REPORTAJE
por
Joaquín R. Fernández
PERFIL DE ISAAC ASIMOV
Las tres leyes de la robótica:
1ª. Un robot no puede dañar a un
ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra
daño.
2ª. Un robot debe obedecer las
órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto cuando estas
órdenes entrasen en conflicto con la Primera Ley.
3ª. Un robot debe proteger su
propia existencia en la medida que esta protección no entre en
conflicto con la Primera o la Segunda Ley.
No es de
extrañar que la obra de un autor tan productivo como Isaac
Asimov no se encuentre, sin embargo, entre una de las más
adaptadas por la industria de Hollywood. Algunos de sus títulos
más conocidos carecen de acción y se sustentan principalmente en
los diálogos y en los personajes, de ahí que cualquier cineasta
que se aproxime a una de sus novelas o relatos de
ciencia-ficción tenga que ser muy cuidadoso a la hora de
respetar su espíritu, sin significar esto que no se pueda
confeccionar una película que, ob-viamente, sepa entretener al
espectador, aunque sin dejar de lado la reflexión o las
emociones.
No
obstante, Asimov fue algo más que un reputado escritor de textos
futuristas (publicó cerca de quinientos libros de muy variadas
temáticas), de ahí que este artículo pretenda resumir la vida de
este peculiar personaje, mencionando únicamente sus traba-jos más
importantes. Para ello, me he basado sobre todo en una sola
fuente: su autobiografía. En efecto, el autor de "Fundación" no
sólo es la persona indicada para proporcionar los datos más
importantes relacionados con de-terminadas y cruciales fechas de
su vida, sino que en "Memorias", edita-do en su día
en España por Edicio-nes
B y cuyo título original es, cu-riosamente, "I, Asimov", el
lector encontrará un inagotable manantial del que brotan
diversos aspectos de su personali-dad y de su forma de pensar. De hecho,
recomiendo encarecida-mente a todo aquel que jamás haya leído
nada de Asimov que ad-quiera de inmediato este título, pues
resulta tan ameno y humano que sin duda pronto sentirá el deseo
de profundizar en su obra, además de que hallará en él todo tipo
de anécdotas y referencias a importantes nombres de la
ciencia-ficción. No son pocos los que dijeron de Asimov que era
una persona muy vanidosa («nunca me preocupo por la falsa
modestia»; «sólo me quiero a mí mismo, eso es todo, y no creo
que haya nada malo en ello»), mas pienso sin-ceramente que, en
algunos aspectos, tan sólo exteriorizaba un ex-ceso de confianza
hacia su persona y su trabajo.
Isaac
Asimov nació en Rusia el 1 de enero de 1920, aunque su familia
pronto emigró a los Estados Unidos de América, país al que
llegaron el 23 de febrero de 1923. Sus padres se llamaban Judah
Asimov y Anna Rachel Berman, y a él le pusieron su nombre en
honor de su abuelo materno, Isaac Berman. Tuvo dos hermanos:
Marcia y Stanley. Él mismo se define como un niño pro-digio, pues
aprendió a leer antes de ir a la escuela y, una vez en ella,
descubrió que poseía una magnífica memoria, lo que suponía que
le adelantaran de curso cada cierto tiempo. Como terminaba de
leer los libros escolares en apenas unos días, acudía a la
biblio-teca pública, llegando a aprenderse la "Ilíada" palabra
por palabra. En la
tienda de sus padres comenzó a leer folletines, una de sus
indudables influencias, sobre todo los relacionados con la
ciencia-ficción, «el menor y menos considerado» de todos los
géneros. En 1931, cuando contaba con once años, comenzó a
escribir, en concreto un relato llamado "The greenville chums in
co-llege", un serial que dejó de lado al llegar al capítulo ocho.
Durante siete años, Asimov se dedicó a escribir una historia
tras otra, aun-que sin otra satisfacción que no fuera de índole
personal. Su primer texto fue publicado en la revista semestral
literaria del instituto, en 1934. Se llamaba "Little brothers",
y versaba «sobre el nuevo bebé que había llegado a nuestra casa
cinco años antes». Aunque
pre-tendía realizar sus estudios universitarios en el Columbia
College, finalmente le rechazaron, así que al final su padre lo
envió al City College. Sin embargo, pronto le llegó una carta
del Seth Low Junior College, que en realidad pertenecía a la
Universidad de Columbia, ofreciéndole una beca de cien dólares,
así que se cambió de cen-tro. Fue en esta época cuando vendió sus
primeros relatos, por lo que se puede decir que comenzaba su
carrera como escritor profe-sional. No obstante, al mismo tiempo
intentó ingresar en distintas facultades de Medicina, mas todas
le ignoraron, algo que no le dis-gustó demasiado, pues dicha
disciplina no es que precisamente le entusiasmara.
Por lo
demás, en 1938 se unió a los Futurianos, un club de
ciencia-ficción en el que hizo grandes amigos. Aunque le
en-cantaba la Historia, al final eligió doctorarse en una
especia-lidad que no le gustaba nada, la Zoología, por lo que la
tuvo que abandonar y decantarse por la Química. En la primevera
de 1941 Asimov llevaba publicados quince relatos, aunque había
escrito otros diez que no logró vender. Por fin, en septiembre
de ese mismo año apareció en la revista Astounding Science
Fiction (más conocida como ASF) una historia llamada
"Anochecer", que gustó tanto a su editor que incluso ocupó la
portada de dicha publi-cación. El 26 de
julio de 1942 Isaac Asimov contrajo matrimonio con una muchacha
llamada Gertrude. Meses antes aceptó trabajar para la Naval Air
Experimental Station, en Filadelfia, donde perma-neció hasta
1945, aunque viajaba continuamente a Nueva York du-rante los
fines de semana. Esto motivó que su obra literaria dismi-nuyera
durante este tiempo, aunque hay que decir que las primeras
entregas de la saga de la Fundación se redactaron en esta época.
El 1 de noviembre de 1945 ingresó en el ejército, pues pocos
días después de que finalizara la Segunda Guerra Mundial le
llamaron a filas, donde apenas estuvo nueve meses a causa de un
error buro-crático.
Tras este
período, el 20 de mayo de 1948 presentó con éxito su tesis
doc-toral, y luego estuvo trabajando como estudiante de posgrado
durante un año. Su vida laboral era un fraca-so, mas no sucedía lo mismo con sus
narraciones. En 1949 había vendido sesenta relatos y novelas, y
era considerado ya como uno de "los Tres Grandes" de la
ciencia-ficción, junto a Heinlein y Clarke. Pero los recursos
económicos que ello le generaba no eran lo suficiente-mente
elevados como para poder per-mitirle mantener a su esposa. Sin
em-bargo, eso
pronto cambió. La editorial Doubleday & Company decidió crear
una colección de novelas de ciencia-ficción. Asimov les remitió
un escrito corto que no había conseguido vender, aceptándoselo a
cambio de que lo alargara y entregándole un cheque de
setecientos cincuenta dólares como adelanto, prometiéndole que
luego le pagarían más. Había nacido "Un guijarro en el cielo".
Por otra parte, consiguió un empleo en el Departamento de
Bioquímica de la Facultad de Medicina de la Uni-versidad de
Boston, correspondiéndole un sueldo de cinco mil qui-nientos
dólares al año. Estuvo allí durante nueve años. «En ese tiempo
enseñé, instruí y amplié mi campo de operaciones como no habría
podido hacerlo de otra manera. Además, obtuve el sello del
título académico, que me dio autenticidad como escritor
científico».
Aunque su
relación con Doubleday fue de «perfecta armonía», en sus
primeros años como escritor no le publicaban todo lo que
es-cribía. Sin embargo, en Gnome Press aceptaron editar sus
relatos de robots en «1950 bajo el título de "Yo, robot", un
nombre» que el propio director de la compañía le sugirió.
«Señalé que había un re-lato corto bastante conocido con ese
título escrito por Eando Bin-der, pero» el director «le quitó
importancia a este hecho». Poste-riormente le publicarían la
serie de la Fundación en tres volúmenes: "Fundación", "Fundación
e imperio" y "Segunda fundación". Como no le pagaban los
derechos de autor de sus obras, al final consi-guió quedarse con
ellas y llevárselas a Doubleday. Durante
los años cincuenta vieron la luz "En la arena estelar", "Las
corrientes del espacio", "Bóvedas de acero", "El fin de la
eternidad" y "El sol desnudo". También apareció la saga de Lucky
Starr, que en princi-pio surgió como idea para una serie
televisiva, aparte de varias co-lecciones de sus relatos cortos
(sus tres favoritos son "The last question", "El hombre del
bicentenario" y "El niño feo"). Finalmen-te, merecen ser
destacados los textos y ensayos científicos que escribió durante
estos años. Respecto a su vida personal, el 20 de agosto de 1951
nació su primer hijo, David, de quien no habla de-masiado, y
aunque dice de él que es una «persona buena y cari-ñosa», no ha
sido capaz de ganarse la vida por sí mismo. «Prefiero tener por
hijo a un caballero feliz que vive de rentas en vez de a un
físico nuclear desgraciado», comenta Asimov. El 19 de febrero de
1955 nació Robyn Joan, de la cual habla mucho más, percibiéndo-se
su favoritismo y complicidad con ella.
En 1958, y
con la excusa de que debía investigar y no escribir durante las
horas de trabajo en la facultad, no se le renovó su con-trato,
pero como Asimov sabía que su cargo era permanente conti-nuó
acudiendo a la misma, más que nada para hacer valer sus de-rechos
(es más, el tema fue sometido a votación en el claustro y
conservó su título, de tal forma que en 1979 le ascendieron a
cate-drático numerario). Una vez finalizó la década de los
cincuen-ta, Asimov estuvo veinte años sin escribir obras de
ficción, y no por el hecho de que se quedara bloqueado, sino
debido a que le parecía oportuno redactar libros de divulgación
cientí-fica en un momento en el que crecía en el público la
curiosi-dad por la carrera tecnológica. También se adentró en una
te-mática que, como comenté anteriormente, le apasionaba: la
Histo-ria. No obstante, desde 1958 y durante más de treinta años,
publi-có una columna en la revista The Magazine of Fantasy and
Science Fiction", algo que le permitió que no decayera su
popularidad entre los amantes de este género. Sin
embargo, su matrimonio con Ger-trude no iba demasiado bien, y por
aquellas fechas, en una conven-ción de 1956, Asimov no sabía que
le estaba firmando un libro a la que sería su próxima esposa:
Janet Jeppson. Más tarde, en 1959, y acudiendo a un banquete de
los Escritores de Misterio de Améri-ca, Asimov se sentó al lado
de Janet, que acudía como amiga de la escritora Veronica Parker
Johns. «A partir de entonces permaneci-mos en contacto por
correspondencia. Esto me ayudó durante los malos tiempos. La
llamaba por teléfono de vez en cuando.»
Asimov
ganó a lo largo de su vi-da numerosos premios Hugo, sien-do el
segundo de ellos el más im-portante de todos. «En 1966, la
Convención Mundial se celebraba en Cleveland, donde, once años
antes, yo había sido el invitado de honor. Decidí asistir porque
el co-mité concedería un Hugo a la me-jor serie formada por tres o
más novelas. Como ejemplo, citaban "El señor de los anillos", de
Tolkien, de tres volúmenes (cuatro si se cuenta "El hobbit").
Esto era una indicación clara de que esperaban que ganara
Tolkien, y la popularidad de sus libros era tal (yo los había
leído cinco veces) que le consideré un ganador seguro,
independiente-mente de la competencia». Pero no fue así, y la
serie de la Funda-ción se impuso sobre la obra de Tolkien,
"Future history" (Heinlein), "Marte" (Edgar Rice Burroughs) y
"Lensman" (E. E. Smith). Y a pe-sar de que durante los sesenta y
setenta Asimov escribía sobre to-do obras de no ficción, de vez
en cuando publicaba algún relato de ciencia-fición, e incluso
novelas, como "Viaje alucinante", de la que se hablará con más
detalle en el apartado "Asimov habla sobre el cine". En 1972
escribió "Los propios dioses", por la que recibió un premio Hugo
a la mejor novela. El cuarto llegaría en la modalidad de mejor
novela corta del año por un texto publicado en España bajo el
título de "El hombre del bicentenario", y al cual ya me he
referido. Precisamente esta obra sirvió de referencia para uno
de los escasos fracasos cinematográficos en la carrera del
realizador Chris Columbus, "El hombre bicentenario", una cinta
irregular que integra momentos realmente brillantes con otros
absolutamente ri-dículos.
Regresando
a su vida personal, en 1969 falleció su padre, mien-tras que en
1973 murió su madre (ambos padecían de problemas del corazón).
Años antes, en 1967, la vida con su esposa Gertrude «era casi
insoportable». Ella sufría de artritis reumatoide y se sen-tía
sola, y él estaba completamente entregado a su trabajo. En 1970
se separaron y Asimov se mudó entonces a un apartamento en Nueva
York, siéndole de gran ayuda la presencia de Janet, con quien se
casó el 30 de noviembre de 1973, trasladándose ambos a un piso
mayor en 1975. A partir
de la década de los setenta, Asimov también comenzó a escribir
numerosos relatos de misterio. Además, en diciembre de 1976
aparece el primer número de la revista Isaac Asimov's Science
Fiction Magazine, donde el creador de la saga de Lucky Starr se
limitaba a escribir una edito-rial y a encargarse de la sección
de cartas al director. En 1977 su-frió una angina de pecho que le
hizo ingresar en el hospital, lugar desde el que comenzó a
escribir sus memorias (que se publicaron, en dos volúmenes, en
1979 y en 1980, siendo su estructura crono-lógica y sin poner en
ella demasiado énfasis en lo subjetivo). Tras escribir o
colaborar en libros de distintos contenidos, por fin Asimov
accedió a regresar al mundo de la ciencia-ficción, en concreto a
la saga de la Fundación. Como
Doubleday estaba deseosa de poder editar una nueva obra de Isaac
Asimov perteneciente a este género, le dieron un adelanto de
cincuenta mil dólares. Así que el 1 de junio de 1981 comenzó a
releer la trilogía original, y tras terminarla reto-mó un
manuscrito sobre la serie iniciado y abandonado años antes.
Introdujo computadoras en la historia, pero no robots,
finalizándola nueve meses después. Había nacido "Los límites de
la Fundación", que enseguida se convirtió en un gran éxito de
ventas, ganando además un premio Hugo. El 22 de
septiembre de 1982 comenzó a escribir la tercera entrega de una
saga inacabada, la conformada por "Bóvedas de acero" (1954) y
"El sol desnudo" (1957), terminán-dola el 28 de marzo de 1983.
"Los robots del amanecer", que así se llamaba el libro, sirvió
para que Asimov se animara a unir sus dos prolíficas series: la
de robots y la de la Fundación. Así, "Ro-bots e imperio" salió a
la venta en 1985. Un año después apareció "Fundación y Tierra".
Durante este tiempo, y en concreto el día 14 de diciembre de
1983, tuvo que hacérsele un bypass debido a su cada vez más
incómoda y dolorosa angina de pecho.
Tras no
pocas reticencias, en 1986 escribió una continuación de "Viaje
alucinante", "Viaje alucinante II:
Desti-no al cerebro", que a priori tendría que haberse convertido
en una película, cosa que nunca sucedió. El 2 de ma-yo de 1987
recibió el título de Gran Maestro de los Nebula, siendo el
oc-tavo autor que lo recogía desde 1975. Aunque a lo largo de su
vida Asimov ya había escrito numerosas obras de ficción y no
ficción para niños o ado-lescentes, ese mismo año se editó el
primer título de una serie sobre astro-nomía dedicada al público
infantil, in-cluidos enigmas y hechos asombrosos relacionados con
la misma. Tuvieron un gran éxito. En 1988 se lanzó "Preludio a
la Fundación", una especie de «precuela» de dicha saga que nació
gracias a un lector que le comentó al propio Asimov que «siempre
quiso saber qué le había sucedido a Hari Seldon cuando era joven
y cómo había inventado la psicohistoria». Algo
cansado de sus series más famo-sas, en 1989 vio la luz "Némesis",
que «trataba de la colonización de un satélite que giraba
alrededor de un planeta parecido a Júpiter, que a su vez giraba
alrededor de una estrella enana roja. Mi prota-gonista era una
joven y contaba con dos mujeres adultas entre los personajes. La
novela era mucho más emocionante de lo que acos-tumbran a ser mis
obras [...] y tuvo bastante éxito». Eso no evitó que durante sus
últimos años de vida siguiera trabajando en textos de no ficción
y artículos, entre ellos uno muy curioso «sobre cómo podrían ser
las cosas en el año 3000». El 4 de
junio de 1989 co-menzó a escribir "Hacia la Fundación", que
continuaba lo narrado en "Preludio a la Fundación". Sin embargo,
Asimov comenzaba a sentir signos de fatiga, aunque se negaba a
reconocerlo. Cumpli-dos los setenta años, ingresó en un hospital
para realizar diversas pruebas médicas, detectándosele
nuevamente problemas en el co-razón y en los riñones, por lo que
se le administró la medicación oportuna para mejorar su salud.
De regreso a casa, Asimov comen-zó a escribir su nueva
autobiografía, y tal y como le había aconse-jado su mujer, Janet,
lo hizo de una forma más personal que en las anteriores
entregas. Se entusiasmó con su nuevo proyecto, e inclu-so trabajó
en él cuando volvió a ingresar en el hospital. El 28 de mayo de
1990, cuatro meses después de haberlo empezado, termi-nó su
manuscrito.
El 6 de
abril de 1992 el cuerpo de Isaac Asimov no resistió más. El
creador de la saga de la Fundación había muerto. Sus últimos
meses los pasó entre hospitalizaciones y su deterioro físico era
evidente. Ahora bien, en marzo de 2002 se publicó en los Estados
Unidos una recopilación de fragmentos de las tres autobio-grafías
de Asimov y de las cartas que enviaba a Janet cuando am-bos se
comunicaban por correspondencia. En este libro se revela que
Asimov en realidad estaba enfermo de SIDA, mal que contrajo a
causa de una transfusión de sangre que se le realizó cuando se
operó en 1983. Tal y como relata su esposa, la última frase que
pronunció fue: «yo también os quiero», en referencia a Janet y
Robyn. Y es que el propio Asimov lo dejó escrito: «al final
también llegará mi turno, pero he tenido una buena vida y he
coseguido lo que quería y más de lo que podía esperar».
ASIMOV HABLA
SOBRE EL CINE
«Siempre
he creído que cualquier relación con Hollywood, por tri-vial que
fuera, aunque en el primer momento pudiera parecer prove-chosa,
terminaría en un desastre y me he mantenido alejado de ese
lugar. Tampoco me he arrepentido nunca de ello».
«Me
preguntan con frecuencia si alguno de mis libros ha sido lle-vado
al cine. Durante mucho tiempo la respuesta fue que no, y eso me
hacía feliz. Puede parecer extraño. Para la mayoría de la gente,
Hollywood evoca el aura del romance y, todavía más, del dinero.
Sin embargo, trabajar para Hollywood significa, por lo general,
tras-ladarse a California [...] y yo no tenía la menor intención
de hacer-lo».
«Hollywood
era peor que una carrera de ratas, era una trampa. Tentaba a una
persona con un estilo de vida de sol y bronceado, de barbacoas y
piscinas, una vida que no te puedes permitir a no ser que sigas
trabajando para Hollywood. Así que sigues trabajando. Era un
pacto para siempre con Mefistófeles».
«En 1947,
Orson Welles compró los derechos para el cine de mi relato
"Evidence" por doscientos cincuenta dólares. En mi inocen-cia,
pensé que pronto aparecería una gran película basada en el
texto. No necesito explicar que jamás se hizo».
«A finales
de los sesenta, Hollywood suscribió una opción por "Yo, robot",
que fue renovada año tras año durante unos quince años. Sin
embargo, al final no se hizo nada a pesar de que Harlan Ellison
escribió un guión fantástico basado en la novela».
«Me
apropié gratuitamente de la "Historia de la decadencia y rui-na
del Imperio romano", de Edward Gibbon, al plantear la serie de
la Fundación, y creo que la película "La guerra de las
galaxias", a su vez, se apropió de la serie de la Fundación».
«Se había
rodado una película titu-lada "Viaje alucinante", en la que un
submarino miniaturizado, con una tri-pulación también
miniaturizada, se pasea por el flujo sanguíneo de un hombre
moribundo para curarle desde dentro. Existía un guión de la
película y la idea era convertirlo en una novela. Bantam Books
[...] se hizo con los derechos en rústica y quería que yo la
escribiera [...]. No me costó mucho escribir la historia, aunque
tuve que perder tiempo corrigiendo unos pocos errores
elementales del guión [...]. Terminé de novelar el guión en sólo
seis semanas. Esa era la parte más sencilla, lo difícil vino
des-pués. Las novelas en rústica de películas lo único que
pretenden es hacer publicidad de las mismas mientras se exhiben
en los cines. Después, no se vuelve a oír hablar de ellas.
Estaba decidido a que esto no le sucediera a uno de mis libros
[...]. Por tanto, puse como condición para reelaborar el guión,
el que hubiera una edición en-cuadernada en tapas duras [...].
Trabajé tan rápido y las películas avanzan tan despacio que la
edición de tapa dura de "Viaje alu-cinante" se publicó a
principios de 1966, seis meses antes de que la película se
estrenara, y pareció que la película se había hecho a partir del
libro. Esto era terrible porque había tenido que ceñirme al
guión y estaba convencido de que yo solo podía haber escrito un
libro mejor. Por tanto, declaré muchas veces, oralmente y por
es-crito, que el libro procedía de la película y no al revés. No
creo que eso ayudara mucho. No fue una mala película, dicho sea
de paso. Además, Raquel Welch interpretaba su primer papel
estelar y dis-trajo la atención de cualquier pequeño fallo de la
película. La edi-ción es rústica apareció a la vez que la
película se exhibía en los cines, y ante la extrañeza de Bantam
(y mía), resultó no ser un producto desechable. Siguió
vendiéndose mucho después de que la película dejara de exhibirse
y aún sigue vendiéndose en la actua-lidad. Se han hecho varias
docenas de reimpresiones y se han vendido unos cuantos millones
de ejemplares. Hoy en día, después de la serie de la Fundación,
es el libro que mejor se vende. Sin em-bargo, no me he hecho
rico, ya que no era un trabajo original sino que seguía el guión
muy de cerca, y sólo me ofrecieron una suma fija de cinco mil
dólares [...]. Insistí en pactar un arreglo de los de-rechos de
autor para la edición de tapa dura, la cuarta parte sería para
mí y el resto para Hollywood, y conseguí recibir mi parte
direc-tamente y no a través de Hollywood. Esto fue inteligente
por mi parte, ya que si Hollywood hubiese recibido todos los
derechos, yo nunca habría visto ni un penique. No me gusta
"Viaje alucinante" y es uno de mis pocos libros que nunca
volvería a leer. No es porque consiguiera tan pocos beneficios
de un éxito fácil y perdurable, sino que el libro se basaba en
un guión que no era mío, y creo merecer más de lo que he
recibido».
«Gene
Roddenberry, famoso por "Star Trek", me pidió algunos consejos
en relación con la primera película de "Star Trek" y lo hice con
mucho gusto porque es amigo mío. No le pedí dinero, pero me
envió un cheque y me dijo que aparecería en los títulos de
crédito. Nunca había aparecido mi nombre en una película, así
que fui a verla. Al final, todo el mundo empezó a salir,
mientras una intermi-nable lista pasaba por la pantalla. Janet y
yo esperamos tozuda-mente mientras el cine se vaciaba y por fin,
lo último que se leía era: "Asesor científico: Isaac Asimov".
Naturalmente aplaudí ruido-samente, y pude oír una voz que con
toda claridad, desde el pasi-llo, decía: "es Asimov que aplaude
su propio nombre". Acababa de nacer otra anécdota sobre mi
vanidad».
«Doubleday
vendió una opción de mi relato "Anochecer". Se llegó a hacer una
película, pero no me enteré hasta que unos amigos me contaron
que habían visto un anuncio del filme en Variety. Nunca me
consultaron mientras la rodaron y nunca vi el guión [...].
Enton-ces supe que la película se había hecho con un presupuesto
muy bajo y yo me preguntaba lo mala que sería. Anunciaron la
película, en los pocos sitios que se exhibió, con mi nombre en
grandes ti-tulares y la gente fue a verla por eso. Al poco tiempo
empezaron a llegarme cartas, y me enteré de lo peor. La opinión
generalizada era que se trataba de la peor película jamás rodada
y que no tenía ni el más ligero parecido con mi relato [...].
Por fortuna, la película murió como se merecía, casi de
inmediato, y sólo espero que na-die que la haya visto o haya oído
hablar de ella la recuerde».
«Hollywood
es famosa por su "creativa teneduría de libros". Pue-den ganar
muchísimos millones con una película pero todo es para los
actores y la dirección, y lo que queda, el "beneficio neto", del
que los escritores reciben un porcentaje, por lo general suele
re-sultar "pérdida neta"».
«Como
escritor de libros impresos, soy mi dueño [...]. Como guio-nista
de películas o televisión, los que llevan la batuta son el
pro-ductor y el director, y la imagen domina sobre la palabra. El
guio-nista ocupa una posición muy baja entre las deidades de
Holly-wood, y cualquiera puede estropear su trabajo».
Hablando
de su amigo Arthur C. Clarke, Asimov sospecha que «es uno de los
escritores de revistas de ciencia-ficción más ricos, ya que ha
escrito varios éxitos de venta y ha participado en varias
películas, incluido el primero de los grandes éxitos
cinematográ-ficos de ciencia-ficción, "2001: Odisea del
espacio"».
«Había
visto "El capitán Blood, con Errol Flynn y Olivia de Havi-lland,
y aunque no soy de esos que se enamoran de las actrices, admiro
a unas más que otras. En esa época, Olivia de Havilland me
impresionó como el epítome de la belleza femenina».
«Probablemente, el honor más sorprendente que he recibido es el
de ver mi nombre en una losa de piedra en un camino del Jardín
Botánico de Brooklyn. Por supuesto no soy el único. A medida que
se recorre el camino, losa tras losa aparecen los nombres de
fa-mosos nacidos en Brooklyn. (Está el de Mae West, por ejemplo)
[...]. Yo no nací en Brooklyn, pero me respondieron que puesto
que me crié allí desde los tres años y fui allí a la escuela,
era suficiente [...]. Me dijeron que dijera unas palabras, pero
la auténtica estrella era Danny Kaye, al que siempre había
admirado y con el que es-tuve por primera y única vez. Me llamó
"payess" (patillas, en yidis) y después dio una charla
encantadora. Sin embargo, parecía enfer-mo y, de hecho, murió el
3 de marzo de 1987, sólo nueve meses después, a la edad de
setenta y cuatro años».
«Cuando
era maestro de ceremonías, solía entregar los Hugo y usaba la
misma técnica que Bob Hope: me quejaba de que nunca me los
dieran a mí». En el libro "Memorias" menciona en otras oca-siones
frases parecidas relacionads con este habitual presentador de
las ceremonias de los Oscars®.
Refiriéndose a sus problemas de sobrepeso, Asimov comenta que
«en 1964, cuando tenía cuarenta y cuatro años, ya pesaba noventa
y cinco kilos [...]. Me asusté. Había sobrepasado en dos años la
edad a la que a mi padre le sobrevino la angina [...]. Mi miedo
se acrecentó cuando el actor Peter Sellers, que no estaba gordo,
tuvo un ataque cardíaco y la noticia se publicó en toda la
prensa».
«Los
escritores creen que los críticos tienen un gran poder, pero
sólo son imaginaciones. Cualquier reseña (aunque sea
desfavor-able) es útil, porque menciona el libro y contribuye a
divulgarlo. O, como se dice que afirmó Sam Goldwyn: "la
publicidad es buena. La publicidad favorable es todavía mejor».
Un día
«tuve el inefable placer de cenar en dos lugares diferentes; en
uno comí conejo y en otro venado, y encontré ambas cosas de una
perfección celestial. Cuando se lo conté con placer a alguien,
la respuesta de desaprobación fue: "¿quieres decir que te
comiste a Bambi y a Tambor en un mismo día?».
Homenaje a
Asimov. Minirelato: El origen de un sentimiento
Llevaba
años obedeciendo todo tipo de órdenes. «¡Rehler, acérca-me el
comunicador!», le gritaba su dueño. «Rehler, llévame al Cen-tro
Mundial de Comercio», le sonreía su propietaria. Por supuesto,
jamás se le había pasado por la cabeza el incumplir cualquiera
de sus habituales obligaciones. «Este es tu sino, hacer más
placente-ra la caprichosa vida de tus señores», le había
susurrado, divertido, una de las acostumbradas visitas de la
casa. Pero un día, Rehler se detuvo al contemplar un noticiario
televisivo en el que se veían las terribles consecuencias de las
guerras de Deresia. «Qué pesar produce el sufrimiento...»,
balbuceó ante el estupor de aquellos a los que él llamaba
"amos". Horrorizados, lo devolvieron de inmedia-to a su lugar de
procedencia. «Preferimos un robot... normal», se excusaron.
Imágenes de "Yo, robot" - Copyright © 2004 20th Century Fox,
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Hispano Foxfilm. Todos los derechos
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