CRÍTICA
por
David Garrido Bazán
Un sórdido
pero emocionante melodrama
Hace ya largo tiempo que se viene juzgando a la otrora pujante
cinemato-grafía italiana en términos que hablan de
anquilosamiento y falta de riesgo o ideas nuevas, de una
autocomplacen-cia, en fin, que mira en exceso y con nostalgia a
los grandes logros de los maestros del pasado y que resulta, en
términos generales, en un cine que se siente empequeñecido ante
los mismos, incapaz de sobreponerse al peso de su propia y
brillante historia. Lo cierto es que la presencia de pelí-culas
italianas en nuestras carteleras en los últimos años se ha ido
reduciendo paulatinamente hasta el punto de que, excepción hecha
de autores consagrados como Gianni Amelio, Nanni Moretti o Marco
Bellocchio cuesta hacerse una idea del verdadero estado de salud
de un cine que, como ocu-rre con el español, dice estar siempre
en perpetuo estado de crisis. A esto no ayuda que cuando llega
alguna propuesta interesante, como "La
mejor juventud" de Giordana, haya dificultades para
poder apreciarlas en su totalidad por algunas decisiones
cuestionables, lo que no ayuda mucho.
La
presencia de Penélope Cruz
en "No te muevas", el último fe-nómeno cinematográfico en el
país trasalpino, ha permitido por una vez superar dichas
dificultades, aunque, a la vista de su argumento, uno se siente
tentado de reafirmarse en la postura expresada al principio,
pues la película de Sergio Castellito
es un duro me-lodrama de corte clásico (de los de toda la vida,
vaya) que no duda en colocar en el corazón de la misma a una
prota-gonista que bien podría haber sido una de aquellas
abnega-das heroínas neorrealistas que poblaban las historias de
gen-te como De Sica o Rossellini, con la inocencia y la
capacidad de sacrificio de una Giuletta Massina felliniana
cualquiera. Castellito afronta el difícil reto de hacer no sólo
creíble, sino emocionante pa-ra el espectador, una tan sórdida a
ratos como poderosa después historia de amor imposible entre un
cirujano de éxito y una pobre desgraciada por la que desarrolla
una fatal atracción al principio que terminará por convertirse
en una emocionante relación.
Sin embargo, lejos de clichés es-trambóticos de cenicientas
arrabale-ras salvadas por apuestos príncipes, la relación
narrada a lo largo de un pronunciado flash back en la que
el médico interpretado con notable con-vicción y constante
presencia por Ser-gio Castellito –que ejerce aquí tam-bién de
director y guionista en la adaptación de un best seller
no en va-no escrito por su esposa, la novelista
Margaret Mazzantini, con lo que
to-do queda en familia– desgrana su pa-sado consigue superar no
pocos es-collos para no caer en el más espantoso de los
ridículos ante un espectador cada vez más curtido y, por lo
tanto, escéptico ante un tan a priori extravagante romance ¿Qué
lleva a un médico de éxito y alta posición social, dueño de una
vida de lujo y casado con una mujer (la bellísima
Claudia Guerini) que parece aún
enamorada de él, a dejarse arrastrar por una pulsión amorosa
casi suicida co-mo la que despierta en él el personaje de
Italia, una demacrada mujer golpeada por la vida?
Si nos
detenemos un instante a considerar lo que representa el papel de
una excelente Penélope Cruz que, más allá de su inevita-ble
caracterización con la que oculta su belleza –en ese extraño
peaje que parecen obligados a pasar los actores bien parecidos
pa-ra poder ser tomados en serio– consigue una convincente y
pode-rosa interpretación que crece con el paso del metraje, nos
daremos cuenta que la fácil metáfora que simboliza esa Italia
sureña, medio emigrante, pobre y casi sin esperanza, pero toda
inocencia y gene-rosidad, que es saqueada y violentada sin
miramientos al principio por ese opulento rico que la trata como
un objeto de su posesión, sin remordimientos ni atender a las
consecuencias, termina trocán-dose, en una sutil evolución, en
una pasión singular que ese hom-bre inconsciente de su propio
vacío existencial y de su propia ne-cesidad vital acaba, a
regañadientes, aceptando como inevitable, pese a los muchos
problemas que acarrea.
La dificultad de hacer creíble tan ex-traña relación se acentúa
por las po-cas explicaciones que se ofrecen al espectador sobre
el proceder inicial de los dos protagonistas de la histo-ria,
pero Castellito sortea con habili-dad este escollo gracias a una
estruc-tura dramática no excesivamente ori-ginal pero
enormemente efectiva en la que la posible inminencia de la
muer-te de su hija adolescente tras un acci-dente de moto y la
angustiosa espera mientras es intervenida a vida o muer-te
obliga a éste a revisar su propio pa-sado y a enfrentarse a sus
fantasmas ante nuestros ojos, lo que provoca continuos saltos
temporales entre el pasado y el presente que despiertan el
interés suficiente para que la paciencia del es-pectador se vea
recompensada con un más que completo retrato de ambos miembros
de la pareja.
Pero,
sobre todo, Castellito apuesta por una puesta en esce-na
directa, llena de primeros planos, despojada de todo
este-ticismo vacuo o aspaviento innecesario que ayuda a crear
esa sensación inmediata, primaria, desgarrada y a la vez lle-na
de pasión y urgencia que caracteriza esta historia de amor.
Aunque a veces le juegue malas pasadas –hay momentos en que, de
tan rudimentaria, la realización se vuelve en exceso pla-na y
aburrida y otras en las que la necesidad de dotarla de cierto
ritmo se confunde con un montaje acelerado y fuera de tono–, el
director cree con tal convicción en la fuerza de su historia que
con-sigue momentos sublimes, cargados de emoción y belleza en
las que logra el milagro de transmitirnos su pasión y
convencernos de lo imposible –véase la hermosa secuencia de la
conferencia médi-ca en la que se intercalan los recuerdos del
último encuentro amo-roso, el primero en el que Italia parece
entregarse por voluntad pro-pia o la delicada y llena de ternura
secuencia de la revisión, que rebosa de complicidad y felicidad
a partes iguales– o decir mucho con muy pocos elementos de
algunas relaciones –la terrible se-cuencia del yudo, que define
a la perfección la relación entre padre e hija– en una línea
algo parecida a la que explorara en su momen-to con fortuna
Nanni Moretti en "La
habitación del hijo".
En efecto, hay en "No te muevas" algunas decisiones más que
discuti-bles que colocan a la historia al borde del precipicio,
ya sea por la dificultad que entraña aceptar algunos de los
comportamientos de ese médico in-consciente, por los lugares
comunes que se filtran por el relato para poten-ciar el
dramatismo de la obra (dignos a ratos del peor culebrón
televisivo) o por la intolerable e innecesaria mani-pulación del
espectador que tiene lu-gar casi al final de la película, y que
choca de plano con la descarnada di-sección de la historia de
amor que con tanto esfuerzo ha consegui-do Castellito hacernos a
ratos creíble, pero en honor a la verdad hay que decir que lo
que queda en la mente de uno al abando-nar la sala es un puñado
de hermosos momentos cargados de la intensidad propia de un
melodrama vigoroso en el que brillan con luz propia las dos
grandes composiciones de Cas-tellito y Cruz (aunque en el
caso de ésta habrá que apreciarla en la versión original en
italiano, pues, aunque sea comprensible, le hace un flaco favor
la decisión equivocada de doblarse a sí misma, con pésimos
resultados), complejas, arriesgadas y vibrantes a las que arropa
en todo momento una hermosa banda sonora del espa-ñol
Lucio Godoy.
Calificación:
    
Imágenes
de "No te muevas" - Copyright © 2004 Alquimia Cinema,
Cattleya y The Producers Films. Distribuida en España por
Solida. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "No te muevas"
Añade "No te muevas" a tus películas favoritas
Opina sobre "No te muevas" en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda "No te muevas" a un amigo
|