CRÍTICA por
David Garrido Bazán
El ogro irreverente se
va domesticando
Les voy a sugerir que hagan un pequeño pero revelador ejercicio,
que yo mismo llevé a cabo un poco de causalidad la tarde del
es-treno de "Shrek 2". Faltando un par de horas para que
comenzara la sesión a la que pensaba acudir y en medio de una
apacible mo-dorra veraniega, me puse a ver por enésima vez "Shrek"
sin prestar-le una excesiva atención, mientras pasaba la hora de
la siesta. Sí, la mayoría de los que leen esto la habrán visto
en más de una oca-sión y algunos, entre los que me incluyo,
estarán lo suficientemen-te familiarizados con ella como para
poder reconstruirla en la me-moria sin hacer un excesivo
esfuerzo, pero créanme, merece la pe-na hacer el experimento.
Sólo entonces se podrá comprender en su totalidad el principal
reparo que un servidor puso a la salida del cine y que puede
pasar desapercibido por las virtudes nada superfi-ciales de la
película: ¿Cabe mayor traición al espíritu
transgre-sor de la primera película que, esgrimiendo como
argumento la fidelidad al mismo, fabricar una obra que reproduce
de forma tan milimétrica la fórmula y estructura de "Shrek"?
Trataré de explicarme, porque soy consciente que la pregunta
bien pue-de resultar un tanto confusa. El éxito arrollador de
"Shrek", a mi entender, tuvo mucho que ver con esa visión de los
creadores que supo conectar con ese público que pedía a gritos
una pe-lícula que supiese reírse con inteligen-cia de las
convenciones de unos cuentos infantiles y un modo de hacer
cintas de animación (el de la Disney) con el que las nuevas
generaciones ya no pueden ni quieren identificarse. La gracia
del invento era que la pelí-cula jugaba con el hecho de que,
ali-mentados desde bien pequeños con la esencia de esos cuentos,
todos somos lo suficientemente conscientes de los modelos que se
estaban subvirtiendo como para captar en su totalidad la sana
irreverencia y la mucha mala leche soterrada que impregnaba gran
parte de los gags que se colaban en el inteligente guión de la
pelí-cula, en la que no se dejaba títere con cabeza, guiños para
el públi-co adulto y referencias sexuales incluidas. Algo
deslumbrante. Pe-ro, ay, el fenómeno tuvo un éxito que fue mucho
más allá de lo es-perado incluso por los propios autores y eso
obligó a plantearse la posibilidad de una continuación a una
historia que, paradójica-mente, parecía haberse cerrado con el
consabido final feliz a pesar de todo.
Así pues, "Shrek 2" nace con la necesidad de
cubrir una do-ble expectativa: por un lado, se le demanda que
destile la misma mala leche, espíritu transgresor e irreverencia
que hi-zo triunfar a la primera; por otro, se le pide que llegue
a las mismas audiencias que abarrotaron los cines
(entre los que, sin duda, se encuentra una gran parte de público
infantil a los que ni siquiera les ha dado tiempo a asimilar
aquellos modelos clásicos que "Shrek" destrozaba alegremente)
¿No parecen dos alternativas contrapuestas, verdad? En teoría,
basta con repetir la estructura de la primera película
introduciendo nuevos personajes, nuevos ele-mentos de los
cuentos clásicos que subvertir y algunos gags que remitan a
éxitos del cine más o menos reciente. Pero hay algo so-bre lo
que, a la vista de los resultados de "Shrek 2", no se había
re-flexionado lo suficiente: cuando se tiene entre las manos un
pro-ducto tan subversivo, nada podría estar más alejado de ese
espíritu que mantenerse tan fiel al mismo que incluso los
conflictos, la pre-sentación de personajes y situaciones y hasta
la estructura dramá-tica de las nuevas andanzas del simpático
ogro verde y sus acom-pañantes sean idénticos a todo lo que ya
pudimos ver en su mo-mento en "Shrek". Menuda paradoja: caer en
el convencionalismo para mantener la transgresión. Y no
conseguirlo.
Porque "Shrek 2" juega a lo seguro. Tan a lo seguro que la
película vuelve a iniciarse con las tapas de un libro de cuentos
clásicos; que la secuen-cia de la luna de miel de Shrek y Fio-na
es clavada a la secuencia de pre-sentación de Shrek en su
ciénaga; que la incomprensión y el rechazo que produce la
condición de ogro de Shrek en el Reino Muy Muy Lejano son
idénticos a los que producía en Duloc; que las dudas que
atenazan a Shrek sobre lo que la Princesa Fiona verdaderamente
debería tener (es de-cir, el consabido Principe Encantador con
el que siempre ha soñado en lugar de un ogro verde) son las
mismas, aún después de haberse casado con él; que el personaje
de El Gato con Botas cumple exactamente la misma función que
Asno en la primera película (al menos aquí se tiene el detalle
de verbalizarlo con la frase “El papel de animal parlante que da
la vara ya está cogido”) o que la escena de acción en la fábrica
del Hada Madrina juega el mismo papel que la escena del rescate
de Fiona del dragón (perdón, dragona) en la primera parte. Y eso
son sólo algunos ejemplos, y no los más dolorosos.
Lo peor es que hay cosas en las que "Shrek 2" se diferencia más
bien poco de las películas de animación de toda la vida, a ratos
es empa-lagosamente cursi y, para colmo, se pasan parte de la
pelí-cula cantando. Aun cuando sea para parodiar, ya tiene
de-lito.
A todo esto ¿es "Shrek 2" divertida? Por supuesto. ¿Mantiene
in-tacta la capacidad para hacer reír con situaciones hilarantes
y gags inesperados? Claro que sí ¿Sigue parodiando los
convencionalis-mos de los cuentos clásicos? Ahí está esa
terrible y chunga Hada Madrina convertida en el villano de la
función para atestiguarlo, aun-que en mi opinión se le podría
haber sacado mucho más partido, tanto de ella como de su
insoportable hijo, ese Príncipe Encantador tan pagado de sí
mismo. El mismo talento visual, narrativo y creati-vo está al
servicio de la historia, y eso ya de por sí supera a la ma-yor
parte de las comedias vistas en este desangelado 2004 en lo que
a ese género se refiere. Y sí, a ratos, como no podía ser de
otra forma, uno percibe algún chispazo de ese viejo atrevimiento
(el gag de Pinocho en el rescate, magnífico, o la parodia de
Cops que muchos no captarán), aunque es de lamentar que el más
brillante y atrevido de todos ellos (y uno de los mejores gags
de la película) llegue justo en los títulos finales de crédito,
con las luces segura-mente encendidas y más de la mitad de los
espectadores despre-venidos ya fuera de la sala, sobre todo si
el cine no es muy escru-puloso con eso de respetar la proyección
hasta el final.
Por supuesto, uno puede quedarse con el hecho incuestionable de
que "Shrek 2" es una película que cuida un guión ágil y
divertido, unos diálo-gos chispeantes y que sabe sacar partido
de algunas de las situaciones planteadas, como esa estupenda
vi-sión del Reino de Muy Muy Lejos co-mo un Beverly Hills para
las estrellas de los cuentos infantiles más rutilan-tes, algunos
momentos excelentes de la mano de un Gato con Botas con el que
Banderas se ríe de sí mismo (im-pagables las dos secuencias en
las que el gato pone esos ojitos irresisti-bles), congratularse
de reconocer las innumerables referencias a multitud de títulos
del cine reciente que a ratos hacen pensar que estamos ante una
versión de "Shrek" realizada por los hermanos Wayans o por Jim
Abrahams (¿De verdad eran necesarias tantas? No todas son tan
brillantes como las de "De aquí a la eternidad" o "Alien,
el octavo pasajero"), o disfrutar de todos esos
clásicos mo-dernos en su banda sonora (hasta el Capitán Garfio
canta con la voz de Tom Waits y todo). Pero no sería honesto por
mi parte si no les dijera que tuve la molesta sensación una vez
terminada la pro-yección de que, para nuestra desgracia y mucho
me temo que de forma un tanto imperceptible para la mayoría de
los espectadores, nuestro viejo ogro verde está empezando a
domesticarse. Y quizás sea algo duro, pero precisamente en Shrek
me parece algo imper-donable.
No termino sin antes
insistir en lo importante que es quedarse en la
sala al comenzar los títulos de crédito finales. Si se abandona
demasiado rápido, uno corre el riesgo de perderse un gag final
ciertamente corrosivo,
éste sí, digno del espíritu transgresor de Shrek.
Calificación:
    
Imágenes y notas
de cómo se hizo "Shrek 2" - Copyright © 2004 DreamWorks y Pacific Data Images.
Distribuida en España por UIP. Todos los derechos
reservados.
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