CRÍTICA
por
Joaquín R. Fernández
Acostumbrados a las florituras, artificios y pedanterías
en la que están cayendo últimamente un buen número de películas
que inte-gran eso que se llama "cine independiente", resulta
cuando menos admirable que por fin se estrene en nuestras
carteleras una produc-ción, "El precio de la verdad", cuya
sencilla y amena narración dis-curre con naturalidad ante
nuestros ojos. Todo ello, además, sin obviar lo interesante de
su contenido, pues esta cinta de Billy
Ray es de esas que provocan ardorosos debates en la
propia mente del espectador, que al menos se molesta en
reflexionar un poco acer-ca de lo que ha visto, en este caso
un drama en el que se nos plantean dos interesantísimas
cuestiones: el poder de la prensa y de los medios de
comunicación en general y el he-cho de que las personas que
trabajan en ellos no sean ca-paces de utilizarlo con
responsabilidad y honorabilidad.
Un periodista o un comunicador es como cualquier otro ser humano
y, por tanto, tiene derecho a pensar de una determinada forma y
a expresar-se libremente. Ahora bien, su trabajo ha de estar
siempre revestido por el decoro, pues es un elemento
funda-mental para lograr el respeto del pú-blico al que se
dirige. Un redactor puede recurrir a otras fuentes para
completar un artículo, siempre y cuando las cite, al igual que
un histo-riador hace lo propio cuando recopila textos o crónicas
que le sirvan para abordar un determinado tema. Sin embargo,
jamás ha de caer en la tentación de, por ejemplo, copiar
literalmente un escrito de alguno de sus colegas, en especial
cuan-do hablamos de asuntos relacionados con la opinión. De
igual for-ma, si la labor de uno de estos periodistas es la de
la investiga-ción, igual de abominable resulta el hecho de
inventarse polémicos artículos que le ayuden a prosperar en su
carrera, destruyendo así cualquier concepto que pueda tener de
la ética y de la verdad. Eso es precisamente lo que hizo Stephen
Glass, protagonista de "El precio de la verdad".
Ciertamente, nos hallamos
inmersos en una sociedad muy com-petitiva en la que todo parece
valer con tal de medrar, siendo esto algo que afecta no sólo a
la profesión periodística, sino a cualquier otra. En la película
de Billy Ray, Glass es descrito como una per-sona que tanto en
su vida personal como en la laboral utiliza su arrollador
carisma para ganarse el favor de todos aquellos que le rodean,
intentando que ello le sirva para alcanzar sus propósitos, sin
importarle siquiera la moralidad de sus actos. Lo que merece la
pena para él es alcanzar la meta el primero, aunque para ello
tenga que poner a toda la redacción de The New Republic en
contra del nuevo editor, Chuck Lane, valiéndose incluso de la
indecencia y del victimismo. Contrasta su comportamiento con el
de su antiguo mentor, Michael Kelly, que es despedido por su
jefes debido a que su revista, de tendencias demócratas, se mete
más de lo debido con Bill Clinton, siendo su adiós, para nada
reconroso, uno de los momentos más emotivos del filme.
Apuntaba anteriormente que una de las cualidades de "El
precio de la verdad" es su acertada sencillez, algo que no
supone que su guión o su realización carezcan de soli-dez.
Al contrario, algunos de sus diá-logos exhiben una fina y
apropiada ironía, tal y como sucede cuando Adam Penenberg, que
escribe en For-bes Digital, se percata de que el artí-culo de
Glass sobre el mundo de los hackers es falso, pues ninguno de
los datos que aparecen en él se pueden verificar. «Hay algo que
sí se puede comprobar», comenta Penenberg. «Parece existir un
Estado llama-do Nevada». Billy Ray no precisa de sofisticados
juegos de cámara para demostrar su competencia como director.
Así, logra involucrar al espectador en la historia en todo
momento, tal y como sucede en la secuencia en la que Glass
explica cómo es el proceso por que el pasa un escrito desde su
redacción hasta que finalmente cae en las manos de los abogados
de la revista, que se preocupan de que la información que se va
a publicar esté lo suficientemente corroborada como para que
luego no existan problemas legales con la misma. Por otra parte,
el duelo entre Glass y Penenberg en el momento en el que éste
intenta desenmascarar al primero posee ritmo y resulta
atractivo, y ello a pesar de que se realiza en la dis-tancia y a
través del teléfono. Es cierto que se echa en falta una mayor
profundización en los personajes, pues sólo hay leves
refe-rencias a la exigente familia del protagonista y tampoco se
incide en su patológica tendencia a la mentira (tal vez sea
debido a que se relata un hecho real y reciente, por lo que
tampoco es deseable hurgar demasiado en las heridas).
Hayden Christensen fue objeto de exagerados
vituperios por su trabajo en "Star
wars. Episodio II. El ataque de los clones",
cir-cunstancia quizás bastante injusta para un joven actor que
prácti-camente asumía un rol protagonista por primera vez en su
carrera cinematográfica. La prensa ha sido más benévola con sus
interven-ciones en "La
casa de mi vida" y "El precio de la verdad", donde se
nos revela como un intérprete muy correcto –en especial en las
es-cenas finales del filme– al que, eso sí, aún le queda mucho
camino por recorrer. Es, sin embargo,
Peter Sarsgaard el mejor de todo el reparto, dando
vida a Chuck Lane, el nuevo editor de The New Re-public que
sustituye a Michael Kelly y que en principio no es reci-bido con
buenos ojos por la redacción. Su rostro cuando se percata de los
frágiles argumentos de Glass a la hora de defender su artí-culo
es una elocuencia de su buen hacer. Lo mismo cabe decir de
Hank Azaria, que se muestra
comedido en su actuación y muy le-jos de su histriónica imagen
de "Y
entonces llegó ella".
Mychael Danna
compone una agradable música que sobresale durante los títulos
de crédito ini-ciales del filme y en aquellos pa-sajes en los
que observamos algu-nos de los artículos firmados por Glass.
La partitura discurre de forma placentera, y ello a pesar de que
no se puede calificar de melódica, siendo destacable el buen uso
del piano en las escenas intimistas (Chuck con su esposa o su
discusión final con Glass). Para concluir esta crítica qui-siera
recomendar al lector algunas pá-ginas que le pueden ser de
utilidad una vez haya visionado la pelí-cula y tenga curiosidad
por conocer algo más acerca de su temáti-ca. Así, quien desee
leer algunos de los textos que escribió Glass a lo largo de su
fugaz carrera periodística los podrá encontrar en
www.rickmcginnis.com/articles/Glassindex.htm, donde
también ha-llará las reacciones de otros medios de comunicación
ante este po-lémico hecho y la tosca web que realizó el
protagonista de "El pre-cio de la verdad" para intentar hacer
creer a su editor que la empre-sa sobre la que hablaba en uno de
sus artículos sí existía en reali-dad (www.forbes.com/1998/05/11/otw3b.html).
Finalmente, citar la página oficial de The New Republic:
www.tnr.com.
Calificación
película:
    
Calificación
banda sonora original:
    
Imágenes
de "El precio de la verdad" - Copyright © 2003 Lions Gate
Films, Baumgarten Merims Productions, Forest Park Pictures y
Cruise-Wagner Productions. Distribuida en España por DeAPlaneta. Todos los derechos
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