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NO TE MUEVAS
(Non ti muovere)


Dirección: Sergio Castellito.
Países:
España, Italia y Reino Unido.
Año: 2004.
Duración: 125 min.
Género: Drama.

Interpretación: Penélope Cruz (Italia), Sergio Castellito (Timoteo), Claudia Gerini (Elsa), Ángela Finocchiaro (Ada), Marco Giallini (Manlio), Pietro de Silva (Alfredo), Elena Perino (Ángela), Vittoria Piancastelli, Lina Bernardi, Gianni Musy, Renato Marchetti.
Guión: Margaret Mazzantini y Sergio Castellito; basado en la novela de Margaret Mazzantini.
Producción: Francisco Ramos, Ricardo Tozzi, Giovanni Stabilini y Marco Chimenz.
Música: Lucio Godoy.
Fotografía:
Gianfilippo Corticelli.
Montaje: Patrizio Marone.
Diseño de producción: Francesco Frigeri.
Dirección artística: Francesco Frigeri.
Vestuario: Isabella Rizza.
Estreno en Italia: 12 Marzo 2004.
Estreno en España: 17 Septiembre 2004.

 

CRÍTICA
por David Garrido Bazán

Un sórdido pero emocionante melodrama

  Hace ya largo tiempo que se viene juzgando a la otrora pujante cinemato-grafía italiana en términos que hablan de anquilosamiento y falta de riesgo o ideas nuevas, de una autocomplacen-cia, en fin, que mira en exceso y con nostalgia a los grandes logros de los maestros del pasado y que resulta, en términos generales, en un cine que se siente empequeñecido ante los mismos, incapaz de sobreponerse al peso de su propia y brillante historia. Lo cierto es que la presencia de pelí-culas italianas en nuestras carteleras en los últimos años se ha ido reduciendo paulatinamente hasta el punto de que, excepción hecha de autores consagrados como Gianni Amelio, Nanni Moretti o Marco Bellocchio cuesta hacerse una idea del verdadero estado de salud de un cine que, como ocu-rre con el español, dice estar siempre en perpetuo estado de crisis. A esto no ayuda que cuando llega alguna propuesta interesante, como "La mejor juventud" de Giordana, haya dificultades para poder apreciarlas en su totalidad por algunas decisiones cuestionables, lo que no ayuda mucho.

  La presencia de Penélope Cruz en "No te muevas", el último fe-nómeno cinematográfico en el país trasalpino, ha permitido por una vez superar dichas dificultades, aunque, a la vista de su argumento, uno se siente tentado de reafirmarse en la postura expresada al principio, pues la película de Sergio Castellito es un duro me-lodrama de corte clásico (de los de toda la vida, vaya) que no duda en colocar en el corazón de la misma a una prota-gonista que bien podría haber sido una de aquellas abnega-das heroínas neorrealistas que poblaban las historias de gen-te como De Sica o Rossellini, con la inocencia y la capacidad de sacrificio de una Giuletta Massina felliniana cualquiera. Castellito afronta el difícil reto de hacer no sólo creíble, sino emocionante pa-ra el espectador, una tan sórdida a ratos como poderosa después historia de amor imposible entre un cirujano de éxito y una pobre desgraciada por la que desarrolla una fatal atracción al principio que terminará por convertirse en una emocionante relación.

  Sin embargo, lejos de clichés es-trambóticos de cenicientas arrabale-ras salvadas por apuestos príncipes, la relación narrada a lo largo de un pronunciado flash back en la que el médico interpretado con notable con-vicción y constante presencia por Ser-gio Castellito –que ejerce aquí tam-bién de director y guionista en la adaptación de un best seller no en va-no escrito por su esposa, la novelista Margaret Mazzantini, con lo que to-do queda en familia– desgrana su pa-sado consigue superar no pocos es-collos para no caer en el más espantoso de los ridículos ante un espectador cada vez más curtido y, por lo tanto, escéptico ante un tan a priori extravagante romance ¿Qué lleva a un médico de éxito y alta posición social, dueño de una vida de lujo y casado con una mujer (la bellísima Claudia Guerini) que parece aún enamorada de él, a dejarse arrastrar por una pulsión amorosa casi suicida co-mo la que despierta en él el personaje de Italia, una demacrada mujer golpeada por la vida?

  Si nos detenemos un instante a considerar lo que representa el papel de una excelente Penélope Cruz que, más allá de su inevita-ble caracterización con la que oculta su belleza –en ese extraño peaje que parecen obligados a pasar los actores bien parecidos pa-ra poder ser tomados en serio– consigue una convincente y pode-rosa interpretación que crece con el paso del metraje, nos daremos cuenta que la fácil metáfora que simboliza esa Italia sureña, medio emigrante, pobre y casi sin esperanza, pero toda inocencia y gene-rosidad, que es saqueada y violentada sin miramientos al principio por ese opulento rico que la trata como un objeto de su posesión, sin remordimientos ni atender a las consecuencias, termina trocán-dose, en una sutil evolución, en una pasión singular que ese hom-bre inconsciente de su propio vacío existencial y de su propia ne-cesidad vital acaba, a regañadientes, aceptando como inevitable, pese a los muchos problemas que acarrea.

  La dificultad de hacer creíble tan ex-traña relación se acentúa por las po-cas explicaciones que se ofrecen al espectador sobre el proceder inicial de los dos protagonistas de la histo-ria, pero Castellito sortea con habili-dad este escollo gracias a una estruc-tura dramática no excesivamente ori-ginal pero enormemente efectiva en la que la posible inminencia de la muer-te de su hija adolescente tras un acci-dente de moto y la angustiosa espera mientras es intervenida a vida o muer-te obliga a éste a revisar su propio pa-sado y a enfrentarse a sus fantasmas ante nuestros ojos, lo que provoca continuos saltos temporales entre el pasado y el presente que despiertan el interés suficiente para que la paciencia del es-pectador se vea recompensada con un más que completo retrato de ambos miembros de la pareja.

  Pero, sobre todo, Castellito apuesta por una puesta en esce-na directa, llena de primeros planos, despojada de todo este-ticismo vacuo o aspaviento innecesario que ayuda a crear esa sensación inmediata, primaria, desgarrada y a la vez lle-na de pasión y urgencia que caracteriza esta historia de amor. Aunque a veces le juegue malas pasadas –hay momentos en que, de tan rudimentaria, la realización se vuelve en exceso pla-na y aburrida y otras en las que la necesidad de dotarla de cierto ritmo se confunde con un montaje acelerado y fuera de tono–, el director cree con tal convicción en la fuerza de su historia que con-sigue momentos sublimes, cargados de emoción y belleza en las que logra el milagro de transmitirnos su pasión y convencernos de lo imposible –véase la hermosa secuencia de la conferencia médi-ca en la que se intercalan los recuerdos del último encuentro amo-roso, el primero en el que Italia parece entregarse por voluntad pro-pia o la delicada y llena de ternura secuencia de la revisión, que rebosa de complicidad y felicidad a partes iguales– o decir mucho con muy pocos elementos de algunas relaciones –la terrible se-cuencia del yudo, que define a la perfección la relación entre padre e hija– en una línea algo parecida a la que explorara en su momen-to con fortuna Nanni Moretti en "La habitación del hijo".

  En efecto, hay en "No te muevas" algunas decisiones más que discuti-bles que colocan a la historia al borde del precipicio, ya sea por la dificultad que entraña aceptar algunos de los comportamientos de ese médico in-consciente, por los lugares comunes que se filtran por el relato para poten-ciar el dramatismo de la obra (dignos a ratos del peor culebrón televisivo) o por la intolerable e innecesaria mani-pulación del espectador que tiene lu-gar casi al final de la película, y que choca de plano con la descarnada di-sección de la historia de amor que con tanto esfuerzo ha consegui-do Castellito hacernos a ratos creíble, pero en honor a la verdad hay que decir que lo que queda en la mente de uno al abando-nar la sala es un puñado de hermosos momentos cargados de la intensidad propia de un melodrama vigoroso en el que brillan con luz propia las dos grandes composiciones de Cas-tellito y Cruz (aunque en el caso de ésta habrá que apreciarla en la versión original en italiano, pues, aunque sea comprensible, le hace un flaco favor la decisión equivocada de doblarse a sí misma, con pésimos resultados), complejas, arriesgadas y vibrantes a las que arropa en todo momento una hermosa banda sonora del espa-ñol Lucio Godoy.

Calificación:


Imágenes de "No te muevas" - Copyright © 2004 Alquimia Cinema, Cattleya y The Producers Films. Distribuida en España por Solida. Todos los derechos reservados.

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