CRÍTICA
por
David Garrido Bazán
Una gran oportunidad
desperdiciada
La situación del género fantástico en el cine español no tiene
tan mala salud como en un primer momento podría pensarse. Bien
es cierto que alguno de los autores que han dado muestras en los
úl-timos años de saber transmitir ideas nuevas e interesantes en
este campo (Álex de la Iglesia, con la estupenda "El día de la
bestia" o Alejandro Amenábar con "Abre los ojos" y "Los
otros") parecen de-cididos a cambiar de aires con sus
nuevos proyectos, pero ahí es-tán gente como Juan Carlos
Fresnadillo ("Intacto",
2001), Norberto López Amado ("Nos
miran", 2001) o María Ripoll ("Utopía",
2003) para recoger la antorcha. Y luego están los muchachos de
la Fan-tastic Factory, la división especializada en el cine de
terror y fan-tástico de la Filmax, situada en Barcelona y
empeñada, bajo la ma-no firme del productor
Julio Fernández y el director
de culto Brian Yuzna, en
conseguir resucitar lo más granado de la serie B (o hasta Z) con
películas habitualmente de bajo presupuesto, ro-dadas en inglés
y con clara vocación de hacerse un sitio en el mer-cado
internacional, factoría a la que pertenece esta "Romasanta" que
hoy nos ocupa.
Hasta la fecha, los productos de la Fantastic Factory no han
alcanzado una mínima calidad deseable, con las notables
excepciones del interesante Jaume Balagueró (director de la
in-quietante "Los sin nombre" y la ambi-ciosa aunque fallida "Darkness")
y del propio Paco Plaza, que
tuvo un debut correcto con "El
segundo nombre", una de las razones por las que un
servidor tenía depositadas ciertas es-peranzas en esta película,
que trata de adaptar la historia real de un hom-bre llamado
Manuel Blanco Romasan-ta que en el año 1851 aterrorizó la
re-gión de Galicia cometiendo numerosos asesinatos (es el primer
ca-so documentado en nuestro país de lo que hoy en día
consideraría-mos un asesino en serie) y que, cuando fue detenido
y juzgado, adujo en su defensa que había cometido sus crímenes
bajo la for-ma de un lobo en el que, según él, se transformaba.
Esas revela-ciones provocaron algunos efectos interesantes, ya
que hubo cien-tíficos que, llevados por la corriente positivista
que empezaba a ex-tenderse por Europa y bajo la excusa de querer
estudiar su caso, pidieron a la Reina Isabel II que le conmutara
la pena de muerte. El pueblo llano, por otro lado, utilizó su
figura histórica para dar forma a algunas leyendas que aun hoy
perviven, como el conocido ‘Saca-mantecas’ que acecha en lo
profundo del bosque o el ‘lobisome de Allariz’, como fue
conocido el tal Romasanta.
Con estos mimbres, el lector
inteligente puede llegar con facilidad a la conclusión de que
una película basada en esta apasionante historia podría haber
escogido numerosos caminos, todos ellos in-teresantes: una nueva
aproximación a la licantropía, entrando de lleno en el
fantástico (que podía haber tomado como referencia "En compañía
de lobos", de Neil Jordan) u optar por una historia de búsqueda
de un asesino en serie que pretende hacerse pasar por lobo para
atemorizar a la población, algo así como "Seven" o "El silencio
de los corderos" pero ambientada en la Galicia del siglo XIX.
Incluso podría haber optado por una combinación de ambas,
añadiendo a la mezcla unas gotas de acción (como la más reciente
"El
pacto de los lobos", aprovechando de paso la
confrontación en-tre ciencia y superstición) o tomar como modelo
la entretenida "Sleepy
Hollow", donde Tim Burton le daba la vuelta a una
estimu-lante leyenda local, confrontándola a un asustadizo, pero
racional, forense que no tenía más remedio que aceptar el
componente fan-tástico del caso, una película que bien podría
haber mostrado el ca-mino a seguir por esta decepcionante
"Romasanta".
Pues no. Paco Plaza ha preferido quedarse a medio camino de todo
lo arriba expresado, tomando elementos de todas las
posibilidades y sin pro-fundizar lo mínimo indispensable en
alguna de ellas para ofrecer al espec-tador algo a lo que
agarrarse; envolver su relato en torno a una improbable historia
de amor entre el tal Romasan-ta y la hermana de dos de sus
victi-mas, una Elsa Pataky
que sufre lo in-decible para defender un personaje
in-defendible, una protagonista que pasa de tierna enamorada a
horrorizada in-vestigadora de lo paranormal y, final-mente, en
una increíble pirueta del guión, determinada vengadora empeñada
en encontrar al presunto asesino, removiendo toda Gali-cia en su
camino. Y es una verdadera lástima, porque el principal
problema de "Romasanta" es que la fuerza de la historia
ori-ginal es tal, que uno entrevé, entre el anodino transcurrir
de sus fotogramas, la interesante película que hubiera podido
llegar a ser en lugar de este confuso, mal ensamblado y peor
narrado pastiche de referencias.
Y aún lo es más porque hay
detalles aislados de la película que funcionan: por ejemplo,
Plaza y su equipo de producción miman con excepcional cuidado la
vertiente más realista de la historia, haciéndonos creer sin
esfuerzo que nos encontramos en la Galicia profunda del siglo
XIX, en pleno choque entre la superstición más arraigada y esa
nueva mentalidad que viene imponiéndose y a la que da vida el un
tanto numerero Dr. Philips (David Gant),
del que no se entiende muy bien cómo pasa de ser el colaborador
del al-guacil (un anodino Gary Piquer)
que requiere su ayuda para arrojar luz científica sobre el caso
en cuestión (con las inevitables esce-nas de una primigenia
ciencia forense aún en ciernes) a su princi-pal rival en el
juicio posterior de Romasanta, una de las muchas contradicciones
o lagunas en las que cae un guión imposible. Tam-bién funciona
la película en algunos momentos puramente fantásti-cos (la
transformación de Romasanta, vista de un modo opuesto al que el
cine nos tiene acostumbrados, pero un episodio tan aislado del
resto de la película que casi parece más propio de otra) o en la
inquietante interpretación de Julian
Sands, que puede resultar cre-íble como ese extraño
vendedor ambulante que seduce con sus en-cantos a sus futuras
victimas, convirtiéndolas primero en sus amantes.
Pero todo lo anterior carece de im-portancia ante la manifiesta
incapaci-dad del director por construir una es-tructura
medianamente creíble del re-lato, confeccionando una película en
la que predominan unos continuos pri-meros planos que no
encubren las evidentes deficiencias de Paco Plaza en el terreno
de la puesta en escena para conseguir crear la más mínima
tensión dramática, reduciéndolo todo a unos escuetos mimbres de
cine de terror convencional e introduciendo al-gunos elementos
que nunca debieron tener cabida en la historia, como el
estrafalario personaje de Antonio al que da vida
John Sharian, mi-tad cazador de lobos, mitad
compañero de correrías de Romasan-ta, o esa gratuita secuencia
del carro ambulante en llamas cruzan-do el bosque de noche, que
queda muy bonito, pero no se sabe a cuento de qué viene. Lo
peor de todo es la secuenciación de la película, tan pésima que
la historia salta de un sitio a otro sin el menor cuidado (y no
es que pretenda despistar a propósi-to: es un puro disparate),
con lo que hay personajes que apa-recen y desaparecen
caprichosamente o que cambian de rol con desconcertante
facilidad.
"Romasanta" es,
desgraciadamente, una gran oportunidad perdida para explorar el
interesante campo de las leyendas locales con vo-cación de
lectura universal. Para el anecdotario quedará el primer desnudo
de la muy deseable Elsa Pataky, en una tan gozosa co-mo
absolutamente gratuita secuencia, una involuntaria pero certera
metáfora de esta floja película. Lo dicho: una verdadera
lástima.
Calificación:
    
Imágenes
de "Romasanta. La caza de la bestia" - Copyright ©
2004 Castelao Producciones y Fantastic Factory. Distribuida en España por Filmax. Todos los derechos
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