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ROMASANTA. LA CAZA DE LA BESTIA


Dirección: Paco Plaza.
País:
España.
Año: 2004.
Duración: 98 min.
Interpretación: Julian Sands (Manuel), Elsa Pataky (Bárbara), John Sharian (Antonio), Gary Piquer (Luciano de la Bastida), David Gant (Profesor Philips), Maru Valdivieso (María), Laura Mañá (Antonia), Luna McGill (Teresa), Carlos Reig (Gómez), Reg Wilson (Juez), Ivana Baquero (Ana).
Guión: Elena Serra y Alberto Marini; basado en un argumento de Alfredo Conde a partir de su novela "Romasanta. Memorias inciertas del hombre lobo".
Producción: Julio Fernández.
Música: Mikel Salas.
Fotografía:
Javier Salmones.
Montaje: David Gallart.
Dirección artística: Balter Gallart.
Estreno en España: 14 Mayo 2004.

 

CRÍTICA
por Miguel Á. Refoyo

Desequilibrada tesis de la legendaria licantropía

Paco Plaza intenta mezclar el género dramático y pasional con el cine fantástico, pero encuentra su peor enemigo en un guión muy pobre en recursos

  La licantropía, la pertinaz leyenda del hombre lobo no es algo nuevo. Ni muchos menos se puede hablar de que sea un invento cinematográfico, aunque haya sido este medio el res-ponsable de su glorificación. Petronio, en su "Satiricón", ya hablaba del sép-timo hijo de una progenie que durante las noches de luna llena se convertía en lobizón, un salvaje hombre lobo. Caro Baroja defendía que el mito data-ba de la época clásica de Grecia y Roma. Concretamente en la leyenda narrada por Ovidio sobre Licaón, rey de Arcadia, convertido en hombre lobo por Zeus como castigo a su licenciosa conducta. Sea como fuere, el hombre lobo es un símbo-lo del miedo del hombre hacia la Naturaleza concebida tanto de for-ma global como circunscrita a la parte animal que subyace en el in-terior de cada humano. El libro de Carlos Martínez Barbeito "El bosque de Ancines", que en 1970 Pedro Olea convirtió en su mejor filme, "El bosque del lobo", y el argumento de Alfredo Conde ba-sado en su novela "Romasanta. Memorias inciertas del hombre lo-bo" sirven al joven Paco Plaza para dirigir su segundo filme bajo la firma de Fantastic Factory. La leyenda del hombre lobo de Allariz es la columna vertebral de una película que tiene como objetivo trasladar a la gran pantalla la historia real y acreditada de Manuel Blanco Romasanta, un vendedor ambulante que confesó haber asesinado a quince personas y utilizado su grasa para hacer jabón. En esta reproducción algo imprecisa de la historia, el guión introdu-ce como elemento cardinal el romance entre el turbador comercian-te y su joven amante y, a la vez, víctima, dentro de la particular te-sis de la licantropía del personaje principal.

  Paco Plaza había definido con "El segundo nombre", su obra debut, una impetuosa labor de dirección que arti-culaba su mirada bajo los designios de la estructura clásica, donde su templanza y frugalidad estaban direc-tamente encaminados al drama, de-jando que la psicología de los perso-najes y el clímax de la acción fueran el autentico protagonista de la función para evitar su lucimiento como cine-asta. Pero, sobre todo, logró obviar el efectismo tan estereotipado del géne-ro. Con "Romasanta", el realizador va-lenciano ha pretendido seguir esas mismas consignas. Pero con un resultado totalmente diferente. De esta suerte, lo que podría ha-ber sido un detallado y minimalista estudio del apasionante perso-naje llamado Manuel Blanco Romasanta y su condición sugerida de licántropo asesino, se queda en un voluntarioso ejercicio de puesta en escena articulado en el excesivo protagonismo de los bosques y del folclore popular gallego, más que en el verdadero dispositivo dramático que, si bien no es del todo erróneo, sí adolece de cierta pujanza que Paco Plaza no ha sabido transmitir en su filme. Y esto se debe muy seguramente a la adap-tación que hayan hecho los guionistas del libro de Alfredo Conde. La pericia de Plaza para manejar la cámara con una soltura impre-sionante (a veces dejándose llevar por el preciosismo de muchos de sus planos) se ve deslucida por un guión que se antoja muy po-bre en recursos y que descubre sus cartas demasiado pronto. Pla-za vuelve a procurar que los caminos oscuros de su historia con-tengan en su metraje una directriz abierta al eclectismo, poco de-terminista, que resulte sugerente y estimulante, y así alejarse de los designios del género desechando cualquier efecto formal del terror para afrontar la brillante (y en el fondo fría) variante genérica que había manejado en su anterior película. Pero esta vez sin con-seguirlo.

 

La película se queda en un territorio de nadie a medio camino entre el drama y
el cine fantástico

  Lo que se puede extraer de "Ro-masanta" es la confusión sobre la verdadera naturaleza del asesino protagonista del relato, cuyos de-lirios de licántropo se quedan en el aire sin una conclusión cohe-rente a aquello que se ha sugeri-do. Dejándolo inacabado. Esta nueva apuesta de Julio Fernán-dez como productor es un ‘querer y no poder’ dentro de un territorio de nadie situado a medio camino del drama y el cine fantástico que no encuentra una definición pro-pia. En el segundo trabajo de Paco Plaza el gran error es la excesi-va recreación estética, como entorno preparado de la Galicia del S. XIX. Hay una puesta en escena sobradamente cinematográfica y presuntuosa, envuelta en la cuidadísima fotografía de Javier Sal-mones que, no obstante, logra el objetivo de estar a la altura de cualquier producción internacional. Pero eso, lejos de favorecer al filme, pesa en exceso en la perspectiva del espectador, que se siente en muchas ocasiones sobresaturado de ficción, predispues-to a pensar que lo que está contemplando es una obra fílmica. Esta irrealidad es el gran lastre que rodea en todo momento a esta vo-luntariosa cinta.

  Tampoco llega a ser convincente la historia de amor imposible en-tre Bárbara y el vendedor ambu-lante. Una trama que se presenta de una forma inevitablemente for-zada. Un gran problema si tenemos en cuenta que es el único punto de interés y emplea para ello una historia carente de frescura y originalidad, al margen de su conseguida ambienta-ción costumbrista. Tampoco funciona en su fácil discurso la utilización de los estilemas del cine de terror inscri-tos en el conflicto científico que se establece entre el positivismo y la creencia popular, entre los científicos burgueses y el pueblo llano. Un efectivo elemento que se restringe un simple guiño a la mentali-dad positivista que presidían los más avanzados círculos científicos decimonónicos representados en Mr. Philips, un reputado antropó-logo criminal que justifica los actos de Romasanta al considerarle verdaderamente un licántropo. Todo ello auxiliado con unos secun-darios mal dibujados y peor llevados a escena, que disipan su pre-sencia en el sobrante protagonismo de la potencia visual frígida-mente seca, sin pasión, efecto de una búsqueda descaminada en una imposible mezcla de géneros de la que Plaza no sale bien pa-rado. El cine fantástico, el drama y la historia de amor imposible son trazados de una forma tan deslucida que cualquiera de sus muchos aciertos (que los tiene) como película fantástica se quedan en un mero intento.

  En el apartado interpretativo, Julian Sands ahonda en su vena más fría llegando a resultar antipático, que era lo pretendido, pero dejándose caer en una apatía anodina e incapaz que desluce su inquietante presencia. Sorprende, sin embargo, una Elsa Pataky que realiza la ‘menos mala’ de sus interpretaciones hasta el mo-mento con un esfuerzo impenitente por demostrar que es algo más que un rostro bonito. Ni John Sharian, ni el casi invisible Gary Pi-quer y mucho menos la siempre correcta Maru Valdivieso tienen particular relevancia en una fábula que no indaga con la profundidad deseable en la ambigua condición del hombre lobo asesino. Un objetivo que debería debiera haber sido la naturaleza última de este desconcertante relato de amor y muerte.

Calificación:


 

Imágenes de "Romasanta. La caza de la bestia" - Copyright © 2004 Castelao Producciones y Fantastic Factory. Distribuida en España por Filmax. Todos los derechos reservados.

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