CRÍTICA
por
David Garrido Bazán
Las raíces de la violencia
«Dicen que Dios creó el mundo en seis días y en el séptimo
des-cansó. Por eso muchos creen que las cosas más horribles
suce-den en Domingo, mientras Dios está durmiendo»
En una noche de domingo, efectiva-mente, ocurrió hace casi
catorce años uno de los hechos más tenebro-sos de la historia
reciente de España. Dos hermanos, armados con escope-tas de
caza, irrumpieron en la plaza de un pequeño pueblecito
extremeño, Puerto Hurraco, y dispararon contra la población
reunida en la calle, con el resultado de nueve muertos (entre
ellos dos niñas de corta edad) y doce heridos de distinta
gravedad. La pos-terior detención de ambos hermanos y de sus dos
hermanas, acusadas de ser las instigadoras de la matanza por una
cuestión de odios y ren-cores contra otra familia del pueblo
cultivados a lo largo de muchos años, conmocionó enormemente a
este país y llamó la atención del productor
Andrés Vicente Gómez, que
encargó un guión inspirado en el suceso al escritor
Ray Loriga y ofreció la
película a un direc-tor, Carlos Saura,
que ya había tratado numerosas veces a lo lar-go de su
filmografía el tema de la violencia y la muerte en películas
como "La caza", "Deprisa, Deprisa", "¡Dispara!" o "Taxi", por
poner unos cuantos ejemplos.
"El 7º día" es una película
que, más que recrear fielmente aque-llos hechos, se inspira más
o menos libremente en ellos para cons-tituir un interesante
estudio sobre las raíces ocultas de esa violen-cia incontrolada
que se desató aquella noche. La película no cae en el error de
ofrecer explicaciones, pues difícilmente se pueden buscar
soluciones racionales a lo que resulta completamente
inex-plicable, pero sí es un interesante esfuerzo por encuadrar
aquellos hechos en un marco mucho más amplio. Para ello, Loriga
utiliza el recurso de emplear la mirada de una victima directa
de aquella ma-tanza, la hija adolescente de la familia odiada
por los instigadores de la misma, a través de cuyos ojos
seguimos el proceso de in-quieta investigación de ese pasado que
esconde en sus oscuras esquinas las raíces de ese rencor
espeluznante.
La idea es interesante, desde luego, y ofrecía a Saura la
posibi-lidad de darle más cuerpo a una historia cuyos hechos
desnudos no parecen ser capaces por sí solos de conformar un
largometraje, pe-ro el problema es que las intencio-nes pesan
mucho más que los re-sultados finalmente conseguidos: a
pesar de los esfuerzos de la debu-tante
Yohana Cobo, sus pesquisas en
busca del pasado de su propia familia, puestas en paralelo con
una incipiente historia de amor con el per-sonaje de
Oriol Vila (una historia que
recuerda, salvando las distancias, a la de Penélope Cruz y
Javier Bardem en "Jamón, jamón", pero en una versión mucho peor)
inte-resan mucho menos al espectador que la magnética presencia
en pantalla de la familia Fuentes, descrita como una especie de
de-mentes embrutecidos por su propio aislamiento y perdidos en
su propia locura y furia homicida, alimentada por el rencor de
muchos años. Esto produce un fatal desequilibrio entre las dos
líneas princi-pales de la película que perjudica, y mucho, al
resultado final de la misma, pues esas dos líneas son
divergentes cuando deberían ir entrelazadas, no parecen guardar
relación clara una con la otra y, para colmo, una interesa casi
en la misma medida que la otra abu-rre, con lo que la atención
del espectador sólo se fija cuando la amenazante presencia de
cualquiera de los miembros de la familia Fuentes, con su carga
de dolor y de locura, ocupa la pantalla.
"El 7º día", no obstante, se
mantiene en pie gracias al maravilloso elenco que Saura ha
logrado juntar en pantalla. Película principal-mente de actores,
el escalofriante retrato que Juan Diego,
José Luis Gómez,
Victoria Abril,
Ana Wagener y
Ramón Fontserè ofrecen de esa
familia permite a Saura dispensar al espectador un atisbo de la
locura obsesiva en la que se veían inmersos unos per-sonajes que
son capaces de transformar el rencor eterno de un amor no
correspondido de una mujer seducida y luego abandonada en un
odio primero personal y, tras la oscura muerte de la matriar-ca
en un incendio, extendido luego a toda la familia y
posteriormen-te y de forma indiscriminada a todo un pueblo a
quien se hace cómplice de esas viejas cuentas nunca ajustadas y
se culpa de to-dos los males. El trabajo de todos los actores
es impresionan-te, empezando por ese Ramón Fontserè que es la
viva ima-gen de la locura homicida desatada, siguiendo con
esos dos hermanos arrastrados el uno por el otro (la química
entre Juan Die-go y José Luis Gómez es digna de mención) y
culminando con una Victoria Abril espléndida que se erige en la
figura clave de los he-chos, una mujer enferma de rencor y odio
que maneja a sus herma-nos a su antojo.
En el otro lado, José García
inter-preta correctamente a un padre al que no llegamos nunca a
conocer del todo y una magnífica
Eulalia Ramón (de lejos, lo mejor de la función) da
vida a una mujer que sigue contra su volun-tad y su instinto las
decisiones de su marido, que condena a sus hijas a crecer en un
ambiente que no desea para ellas. Este retrato de una mujer
fuerte y, sin embargo, sufridora que mantiene unida la familia
es el más certero de la cinta. Es una lástima que la película se
pierda por unos veri-cuetos tan poco interesantes como los que
tratan de ser la colum-na vertebral, el armazón narrativo de la
misma, cuando para cual-quier espectador resulta evidente que el
interés de la misma trans-curre por otros derroteros que los de
ese primer amor tópico y can-sino entre el chulesco camello y la
tierna mocita, los momentos musicales alargados o esa galería de
personajes que pululan por el pueblo (el tonto que sabe más de
lo que aparenta y que encarna Carlos
Hipólito, ese enano cantor de ópera o la atractiva
mujer del dueño del bar) como simples excusas argumentales de
poco peso para hacer avanzar la acción hacia su esperado y
anunciado clímax final. Hablando claro: se nota mucho la ‘paja’
del film.
Es precisamente en el
tramo final de la película donde Sau-ra despliega su maestría:
la compleja secuencia de la matan-za está narrada con tal
sencillez y concisión (con el número de planos justos para
mostrar lo que sucede, sin alardes de montaje, mareantes
movimientos de cámara ni mucho menos innecesarias cámaras
lentas) que resulta sobrecogedora simplemente apoyán-dose en la
terrible fuerza de unas imágenes que no precisan de ar-tificio
alguno para conmocionar al espectador con toda su desnuda
fuerza. En el haber de la película hay que sumar a lo ya dicho
la bella fotografía de François
Lartigue (que sabe sacar buen partido de los áridos
espacios abiertos en los que se encuadra la historia) y el
acertado fondo musical de Roque Baños,
que consigue crear tensión con una banda sonora aflamencada de
inusitada belleza, mientras que en el debe hay que resaltar el
abuso de la tan inevi-table como ya cansina voz en off
narrativa.
Es obligado, como extremeño
que soy, hacer referencia a la ab-surda polémica creada por las
autoridades de la Junta de Extrema-dura, cuyos lógicos recelos
sobre que esta película avivara de nue-vo los tópicos de la
‘España negra’ se demuestran completamente infundados: no hay a
lo largo de la obra una sola referencia ni a Puerto Hurraco ni a
Extremadura que impida pensar en ella como una reflexión
universal sobre la violencia, jamás localizada en el mapa. Un
servidor no esperaba menos, la verdad.
Calificación:
    
Imágenes
de "El 7º día" - Copyright © 2004 Lolafilms y Artedis.
Distribuida en España por Lolafilms. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "El 7º día"
Añade "El 7º día" a tus películas favoritas
Opina sobre "El 7º día" en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda "El 7º día" a un amigo
|