CRÍTICA
por
Joaquín R. Fernández
Si hay algo que nos deja muy claro "Van Helsing" es que
Stephen Som-mers es un notable
creador de prólo-gos, algo que ya habíamos comproba-do en sus
anteriores películas, "The
mummy (La momia)" y "The
mummy returns (El regreso de la momia)". En apenas
unos minutos el director con-sigue captar el interés del
espectador, que se pregunta qué posibles cone-xiones habrá
urdido éste para hacer que Drácula precise de la ayuda del padre
de Frankenstein con el fin de desarrollar sus oscuros
propósitos. Todo ello lo arropa, además, con un velo
blanquinegro que nos retrotrae a la obra de James Whale, un
acertado homenaje que representa a la perfección el es-píritu de
aquellas míticas producciones de la Universal que ahora se
pretende actualizar.
Sin embargo, todos los
defectos de Sommers salen a relucir una vez transcurre este
breve tramo de la cinta. Al igual que Roland Emmerich, el
responsable de "Van Helsing" no es un guionis-ta talentoso, de
ahí que la trama sea lo de menos y que los personajes se vuelvan
demasiado esquemáticos. Lo importan-te, según parece, es
mantener al público con la boca abierta duran-te toda la
función, engatusarle con una sucesión de ágiles y vi-brantes
escenas para que así no le dé tiempo a aburrirse y salga del
cine con la sensación de haber disfrutado de un típico
espectá-culo hollywoodiense en el que el ritmo no decae en
ningún momen-to. Pura diversión que culmina con un clímax
intenso, de esos que uno siempre espera encontrar en este tipo
de productos y donde los protagonistas dividen sus caminos para
que de este modo con-templemos variopintas secuencias de acción.
Mas, por desgracia, los diálogos son pedestres y el humor
sumamente tos-co y primario, y eso es algo que no puede pasar
desapercibido, en espe-cial cuando aparecen Igor y Carl, este
último interpretado por un David Wenham
que habrá decidido divertir-se un poco tras su complicado papel
en las dos últimas películas de la tri-logía de "El
señor de los anillos". Pe-ro lo peor es que el
Drácula de Sommers es uno de los peores de la Historia del Cine,
demasiado histriónico y carente de carisma, algo a lo que no
ayuda la interpretación de Richard
Roxburgh, quien probablemente no era el actor
adecuado para tan importante rol (al menos se prescin-de del
mito de la transformación en murciélago del Conde,
convir-tiéndolo aquí en una bestia mucho más abominable). Sus
adema-nes y las intrascendentes frases que brotan de su boca no
ayudan a que sintamos la perfidia de este mítico vampiro.
Respecto a sus Novias, son un
mero adorno que no cesan de re-volotear por la pantalla durante
todo el filme. Dudo mucho que Elena
Anaya saque algún provecho de su participación en
"Van Helsing", ya que la mayor parte del tiempo la compostura de
su esbelta figura da paso, gracias a los avances de la técnica,
a una horripilante criatura alada. Quienes cumplen con su
cometido son Hugh Jackman y
Kate Beckinsale, una pareja
perfecta que irra-dia una gran fuerza, pues ambos ya han
demostrado lo bien que se desenvuelven en el terreno de la
acción. En todo caso, es Fran-kenstein el personaje por el que
el público sentirá una mayor em-patía, ya que no se nos lo
dibuja como un ser execrable, sino co-mo un individuo que es
consciente de su origen y vive atormentado por ello.
Al encontrarnos ante un gran es-pectáculo, no faltan los
fastuosos decorados, sin duda lo mejor de "Van Helsing" junto al
maquillaje y al vestuario; si bien se revelan eficaces, los
efectos visuales no terminan de resultar convincentes,
camuflándose sus defectos gracias a la oscuridad de la
fotografía (algo que no puede evitar, sin embargo, que
per-cibamos la procedencia digital de los licántropos). Tanta
aparatosidad es una buena muestra de que no nos en-contramos
ante una cinta de terror, pues casi nada se insinúa, y ello a
pesar de que el director se afane por construir unos cuantos
sustos fáciles, como cuando alguno de los protagonistas camina
entre la penumbra mientras sólo se escucha el inquieto runrún de
los efec-tos sonoros. Finalmente, la banda sonora de
Alan Silvestri recu-pera la
grandilocuencia de "The mummy returns (El regreso de la momia)",
empleándose para ello unos impactantes coros que ya se
manifiestan en la propia introducción del filme. La música es
casi siempre vibrante y orquestal, y buena prueba de ello es la
secuen-cia en la que los protagonistas huyen en un carruaje
tirado por ve-loces caballos, aunque también existen fragmentos
más pausados e intimistas, como el bonito y melódico tema que
describe a Anna Valerious.
Calificación película:
    
Calificación banda sonora
original:
    
Imágenes
de "Van Helsing" - Copyright © 2004 Universal Pictures, The
Sommers Company, Carpathian Pictures y Stillking Films. Distribuida en
España por UIP. Todos los derechos
reservados.
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