CRÍTICA
por
Joaquín R. Fernández
De realmente extraordinario
cabría calificar el éxito de "La Pasión de Cristo", una cinta
independiente hablada en latín y arameo que ha conseguido
sobrepasar los trescientos millones de dólares en la taquilla
estadounidense. Por suerte, parece que la figura de Jesu-cristo,
sin duda el personaje más importante de la Historia, todavía
permanece visible en la sociedad moderna, y ello a pesar de que
su mensaje pacifista quizás se halle un tanto ausente en
nuestras vidas. Jesús de Nazaret existió, y no sólo los
Evangelios u otros escritos del Nuevo Testamento se refieren a
él, sino que historiado-res romanos como Flavio Josefo, Tácito o
Suetonio ya hablaban, décadas después de su muerte, de los
impopulares seguidores de su pensamiento. Es más, en ciertos
textos rabínicos y, por tanto, redactados por algunos de sus
detractores, se le cita y se habla de sus milagros, atribuidos a
la hechicería.
Incluso coinciden los datos
de estas últimas fuentes con los aportados por San Marcos, San
Juan, San Mateo y San Lucas en sus Evangelios, que precisamente
se convierten en el prin-cipal referente de la obra de
Mel
Gib-son. Obviamente, se puede hablar to-do lo que se quiera de las
controver-sias sobre las lenguas que emplean los personajes en el
filme o de cual-quier otra polémica que tenga que ver con sus
posibles incorrecciones de contenido histórico (por ejemplo, la
vi-sión de Pilato como un individuo con conciencia; en realidad,
lo úni-co que hizo este gobernador de Judea fue resistirse a las
presiones de Caifás debido a que no hallaba delito en el
comportamiento de aquel hombre que se llamaba a sí mismo
Mesías), pero eso nos alejaría de los aspectos puramente
cinematográficos de "La Pasión de Cristo".
Son numerosas las películas
que se han centrado en la figura de Jesús, bien sea de forma
directa o indirecta. Me gustaría destacar las que
particularmente me resultan más interesantes, como "Rey de
reyes" (me refiero a la versión de Nicholas Ray, puesto que la
de Cecil B. DeMille es menos conocida por el gran público),
cinta que presenta momentos bastante logrados, como la
visualización de los milagros, las secuencias del sermón de la
montaña, la im-presionante y cruenta rebelión de Barrabás y la
bellísima partitura de Miklos Rozsa, cuyo tema central es
verdaderamente precioso. Ahora bien, no se trata de una obra
redonda, y así lo atestigua el pasaje del desierto o la mala
elección de algunos actores, que no tienen el carisma suficiente
como para interpretar a ciertos perso-najes principales (y no me
refiero únicamente a Jeffrey Hunter co-mo Jesucristo, por
cierto).
Posee también una gran
calidad la miniserie de televisión "Jesús de Na-zaret", de Franco
Zeffirelli, que debido a su éxito se estrenó en las salas de
cine de algunos países. Su impresio-nante reparto (Robert Powell,
James Mason, Laurence Olivier, Anthony Quinn, Anne Bancroft,
Ernest Borgni-ne, Christopher Plummer, Claudia Cardinale, James
Earl Jones, Fernan-do Rey, Peter Ustinov, Michael York, Stacey
Keach, Donald Pleasence, Rod Steiger y Ian Holm, entre otros) ya
es una buena muestra de esta obra que jamás me cansaría de
reivindicar. No obstante, para mi gusto es "Ben-Hur", de William
Wyler, la que realmente me con-mueve con su estremecedora mirada
hacia uno de los personajes más fascinantes de todos los
tiempos, y ello a pesar de que su presencia fluye en el relato
de manera secundaria y totalmente opuesta a la que ahora nos
muestra Mel Gibson.
Así, en el filme del director
de "Los mejores años de nuestra vida" jamás vemos el rostro de
Cristo, mas la habilidad del realizador y la portentosa banda
sonora de Miklos Rozsa logran que sintamos la esencia de este
personaje, tanto en su vertiente humana (Jesús dándole de beber
a Judah Ben-Hur mientras un soldado romano que intenta impedirlo
se siente intimidado por su mirada) como aquella que se centra
únicamente en la Pasión, instante en el que las lastimosas notas
de Rozsa y los gritos y pesares de algunas gentes ya nos
estremecen sin necesidad de que se nos muestre nada más.
Puede que Mel Gibson no
supere la brillantez de algunas de estas u otras películas de
igual o parecida temática (a mi modo de ver, sí lo hace con
res-pecto a "Rey de reyes"), pero no hay duda de que la
repercusión y el de-bate que "La Pasión de Cristo" ha producido
en diversos medios de comunicación puede llegar a eclipsar sus
abundantes virtudes. Por ello, quiero dejar claros tres asun-tos:
el filme no es en absoluto antise-mita, pues resultaría risible
juzgar desde la mentalidad actual el compor-tamiento de unas
cuantas personas cuyas vidas transcurrieron hace ya unos cuantos
siglos (de hecho, y sin remontarnos tanto en el tiempo, ¿acaso
se denigra a todos los alemanes cada vez que alguien habla de
las atrocidades de Hit-ler?); por otro lado, habrá gente que
desprecie la cinta por su reli-giosidad, descalificándola incluso
por el declarado –y respetable– conservadurismo del protagonista
de "Arma letal", situación que se dará especialmente en una gran
parte de los creadores de opinión de algunos medios de
comunicación europeos; finalmente, "La Pa-sión de Cristo" muestra
escenas de gran crudeza, cierto, pero, en contra de lo que en
principio uno pudiera pensar, éstas se interca-lan con otras de
un arrebatador intimismo, cobrando sentido el su-plicio de Jesús
y su mensaje, pues sus palabras de amor se entre-mezclan con la
sangre y la tortura.
Dejando todos estos temas a
un lado, lo que en verdad encon-trará el espectador en esta
arriesgada cinta es una historia en la que uno va involucrándose
poco a poco, desapareciendo según avanza el metraje esa inicial
sensación de indiferencia que parece adueñarse de nuestros
ánimos. Así, la tenebrosidad y la morosidad con la que Gibson
relata el prendimiento de Jesucristo en Getsemaní pronto se ve
interrumpida por la humanidad del hijo de María, tal y como se
puede comprobar cuando éste restaña la herida en la oreja de uno
de los que han acudido a aprehenderlo y que ha sido producida
por la espada de uno de sus discípulos. A partir de aquí, la
intensidad y la emotividad de la película va en constante
aumento, comenzando discretamente (Pedro recordando cómo Jesús
le dijo que renegaría de él o el arrepentimiento de Ju-das) para
luego desbordarse tras esta dubitativa media hora inicial.
Asistimos entonces a la
humillación de Jesús, primero psicológica (las descalificaciones
de Caifás ante Pila-to o su encuentro con Herodes) y lue-go
física, que es sin duda la que más impacto causa entre el
público. En medio, Gibson traza muy bien la rela-ción existente
entre Pilato y su espo-sa Claudia, y las dudas de aquél ante la
condena a muerte de un inocente para así no soliviantar a los
miembros del Sanedrín. Son pequeños momen-tos intimistas muy bien
rodados, de-talles que bien pudieran pasar desa-percibidos pero
que el director resalta con acierto (ver, por ejemplo, el
momento en el que Barrabás se muestra jovial tras su liberación,
cruzándose luego sus ojos con los de Cristo y borrándose
enton-ces la sonrisa de su boca, sabedor de que se va a matar a
un ino-cente). Estos espléndidos juegos de miradas se repiten
constante-mente a lo largo del filme, ya sea en judíos o
romanos que mues-tran su desacuerdo con lo que está sucediendo o,
por contra, mani-fiestan su júbilo por el escarmiento que se le
está dando al reo. Es una nítida demostración de la importancia
que tiene para el director el apartado visual de su obra.
Es pues imposible
resistirse a la humanidad que desprende la película, en especial
esa resignada melancolía que desfi-gura el abatido rostro de una
madre, María, que observa con dolor y a la vez entereza la
agonía de su hijo, ese martirio al que éste se entrega para así
hacer comprender a los hombres su propia decadencia.
Particularmente dramática resulta la escena en la que la esposa
de José contempla el castigo corporal de los ro-manos hacia
Jesús, abrazándose entonces a ella María Magdale-na, que comparte
con sinceridad su aflicción ante semejante injus-ticia (ella
misma recuerda su encuentro con Jesucristo mientras limpia junto
a la madre de éste la sangre que ha brotado de su cuerpo tras
las torturas a las que ha sido sometido). Mel Gibson insiste en
potenciar esa estrecha relación entre madre e hijo en va-rios
pasajes, destacando especialmente la estremecedora escena en la
que María observa cómo se derrumba Cristo mientras porta la
cruz, intercalándose aquí un breve «flashback» en el que se nos
muestra su preocupación cuando Él, de niño, se caía al suelo y
ella acudía presurosa a ayudarle. Es una buena muestra de la
im-potencia de una mujer que ahora ve cómo no puede socorrer a un
ser amado...
Ciertamente hay aspectos de
"La Pasión de Cristo" que preferiría que se hubieran eliminado o
modificado, como ese cuervo que picotea el ojo del ladrón que no
cree en el Mesías, pues se contradice con el mensaje pacifista
que nos ha legado esta gran figura histórica y religiosa,
acercándo-se aquí el realizador a ese Dios casti-gador con el que,
especialmente si-glos atrás, la Iglesia intentaba intimi-dar a la
población (conviene recordar, por cierto, que uno puede sentirse
cristiano pero no católico). Por otra parte, algunas de las
aparicio-nes de Satanás me parecen excesivas, pero, en general,
nos en-contramos ante una película espiritual que, dejando a un
lado las creencias de cada uno, es imposible que no cale en el
corazón de cualquier espectador que se angustie ante cualquier
acto cruel y despiadado.
Los intérpretes realizan un
trabajo admirable. Jim Caviezel se muestra sereno y humano
cuando da vida al Jesús anterior a la Pasión (atención al
instante en el que urge a sus seguidores a que amen a sus
enemigos y oren por los que los persiguen, puesto que si aman
sólo a quienes quieren, ¿qué recompensa encontrarán en ello?),
mientras que durante las suplicios que padece antes y du-rante la
crucifixión se introduce en el papel de una forma realmente
admirable, es como si en verdad estuviera viviendo semajante
casti-go. La actuación de Maia Morgenstern es magnífica, una
hasta ahora desconocida actriz rumana que nos brinda lágrimas de
emo-ción en secuencias como aquella en la que se pregunta: «hijo
mío, ¿cuándo, cómo, dónde escogiste ser entregado así?».
Destacables son también las intervenciones de
Monica Bellucci
como María Magdalena y de Hristo Shopov como Pilato.
Respecto a la banda sonora
original de John Debney, desta-ca en ella la mezcla que hace de
elementos étnicos con otros más tradicionales y habituales en
este tipo de produc-ciones (el veredicto contra Jesús y Pedro
renegando de él o Cristo lavando los pies a sus discípulos y
diciéndoles que no deben tener miedo a pesar de que en el futuro
serán acosados por pregonar su doctrina). La utilización de los
coros resulta brillante en determina-dos fragmentos de "La Pasión
de Cristo", en especial cuando los romanos clavan la carne del
hijo de María en la madera o, finalmen-te, cuando se produce su
muerte.
Calificación
película:
    
Calificación
banda sonora original:
    
Imágenes de "La Pasión de Cristo" - Copyright © 2004 Marquis
Films e Icon Entertainment International. Distribuida en España
por Aurum. Todos los derechos
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