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LADYKILLERS
(The ladykillers)


Dirección: Joel Coen & Ethan Coen.
País:
USA.
Año: 2004.
Género: Comedia.
Duración: 104 min.

Interpretación: Tom Hanks (Profesor G.H. Dorr), Irma P. Hall (Marva Munson), Marlon Wayans (Gawain McSam), J.K. Simmons (Garth Pancake), Tzi Ma (El general), Ryan Hurst (Lump), Diane Delano (Chica montañesa), George Wallace (Alguacil Wyner), John McConnell (Ayudante del alguacil), Jason Weaver (Weemack).
Guión: Joel Coen & Ethan Coen; basado en el guión de William Rose para la película "El quinteto de la muerte".
Producción: Ethan Coen & Joel Coen, Tom Jacobson, Barry Sonnenfeld y Barry Josephson.
Música: Carter Burwell.
Fotografía:
Roger Deakins.
Montaje: Roderick Jaynes.
Diseño de producción: Dennis Gassner.
Dirección artística: Richard L. Johnson.
Vestuario: Mary Zophres.
Estreno en USA: 26 Marzo 2004.
Estreno en España: 21 Mayo 2004.

 

CRÍTICA
por David Garrido Bazán

Gran guiñol

  Quizás el último propósito de los hermanos Coen con sus últimos films sea desconcertar a sus más acérri-mos seguidores, entre los cuales me encuentro. O quizás es que no tienen muchas ganas de buscar fórmulas de riesgo como las que les dieron justa fama internacional por sus originales propuestas si encuentran fácilmente rebuscando en el pasado argumentos con los que dar salida a su potencia visual. O a lo mejor, Billy Wilder no lo quiera, es que se ha agotado el pozo de su inventiva. Sea como sea, no de-ja de resultar algo preocupante que las dos últimas obras de los Coen (dejando fuera "El hombre que nunca estuvo allí", porque a pesar de que era una evidente revisión de un género tan clásico como el negro su propuesta dejaba bien patente la inconfundible marca de los cineastas) sean una funcional y correcta comedia (pero sin duda muy menor en su filmografía) sobre la guerra de sexos al estilo clásico, "Crueldad intolerable", que les proporcionó el mayor éxito comercial de su carrera, y un remake de un clásico de 1955 como "El quinteto de la muerte" de Alexander Mackendrick, protagonizado por Alec Guinness y un en-tonces debutante cómico bastante prometedor, un tal Peter Se-llers.

  Si se conoce el original y se está algo familiarizado con la filmo-grafía de los Coen, uno no debería extrañarse de la elección, pues el estupendo planteamiento del original inglés (un grupo de majade-ros que se hace pasar por músicos para alojarse en casa de una adorable e inofensiva viejecita con el fin de atracar un banco y des-pistar a la policía) que los Coen copian a la perfección, estaba pro-tagonizado por unos estrafalarios personajes que conectan a la per-fección con las criaturas que paseaban por la pantalla de "Arizona baby", "El gran salto", "O brother!" o "El gran Lebowski", por poner algunos ejemplos; seres dotados de una increíble estupidez y con tendencia a la caricatura, pura arcilla en manos de los Coen, que sabían sacar buen partido de sus deficiencias para aplicarles su cínica y demoledora mirada, que siempre he pensado que no debe andar muy lejos de su idea general del ser humano.

  En "Ladykillers" Tom Hanks lidera a ese grupo de caricaturescos aspiran-tes a ladrones de altos vuelos entre los que se encuentran un inepto espe-cialista en explosivos y ocasional do-mador de animales con una rara y muy escatológica enfermedad llama-da ‘colón irritable’, un chulesco negra-ta con tanta tendencia al pasotismo como a provocar inútiles conflictos con el primero, un forzudo ex jugador de fútbol americano de encefalograma plano y un impasible asiático, fuma-dor compulsivo y especialista en túne-les (fruto de su experiencia en el viet-cong); interpretando al pedante, verborreico, relamido y a ratos fran-camente insoportable profesor G.H. Dorr, presunto especialista en lenguas muertas, que alquila una habitación en la casa de Marva Munson (una espléndida Irma P. Hall), descrita como una viuda más bien inocentona, pero de armas tomar, poseída por un indes-tructible fervor religioso y con cierta tendencia al surrealismo, como se demuestra en la alargada escena de presentación del personaje del inicio de la película, una secuencia en la oficina del sheriff local que, como pasaba en la obra original de Mackendrick, encuentra su justificación en la última escena de la película. Con estos mim-bres, resulta un tanto inevitable que "Ladykillers", apoyándose en la ya familiar inventiva visual de los Coen, se deslice por la pendiente de la comedia más bien física, rayana casi en el cartoon, que los cineastas han probado dominar sobradamente en el pasado, espe-cialmente en "Arizona baby".

  Y es que con ese grupo de personajes y la levedad del plantea-miento argumental de la película, no podía ser de otra forma. Los Coen se limitan a explotar sin disimulo la mayor parte de los aciertos de la película de Mackendrick, cuya fuerza perma-nece intacta, apenas con sutiles variaciones. Desde ese punto de vista, gran parte de la comicidad de la película reside en el duelo interpretativo que mantienen en numerosas ocasiones un Tom Hanks que parece esforzarse en huir de la sombra de Alec Guin-ness por el camino del más desatado histrionismo y una Irma P. Hall que, ésta si, resulta bastante distinta al personaje original, aunque mantenga intacta su insobornable tozudez y su cándida inocencia, por cierto, subrayada en un gag recurrente que pasará desapercibido a aquellos espectadores que no conozcan el hecho de que la Universidad Bob Jones es una de las instituciones ‘cris-tianas’ más reaccionarias, racistas y homofóbicas de los EE.UU.

 

Los hermanos Coen ya no tienen muchas ganas de riesgo o bien se les ha agotado ya la inventiva

  "Ladykillers" funciona bien por-que es, sencillamente, una gran farsa bien llevada en la que basta con juntar a ese grupo de estram-bóticos personajes unos con otros y ver cómo reaccionan ante las distintas fases de preparación del golpe, su ejecución y el pro-blema creciente en el que se con-vierte esa casera que puede dela-tarles y que se ven incapaces de eliminar, todo ello ambientado en ese Sur de los EE.UU que tan buenos resultados les proporcionó a los Coen en su anterior "O brother!". La banda sonora de inspira-ción genuinamente country de ésta última es aquí sustituida por otra en la que domina el gospel, que funciona con idéntica eficacia. Tanto que algunas de las secuencias parecen diseñadas exclusiva-mente en función de dejar que las canciones se apoderen de la pe-lícula, casi como unos gozosos interludios musicales, más que por su importancia desde el punto de vista de la progresión de la his-toria. Los Coen son tan conscientes de la facilidad con la que pue-den extraer situaciones hilarantes de la débil excusa argumental de la película, que ni siquiera se esfuerzan demasiado al visualizar el golpe (resistiendo la tentación de parodiar el género de las pelícu-las sobre atracos perfectos con un plan tan simple como efectivo) casi como si no se sintieran muy cómodos cada vez que han de salir de ese escenario prácticamente único que es la mansión de Marva Munson.

  Pero lo que provoca desazón en el seguidor de los Coen es que, precisamente, tratándose de una película de estos cineastas, "Lady-killers" sea seguramente la obra en la que menos se nota la aporta-ción de ambos. Aunque su estilo siga siendo inconfundible, es descora-zonador pensar que la mayor parte de los mejores gags de la película pro-vengan de la obra original de Macken-drick y, lo que es aun más grave, que "Ladykillers" haya rebajado notable-mente el tono oscuro y decididamente perverso de aquélla. Debajo del gran guiñol que los Coen han construido para hacer pasar un rato agra-dable al espectador con este divertimento, no hay mucho rastro (salvo alguna excepción) del delicioso humor negro que impregnaba la obra original y la película se mueve más por el terreno del slap-stick o del humor salvaje que por el de la sutilidad o la ironía. A pesar de la indudable eficacia de muchos momentos, la película se alarga demasiado y no son muchas las novedades que funcionan (un curioso homenaje a David Lynch en la figura de un gato espe-cialmente inquietante, el cuadro del esposo fallecido de Marva que preside el salón o algunas de las presentaciones de los persona-jes, además del ya mencionado gag de la Universidad Bob Jones) pero, claro está, todo esto resulta irrelevante (y los Coen son plena-mente conscientes de ello) ante el hecho de que la inmensa ma-yoría que va a ver "Ladykillers" no ha visto (ni, por desgracia, verá jamás) "El quinteto de la muerte" y eso les permitirá disfrutar infi-nitamente más de la película de lo que lo hizo un servidor.

Calificación:


Imágenes de "Ladykillers" - Copyright © 2004 Touchstone Pictures y Jacobson Company. Distribuida en España por Buena Vista International. Todos los derechos reservados.

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