REPORTAJE por
Joaquín R. Fernández
J.K. Rowling: Sueños
que se hacen realidad...
Sucedió durante las Navidades
de 2001, justo poco después del estreno cinematográfico de "Harry
Potter y la piedra filosofal". Me encontraba en una
pequeña librería, de esas en las que el trato con el comprador
suele conciliar la cortesía con la profesionalidad. Al tratarse
de una época festiva y en la que un regalo cobra un signi-ficado
muy especial, la tienda se hallaba repleta de clientes,
desta-cando en un rincón un ruidoso grupo de mocosos. Sus
disputas, siempre dentro de los habituales pataleos que de vez
en cuando se producen entre los menores de edad, no versaban ni
sobre cuál era el mejor equipo de fútbol del mundo ni si Sonic o
Mario eran los personajes más carismáticos de la industria del
videojuego. El ca-so es que tampoco se pavoneaban de aquello que
se ha convertido en uno de los mayores lastres de la sociedad
contemporánea, esto es, de llevar una determinada ropa de marca
o unas carísimas za-patillas deportivas. No, su tema de discusión
se debía a que unos se vanagloriaban por el simple hecho de
haber leído enteras todas las novelas editadas hasta aquella
fecha del famoso mago que con tanto éxito Chris Columbus había
trasladado a la pantalla grande.
La causante de semejante
escena no era otra que
J.K. Rowling,
flaman-te Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2003
debido, según el Jura-do que se lo otorgó, a «las caracte-rísticas
de su obra, que trasciende el ámbito literario, para convertirse
en un vínculo de unión entre continentes y generaciones que
promueve la imagi-nación como fuente de libertad al ser-vicio del
bien y la cooperación y la so-lidaridad entre las personas». Como
ella misma declaró en el discurso que preparó para la ceremonia
en el que recogió dicho galardón, su intención a la hora de
crear el universo en el que transcurren las aventuras de Harry
Potter «no fue ni enseñar ni predicar a los niños. De hecho,
creo que salvo raras excepciones, las obras de ficción infantil
su-fren si el autor o autora está más interesado en instruir a
sus lec-tores que en cautivarlos con un cuento. Sin embargo,
siempre he creído que los libros de Harry Potter son altamente
morales. Quise representar las ambigüedades de una sociedad
donde la intoleran-cia, la crueldad, la hipocresía y la
corrupción abundan, para demos-trar mejor lo heroico que es,
cualquiera que sea tu edad, luchar en una batalla que nunca se
ganará».
Nos encontramos, pues, ante
un fenómeno sociológico en el que, según
palabras de su propia autora, no prima tanto el mensaje, que
existe, como el deseo de despertar una imagi-nación en ocasiones
demasiado adormecida por la dura rea-lidad.
Los detractores de Rowling, bastante abundantes, argumen-tan que
la escritora actualmente tan sólo tiene sus ojos puestos en
proteger escrupulosamente a los personajes que ella misma ha
creado y en incrementar su fortuna personal (así, en mayo de
2004 una obra de teatro londinense tuvo que ser modificada
porque algu-nos de sus fragmentos se referían al aprendiz de mago
y sus haza-ñas, algo que no está permitido, pues Warner Brothers
posee los derechos de toda producción musical o teatral
relacionada con esta franquicia hasta el año 2007). Por
supuesto, los hay que también la tachan de venderse a lo
comercial y de redactar textos de dudosa calidad artística.
Para rebatir dichas opiniones
habría que hacerse la siguiente pregunta: ¿cómo consiguió
alcanzar esta mujer la popularidad de la que ahora mismo goza?
¿Consistió todo en una espec-tacular campaña de marketing o, por
contra, el fenómeno de Harry Potter desbordó las previsiones más
optimis-tas de su propia artífice? Joanne Row-ling nació el 31 de
julio de 1965 en Yate, Inglaterra. Tras graduarse, ejer-ció de
maestra, hasta que un día de 1990, y a causa de un retraso de
cua-tro horas en el tren que cubría la línea entre Manchester y
Londres, creó al personaje que daría pie a toda una saga de
magia y aventuras. Una vez terminó el libro, algo que le llevó
seis años y todo ello mientras atravesaba una difícil crisis
económica, tuvo la suerte de encontrar un agente literario que
la representara (Christopher
Little), pero
no una editorial que quisiera publicar una obra dedicada al
público in-fantil y juvenil pero cuyo grosor era
significativamente superior al habitual en este tipo de títulos.
Envió manuscritos a un buen núme-ro de editoriales, pero todas
los rechazaron. Sin embargo, una de ellas finalmente sí aceptó
lanzar al mercado su trabajo: Bloomsbu-ry. Poco a poco "Harry
Potter y la piedra filosofal" comenzó a ven-derse muy bien, y
ello sin apenas haberse publicitado, aunque sí es verdad que
obtuvo algún que otro reconocimiento por parte de la crítica
especializada. Su lanzamiento en Estados Unidos también resultó
todo un éxito, de ahí que la Warner pronto se hiciera con los
derechos de sus novelas para acrecentar aún más el mito que
había brotado de su mente.
En todo caso, son muchas las
voces autorizadas que han de-fendido el trabajo de J. K. Rowling.
Así, Pilar García Mouton,
pro-fesora de Investigación en el Instituto de la Lengua Española
del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, comentó en
su día de forma positiva que, «en una época en la que la lectura
parecía una batalla perdida, [...] niños de muchos países luchen
por poder leer libros de cientos de páginas. La imaginación de
esos millones de niños de todo el mundo tendrá siempre en esos
textos un lugar de encuentro que será un lazo de paz para toda
una generación". Rosa Navarro,
catedrática de Literatura Española de la Universi-dad de
Barcelona, también declaró que «la fuerza de las aventuras de
Harry Potter es tal que los jóvenes han aprendido inglés para
poder leerlo en cuanto apareciera en el mercado. El poder que
emana de estas obras lleva a la lectura o al aprendizaje: dos
activi-dades que proporcionan enormes beneficios a la persona».
Incluso Ana María Matute
ha llegado a ensalzar la vertiente «políticamen-te incorrecta» de
estas obras. Según ella, los niños se han alejado de la lectura
porque viven bajo «lo políticamente correcto, que como todo lo
impuesto, es horrendo».
Son, en definitiva,
comentarios y puntos de vista personales que se han de respetar,
al igual que los de aquellos que no sienten simpatía al-guna por
todo lo que tenga que ver con el mundo de Harry Potter. Sin
embargo, creo que las películas es-tán tomando
su propio camino y, no como en "Harry Potter y la pie-dra
filosofal", intentan atenerse más a una estructura
cinematográ-fica que literaria.
Por supuesto que Rowling, como casi cualquier autor que expresa
sus inquietudes por me-dio de una obra artística, bebe de
nu-merosas fuentes y no es del todo original, mas ella misma lo
reco-noce así y es una estupenda forma de que sus lectores se
intere-sen por algunas mitologías y leyendas a las que de otra
forma nun-ca les hubieran prestado atención. Por otra parte, el
lector más jo-ven va creciendo al mismo tiempo que los
protagonistas de la saga, haciéndose las habituales preguntas y
enfrentándose a los mismos problemas que un adolescente
cualquiera, mas todo ello sin olvidar que debemos dejar un
huequecito en nuestro corazón para la ma-gia y las ilusiones.
Cierto que todos hemos de arrostrar la severi-dad que a veces se
presenta sin aviso en nuestras vidas, pero qui-zás una fértil
imaginación pueda servirnos de ayuda para seguir adelante y no
dejarnos consumir por la adversidad. Si todo ello lo ha
conseguido J.K. Rowling en alguna persona, bienvenidos sean sus
libros...
Fuentes consultadas: Europa Press;
Fundación Príncipe de Asturias; HarryLatino.Com; Internet Movie
Data Base.
Imágenes de "Harry Potter y el prisionero de Azkaban" - Copyright © 2004
Warner Bros. Pictures, 1492 Pictures y Heyday Films. Distribuida
en España por Warner Sogefilms. Todos los derechos
reservados.
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