CRÍTICA
por
Julio Rodríguez
Chico
Deseo sin conciencia
La familia Almodóvar ha echado el resto en esta última película,
que no responde a las expectativas generadas, y mientras que
Pe-dro
vuelca en ella recuerdos y sensaciones reprimidos durante años,
Agustín
exprime las arcas de la productora El Deseo en su promoción. Ha
sido una campaña escrupulosamente preparada, que ha buscado
asegurar el éxito desde antes de su estreno, con abundantes
críticas a la educación religiosa que el mismo director recibió
en su infancia: es consciente Pedro Almodóvar de que "los
ataques a la Iglesia y el sexo son una pareja muy comercial",
algo que pone en boca de Enrique, director de cine y en cierta
manera su alter ego en la trama de la película.
Mucho ha declarado el director man-chego acerca de que este
anticlerica-lismo no es lo único presente en la película. Tiene
razón porque el suyo es un retrato más amplio y que abar-ca a
toda una serie de personajes en soledad, que circulan por la
vida –y por las múltiples ramas del film– sin personalidad
definida, con el corazón rebosante de vacío y oscuridad. Son
personas que se mueven en un mun-do de infidelidad, de deshonor
y chan-taje, de amoralidad y afectos superfi-ciales, dispuestos
a "arrojarse a los cocodrilos" con tal de tener un mo-mento de
deseo. Sorprende que el propio Almodóvar deje en tan mal lugar a
las gentes del mundo del cine, y que reconozca el ca-rácter
autobiográfico –que no las anécdotas contadas– de lo que
muestra, pero es que ningún personaje queda bien parado, y hasta
los cabezudos falleros parecen reírse de ellos. Mal queda el
sacer-dote, que no resiste su inclinación hacia Ignacio y que
termina abandonando su vocación, pero peor aún Ignacio, Juan o
Enrique, seres sin conciencia de estar perdiendo su identidad,
de estar des-truyéndose.
También ha dicho que pretendía denunciar una educación basada en
el miedo al castigo del infierno y en el temor a la culpa, con
lo que la película adopta aires de ajuste de cuentas con el
pasado. Ciertamente no es ése el modo de educar para la vida
–tampoco para la espiritual–, pero no es mejor el que busca
acallar la con-ciencia hasta que el bien y el mal, el amor y el
egoísmo resulten del todo irreconocibles. Y vista la película,
ese parece ser el derro-tero tomado por esos niños ya crecidos,
que han machacado su conciencia para incorporarse al grupo de
los hedonistas, en pala-bras del niño Enrique. En
definitiva, el mundo retratado por Al-modóvar es oscuro
y pesimista, donde el individuo se queda solo e indefenso ante
la pasión y el deseo, hasta el punto de convertirse en víctimas
que más que nada mueven a la piedad.
Un análisis detallado deja ver una repetición de los temas
habi-tuales en cintas anteriores, y especialmente a los que ya
están presentes en "La ley del deseo". Ahora, una primera parte
más evocadora y sugerente –en que se nos narra un pasado
traumático de Ignacio ante los abusos del director del colegio–
deja paso me-diada la cinta a una auténtica historia de cine
negro, donde crimen y chantaje, amor fatal y sexo patético se
suceden hasta anular to-da sombra de lirismo y esperanza. La
deriva hacia lo tórrido y de-pravado alcanza entonces umbrales
caricaturescos, en los que a Almodóvar se le va la mano y se
deja llevar por lo explícito y tosco. Porque la tesis –y da la
impresión de que el motivo de ser de la película– es culpar y
responsabilizar de la degradación de Ignacio o Enrique a la
represión/moderación del deseo y al sentido de culpa-bilidad
originado por la mala educación impartida por los “Padre Manuel”
de turno, en un juicio injusto e irresponsable por lo que de
particular y excepcional tiene.
Tras el paréntesis de "Hable
con ella", aquí retoma su gusto por lo pro-vocativo y
transgresor, por la estética de colores chillones, y abandona la
poesía –sólo presente en algún mo-mento evocador de los tiempos
del colegio– en favor de un guión muy elaborado
pero que abusa de las ramas de la historia que va desa-rrollando
hasta embarullarse y convertirse en un culebrón de vi-das
desquiciadas. Juega
Almodóvar a un complejo puzzle de cajas chi-nas, en que una
trama de ficción lleva a otra real, y ésta se acaba
convir-tiendo en materia para la representación cinematográfica:
las vuel-tas de tuerca de los cuatro relatos hacen que la puesta
en escena pierda hondura y se quede en pura forma estética, que
el especta-dor se separe de ese mundo artificioso y marginal que
va derivando hacia lo vulgar y grotesco. Ha dicho que llevaba
mucho tiempo ma-durándolo y procurando enfriar sus sentimientos
para expresarlos desde la distancia, sin rencor: no lo consigue,
pues más bien pa-rece un molde lleno de prejuicios en que trata
de colocar a unos personajes sin alma, que en su parte final no
son más que mario-netas de una trama negra en que pasión,
fatalismo y amoralidad imponen sus leyes. Entre las
interpretaciones, justo es destacar la variedad de registros que
ofrece Gael García Bernal
para conven-cer en tres papeles tan distintos; no sucede lo
mismo con un Fele
Martínez
desprovisto de fuerza dramática, un
Daniel Giménez Cacho
forzado y afectado, o con otros secundarios que no pasan de
caricaturas impostadas. Más cuidados están los aspectos de
creación artística, donde Almodóvar recala y se regodea en
músi-ca, fotografía o vestuario. Así, la banda sonora de
Alberto Iglesias
se convierte en verdadera alma de la película, quizá a veces de
ma-nera exagerada por su subrayada presencia.
Cine dentro del cine con numerosas citas cinéfilas –desde los
ini-ciales títulos de crédito de "Psicosis"– y publicidad
encubierta, y drama que se convierte en cine negro para hablar
de vacíos exis-tenciales. Una película
irregular y espesa en el ritmo narrati-vo, profundamente
ideológica y visceral en los contenidos
que abundan en el mundo personal del director –esta vez sin
"chi-cas Almodóvar", por mucho que haya quien aparezca como
traves-ti–, que afortunadamente no se corresponde con el real y
el de la calle, mucho más normal y menos degenerado que el
mostrado.
Calificación:
    
Imágenes
de "La mala educación" - Copyright © 2004 El Deseo.
Fotos por Diego López Calvín.
Distribuida en España por Warner Sogefilms. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "La mala educación"
Añade "La mala educación" a tus películas favoritas
Opina sobre "La mala
educación" en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda "La mala
educación" a un amigo
|