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EL PRECIO DE LA VERDAD
(Shattered glass)


cartel
 
Dirección: Billy Ray.
Países:
USA y Canadá.
Año: 2003.
Duración: 99 min.
Interpretación: Hayden Christensen (Stephen Glass), Peter Sarsgaard (Chuck Lane), Chloë Sevigny (Caitlin Avey), Rosario Dawson (Andy Fox), Melanie Lynskey (Amy Brand), Steve Zahn (Adam Penenberg), Hank Azaria (Michael Kelly), Mark Blum (Lewis Estridge), Simone-Elise Girard (Catarina Bannier), Chad Donella (David Bach).
Guión: Billy Ray; basado en un artículo de Buzz Bissinger.
Producción: Craig Baumgarten, Adam J. Merims, Tove Christensen y Gaye Hirsch.
Producción ejecutiva: Tom Cruise, Paula Wagner, Michael Paseornek y Tom Ortenberg.
Música: Mychael Danna.
Fotografía:
Mandy Walker.
Montaje: Jeffrey Ford.
Diseño de producción: François Séguin.
Dirección artística: Pierre Perrault.
Vestuario: Renée April.
Estreno en USA: 14 Noviembre 2003.
Estreno en España: 23 Abril 2004.

 

CRÍTICA
por Joaquín R. Fernández

  Acostumbrados a las florituras, artificios y pedanterías en la que están cayendo últimamente un buen número de películas que inte-gran eso que se llama "cine independiente", resulta cuando menos admirable que por fin se estrene en nuestras carteleras una produc-ción, "El precio de la verdad", cuya sencilla y amena narración dis-curre con naturalidad ante nuestros ojos. Todo ello, además, sin obviar lo interesante de su contenido, pues esta cinta de Billy Ray es de esas que provocan ardorosos debates en la propia mente del espectador, que al menos se molesta en reflexionar un poco acer-ca de lo que ha visto, en este caso un drama en el que se nos plantean dos interesantísimas cuestiones: el poder de la prensa y de los medios de comunicación en general y el he-cho de que las personas que trabajan en ellos no sean ca-paces de utilizarlo con responsabilidad y honorabilidad.

  Un periodista o un comunicador es como cualquier otro ser humano y, por tanto, tiene derecho a pensar de una determinada forma y a expresar-se libremente. Ahora bien, su trabajo ha de estar siempre revestido por el decoro, pues es un elemento funda-mental para lograr el respeto del pú-blico al que se dirige. Un redactor puede recurrir a otras fuentes para completar un artículo, siempre y cuando las cite, al igual que un histo-riador hace lo propio cuando recopila textos o crónicas que le sirvan para abordar un determinado tema. Sin embargo, jamás ha de caer en la tentación de, por ejemplo, copiar literalmente un escrito de alguno de sus colegas, en especial cuan-do hablamos de asuntos relacionados con la opinión. De igual for-ma, si la labor de uno de estos periodistas es la de la investiga-ción, igual de abominable resulta el hecho de inventarse polémicos artículos que le ayuden a prosperar en su carrera, destruyendo así cualquier concepto que pueda tener de la ética y de la verdad. Eso es precisamente lo que hizo Stephen Glass, protagonista de "El precio de la verdad".

  Ciertamente, nos hallamos inmersos en una sociedad muy com-petitiva en la que todo parece valer con tal de medrar, siendo esto algo que afecta no sólo a la profesión periodística, sino a cualquier otra. En la película de Billy Ray, Glass es descrito como una per-sona que tanto en su vida personal como en la laboral utiliza su arrollador carisma para ganarse el favor de todos aquellos que le rodean, intentando que ello le sirva para alcanzar sus propósitos, sin importarle siquiera la moralidad de sus actos. Lo que merece la pena para él es alcanzar la meta el primero, aunque para ello tenga que poner a toda la redacción de The New Republic en contra del nuevo editor, Chuck Lane, valiéndose incluso de la indecencia y del victimismo. Contrasta su comportamiento con el de su antiguo mentor, Michael Kelly, que es despedido por su jefes debido a que su revista, de tendencias demócratas, se mete más de lo debido con Bill Clinton, siendo su adiós, para nada reconroso, uno de los momentos más emotivos del filme.

  Apuntaba anteriormente que una de las cualidades de "El precio de la verdad" es su acertada sencillez, algo que no supone que su guión o su realización carezcan de soli-dez. Al contrario, algunos de sus diá-logos exhiben una fina y apropiada ironía, tal y como sucede cuando Adam Penenberg, que escribe en For-bes Digital, se percata de que el artí-culo de Glass sobre el mundo de los hackers es falso, pues ninguno de los datos que aparecen en él se pueden verificar. «Hay algo que sí se puede comprobar», comenta Penenberg. «Parece existir un Estado llama-do Nevada». Billy Ray no precisa de sofisticados juegos de cámara para demostrar su competencia como director. Así, logra involucrar al espectador en la historia en todo momento, tal y como sucede en la secuencia en la que Glass explica cómo es el proceso por que el pasa un escrito desde su redacción hasta que finalmente cae en las manos de los abogados de la revista, que se preocupan de que la información que se va a publicar esté lo suficientemente corroborada como para que luego no existan problemas legales con la misma. Por otra parte, el duelo entre Glass y Penenberg en el momento en el que éste intenta desenmascarar al primero posee ritmo y resulta atractivo, y ello a pesar de que se realiza en la dis-tancia y a través del teléfono. Es cierto que se echa en falta una mayor profundización en los personajes, pues sólo hay leves refe-rencias a la exigente familia del protagonista y tampoco se incide en su patológica tendencia a la mentira (tal vez sea debido a que se relata un hecho real y reciente, por lo que tampoco es deseable hurgar demasiado en las heridas).

  Hayden Christensen fue objeto de exagerados vituperios por su trabajo en "Star wars. Episodio II. El ataque de los clones", cir-cunstancia quizás bastante injusta para un joven actor que prácti-camente asumía un rol protagonista por primera vez en su carrera cinematográfica. La prensa ha sido más benévola con sus interven-ciones en "La casa de mi vida" y "El precio de la verdad", donde se nos revela como un intérprete muy correcto –en especial en las es-cenas finales del filme– al que, eso sí, aún le queda mucho camino por recorrer. Es, sin embargo, Peter Sarsgaard el mejor de todo el reparto, dando vida a Chuck Lane, el nuevo editor de The New Re-public que sustituye a Michael Kelly y que en principio no es reci-bido con buenos ojos por la redacción. Su rostro cuando se percata de los frágiles argumentos de Glass a la hora de defender su artí-culo es una elocuencia de su buen hacer. Lo mismo cabe decir de Hank Azaria, que se muestra comedido en su actuación y muy le-jos de su histriónica imagen de "Y entonces llegó ella".

   Mychael Danna compone una agradable música que sobresale durante los títulos de crédito ini-ciales del filme y en aquellos pa-sajes en los que observamos algu-nos de los artículos firmados por Glass. La partitura discurre de forma placentera, y ello a pesar de que no se puede calificar de melódica, siendo destacable el buen uso del piano en las escenas intimistas (Chuck con su esposa o su discusión final con Glass). Para concluir esta crítica qui-siera recomendar al lector algunas pá-ginas que le pueden ser de utilidad una vez haya visionado la pelí-cula y tenga curiosidad por conocer algo más acerca de su temáti-ca. Así, quien desee leer algunos de los textos que escribió Glass a lo largo de su fugaz carrera periodística los podrá encontrar en www.rickmcginnis.com/articles/Glassindex.htm, donde también ha-llará las reacciones de otros medios de comunicación ante este po-lémico hecho y la tosca web que realizó el protagonista de "El pre-cio de la verdad" para intentar hacer creer a su editor que la empre-sa sobre la que hablaba en uno de sus artículos sí existía en reali-dad (www.forbes.com/1998/05/11/otw3b.html). Finalmente, citar la página oficial de The New Republic: www.tnr.com.

Calificación película:
Calificación banda sonora original:


Imágenes de "El precio de la verdad" - Copyright © 2003 Lions Gate Films, Baumgarten Merims Productions, Forest Park Pictures y Cruise-Wagner Productions. Distribuida en España por DeAPlaneta. Todos los derechos reservados.

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