CRÍTICA
por
Joaquín R. Fernández
El cine catastrofista reapareció en nuestras carteleras
desde que en 1996 dicho género, que tantos réditos obtuvo en los
setenta con "La aventura del Poseidón", "El coloso en llamas" o
"Terremoto", nos deslumbró con el apoteósico éxito de "Twister"
e "Independen-ce Day". Desde entonces, fracasos como "Volcano",
"Un pueblo llamado Dante's Peak" o "Daylight (Pánico en el
túnel)" se han al-ternado con apabullantes victorias en la
taquilla, como las de "Deep impact" o "Armageddon". El año
pasado tuvimos la ocasión de pa-decer "El
núcleo", una cinta aburrida y nada fastuosa, por lo
que todos dábamos por finiquitado este género hasta el anuncio
del regreso de Roland Emmerich
al mismo.
Pese a que uno tenía ciertas espe-ranzas de que "El día de
mañana" aportara algo de originalidad a este ti-po de cine, lo
cierto es que los tópi-cos se hallan presentes a lo largo de
todo su metraje. Su estructura es clavada a la de cualquier otro
filme de parecida temática, con una introducción en la que
vamos co-nociendo a los personajes principales del relato al
tiempo que descubrimos la amenaza que osa perturbar la
tran-quilidad de la humanidad. Justo en la parte central de la
narración observa-mos las esperadas secuencias de destrucción y
devastación, para proseguir luego con una hora final en la que
la supervivencia se convierte en el eje central de la trama. Por
desgracia, y tal y como demostró en otras de sus películas,
Roland Emmerich no es un buen escritor, aunque sí un eficaz
artesano, de ahí que sea abis-mal la diferencia existente
entre los apartados puramente técnicos de "El día de mañana" y
aquellos otros relacionados con su vulgar guión. Torpes
frases que evidencian algo que ya se nos explica visualmente,
individuos que no se comportan como lo haría cualquiera de
nosotros (así, las heroicidades y las emociones alcanzan grados
extremos, como si no existiera un término medio), gags que no
hacen gracia y, ante todo, situaciones muy, muy pre-decibles,
conforman una película que el espectador termina de vi-sionar
con cierto desencanto.
Ni los fragmentos intimistas funcio-nan, y eso que los actores,
por increí-ble que parezca, pronuncian sus diá-ogos con total
convicción (Dennis Quaid,
Jake Gyllenhaal y
Ian Holm se muestran más que
correctos en sus papeles, especialmente teniendo en cuenta que
algunos de ellos tienen que lidiar con personajes arquetipo), ni
todos los acontecimientos que se relatan una vez se produce la
gran ca-tástrofe consiguen llamar la atención del público (es
más, la aparición de los lobos parece un pastiche destina-do a
otorgarle algo de tensión al asunto). Además, y salvo alguna
pequeña excepción que luego comentaré, el tratamiento de las
cuestiones políticas y ecológicas es banal e insatisfactoria,
cayéndose incluso en la demagogia más simplona y superfi-cial.
No es de extrañar, pues, que los efectos especiales sean lo
mejor de "El día de mañana", en especial la aparición de los
torna-dos en Los Ángeles y la inundación de Nueva York a causa
de las lluvias y la posterior llegada de una ola gigante,
congelándose luego toda la ciudad a causa de un repentino bajón
de la tempera-tura. Ahora bien, que nadie se espere un
espectáculo de primer or-den, pues dichas escenas apenas duran
unos minutos en la panta-lla, habiendo sido exhibidas muchas de
ellas en los tráilers del fil-me y en las imágenes que la
distribuidora ha facilitado a las cade-nas de televisión. Uno se
pregunta, pues, en qué se han gastado los más de cien millones
de dólares que ha costado esta produc-ción, porque, desde luego,
en el reparto no ha sido.
Es este, en definitiva, un entreteni-miento pasajero, uno de
esos pro-ductos rutinarios de los que uno se olvida nada más
salir del cine. Queda algún momento de brillantez (algunas
palabras que pronuncia el Presidente de los Estados Unidos de
América en las que hace referencia a la importancia del llamado
Tercer Mundo), mas se ahogan a causa de la incompetencia de
Emmerich a la hora de involucrarnos en la historia (cosa que no
sucedía en la recomen-dable "El
patriota", donde, qué casua-lidad, él no firmaba el
guión). La música de Harald Kloser
no es tan buena como las que David Arnold componía para este
realiza-dor alemán hasta que rompieron brusca e inesperadamente
su re-lación profesional, pero resulta eficiente en los
instantes emotivos y logra crear la tensión necesaria en las
secuencias de acción, que tampoco es que sean demasiadas. De
igual forma, cabe destacar el uso contenido de los coros para
describir la desolación que sufre medio planeta y el tema que
escuchamos en los títulos de crédito iniciales, justo cuando la
cámara recorre un hermoso paisaje de agua y hielo.
Calificación película:
    
Calificación banda sonora:
    
Imágenes de "El día de mañana" - Copyright © 2004
20th Century Fox, Centropolis Entertainmen, Lions Gate, Mark Gordon
Productions, Tomorrow Films.
Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos
reservados.
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