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LA MALA EDUCACIÓN


Dirección y guión: Pedro Almodóvar.
País:
España.
Año: 2004.
Duración: 105 min.
Interpretación: Gael García Bernal (Ignacio Rodríguez / Ángel Andrade / Zahara / Juan), Fele Martínez (Enrique Goded), Javier Cámara (Paca), Daniel Giménez Cacho (Padre Manolo), Lluis Homar (Sr. Berenguer), Francisco Maestre, Juan Fernández, Ignacio Pérez, Raúl G. Forneiro, Alberto Ferreiro, Petra Martínez, Sandra, Roberto Hoyas.
Producción: Agustín Almodóvar.
Música: Alberto Iglesias.
Fotografía:
José Luis Alcaine.
Montaje: José Salcedo.
Dirección artística: Antxón Gómez.
Vestuario: Paco Delgado.
Estreno en España: 19 Marzo 2004.

 

CRÍTICA
por Julio Rodríguez Chico

Deseo sin conciencia

  La familia Almodóvar ha echado el resto en esta última película, que no responde a las expectativas generadas, y mientras que Pe-dro vuelca en ella recuerdos y sensaciones reprimidos durante años, Agustín exprime las arcas de la productora El Deseo en su promoción. Ha sido una campaña escrupulosamente preparada, que ha buscado asegurar el éxito desde antes de su estreno, con abundantes críticas a la educación religiosa que el mismo director recibió en su infancia: es consciente Pedro Almodóvar de que "los ataques a la Iglesia y el sexo son una pareja muy comercial", algo que pone en boca de Enrique, director de cine y en cierta manera su alter ego en la trama de la película.

  Mucho ha declarado el director man-chego acerca de que este anticlerica-lismo no es lo único presente en la película. Tiene razón porque el suyo es un retrato más amplio y que abar-ca a toda una serie de personajes en soledad, que circulan por la vida –y por las múltiples ramas del film– sin personalidad definida, con el corazón rebosante de vacío y oscuridad. Son personas que se mueven en un mun-do de infidelidad, de deshonor y chan-taje, de amoralidad y afectos superfi-ciales, dispuestos a "arrojarse a los cocodrilos" con tal de tener un mo-mento de deseo. Sorprende que el propio Almodóvar deje en tan mal lugar a las gentes del mundo del cine, y que reconozca el ca-rácter autobiográfico –que no las anécdotas contadas– de lo que muestra, pero es que ningún personaje queda bien parado, y hasta los cabezudos falleros parecen reírse de ellos. Mal queda el sacer-dote, que no resiste su inclinación hacia Ignacio y que termina abandonando su vocación, pero peor aún Ignacio, Juan o Enrique, seres sin conciencia de estar perdiendo su identidad, de estar des-truyéndose.

  También ha dicho que pretendía denunciar una educación basada en el miedo al castigo del infierno y en el temor a la culpa, con lo que la película adopta aires de ajuste de cuentas con el pasado. Ciertamente no es ése el modo de educar para la vida –tampoco para la espiritual–, pero no es mejor el que busca acallar la con-ciencia hasta que el bien y el mal, el amor y el egoísmo resulten del todo irreconocibles. Y vista la película, ese parece ser el derro-tero tomado por esos niños ya crecidos, que han machacado su conciencia para incorporarse al grupo de los hedonistas, en pala-bras del niño Enrique. En definitiva, el mundo retratado por Al-modóvar es oscuro y pesimista, donde el individuo se queda solo e indefenso ante la pasión y el deseo, hasta el punto de convertirse en víctimas que más que nada mueven a la piedad.

  Un análisis detallado deja ver una repetición de los temas habi-tuales en cintas anteriores, y especialmente a los que ya están presentes en "La ley del deseo". Ahora, una primera parte más evocadora y sugerente –en que se nos narra un pasado traumático de Ignacio ante los abusos del director del colegio– deja paso me-diada la cinta a una auténtica historia de cine negro, donde crimen y chantaje, amor fatal y sexo patético se suceden hasta anular to-da sombra de lirismo y esperanza. La deriva hacia lo tórrido y de-pravado alcanza entonces umbrales caricaturescos, en los que a Almodóvar se le va la mano y se deja llevar por lo explícito y tosco. Porque la tesis –y da la impresión de que el motivo de ser de la película– es culpar y responsabilizar de la degradación de Ignacio o Enrique a la represión/moderación del deseo y al sentido de culpa-bilidad originado por la mala educación impartida por los “Padre Manuel” de turno, en un juicio injusto e irresponsable por lo que de particular y excepcional tiene.

  Tras el paréntesis de "Hable con ella", aquí retoma su gusto por lo pro-vocativo y transgresor, por la estética de colores chillones, y abandona la poesía –sólo presente en algún mo-mento evocador de los tiempos del colegio– en favor de un guión muy elaborado pero que abusa de las ramas de la historia que va desa-rrollando hasta embarullarse y convertirse en un culebrón de vi-das desquiciadas. Juega Almodóvar a un complejo puzzle de cajas chi-nas, en que una trama de ficción lleva a otra real, y ésta se acaba convir-tiendo en materia para la representación cinematográfica: las vuel-tas de tuerca de los cuatro relatos hacen que la puesta en escena pierda hondura y se quede en pura forma estética, que el especta-dor se separe de ese mundo artificioso y marginal que va derivando hacia lo vulgar y grotesco. Ha dicho que llevaba mucho tiempo ma-durándolo y procurando enfriar sus sentimientos para expresarlos desde la distancia, sin rencor: no lo consigue, pues más bien pa-rece un molde lleno de prejuicios en que trata de colocar a unos personajes sin alma, que en su parte final no son más que mario-netas de una trama negra en que pasión, fatalismo y amoralidad imponen sus leyes. Entre las interpretaciones, justo es destacar la variedad de registros que ofrece Gael García Bernal para conven-cer en tres papeles tan distintos; no sucede lo mismo con un Fele Martínez desprovisto de fuerza dramática, un Daniel Giménez Cacho forzado y afectado, o con otros secundarios que no pasan de caricaturas impostadas. Más cuidados están los aspectos de creación artística, donde Almodóvar recala y se regodea en músi-ca, fotografía o vestuario. Así, la banda sonora de Alberto Iglesias se convierte en verdadera alma de la película, quizá a veces de ma-nera exagerada por su subrayada presencia.

  Cine dentro del cine con numerosas citas cinéfilas –desde los ini-ciales títulos de crédito de "Psicosis"– y publicidad encubierta, y drama que se convierte en cine negro para hablar de vacíos exis-tenciales. Una película irregular y espesa en el ritmo narrati-vo, profundamente ideológica y visceral en los contenidos que abundan en el mundo personal del director –esta vez sin "chi-cas Almodóvar", por mucho que haya quien aparezca como traves-ti–, que afortunadamente no se corresponde con el real y el de la calle, mucho más normal y menos degenerado que el mostrado.

Calificación:


Imágenes de "La mala educación" - Copyright © 2004 El Deseo. Fotos por Diego López Calvín. Distribuida en España por Warner Sogefilms. Todos los derechos reservados.

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