CRÍTICA
por
Mateo Sancho Cardiel
Tras ser durante diez años el proyecto por antonomasia de
Pedro
Almodóvar, “La
mala educación” por fin ha tenido su esperada plasmación
cinematográfica y, como reza su propio desenlace, es la pasión
la que se encarga de moldearlo, protagonizarlo, inundarlo y,
finalmente, también parcialmente ahogarlo. No exactamente
au-tobiográfico, pero sí netamente personal, el director
manchego tro-pieza levemente en este film, hace suyo el curioso
suceso que menta en la película y se lanza a un estanque lleno
de cocodrilos para abrazarlos y morir en silencio. Se introduce
en una trama que le ha afectado tan profundamente que, tras una
sobresaliente carre-ra, le sume en un cine más autocomplaciente
que digno de sus maravillosos precedentes, aunque de indudable
calidad autónoma.
“La mala educación” parte de una premisa sugestiva y polémica:
la ne-fasta influencia de las rígidas escue-las católicas del
franquismo y el pos-terior desarrollo del trauma en la “mo-vida”
de los ochenta. Así pues, perio-dos que Almodóvar conoce y domina
a la perfección y en los que encuadra una historia que, al
rondarle durante años, ha acabado por ser abordada de una manera
más obsesiva que ce-rebral. En esa pérdida de la objetivi-dad
hacia su propia obra, acaban ca-yendo sobre ella todos los
excesos del cine de su autor pero, si bien siempre había dado
con la fórmula para encajarlos en un conjunto homogéneo, en esta
ocasión las no pocas ideas brillantes de la película aparentan
ser engarzadas por alguno de sus discípulos con menos pericia,
si no fuera porque la genialidad resurge, reina y deslumbra en
determinadas secuencias de una belleza insuperable.
Si “Hable
con ella” era su espléndi-da obra de madurez, “La mala educación”
es la cara más re-lativa y bienintencionadamente pueril de su
autor, la más visceral y terapéutica, aunque no por ello deje de
ser tre-mendamente interesante.
Sin embargo, sí se aprecian en su irregular desarrollo pasajes
in-cluidos en el conjunto quizá más por una necesidad del propio
di-rector que de la propia película y, tras haber demostrado
saber do-tar de magnífica verosimilitud y sensibilidad a
argumentos improba-bles, en “La mala educación”, aunque no
carnavaliza una trama que era muy proclive a ello, llena de
abusos, religión, prostitución, tra-vestismo y drogadicción,
acaba convirtiéndolo en un melodrama inesperadamente
convencional, con altibajos, parches y, sobre to-do, y más
sorprendentemente, con un poética no siempre bien en-tendida que
crea un cine literario, forzado, parco en su transmisión
emotiva, espeso en su desarrollo y enmarañado en una descripción
de personajes, que es lo que priva al espectador de una conexión
total con la oscurantista trama.
Quizá haya sido devorada por las altas expectativas,
pero lo cierto es que “La mala educación” sólo mantiene un nivel
magistral en el aspecto formal, del que Almodó-var parece haber
encontrado ya el absoluto dominio y, en él, su arro-lladora
personalidad. La
expresivi-dad de cada plano, en su iluminación, su dirección
artística, su musicalidad y su composición sigue siendo un
mérito indudablemente suyo, una in-confundible marca de la casa
que se completa con unos títulos de crédito brillantísimos y una
potentísima banda sonora de
Alberto Iglesias.
Eso es, quizá, lo que más nos pone en sintonía de que, pese a
to-do, “La mala educación” es cine con mayúsculas. Sin embargo,
también una vez más, el cine de Almodóvar se resiente de una
elección del reparto con disparidad de aciertos y errores.
Gael García Bernal,
aunque trabaja de manera soberbia el acento, fun-ciona mejor
como histrión travestido que como muchacho aspirante a actor y
asume un papel de demasiado peso para su nivel interpre-tativo,
mientras que
Fele Martínez
se mueve en una línea de co-rrección sometida al camaleónico
Javier Cámara
y, sobre todo, al brutal talento de
Daniel Giménez Cacho,
que sólo era cuestión de que hiciera una cinta de éxito para que
alguien reconociera su inmensa valía, o
Lluis Homar,
uno de los grandes de la escena de nuestro país.
Así, aunque “La mala educación” es una cinta que bien merece,
por su complejidad, incluso más de un visionado, que es
recomen-dable por sus indudable nivel artístico, no deja de
suponer una mancha en un expediente que últimamente era
irreprochable y, por tanto, pese a ser la mejor cinta del cine
español en los últimos me-ses y seguramente también en los
próximos, trae consigo el amar-go y tal vez algo injusto sabor de
la decepción.
Calificación:
    
Imágenes
de "La mala educación" - Copyright © 2004 El Deseo.
Fotos por Diego López Calvín.
Distribuida en España por Warner Sogefilms. Todos los derechos
reservados.
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