película de desastres sobre una próxima y letal era
glacial. No podíamos librarnos de ella. Llegamos a un punto en
el que aprendimos a reconocer a la gente no por su cara sino por
el color de sus parkas. “Durante la producción, si no estábamos
caminando con grandes dificultades en medio de una tormenta de
nieve”, dice Quaid, “entonces seguramente estábamos muertos de
frío y empapados por las lluvias torrenciales o el granizo, o
las inundaciones o los huracanes que se estaban produciendo en
otros estudios. Cualquiera que no fuera seguidor asiduo del
Canal del Tiempo lo va a ser ahora, después de ver esta
película, porque hay de todo en ella. Todas las películas de
desastres que hayas visto en tu vida se han juntado en una
enorme y trepidante catástrofe meteorológica mundial”.
De la afirmación de Quaid uno
quizás pudiera sacar la conclusión de que EL DÍA DE MAÑANA
presentaba un conjunto especial de desafíos, no sólo para el
equipo de realización sino también para Quaid y sus compañeros
de reparto. “Hablar de reto es subestimar las cosas”, dice Quaid
entre risas. “Se trataba más de la supervivencia. Todos nosotros
estábamos tratando de sobrevivir haciendo una película sobre la
supervivencia. Yo había hecho películas con efectos especiales,
pero nunca una de este tamaño. Sin duda alguna, hubo diferentes
retos que los actores tuvimos que superar. Nos ponían cuatro o
cinco capas de ropa polar y botas, y luego empezaban a soltar
nieve falsa sobre nosotros con esos gigantescos ventiladores que
mueven el aire como a ochenta millas por hora. Esas cosas se te
meten en la boca y por la nariz y dentro de las gafas, y tú
estás únicamente tratando de mantener los ojos abiertos”. “A
veces era verdaderamente surrealista. Ésta es la clase de
película veraniega que me gusta ir a ver… una gran historia,
grandes efectos, un gran mensaje… así es que para mí, estar en
una película como ésta es genial. Realmente fue muy emocionante,
y es mucho mejor que trabajar para ganarse la vida”.
“Tengo que admitir que, para
mí como actor, es un poco raro hacer una película como ésta”,
dice Jake Gyllenhaal, “pero raro en sentido positivo. Como
actor, te das cuenta de que en este tipo de filmes, juegas un
pequeño ‘papel’ dentro de un inmenso ‘todo’. Una de las cosas
más interesantes para mí es que me he pasado seis meses rodando
algo y que en realidad no tengo ni idea de lo que va a pasar en
los tres cuartos restantes de la película porque gran parte de
ella se ha creado sin mi participación y la de los otros
actores, y va a ser creada en la fase de post-producción. Es
casi como ser parte del público en el sentido de que nunca sabía
qué es lo que venía a continuación. Va a ser divertido sentarse
en la oscura sala de un cine y ver cómo se desarrollan los
acontecimientos”. Al igual que Quaid, Gyllenhaal estuvo sometido
al frío y el agua en su papel protagonista como Sam Hall, un
adolescente descentrado que se convierte en un joven héroe. “Es
la primera vez que he hecho una película de este tipo, así es
que sabía que me iba a deparar algunas sorpresas”, reconoce
Gyllenhaal. “Me figuro que si iba a participar en algo así,
Roland Emmerich era la persona adecuada para dirigirla. Él es un
genio con estas cosas y entiende de verdad la naturaleza de esta
particular clase de monstruo”.
Gyllenhaal, junto con Emmy
Rossum, Arjay Smith y Austin Nichols, tuvieron que soportar una
agotadora secuencia de la inundación en la ciudad de Nueva York,
la cual se rodó en un gigantesco tanque de agua construido
dentro de una instalación de reparación y mantenimiento de los
trenes Alstom en Montreal. Durante dos semanas, los actores y
cientos de extras aguantaron vientos y lluvias torrenciales,
mientras iban arriba y abajo en una “calle” de Manhattan que
estaba sumergida bajo más de un metro de agua. “Fue como hacer
aeróbic acuático todo el día durante dos semanas llevando ropa
de lana completamente empapada”, dice Rossum, que interpreta a
la inteligente y guapísima estudiante de nombre Laura.
“Imagínate corriendo de aquí para allá en la calle, y arriba y
abajo en las escaleras de una biblioteca que están cubiertas con
cuatro pies de agua. Fue realmente una experiencia
indescriptible, una tortura con frío y calor, lluvia y viento,
calor húmedo y tiritonas, bajo el agua. Y fue una de las cosas
que más me ha gustado hacer en la vida”.
Un miembro del reparto que se
libró de las impresionantes escenas climatológicas fue Sela
Ward, quien, en el papel de la doctora Lucy Hall, esposa de Jack
y madre de Sam, permanece dentro del hospital salvando pacientes
durante el curso de la tormenta. “Además de encantarme el papel
de Lucy”, dice Ward, “pensaba que había algunos maravillosos
mensajes detrás de todos esos espectaculares efectos especiales.
Creo que la película habla de la supervivencia, de la unidad de
una familia y lo importante que es luchar para mantener la
misma”. “Por eso, desde luego, hay un mensaje o una advertencia
medioambiental”, dice Ward. “Aunque la película teatraliza y en
determinados pasajes exagera con una finalidad dramática, hay
una sólida base real para lo que se está diciendo: Si no
cuidamos nuestro planeta ahora, éste no va a existir mucho
tiempo más para cuidarnos. Es una idea aleccionadora, y creo que
va a dar que pensar a los espectadores cuando éstos salgan del
cine y digan ¡Oh!… ¡Vaya!, Me encanta que sólo sea una
película’”.
La imponente tarea de
traducir, crear, construir y ejecutar la visión de Roland
Emmerich recayó sobre el diseñador de producción Barry Chusid,
la supervisora de efectos visuales Karen Goulekas, el oscarizado
supervisor de efectos especiales Neil Corbould y sus respectivos
equipos de decoradores, artesanos, operarios y técnicos. Los
jefes de los tres departamentos ya habían trabajado con
anterioridad con el director Emmerich. “En esta película”, dice
Chusid, “tenemos tormentas de granizo en Tokio, huracanes en
Hawaii, tornados en Los Angeles, inundaciones en Manhattan y un
brusco descenso de las temperaturas en la costa este de los
Estados Unidos. Vemos Escocia, México, Nueva Delhi, incluso el
espacio exterior. Por lo tanto, cubríamos toda la gama de platós
y decorados, desde el interior de la cabina de los helicópteros
a una escena con una calle nevada en Nueva Delhi, pasando por
los 5.000 m2 de la Biblioteca Pública de Manhattan. “Haber
trabajado con anterioridad con Roland ayudaba sobremanera a la
hora de saber lo que le gusta y lo que no, pero en EL DÍA DE
MAÑANA había tantas complejidades debido sólo a la escala de los
decorados y los efectos, que a veces se hacía agobiante ver
hasta dónde podías ponerte a prueba a ti y a tu departamento”.
Después de que la producción
terminara el rodaje de exteriores en Los Angeles, Nueva York y
Washington D.C., empezó la fotografía principal el 7 de
noviembre de 2002 en Montreal. Las primeras cinco semanas del
plan de rodaje se emplearon para muchas de las escenas de
interior y exterior que se rodaron en Montreal y en sus
alrededores, incluyendo una secuencia de un día de nevada en
Nueva Delhi. Chusid y su personal cogieron una manzana de
aspecto muy poco interesante situada al norte del centro urbano
de Montreal y la convirtieron en un bullicioso, colorido e
incluso pestilente mercado de Nueva Delhi. El lugar estaba lleno
de cachivaches, rickshaws y coches que se trajeron desde la
India para esta escena en particular. La diseñadora de vestuario
Renee April vistió a más de mil extras con trajes originales de
la India, y el equipo de efectos especiales (y físicos) de Neil
Corbould se encargó de poner la etérea y mullida nieve para ese
día.
Dos de las otras hercúleas
empresas que Chusid tuvo que afrontar fueron el interior y el
exterior de la Biblioteca Pública de Manhattan (que abarcaba más
de 15.000 m2) y un congelado carguero de origen ruso que sube
por la Quinta Avenida. Para el exterior de la biblioteca, Chusid
diseñó un paisaje callejero de Manhattan que conduce a las
impresionantes escaleras de piedra de la biblioteca. El paisaje
callejero y el escenario de la fachada de la biblioteca de
treinta metros por veinte se construyeron dentro de un
gigantesco tanque de agua usado en esta épica secuencia de la
inundación. El interior de la biblioteca se componía también de
varias piezas gigantescas situadas en varios platós diferentes
de los alrededores de Montreal. La producción construyó las
secciones del interior en varios escenarios para dar a los
realizadores la flexibilidad de “vestir” los decorados de
acuerdo con el tipo de tiempo meteorológico que necesitaba cada
escena concreta dentro de la biblioteca.
Chusid diseñó el carguero
ruso, y posteriormente la supervisora de efectos visuales Karen
Goulekas examinó las necesidades de efectos generados por
ordenador. Chusid pudo decidir sobre esa base que su
departamento tuviese posteriormente que construir una parte del
carguero, mientras el resto se recreaba con imágenes realizadas
por ordenador. “Estaba eufórico cuando tuvimos que construir una
parte del carguero”, dice Chusid, “en vez de que todo fuera
generado por ordenador, porque creo que resultó ser un decorado
fantástico”.
Karen Goulekas y su equipo,
así como también el equipo de la firma de efectos visuales con
sede en Los Angeles, Digital Domain, usaron diversos equipos
tecnológicos para crear los efectos visuales. “Usamos un
programa generador de escenarios fotorrealistas llamado
Terragen™, que fue creado y desarrollado por la propia Digital
Domain”, dice Goulekas, “para ayudarnos a recrear todos los
paisajes de la Antártida. También empleamos Lidar, una asombrosa
tecnología de escaneado láser que nos permitía escanear enormes
edificios de Los Angeles y casi trece manzanas de Nueva York con
un gran grado de detalle y realismo. No construimos miniatura
alguna para Nueva York. Gracias a Lidar y a la base de datos de
Nueva York de una compañía llamada Urban Data Solutions, creamos
esencialmente toda la ciudad por ordenador”.
El supervisor de efectos
especiales Neil Corbould dice que el deseo de Roland Emmerich de
conseguir el mayor realismo posible fue una constante en todas y
cada una de las secuencias de la película, ya se tratara de una
ventisca, una tormenta de granizo, las inundaciones o la
congelación. “Intentamos hacer que todo, sin importar el tiempo
que llevara, desde los granizos a las inundaciones pasando por
las turbulencias en los aviones, tuviera para él la apariencia
más real que se pudiese lograr”, afirma Corbould.
Para los granizos (que iban
del tamaño de un pomelo a bolas de las usadas para jugar a los
bolos) que devastan Tokio, Corbould y su equipo trajeron cientos
de bloques de hielo y tallaron cada granizo de acuerdo con los
tamaños que se necesitaban para la escena. Crearon el decorado
de la secuencia del huracán en Kona, Hawaii, utilizando enormes
ventiladores gigantes, numerosas torres de lluvia y un
complicado sistema hidráulico y de cableado que posibilitaba que
se movieran y salieran por los aires trozos de los chiringuitos
de la playa.
Con diferencia, el mayor
efecto práctico fue el de la secuencia de la inundación de las
calles de Nueva York. Innumerables miembros del equipo de
realización de diversos departamentos trabajando los siete días
de la semana durante seis semanas emprendieron la construcción
del tanque, uniendo y reforzando barreras de hormigón de más un
metro de altura alrededor del perímetro del decorado de la calle
de Manhattan. Luego se recubrió con una membrana hidrófuga para
hacer estanca la barrera. Una vez que estuvo “listo para el
agua”, los realizadores llenaron el tanque con 945.000 litros de
agua que había sido previamente calentada y filtrada. Detrás del
decorado se construyó un segundo tanque “de reserva” que se
rellenó con otros 567.000 litros del líquido elemento. Se
colocaron diez torres giratorias de lluvia encima del decorado y
se conectaron al complicado sistema de bombeo que, en esencia,
reciclaba el agua de los dos tanques a una velocidad de más de
18.900 litros por minuto. Para añadirle más verosimilitud, se
montaron dos grandes máquinas montadas en una grúa - carretilla
elevadora que permitía elevar los ventiladores a más de seis
metros de altura y colocarlos más lejos o más cerca según
requiriera la acción. “La secuencia de la inundación fue una
mezcla de tecnología clásica y moderna”, señala Corbould, “y fue
un esfuerzo conjunto de todos los que participaron. Creo,
además, que va a tener un aspecto espectacular”.
Este genero cinematográfico
ha florecido durante décadas, a través de huracanes, edificios
en llamas y transatlánticos que se hunden, incluso con montañas
rusas que están fuera de control. ¿Por qué le gusta tanto a la
gente este género de catástrofes? ¿Qué es lo que hace que estas
películas sean tan atractivas para un público tan amplio? “Todos
somos muy curiosos, incluyéndome a mí”, dice Dennis Quaid. “Ya
se trate de un incendio o de un tren que haya descarrilado,
todos nos paramos y echamos un vistazo. En un determinado
momento todos nos preguntamos si habrá allí alguien a quien
conozcamos… luego damos gracias a Dios cuando no es así… y más
tarde nos ponemos a pensar ‘¿qué haría yo en una situación como
ésa?’ Las catástrofes y el género de cine catastrófico en
general parecen agitar las emociones humanas. Creo que al
público le encanta esa combinación de momentos álgidos y bajos y
creo que les gusta dejar volar la imaginación con este tipo de
situaciones de ‘y si…’”.
“Todas las películas de
desastres tratan de la humanidad de la gente”, dice Jeffrey
Nachmanoff. “Los espectadores quieren ver cómo responden otras
personas en situaciones de catástrofe; algunas responden con
valor, otras se muestran cobardes y a veces hay gente que trata
realmente de sacar tajada de la desgracia humana en su propio
beneficio. Creo que a los espectadores les gusta verlo con sus
propios ojos y, la mayoría de las veces, se imaginan en el papel
de héroes”.
“Al público le encantan los
argumentos visuales”, dice Mark Gordon. “Les encanta el
espectáculo, la acción y la aventura, y les fascinan los
personajes heroicos que viven situaciones heroicas. Durante dos
horas, se convierten en el héroe o en la víctima, en el salvador
o en el salvado. Se convierten en parte de algo que seguramente
no vayan a experimentar en su propia vida. No sólo les gusta
verse inmersos en la catástrofe, sino que además les gusta
dejarse perder en ella”.
“Si el mundo deja de existir
tal como es, te vas a ver obligado a analizar tu vida”, dice
Roland Emmerich, “y el público lo sabe cuando está viendo una
película de catástrofes. Tienen que pensar en su vida y tienen
que tomar decisiones como la de qué quieres realmente y a quién
quieres. Es aterrador y excitante al mismo tiempo”. “Es la razón
por la que a mí me encantan esta clase de películas”, dice
Emmerich. “Yo también me pregunto qué haría… incluso cuando
estoy en mitad de una película me pregunto a mí mismo ‘¿qué
haría en una situación como ésta?’ Es una pregunta obligada y a
veces la respuesta no es tan fácil”.
Imágenes y notas
de cómo se hizo "El día de mañana" - Copyright © 2004
20th Century Fox, Centropolis Entertainmen, Lions Gate, Mark Gordon
Productions, Tomorrow Films.
Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos
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