CRÍTICA por
David Garrido Bazán
El héroe torturado
Tras el éxito de "Spider-Man",
posi-blemente una de las mejores adapta-ciones que el cine ha
hecho de un có-mic de superhéroes (con permiso, eso sí, de las
dos muy personales entregas de Batman a cargo de Tim Burton),
había cierta expectación por ver lo que el director
Sam Raimi
y su equipo técnico y artístico conseguían en la segunda parte
de las aventuras del personaje emblema de la Marvel. A priori, y
considerando un absoluto acierto la apuesta por mantener dicho
equipo al frente de la franquicia, lo único que llamaba la
atención era la sustitución del guionista David Koepp, que en mi
opinión ha-bía conseguido captar a la perfección la esencia del
mundo que ro-deaba al confuso adolescente Peter Parker en la
primera entrega (aunque no tanto en el caso de su antagonista),
por la pareja forma-da por
Miles Millar
y
Alfred Gough,
responsables de otro produc-to de éxito basado en el mundo los
superhéroes como es la serie de televisión "Smallville", en la
que se narran la adolescencia de Clark Kent, Superman, y
acompañados por el ganador del Pulitzer
Michael Chabon,
que tenía en su haber el guión de "Jóvenes
pro-digiosos" (Curtis Hanson, 2000) basado en su
propia novela, otra película en la que también se trataba,
aunque sólo fuera de pasada, los problemas de un adolescente con
talento para adaptarse a la sociedad (que, por cierto, también
era
Tobey Maguire).
No es un detalle insignificante, por cuanto "Spider-Man 2" es
una película cuya columna vertebral no son los es-pectaculares
efectos especiales o una nueva demostración del talento visual
de Sam Raimi para usarlos en beneficio de la cinta, sino más
bien la torturada existencia de un Peter Par-ker para el que,
como le ocurría al personaje de cómic original cuando fue
concebido allá por los años se-senta, sus impresionantes poderes
son más una maldición que una ben-dición. Un elemento
imprescindible para comprender la fascinación y el encanto que
producía, pues no era difícil para los lectores identificarse
con ese adolescente abru-mado por la responsabilidad y la culpa,
incapaz de conciliar los problemas de una vida normal (estudiar
una carrera, ganarse la vi-da, conseguir a la chica de sus
sueños) con las continuas obliga-ciones que comportan sus
poderes. Los guionistas de "Smallville" tienen el terreno más
que abonado para, a partir de esa premisa, construir el
entramado argumental de "Spider-Man 2". Así, en el comienzo de
la película se nos presenta a un Peter Parker que, dos años
después de adquirir sus poderes, resulta bastante patéti-co:
asiste impotente a cómo la vida pasa de largo o se derrumba
alrededor suyo mientras que su carrera como superhéroe no es que
pueda calificarse de especialmente brillante.
Sam Raimi utiliza adecuadamente ese sentido del humor soca-rrón
que siempre ha caracterizado sus películas para hacer hinca-pié
en dichos problemas. En ese sentido, la escena de presenta-ción
con el reparto de pizzas, culminada con una antológica esce-na
que transcurre en un ascensor, es buena prueba del tono que
preside la función, que
trata de equilibrar la tragedia personal de Parker con las
espectaculares secuencias que muestran a Spider-Man en acción,
ya sea paseándose por Nueva York o combatiendo al villano de
turno; mientras que unas gotas de humor aquí y allá y la
continuación de la historia de amor con Mary Jane (que falla un
poco por culpa de la mala definición del personaje de MJ en el
guión y la falta casi absoluta de química entre
Kirsten Dunst
y Tobey Maguire) completan la estructura de la película. Y la
verdad es que este arriesgado (por complejo) esquema argumental
funciona de forma convincente.
"Spider-Man
2" trata de poner el acento allí donde más flaqueaba la primera
parte, esto es, en el supervi-llano que se enfrenta al héroe.
El Doctor Octopus, otro de los enemi-gos clásicos de Spider-Man,
supe-ra en todos los aspectos (especial-mente en el visual) al
Duende Ver-de de la primera parte,
pero vuelve a estar lastrado por los mismos de-fectos que
afectaban a su antecesor: hay mejores maneras, incluso en los
cómics, de construir las motivaciones de un científico
supuestamente tan brillante que hacer que los ten-táculos
provistos de inteligencia artificial que construye para
ayu-darle en sus experimentos para conseguir una nueva fuente de
energía sean más atractivos que dicha finalidad perseguida en
sí, por tonto que suene decirlo o para explicar el cambio de
personali-dad brutal que sufre tras su accidente, pero, claro,
eso no es lo importante. Lo importante es que Octopus sea un
digno rival de las habilidades de Spider-Man y que visualmente
las luchas entre am-bos resulten tan espectaculares como
atractivas para el especta-dor. Y, desde ese punto de vista, hay
que felicitar al tremendo
John Dykstra,
que consigue con su trabajo que precisamente sean los
enfrentamientos entre ambos, la simple presencia del amenaza-dor
Octopus o los impresionantes paseos al estilo Spidey (aún
me-jorados respecto a la primera parte) lo que más y mejor se
recor-dará de la película.
Porque desgraciadamente, y
a pe-sar de sus muchas virtudes como producto comercial,
"Spider-Man 2" no es una película redonda: cualquiera puede ver
que hay unos terribles cambios de ritmo que hacen que el interés
crezca y baje continuamente, los diálogos son de una pobreza
incomprensi-ble en algunos casos y hay nume-rosos elementos
estupendos en la película que conviven con partes que bien
podrían haber sido supri-midas o abreviadas
para que las más de dos horas que dura la pelícu-la, a todas
luces demasiado para una obra que pasa así del estu-pendo
producto de entretenimiento de hora y media que podía ha-ber
sido a convertirse a ratos en una historia que se pierde entre
reiteraciones de lo ya apuntado y soluciones de guión de dudosa
eficacia (la secuencia del tren, sin ir más lejos). Especial
mención en este terreno merece la historia de amor, que deja al
personaje de MJ en poco más que una caprichosa niñata; o el
protagonismo que aquí se da a la incombustible Tia May, absurdo
cuando está en medio del primer enfrentamiento entre Spider-Man
y Octopus y di-rectamente insoportable en el discurso que le
suelta a Parker en la escena de la mudanza. Además, se nota que
Raimi no se siente cómodo en esos momentos, por cuanto su
planificación de pla-no/contraplano dejando que la
inexpresividad de Tobey Maguire se prolongue excesivamente en
pantalla en demasiadas escenas, algo que, si lo contraponemos al
dinamismo de las secuencias de ac-ción, por ejemplo, deja a las
claras dónde están los puntos fuertes como cineasta de Raimi. Lo
mismo puede decirse respecto al hu-mor de la película: las
continuas humillaciones o los repetitivos trompazos que sufre el
protagonista no resisten comparación con las espléndidas
aportaciones de un brillante
J.K. Simmons
como J. Jonah Jameson. Uno puede intuir que Raimi no ha
conseguido llevarse la película del todo a su terreno. O no ha
dado aún con el tono preciso o simplemente no le han dejado
hacerlo.
¿Es "Spider-Man 2" una película superior a su antecesora? Pues
dependerá de aquello en lo que nos fijemos. Como le sucedía a
Bryan Singer en "X-Men
2", Raimi no ha sabido solucionar del todo los
defectos de la primera entrega, principalmente en lo referido a
la pobreza de algunos diálogos o la construcción de personajes.
Pero a su favor hay que decir que la película es
una gozada visual que gustará por igual tanto a los seguidores
del trepamuros de toda la vida como a espectadores de nuevo cuño
y que mejora en mucho en ese terreno a lo ya conseguido en
"Spider-Man", que no era precisamente poco. Tenemos franquicia
interesante para ra-to.
Calificación:
    
Imágenes de "Spider-Man 2" - Copyright © 2004 Columbia Pictures
Corporation, Sony
Pictures Entertainment, Marvel Enterprises y Laura Ziskin
Productions. Distribuida en España por Columbia TriStar Films. Todos los derechos
reservados.
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