CRÍTICA
por
Joaquín R. Fernández
Puntuación: 6
/ 10
Banda Sonora Original:
*****
No es de extrañar que un buen número de lectores puedan
dibujar en su semblante un ostensible gesto de indiferencia una
vez hayan leído el argumento de "Me llaman Radio". Historias
como esta las hemos visto en numerosas ocasiones en un buen
puñado de pro-ducciones cinematográficas, y a pesar de sus
buenas intenciones, no dejan de resultar repetitivas y monótonas
si no hay algo que las distinga de otras cintas que han abordado
temáticas parecidas. En el caso que nos ocupa es alentador cómo
se refleja el afán de su-peración de una persona que,
socialmente hablando y debido a una discapacidad, consigue ser
aceptado por el pueblo en el que resi-de; de igual forma,
resulta admirable que una persona se fije en el muchacho y luche
para que pueda convivir con el resto de la comu-nidad sin que
nadie se burle o se aproveche de su deficiencia.
A priori, el relato parece de lo más convencional, mas no sólo
se basa en una historia real, sino que en sus mi-nutos finales
incluso podemos obser-var el rostro que en la actualidad tie-nen
los verdaderos protagonistas del mismo y cuál ha sido su suerte
en este mundo que en no pocas ocasio-nes se olvida del
significado de las palabras «comprensión» y «solidari-dad». El
filme, ambientado en un pue-blo de Carolina del Sur de los años
setenta, comienza con una imagen que, en principio, puede
ocasionar la frialdad del público europeo: un entrenamiento de
fútbol americano que realizan unos estudian-tes del instituto
del lugar. No obstante, y a pesar de que determina-dos eventos
deportivos tienen su importancia a lo largo de la pelícu-la, uno
enseguida se percata de que el eje de la historia gira en torno
a los sentimientos y a las emociones que puedan embargar a
cualquier ser humano.
En poco tiempo comprobamos el carácter del entrenador Harold
Jones, intrigado por la presencia de Radio en los alrededores
del campo y realmente asqueado cuando comprueba que su equipo lo
ha vejado y maltratado psicológicamente. Es a partir de ese
mo-mento cuando Jones intentará introducirse en el alma del
joven pa-ra conocerlo mejor, siendo su ayuda imprescindible para
que éste salga de su mutismo y se abra también a los demás. Se
suceden entonces una serie de pasajes emotivos en los que
observaremos la pugna del respetado entrenador para que todos
acepten a ese chico al que nadie jamás ha mirado a su corazón,
excepto su ma-dre. Ésta desconfía en un principio de las
intenciones de Jones, pe-ro pronto se da cuenta de la humanidad
de aquél y de que no es sólo un individuo que siente lástima por
alguien que es diferente a los demás.
Es una pena que el realizador,
Mike Tollin,
filme todo ello como si se tra-tara de un telefilm, recayendo
así todo el peso de la obra en el buen hacer de sus intérpretes.
Como casi siempre,
Ed Harris
está espléndido, poniéndo-se en esta ocasión en la piel de un
tipo normal que, obviamente, tiene sus virtudes y sus defectos
(Jones ayuda a Radio, cierto, pero esto y su trabajo quizás
provoca que no esté el tiempo suficiente con su familia). Su
naturalidad ante la pantalla es digna de todas las alabanzas
posibles. Por suerte,
Cuba Gooding Jr.
abandona en esta ocasión sus pésimas intervenciones en
produc-tos de segunda fila y, aunque su actuación no brilla con
especial intensidad (y eso que este tipo de papeles siempre
provocan cierta empatía en el espectador), al menos es bastante
decorosa (com-pruébese, por ejemplo, en los momentos más
dramáticos de la pe-lícula).
Nos encontramos, en resumen, ante una cinta amable y de ame-no
visionado, y aunque, como comentaba anteriormente, está ba-sada
en un hecho real, a uno le da la sensación de que quizás en
algunos momentos el guionista,
Mike Rich,
la ha edulcorado en exceso, en especial cuando observamos la
rápida integración de Radio, no ya en el instituto, sino incluso
en todo el pueblo (aquellos que al principio lo despreciaban
también terminan haciéndose ami-gos de él, como si no existieran
gentes de alma apática o cruel en dicha localidad). En todo
caso, insisto en que "Me llaman Radio" desprende vívidas
emociones en muchas de sus escenas, y eso es algo a lo que
también ayuda la agradable música de
James Hor-ner,
a pesar de que algunas de sus piezas (los duros entrenamien-tos
a los que se ven sometidos los jugadores del instituto, por
ejemplo) tienden a enfatizar demasiado las imágenes que se
mues-tran en la pantalla.
Imágenes de "Me llaman Radio" - Copyright © 2003 Revolution
Studios, Tollin/Robbins Productions y Radio Productions.
Distribuida en España por Columbia TriStar Films. Todos los derechos
reservados.
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