CRÍTICA
por
Miguel Á. Refoyo
Una superproducción totalmente lamentable
Jean Kounen ha fabricado
una nefasta película con ineptitud na-rrativa basada en el efecto
y, en este caso, una inexplicable obse-sión por el chamanismo
lisérgico
Vergonzoso. Así de triste y
paupérri-mo es el adjetivo que define esta ex-cesiva tomadura de
pelo del cine fran-cés, tan acostumbrado a seguir en sus
superproducciones las líneas co-merciales de los blockbusters
ameri-canos. Desde que Luc Besson poten-ciara un tipo de películas
dotadas con un gran presupuesto inalcanzable pa-ra una producción
media y con el ex-clusivo propósito de venderla en el mercado
internacional muchos han si-do los cineastas galos que han
inten-tado la proeza de un visionario como es el director de "El
profesio-nal (León)" por convertir su producto en un éxito
foráneo. Pitof, Jean Pierre Jeunet, Mathiew Kassovitz,
Christophe Gans, Claude Zidi o Alain Chabat, entre otros, han
seguido su estela con más o menos fortuna. Uno de ellos fue
Jan Kounen, un cineasta formado
en la publicidad y el videoclip que debutó hace algunos años
con una ho-rrorosa e infecta obra llamada "Dobermann", falsa
muestra de ultra-violencia efectista carente de interés
cinematográfico que ocultaba sus defectos bajo un halo estético
forzado y suntuoso. Con el mis-mo alarde de petulancia, Kounen
demuestra con "Blueberry. La ex-periencia secreta" el grandísimo
paradigma de cómo de tirar varios de millones de euros a la
basura, porque hay que recordar que es-tamos ante una de las
películas más caras de la historia de la cine-matografía gala
(cerca de cuarenta millones de euros).
Nacido en Francia hace
cuarenta años de la mano de Jean
Michel-Charlier y Jean
Giraud (más cono-cido como Moebius), Blueberry, el
mi-to de papel, ha sido convertido en imagen real, procurando
recuperar los lugares comunes de las películas del Oeste y
darles otra vuelta de tuerca para sumergir cada fotograma en
en-vanecida psicodelia. Poco tiene que ver esta mezquina demencia
de estul-ticia argumental con las viñetas dibu-jadas por Giraud,
que logró aportar al cómic europeo numerosas novedades al arte
secuencial, entre ellas, su visión cinematográfica en la
es-tructura narrativa a la hora de plantear la disposición de las
viñetas y el diseño. Si su Blueberry se caracterizaba por un
tono diferente, surrealista y transgresor volcado en la figura
de un antihéroe amo-ral, corrompido por dudas existenciales
vengativas, la chanza de Kounen se mueve constantemente en un
dudoso virtuosismo visual mezclado con un incoherente éxtasis
místico a medio camino entre la pseudofilosofía y la imbecilidad
lisérgica. Bajo la apariencia de western atípico y
fantástico, pretendidamente onírico, e in-fluenciado por la
cultura chamánica, reside uno de los ejerci-cios de prepotencia
absurda más escandalosos y degradan-tes que se han visto en la
historia del cine. Y no sólo eso, sino que la desvergüenza
de Kounen, siempre dentro de la ridiculez más categórica, llega
a su confesión de sentirse inspirado por la deliran-te imaginería
de Alejandro Jodorowsky, guionista de historietas y artífice de
películas de culto como "El topo" y creador de la obra de
Moebius "El Incal", pretendiendo de esta forma confusa adoptar
el misticismo nigromántico del maestro chileno. Desde ese punto
de vista es comprensible que con su incompetente propensión al
dis-parate, al psicotrópico efecto de un mal chute de droga
visual adul-terada, someta al espectador a un tortuoso viaje
hacia un aburri-miento soporífero, sin sentido ni explicación que
concluye en una ridícula burla hacia la inteligencia del público
o a un guiño malicioso a los entorpecidos amigos de la
drogadicción chamanista y farlo-pera.
Kounen se apoya en un guión
(con Gerard Brach a la
cabeza) para el que no hay suficientes adjetivos nega-tivos, más cerca del
engendro y la in-mundicia que de un libreto con diálo-gos y
secuencias. Un disparate donde no existe una línea argu-mental
coherente a lo largo de la apática historia que se cuenta. La
propensión a la chorrada, la imbecili-dad llena de boato
prototípico en cual-quier producción de serie B encuadra-da en el
‘western europeo’ es el obje-tivo involuntario, responsable de
que nada de lo que se dibuje en sus imágenes tenga sentido
alguno. Llegados a este punto, al aturdido espectador acaba
dándole igual el infantil e ilógico fantasma del pasado que
hostiga la existencia del sheriff Blueberry, las malditas
Montañas Sagradas, las retahílas verborréicas de los indios
Huicholes de México o los Shibipo de Perú (da lo mismo quienes
sean porque ni se molesta en explicar-lo) o el chamán Runi que
ayuda a este héroe apático a luchar con-tra un malvado a base de
drogas de todo tipo. Llega un instante, mediada la cinta, en que
lo único deseable es que la película ter-mine de una vez, debido
a la asfixiante aberración insana compues-ta por formas de
reptiles, arañas e insectos que comprende el clí-max chamánico y
digital de esta sandez indignante que es "Blue-berry. La
experiencia secreta".
Tolo lo anterior, sin entrar
a valorar un duelo final que no es otra cosa que un
enfrentamiento solazado por el pe-yote. Un duelo que Kounen y sus
mu-chos guionistas han querido que to-mara originalidad ofreciendo
un en-frentamiento mental, más que de pis-tolas. Un cósmico viaje
de ácido, deli-rante y lamentable, al que tampoco ayuda mucho un
reparto en horas ba-jas, como lo demuestran
Vincent Cassel, que
nunca ha estado peor que en el rol de Mike Blueberry, una
absurda e infantilizada Juliette Lewis (lo único destacable es
su desnudo integral final) y un horrible, co-mo casi siempre,
Michael Madsen, en el papel de malo de la fun-ción. Todos ellos
se suman a hundir totalmente este desbarajuste sin equilibrio que
es "Blueberry. La experiencia secreta"’. Ni siquie-ra la ambientación llevada a cabo por
los diseños de Marc Caro es destacable en este infarto lisérgico
que brinda algunos de los mo-mentos caleidoscópicos más
incomprensibles, mareantes y des-concertantes de los últimos
tiempos. Así, la ambicionada belleza de hipnotismo efectuada por
una sobresaliente labor de efectos di-gitales no es más que la
demostración de que Kounen mantiene e incrementa una ineptitud
como narrador que deja constante a lo largo de su tedioso filme
basado en el puro efecto vacuo, en la ne-cedad llevada al
paroxismo de la arrogancia.
En definitiva, una experiencia
en absoluto recomendable de la que se puede extraer como
conclusión que a este mejunje in-fame de cinta sólo se puede
asistir bajo los efectos de la droga en grandes cantidades, en
caso contrario es
imposible apreciar la su-puesta calidad de su sugestión. Y como el
espectador inteligente no suele ir al cine ‘puesto hasta
arriba', es de reconocer este des-propósito como una auténtica
inmundicia disfrazada en una vendi-ble apariencia de gran
producción.
Calificación:
    
Imágenes de "Blueberry. La experiencia secreta" - Copyright © 2004 La
Petite Reine, Ajoz Films, UGG Images, Crystalcreek, Ultra Films y TF1 Films Production. Distribuida en España por
Filmax. Todos los derechos
reservados.
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