CRÍTICA
por
Joaquín R. Fernández
Aunque parezca increíble, hasta alguien como
Jerry Bruckhei-mer puede
trompicar de vez en cuando en la taquilla. Si bien un servidor
creía que semejante circunstancia se produciría con el es-treno
el año pasado de "Piratas
del Caribe: La maldición de la Perla Negra" (¿cuándo
han tenido éxito las películas contemporáneas dedicadas a los
camaradas del temible John Silver?), lo cierto es que ha sido
"El rey Arturo" la cinta que ha ocupado su lugar,
convir-tiéndose precisamente en uno de los grandes fiascos
dentro de la filmografía del máximo impulsor de "Armageddon" y "Pearl
Harbor", situándose así al lado de aquella tontería
llamada "9
días", auspi-ciada también por el señor Bruckheimer.
¿Qué es lo que ha hecho que "El rey Arturo" haya pasado por las
carte-leras norteamericanas sin causar ex-cesivo entusiasmo
entre el público? En primer lugar, su título, ligado a una
leyenda mil veces explotada en el ci-ne y en la televisión y,
segundo, su aparente contenido medieval, temáti-ca que no atrae
demasiado a los es-pectadores estadounidenses. No obs-tante,
también hay que tener presente que existen auténticos fanáticos
de las proezas de los Caballeros de la Mesa Redonda que habrán
visto con malos ojos que se quiera enterrar un mito y se acuda a
nuevas fuentes históricas que le restan al relato que todos
conocemos su magia y su encanto original. Finalmente, nos
topamos con un reducido grupo de personas que, por contra, se
muestran encantadas con que por fin una película hable del rey
Arturo como un posible romano llamado Artorius que vivió entre
los siglos V y VI después de Cristo y que combatió con éxito
contra los bárbaros que querían conquistar Bretaña. Su decepción
llegará en el momento en el que se percaten de lo concisa que es
la na-rración y de las licencias que se ha permitido el
guionista, algo en cierta manera comprensible (imagínese el
lector, por ejemplo, que se tuviese que condensar la vida de
Hernán Cortés en un único fil-me; en este sentido, es imposible
que el cine sustituya los libros y documentos que se han escrito
sobre él, tanto en su época como ahora, pero puede ser un buen
punto de partida para que muchos se interesen por su agitada
vida y no se queden únicamente con los tópicos que aparecen en
algunos medios de comunicación).
Pero lo
que a nosotros nos interesa, y lo que en definitiva hemos de
valorar, es una película, una historia en la que la imagen y el
sonido se fusionan para lograr despertar en la platea ciertas
emo-ciones de empatía hacia lo que acontece en la pantalla.
¿Consi-guen Antoine Fuqua y
su guionista, David Franzoni,
su objetivo? Aunque no hay duda de que "El rey Arturo" posee
instantes de gran calidad, como la sorprendente inclusión de
breves pasajes en los que se detallan determinados entresijos
políticos de la época, en un intento de mostrarnos el comienzo
de la decadencia de Ro-ma y el auge de sus enemigos (ver las
conversaciones del obispo con Arturo o la presentación del sajón
Cedric, que siente el aliento de su hijo en su espalda, ansioso
de convertirse en su sucesor), hay otros momentos que naufragan
en sus intenciones.
Así, la relación de amor que envuel-ve al protagonista y a
Ginebra termina siendo muy forzada, al igual que la personalidad
de ésta, cuya presencia en el filme es anecdótica (incluso se
puede decir que Franzoni práctica-mente no tenía ni idea de lo
que hacer con este personaje). En contraste, cabe apreciar el
sentido dramatismo de algunos de los pasajes de la cinta (la ira
de los hombres de Arturo cuan-do éste les dice que aún tienen
una misión que cumplir antes de obtener la libertad o el
descubrimiento de los infieles, encerrados por los romanos en la
villa que han de evacuar antes de la llegada de los sajones), si
bien algunos de ellos se revelan algo forzados, como ese
«flash-back» en el que el protagonista recuerda cómo arrancó de
la tierra la espada de su progenitor con la intención de vengar
el asesinato de su madre. Otro aspecto positivo de la película
lo encontramos en la realización de Fuqua, que nos presenta unas
espectaculares tomas aéreas de los personajes cuando cabalgan o
recoge con su cámara toda la belleza de los paisajes que éstos
recorren. Eso no quiere decir que descuide el trabajo con los
actores, percibiéndose sus esfuerzos con tal de mitigar las
limitaciones del libreto. Quizás muchos espectadores puedan
pensar que a este filme le falta espectacularidad y que su
elevado presupuesto no se refleja en el mismo, algo que es
cierto, pero es justo reconocer que también existe más vida en
los personajes de "El rey Arturo" que en los de, por ejemplo, "Troya",
y que se ha preferido no abusar de los efectos digitales
para otorgarle una mayor crudeza a los combates cuerpo a cuerpo.
No existe
ninguna estrella en el elenco de esta película, pero en general
se puede decir que nos hallamos ante un competente gru-po de
actores, en especial algunos secundarios.
Clive Owen, que no sé por qué
últimamente casi todo el mundo está obsesionado por encumbrarlo
en Hollywood, se muestra adecuado dando vida a un hombre cuyo
mundo interior evoluciona según va observando los
acontecimientos que le rodean. Sin embargo, a
Keira Knightley se la ve
completamente perdida como Ginebra, no encontrando en su
actuación ese equilibrio entre el romanticismo y la fuerza de la
mujer que ha de conquistar el amor de Arturo. Un irreconocible
Ste-llan Skarsgård se erige
como un villano perfecto al ponerse en la piel de Cedric,
mientras que de los intérpretes más jóvenes merece ser destacada
la corrección de Ioan Gruffudd
como Lancelot fren-te a la indiferencia que nos produce la
presencia de Til Schwei-ger.
Para
terminar, tan sólo comentar la excesiva pompa de la banda sonora
de Hans Zimmer, cuyas notas
suenan demasiado aparato-sas en determinados momentos del filme
(el prólogo en el que se nos explica cuáles eran los dominios
del Imperio Romano o la pre-sentación de Lancelot, por ejemplo).
No obstante, existen fragmen-tos intimistas dignos de rescatar,
como la música que escucha-mos durante la dura conversación
entre Lancelot y Arturo antes de cumplir su último encargo para
los romanos o la hermosa canción que luego se puede oír ampliada
en los títulos de crédito finales de "El rey Arturo".
Calificación película:
    
Calificación banda sonora
original:
    
Imágenes de "El rey Arturo (King Arthur)" - Copyright © 2004
Touchstone
Pictures y Jerry Bruckheimer Films. Distribuida en España por
Buena Vista International. Todos los derechos
reservados.
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