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EL DÍA DE MAÑANA
(The day after tomorrow)


Dirección: Roland Emmerich.
País:
USA.
Año: 2004.
Duración: 124 min.
Género:
Ciencia Ficción.
Interpretación: Dennis Quaid (Profesor Jack Hall), Jake Gyllenhaal (Sam Hall), Ian Holm (Terry Rapson), Emmy Rossum (Laura), Sela Ward (Dra. Lucy Hall), Dash Mihok (Jason Evans), Jay O. Sanders (Frank Harris), Austin Nichols (J.D.), Arjay Smith (Brian Parks), Tamlyn Tomita (Janet Tokada).
Guión: Roland Emmerich y Jeffrey Nachmanoff; basado en un argumento de Roland Emmerich.
Producción: Mark Gordon y Roland Emmerich.
Música: Harald Kloser.
Fotografía:
Ueli Steiger.
Montaje: David Brenner.
Diseño de producción: Barry Chusid.
Dirección artística: Martin Gendron, Michele Laliberte, Claude Paré, Réal Proulx, Tom Reta y Gerald Sullivan.
Vestuario: Renée April.
Estreno Mundial: 28 Mayo 2004.

 

CÓMO SE HIZO SE HIZO "EL DÍA DE MAÑANA"

Notas de producción
© 2004 Hispano Foxfilm

  En INDEPENDENCE DAY, Roland Emmerich nos trajo la cercana destrucción de la Tierra por los extraterrestres. Ahora, en EL DÍA DE MAÑANA, el enemigo es aún una fuerza más devastadora: la misma Naturaleza. “Es una historia épica de supervivencia y heroísmo con una acción trepidante y espectaculares efectos visuales”, dice el productor Mark Gordon. “Esta película ofrece sin duda alguna el tipo de fuerza visual que los espectadores esperan de Roland Emmerich”. Aunque el característico sello espectacular de Emmerich es parte integral a la hora de contar la historia, él dice que la película no carece del elemento humano. “No importa lo grandes que sean los efectos”, dice Emmerich, “la parte más importante de la película sigue siendo el drama humano. Los personajes del padre y el hijo, interpretados por Dennis Quaid y Jake Gyllenhaal, son vulnerables, afectuosos y están en conflicto. Eso es lo que hace su lucha frente a esta increíble fuerza de la naturaleza tan apasionante. Es una supervivencia frente a unas fuerzas superiores. En última instancia, se trata del triunfo del espíritu humano”.

  “Fundamentalmente, éste es un drama sobre gente común y corriente que se encuentra inmersa en una lucha titánica en extraordinarias circunstancias”, dice Jeffrey Nachmanoff, uno de los guionistas de la película. “Versa sobre una familia que está intentando superar este desastre ecológico. Cada miembro de la familia debe estar a la altura de las circunstancias. Un joven se convierte en un líder; un padre adicto al trabajo se enfrenta a todo para salvar a su hijo; y una madre elige arriesgar su propia vida para salvar la de un bebé. Es una historia sobre el amor, el sufrimiento y la perenne lucha de la humanidad por sobrevivir”. “Y es una historia admonitoria sobre lo que puede pasar si seguimos provocando a la Madre Naturaleza”.

  La superproducción de 1996 de la Twentieth Century Fox INDEPENDENCE DAY era pura ciencia-ficción; no estaba basada en una creencia extendida de que la invasión extraterrestre fuera inminente. Pero EL DÍA DE MAÑANA presenta un argumento que tiene sus orígenes en preocupaciones reales sobre el estado de nuestro planeta. “Acortamos el periodo de tiempo en el que la glaciación puede tener lugar con fines dramáticos”, dice Mark Gordon, “pero la teoría de que el calentamiento global podría causar un repentino cambio climático está ganando preponderancia. Aunque nadie conoce las consecuencias exactas que para la humanidad tiene la emisión de dióxido de carbono a la atmósfera, algunos expertos se han referido a ello como ‘el mayor experimento científico sin control de la historia’”.

  Llámese ironía o coincidencia pero, mientras se ha estado haciendo la película, se han empezado a producir en todo el mundo una serie de fenómenos climatológicos extremos que han aportado un número cada vez mayor de pruebas de que el cambio climático ya se ha puesto en marcha. En julio de 2002, durante la preparación, una devastadora tormenta de granizo golpeó China Central. Los granizos eran del tamaño de un huevo, y la tormenta mató a veinticinco personas, además de dejar numerosas víctimas con heridas en la cabeza que casi les cuestan la vida. La tormenta arrancó de cuajo árboles, rompió los parabrisas de los coches, provocó importantes cortes del fluido eléctrico y destruyó algunos edificios en las zonas más septentrionales de la provincia de Henan.

  Al mes siguiente, ciertas zonas del continente europeo fueron devastadas por las que llegaron a conocerse como “las inundaciones del siglo”. Durante casi tres semanas, lluvias torrenciales destrozaron esas zonas, inundando el sistema de transporte suburbano londinense, acabando con viñedos y olivos del norte de Italia y haciendo desaparecer el turismo en la costa del Mar Negro en Rusia. Murieron al menos 108 personas y cientos de habitantes tuvieron que ser evacuados.

  En noviembre, justo tres días antes de que comenzara la fotografía principal en Montreal, se desencadenaron en los Estados Unidos una serie de tornados acompañados de un severo clima. Un total de 75 tornados llegaron a tierra en un único día, matando a 36 personas y causando daños en trece estados del país. Además, la producción padeció durante cuatro meses el que se convertiría en uno de los inviernos de Montreal más fríos de la historia, con temperaturas diurnas que llegaron en muchas ocasiones a los veinticinco grados bajo cero.

  En un ejemplo aún más extraño de cómo la vida imita al arte, la barrera de hielo Larsen B de la Antártida cayó al mar en el mes de marzo de 2002, unas semanas después de que Emmerich y Nachmanoff hubieran escrito una escena en la que se reflejaba su derrumbe. “En esa época bromeábamos con la idea de que hubiera sido mejor haber empezado a rodar antes o de lo contrario íbamos a terminar haciendo un documental”, señala Emmerich.

  Dados los acontecimientos producidos en la vida real mientras se llevaba a cabo la planificación y el rodaje de la película. Emmerich, Gordon y Nachmanoff estaban de acuerdo en que EL DÍA DE MAÑANA tenía que reflejar el concepto científico contemporáneo del calentamiento global de la forma más fiel que fuera posible. “En la base de cualquier ‘película de desastres’ tiene que haber siempre algo que sea verídico, algo real a lo que el público se pueda agarrar”, afirma Emmerich. “Lo que sabemos sobre el calentamiento global y el cambio climático nos ha servido para tener una gran base real para la película, y es algo que afecta a la verosimilitud de los personajes y al mundo que hemos creado para ellos”.

  “La película se aparta más radicalmente de la ciencia real en lo que se refiere a la velocidad con la que los eventos se producen”, dice Gordon. “Cuando los científicos hablan de un ‘inminente’ cambio climático, están hablando en términos de cinco a diez años, no de unas pocas semanas. Nuestro propósito no fue nunca el de desmenuzar hasta el mínimo detalle un tema científico tan complejo en una película de dos horas de duración. Queríamos hacer una fantástica película veraniega que pudiera (sólo pudiera) no sólo entretener a la gente, sino también abrirles un poco los ojos”.

  Incluso en otra coincidencia más, el Pentágono publicó un informe en el mes de febrero de 2004 evaluando los peligros que, para la seguridad nacional americana, presentaba la amenaza de un cambio climático en el mundo. El informe se toma seriamente la posibilidad de un repentino y catastrófico cambio producido por el calentamiento global; en resumidas cuentas, el argumento imaginario descrito en EL DÍA DE MAÑANA quizás no vaya a ser tan imaginario.

  El cambio climático. El derretimiento del casquete polar. La Edad de Hielo. El “frío extremo”. Según Dennis Quaid, estas palabras describen el tiempo exterior e interior que hubo en los estudios de sonido de Montreal donde la producción estuvo radicada durante el invierno de 2002-03. “Hacía frío en todas partes”, dice Quaid, quien interpreta al climatólogo Jack Hall. “Hacía frío en los estudios, hacía frío fuera de los estudios, hacía frío durante el día y un frío de mil demonios por la noche. Allí estuvimos, en Montreal, desde el mes de noviembre hasta el mes de abril, durante uno de los inviernos más fríos de la historia, haciendo esta enorme película de desastres sobre una próxima y letal era glacial. No podíamos librarnos de ella. Llegamos a un punto en el que aprendimos a reconocer a la gente no por su cara sino por el color de sus parkas. “Durante la producción, si no estábamos caminando con grandes dificultades en medio de una tormenta de nieve”, dice Quaid, “entonces seguramente estábamos muertos de frío y empapados por las lluvias torrenciales o el granizo, o las inundaciones o los huracanes que se estaban produciendo en otros estudios. Cualquiera que no fuera seguidor asiduo del Canal del Tiempo lo va a ser ahora, después de ver esta película, porque hay de todo en ella. Todas las películas de desastres que hayas visto en tu vida se han juntado en una enorme y trepidante catástrofe meteorológica mundial”.

  De la afirmación de Quaid uno quizás pudiera sacar la conclusión de que EL DÍA DE MAÑANA presentaba un conjunto especial de desafíos, no sólo para el equipo de realización sino también para Quaid y sus compañeros de reparto. “Hablar de reto es subestimar las cosas”, dice Quaid entre risas. “Se trataba más de la supervivencia. Todos nosotros estábamos tratando de sobrevivir haciendo una película sobre la supervivencia. Yo había hecho películas con efectos especiales, pero nunca una de este tamaño. Sin duda alguna, hubo diferentes retos que los actores tuvimos que superar. Nos ponían cuatro o cinco capas de ropa polar y botas, y luego empezaban a soltar nieve falsa sobre nosotros con esos gigantescos ventiladores que mueven el aire como a ochenta millas por hora. Esas cosas se te meten en la boca y por la nariz y dentro de las gafas, y tú estás únicamente tratando de mantener los ojos abiertos”. “A veces era verdaderamente surrealista. Ésta es la clase de película veraniega que me gusta ir a ver… una gran historia, grandes efectos, un gran mensaje… así es que para mí, estar en una película como ésta es genial. Realmente fue muy emocionante, y es mucho mejor que trabajar para ganarse la vida”.

  “Tengo que admitir que, para mí como actor, es un poco raro hacer una película como ésta”, dice Jake Gyllenhaal, “pero raro en sentido positivo. Como actor, te das cuenta de que en este tipo de filmes, juegas un pequeño ‘papel’ dentro de un inmenso ‘todo’. Una de las cosas más interesantes para mí es que me he pasado seis meses rodando algo y que en realidad no tengo ni idea de lo que va a pasar en los tres cuartos restantes de la película porque gran parte de ella se ha creado sin mi participación y la de los otros actores, y va a ser creada en la fase de post-producción. Es casi como ser parte del público en el sentido de que nunca sabía qué es lo que venía a continuación. Va a ser divertido sentarse en la oscura sala de un cine y ver cómo se desarrollan los acontecimientos”. Al igual que Quaid, Gyllenhaal estuvo sometido al frío y el agua en su papel protagonista como Sam Hall, un adolescente descentrado que se convierte en un joven héroe. “Es la primera vez que he hecho una película de este tipo, así es que sabía que me iba a deparar algunas sorpresas”, reconoce Gyllenhaal. “Me figuro que si iba a participar en algo así, Roland Emmerich era la persona adecuada para dirigirla. Él es un genio con estas cosas y entiende de verdad la naturaleza de esta particular clase de monstruo”.

  Gyllenhaal, junto con Emmy Rossum, Arjay Smith y Austin Nichols, tuvieron que soportar una agotadora secuencia de la inundación en la ciudad de Nueva York, la cual se rodó en un gigantesco tanque de agua construido dentro de una instalación de reparación y mantenimiento de los trenes Alstom en Montreal. Durante dos semanas, los actores y cientos de extras aguantaron vientos y lluvias torrenciales, mientras iban arriba y abajo en una “calle” de Manhattan que estaba sumergida bajo más de un metro de agua. “Fue como hacer aeróbic acuático todo el día durante dos semanas llevando ropa de lana completamente empapada”, dice Rossum, que interpreta a la inteligente y guapísima estudiante de nombre Laura. “Imagínate corriendo de aquí para allá en la calle, y arriba y abajo en las escaleras de una biblioteca que están cubiertas con cuatro pies de agua. Fue realmente una experiencia indescriptible, una tortura con frío y calor, lluvia y viento, calor húmedo y tiritonas, bajo el agua. Y fue una de las cosas que más me ha gustado hacer en la vida”.

  Un miembro del reparto que se libró de las impresionantes escenas climatológicas fue Sela Ward, quien, en el papel de la doctora Lucy Hall, esposa de Jack y madre de Sam, permanece dentro del hospital salvando pacientes durante el curso de la tormenta. “Además de encantarme el papel de Lucy”, dice Ward, “pensaba que había algunos maravillosos mensajes detrás de todos esos espectaculares efectos especiales. Creo que la película habla de la supervivencia, de la unidad de una familia y lo importante que es luchar para mantener la misma”. “Por eso, desde luego, hay un mensaje o una advertencia medioambiental”, dice Ward. “Aunque la película teatraliza y en determinados pasajes exagera con una finalidad dramática, hay una sólida base real para lo que se está diciendo: Si no cuidamos nuestro planeta ahora, éste no va a existir mucho tiempo más para cuidarnos. Es una idea aleccionadora, y creo que va a dar que pensar a los espectadores cuando éstos salgan del cine y digan ¡Oh!… ¡Vaya!, Me encanta que sólo sea una película’”.

  La imponente tarea de traducir, crear, construir y ejecutar la visión de Roland Emmerich recayó sobre el diseñador de producción Barry Chusid, la supervisora de efectos visuales Karen Goulekas, el oscarizado supervisor de efectos especiales Neil Corbould y sus respectivos equipos de decoradores, artesanos, operarios y técnicos. Los jefes de los tres departamentos ya habían trabajado con anterioridad con el director Emmerich. “En esta película”, dice Chusid, “tenemos tormentas de granizo en Tokio, huracanes en Hawaii, tornados en Los Angeles, inundaciones en Manhattan y un brusco descenso de las temperaturas en la costa este de los Estados Unidos. Vemos Escocia, México, Nueva Delhi, incluso el espacio exterior. Por lo tanto, cubríamos toda la gama de platós y decorados, desde el interior de la cabina de los helicópteros a una escena con una calle nevada en Nueva Delhi, pasando por los 5.000 m2 de la Biblioteca Pública de Manhattan. “Haber trabajado con anterioridad con Roland ayudaba sobremanera a la hora de saber lo que le gusta y lo que no, pero en EL DÍA DE MAÑANA había tantas complejidades debido sólo a la escala de los decorados y los efectos, que a veces se hacía agobiante ver hasta dónde podías ponerte a prueba a ti y a tu departamento”.

  Después de que la producción terminara el rodaje de exteriores en Los Angeles, Nueva York y Washington D.C., empezó la fotografía principal el 7 de noviembre de 2002 en Montreal. Las primeras cinco semanas del plan de rodaje se emplearon para muchas de las escenas de interior y exterior que se rodaron en Montreal y en sus alrededores, incluyendo una secuencia de un día de nevada en Nueva Delhi. Chusid y su personal cogieron una manzana de aspecto muy poco interesante situada al norte del centro urbano de Montreal y la convirtieron en un bullicioso, colorido e incluso pestilente mercado de Nueva Delhi. El lugar estaba lleno de cachivaches, rickshaws y coches que se trajeron desde la India para esta escena en particular. La diseñadora de vestuario Renee April vistió a más de mil extras con trajes originales de la India, y el equipo de efectos especiales (y físicos) de Neil Corbould se encargó de poner la etérea y mullida nieve para ese día.

  Dos de las otras hercúleas empresas que Chusid tuvo que afrontar fueron el interior y el exterior de la Biblioteca Pública de Manhattan (que abarcaba más de 15.000 m2) y un congelado carguero de origen ruso que sube por la Quinta Avenida. Para el exterior de la biblioteca, Chusid diseñó un paisaje callejero de Manhattan que conduce a las impresionantes escaleras de piedra de la biblioteca. El paisaje callejero y el escenario de la fachada de la biblioteca de treinta metros por veinte se construyeron dentro de un gigantesco tanque de agua usado en esta épica secuencia de la inundación. El interior de la biblioteca se componía también de varias piezas gigantescas situadas en varios platós diferentes de los alrededores de Montreal. La producción construyó las secciones del interior en varios escenarios para dar a los realizadores la flexibilidad de “vestir” los decorados de acuerdo con el tipo de tiempo meteorológico que necesitaba cada escena concreta dentro de la biblioteca.

  Chusid diseñó el carguero ruso, y posteriormente la supervisora de efectos visuales Karen Goulekas examinó las necesidades de efectos generados por ordenador. Chusid pudo decidir sobre esa base que su departamento tuviese posteriormente que construir una parte del carguero, mientras el resto se recreaba con imágenes realizadas por ordenador. “Estaba eufórico cuando tuvimos que construir una parte del carguero”, dice Chusid, “en vez de que todo fuera generado por ordenador, porque creo que resultó ser un decorado fantástico”.

  Karen Goulekas y su equipo, así como también el equipo de la firma de efectos visuales con sede en Los Angeles, Digital Domain, usaron diversos equipos tecnológicos para crear los efectos visuales. “Usamos un programa generador de escenarios fotorrealistas llamado Terragen™, que fue creado y desarrollado por la propia Digital Domain”, dice Goulekas, “para ayudarnos a recrear todos los paisajes de la Antártida. También empleamos Lidar, una asombrosa tecnología de escaneado láser que nos permitía escanear enormes edificios de Los Angeles y casi trece manzanas de Nueva York con un gran grado de detalle y realismo. No construimos miniatura alguna para Nueva York. Gracias a Lidar y a la base de datos de Nueva York de una compañía llamada Urban Data Solutions, creamos esencialmente toda la ciudad por ordenador”.

  El supervisor de efectos especiales Neil Corbould dice que el deseo de Roland Emmerich de conseguir el mayor realismo posible fue una constante en todas y cada una de las secuencias de la película, ya se tratara de una ventisca, una tormenta de granizo, las inundaciones o la congelación. “Intentamos hacer que todo, sin importar el tiempo que llevara, desde los granizos a las inundaciones pasando por las turbulencias en los aviones, tuviera para él la apariencia más real que se pudiese lograr”, afirma Corbould.

  Para los granizos (que iban del tamaño de un pomelo a bolas de las usadas para jugar a los bolos) que devastan Tokio, Corbould y su equipo trajeron cientos de bloques de hielo y tallaron cada granizo de acuerdo con los tamaños que se necesitaban para la escena. Crearon el decorado de la secuencia del huracán en Kona, Hawaii, utilizando enormes ventiladores gigantes, numerosas torres de lluvia y un complicado sistema hidráulico y de cableado que posibilitaba que se movieran y salieran por los aires trozos de los chiringuitos de la playa.

  Con diferencia, el mayor efecto práctico fue el de la secuencia de la inundación de las calles de Nueva York. Innumerables miembros del equipo de realización de diversos departamentos trabajando los siete días de la semana durante seis semanas emprendieron la construcción del tanque, uniendo y reforzando barreras de hormigón de más un metro de altura alrededor del perímetro del decorado de la calle de Manhattan. Luego se recubrió con una membrana hidrófuga para hacer estanca la barrera. Una vez que estuvo “listo para el agua”, los realizadores llenaron el tanque con 945.000 litros de agua que había sido previamente calentada y filtrada. Detrás del decorado se construyó un segundo tanque “de reserva” que se rellenó con otros 567.000 litros del líquido elemento. Se colocaron diez torres giratorias de lluvia encima del decorado y se conectaron al complicado sistema de bombeo que, en esencia, reciclaba el agua de los dos tanques a una velocidad de más de 18.900 litros por minuto. Para añadirle más verosimilitud, se montaron dos grandes máquinas montadas en una grúa - carretilla elevadora que permitía elevar los ventiladores a más de seis metros de altura y colocarlos más lejos o más cerca según requiriera la acción. “La secuencia de la inundación fue una mezcla de tecnología clásica y moderna”, señala Corbould, “y fue un esfuerzo conjunto de todos los que participaron. Creo, además, que va a tener un aspecto espectacular”.

  Este genero cinematográfico ha florecido durante décadas, a través de huracanes, edificios en llamas y transatlánticos que se hunden, incluso con montañas rusas que están fuera de control. ¿Por qué le gusta tanto a la gente este género de catástrofes? ¿Qué es lo que hace que estas películas sean tan atractivas para un público tan amplio? “Todos somos muy curiosos, incluyéndome a mí”, dice Dennis Quaid. “Ya se trate de un incendio o de un tren que haya descarrilado, todos nos paramos y echamos un vistazo. En un determinado momento todos nos preguntamos si habrá allí alguien a quien conozcamos… luego damos gracias a Dios cuando no es así… y más tarde nos ponemos a pensar ‘¿qué haría yo en una situación como ésa?’ Las catástrofes y el género de cine catastrófico en general parecen agitar las emociones humanas. Creo que al público le encanta esa combinación de momentos álgidos y bajos y creo que les gusta dejar volar la imaginación con este tipo de situaciones de ‘y si…’”.

  “Todas las películas de desastres tratan de la humanidad de la gente”, dice Jeffrey Nachmanoff. “Los espectadores quieren ver cómo responden otras personas en situaciones de catástrofe; algunas responden con valor, otras se muestran cobardes y a veces hay gente que trata realmente de sacar tajada de la desgracia humana en su propio beneficio. Creo que a los espectadores les gusta verlo con sus propios ojos y, la mayoría de las veces, se imaginan en el papel de héroes”.

  “Al público le encantan los argumentos visuales”, dice Mark Gordon. “Les encanta el espectáculo, la acción y la aventura, y les fascinan los personajes heroicos que viven situaciones heroicas. Durante dos horas, se convierten en el héroe o en la víctima, en el salvador o en el salvado. Se convierten en parte de algo que seguramente no vayan a experimentar en su propia vida. No sólo les gusta verse inmersos en la catástrofe, sino que además les gusta dejarse perder en ella”.

  “Si el mundo deja de existir tal como es, te vas a ver obligado a analizar tu vida”, dice Roland Emmerich, “y el público lo sabe cuando está viendo una película de catástrofes. Tienen que pensar en su vida y tienen que tomar decisiones como la de qué quieres realmente y a quién quieres. Es aterrador y excitante al mismo tiempo”. “Es la razón por la que a mí me encantan esta clase de películas”, dice Emmerich. “Yo también me pregunto qué haría… incluso cuando estoy en mitad de una película me pregunto a mí mismo ‘¿qué haría en una situación como ésta?’ Es una pregunta obligada y a veces la respuesta no es tan fácil”.


Imágenes y notas de cómo se hizo "El día de mañana" - Copyright © 2004 20th Century Fox, Centropolis Entertainmen, Lions Gate, Mark Gordon Productions, Tomorrow Films. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados.

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