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YO, ROBOT
(I, robot)


Dirección: Alex Proyas.
País:
USA.
Año: 2004.
Duración: 123 min.
Interpretación: Will Smith (Detective Del Spooner), Bridget Moynahan (Dra. Susan Calvin), Bruce Greenwood (Lawrence Robertson), Chi McBride (Teniente John Bergin), Alan Tudyk (Sonny), James Cromwell (Dr. Alfred Lanning), Adrian Ricard (Granny), Jerry Wasserman (Baldez).
Guión: Jeff Vintar y Akiva Goldsman; basado en el relato de Isaac Asimov.
Producción: Laurence Mark, John Davis, Topher Dow y Wyck Godfrey.
Producción ejecutiva: Will Smith, James Lassiter, Michel Shane y Anthony Romano.
Música: Marco Beltrami.
Fotografía:
Simon Duggan.
Montaje: Richard Learoyd, Armen Minasian y William Hoy.
Diseño de producción: Patrick Tatopoulos.
Dirección artística: Chris August y Helen Jarvis.
Vestuario: Elizabeth Keogh Palmer.
Estreno en USA: 16 Julio 2004.
Estreno en España: 30 Julio 2004.

REPORTAJE por Joaquín R. Fernández

PERFIL DE ISAAC ASIMOV

Las tres leyes de la robótica:

1ª. Un robot no puede dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño.
2ª. Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto cuando estas órdenes entrasen en conflicto con la Primera Ley.
3ª. Un robot debe proteger su propia existencia en la medida que esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.

  No es de extrañar que la obra de un autor tan productivo como Isaac Asimov no se encuentre, sin embargo, entre una de las más adaptadas por la industria de Hollywood. Algunos de sus títulos más conocidos carecen de acción y se sustentan principalmente en los diálogos y en los personajes, de ahí que cualquier cineasta que se aproxime a una de sus novelas o relatos de ciencia-ficción tenga que ser muy cuidadoso a la hora de respetar su espíritu, sin significar esto que no se pueda confeccionar una película que, ob-viamente, sepa entretener al espectador, aunque sin dejar de lado la reflexión o las emociones.

  No obstante, Asimov fue algo más que un reputado escritor de textos futuristas (publicó cerca de quinientos libros de muy variadas temáticas), de ahí que este artículo pretenda resumir la vida de este peculiar personaje, mencionando únicamente sus traba-jos más importantes. Para ello, me he basado sobre todo en una sola fuente: su autobiografía. En efecto, el autor de "Fundación" no sólo es la persona indicada para proporcionar los datos más importantes relacionados con de-terminadas y cruciales fechas de su vida, sino que en "Memorias", edita-do en su día en España por Edicio-nes B y cuyo título original es, cu-riosamente, "I, Asimov", el lector encontrará un inagotable manantial del que brotan diversos aspectos de su personali-dad y de su forma de pensar. De hecho, recomiendo encarecida-mente a todo aquel que jamás haya leído nada de Asimov que ad-quiera de inmediato este título, pues resulta tan ameno y humano que sin duda pronto sentirá el deseo de profundizar en su obra, además de que hallará en él todo tipo de anécdotas y referencias a importantes nombres de la ciencia-ficción. No son pocos los que dijeron de Asimov que era una persona muy vanidosa («nunca me preocupo por la falsa modestia»; «sólo me quiero a mí mismo, eso es todo, y no creo que haya nada malo en ello»), mas pienso sin-ceramente que, en algunos aspectos, tan sólo exteriorizaba un ex-ceso de confianza hacia su persona y su trabajo.

  Isaac Asimov nació en Rusia el 1 de enero de 1920, aunque su familia pronto emigró a los Estados Unidos de América, país al que llegaron el 23 de febrero de 1923. Sus padres se llamaban Judah Asimov y Anna Rachel Berman, y a él le pusieron su nombre en honor de su abuelo materno, Isaac Berman. Tuvo dos hermanos: Marcia y Stanley. Él mismo se define como un niño pro-digio, pues aprendió a leer antes de ir a la escuela y, una vez en ella, descubrió que poseía una magnífica memoria, lo que suponía que le adelantaran de curso cada cierto tiempo. Como terminaba de leer los libros escolares en apenas unos días, acudía a la biblio-teca pública, llegando a aprenderse la "Ilíada" palabra por palabra. En la tienda de sus padres comenzó a leer folletines, una de sus indudables influencias, sobre todo los relacionados con la ciencia-ficción, «el menor y menos considerado» de todos los géneros. En 1931, cuando contaba con once años, comenzó a escribir, en concreto un relato llamado "The greenville chums in co-llege", un serial que dejó de lado al llegar al capítulo ocho. Durante siete años, Asimov se dedicó a escribir una historia tras otra, aun-que sin otra satisfacción que no fuera de índole personal. Su primer texto fue publicado en la revista semestral literaria del instituto, en 1934. Se llamaba "Little brothers", y versaba «sobre el nuevo bebé que había llegado a nuestra casa cinco años antes». Aunque pre-tendía realizar sus estudios universitarios en el Columbia College, finalmente le rechazaron, así que al final su padre lo envió al City College. Sin embargo, pronto le llegó una carta del Seth Low Junior College, que en realidad pertenecía a la Universidad de Columbia, ofreciéndole una beca de cien dólares, así que se cambió de cen-tro. Fue en esta época cuando vendió sus primeros relatos, por lo que se puede decir que comenzaba su carrera como escritor profe-sional. No obstante, al mismo tiempo intentó ingresar en distintas facultades de Medicina, mas todas le ignoraron, algo que no le dis-gustó demasiado, pues dicha disciplina no es que precisamente le entusiasmara.

  Por lo demás, en 1938 se unió a los Futurianos, un club de ciencia-ficción en el que hizo grandes amigos. Aunque le en-cantaba la Historia, al final eligió doctorarse en una especia-lidad que no le gustaba nada, la Zoología, por lo que la tuvo que abandonar y decantarse por la Química. En la primevera de 1941 Asimov llevaba publicados quince relatos, aunque había escrito otros diez que no logró vender. Por fin, en septiembre de ese mismo año apareció en la revista Astounding Science Fiction (más conocida como ASF) una historia llamada "Anochecer", que gustó tanto a su editor que incluso ocupó la portada de dicha publi-cación. El 26 de julio de 1942 Isaac Asimov contrajo matrimonio con una muchacha llamada Gertrude. Meses antes aceptó trabajar para la Naval Air Experimental Station, en Filadelfia, donde perma-neció hasta 1945, aunque viajaba continuamente a Nueva York du-rante los fines de semana. Esto motivó que su obra literaria dismi-nuyera durante este tiempo, aunque hay que decir que las primeras entregas de la saga de la Fundación se redactaron en esta época. El 1 de noviembre de 1945 ingresó en el ejército, pues pocos días después de que finalizara la Segunda Guerra Mundial le llamaron a filas, donde apenas estuvo nueve meses a causa de un error buro-crático.

  Tras este período, el 20 de mayo de 1948 presentó con éxito su tesis doc-toral, y luego estuvo trabajando como estudiante de posgrado durante un año. Su vida laboral era un fraca-so, mas no sucedía lo mismo con sus narraciones. En 1949 había vendido sesenta relatos y novelas, y era considerado ya como uno de "los Tres Grandes" de la ciencia-ficción, junto a Heinlein y Clarke. Pero los recursos económicos que ello le generaba no eran lo suficiente-mente elevados como para poder per-mitirle mantener a su esposa. Sin em-bargo, eso pronto cambió. La editorial Doubleday & Company decidió crear una colección de novelas de ciencia-ficción. Asimov les remitió un escrito corto que no había conseguido vender, aceptándoselo a cambio de que lo alargara y entregándole un cheque de setecientos cincuenta dólares como adelanto, prometiéndole que luego le pagarían más. Había nacido "Un guijarro en el cielo". Por otra parte, consiguió un empleo en el Departamento de Bioquímica de la Facultad de Medicina de la Uni-versidad de Boston, correspondiéndole un sueldo de cinco mil qui-nientos dólares al año. Estuvo allí durante nueve años. «En ese tiempo enseñé, instruí y amplié mi campo de operaciones como no habría podido hacerlo de otra manera. Además, obtuve el sello del título académico, que me dio autenticidad como escritor científico».

  Aunque su relación con Doubleday fue de «perfecta armonía», en sus primeros años como escritor no le publicaban todo lo que es-cribía. Sin embargo, en Gnome Press aceptaron editar sus relatos de robots en «1950 bajo el título de "Yo, robot", un nombre» que el propio director de la compañía le sugirió. «Señalé que había un re-lato corto bastante conocido con ese título escrito por Eando Bin-der, pero» el director «le quitó importancia a este hecho». Poste-riormente le publicarían la serie de la Fundación en tres volúmenes: "Fundación", "Fundación e imperio" y "Segunda fundación". Como no le pagaban los derechos de autor de sus obras, al final consi-guió quedarse con ellas y llevárselas a Doubleday. Durante los años cincuenta vieron la luz "En la arena estelar", "Las corrientes del espacio", "Bóvedas de acero", "El fin de la eternidad" y "El sol desnudo". También apareció la saga de Lucky Starr, que en princi-pio surgió como idea para una serie televisiva, aparte de varias co-lecciones de sus relatos cortos (sus tres favoritos son "The last question", "El hombre del bicentenario" y "El niño feo"). Finalmen-te, merecen ser destacados los textos y ensayos científicos que escribió durante estos años. Respecto a su vida personal, el 20 de agosto de 1951 nació su primer hijo, David, de quien no habla de-masiado, y aunque dice de él que es una «persona buena y cari-ñosa», no ha sido capaz de ganarse la vida por sí mismo. «Prefiero tener por hijo a un caballero feliz que vive de rentas en vez de a un físico nuclear desgraciado», comenta Asimov. El 19 de febrero de 1955 nació Robyn Joan, de la cual habla mucho más, percibiéndo-se su favoritismo y complicidad con ella.

  En 1958, y con la excusa de que debía investigar y no escribir durante las horas de trabajo en la facultad, no se le renovó su con-trato, pero como Asimov sabía que su cargo era permanente conti-nuó acudiendo a la misma, más que nada para hacer valer sus de-rechos (es más, el tema fue sometido a votación en el claustro y conservó su título, de tal forma que en 1979 le ascendieron a cate-drático numerario). Una vez finalizó la década de los cincuen-ta, Asimov estuvo veinte años sin escribir obras de ficción, y no por el hecho de que se quedara bloqueado, sino debido a que le parecía oportuno redactar libros de divulgación cientí-fica en un momento en el que crecía en el público la curiosi-dad por la carrera tecnológica. También se adentró en una te-mática que, como comenté anteriormente, le apasionaba: la Histo-ria. No obstante, desde 1958 y durante más de treinta años, publi-có una columna en la revista The Magazine of Fantasy and Science Fiction", algo que le permitió que no decayera su popularidad entre los amantes de este género. Sin embargo, su matrimonio con Ger-trude no iba demasiado bien, y por aquellas fechas, en una conven-ción de 1956, Asimov no sabía que le estaba firmando un libro a la que sería su próxima esposa: Janet Jeppson. Más tarde, en 1959, y acudiendo a un banquete de los Escritores de Misterio de Améri-ca, Asimov se sentó al lado de Janet, que acudía como amiga de la escritora Veronica Parker Johns. «A partir de entonces permaneci-mos en contacto por correspondencia. Esto me ayudó durante los malos tiempos. La llamaba por teléfono de vez en cuando.»

[Click para comprar "Fundación" en Fnac]  Asimov ganó a lo largo de su vi-da numerosos premios Hugo, sien-do el segundo de ellos el más im-portante de todos. «En 1966, la Convención Mundial se celebraba en Cleveland, donde, once años antes, yo había sido el invitado de honor. Decidí asistir porque el co-mité concedería un Hugo a la me-jor serie formada por tres o más novelas. Como ejemplo, citaban "El señor de los anillos", de Tolkien, de tres volúmenes (cuatro si se cuenta "El hobbit"). Esto era una indicación clara de que esperaban que ganara Tolkien, y la popularidad de sus libros era tal (yo los había leído cinco veces) que le consideré un ganador seguro, independiente-mente de la competencia». Pero no fue así, y la serie de la Funda-ción se impuso sobre la obra de Tolkien, "Future history" (Heinlein), "Marte" (Edgar Rice Burroughs) y "Lensman" (E. E. Smith). Y a pe-sar de que durante los sesenta y setenta Asimov escribía sobre to-do obras de no ficción, de vez en cuando publicaba algún relato de ciencia-fición, e incluso novelas, como "Viaje alucinante", de la que se hablará con más detalle en el apartado "Asimov habla sobre el cine". En 1972 escribió "Los propios dioses", por la que recibió un premio Hugo a la mejor novela. El cuarto llegaría en la modalidad de mejor novela corta del año por un texto publicado en España bajo el título de "El hombre del bicentenario", y al cual ya me he referido. Precisamente esta obra sirvió de referencia para uno de los escasos fracasos cinematográficos en la carrera del realizador Chris Columbus, "El hombre bicentenario", una cinta irregular que integra momentos realmente brillantes con otros absolutamente ri-dículos.

  Regresando a su vida personal, en 1969 falleció su padre, mien-tras que en 1973 murió su madre (ambos padecían de problemas del corazón). Años antes, en 1967, la vida con su esposa Gertrude «era casi insoportable». Ella sufría de artritis reumatoide y se sen-tía sola, y él estaba completamente entregado a su trabajo. En 1970 se separaron y Asimov se mudó entonces a un apartamento en Nueva York, siéndole de gran ayuda la presencia de Janet, con quien se casó el 30 de noviembre de 1973, trasladándose ambos a un piso mayor en 1975. A partir de la década de los setenta, Asimov también comenzó a escribir numerosos relatos de misterio. Además, en diciembre de 1976 aparece el primer número de la revista Isaac Asimov's Science Fiction Magazine, donde el creador de la saga de Lucky Starr se limitaba a escribir una edito-rial y a encargarse de la sección de cartas al director. En 1977 su-frió una angina de pecho que le hizo ingresar en el hospital, lugar desde el que comenzó a escribir sus memorias (que se publicaron, en dos volúmenes, en 1979 y en 1980, siendo su estructura crono-lógica y sin poner en ella demasiado énfasis en lo subjetivo). Tras escribir o colaborar en libros de distintos contenidos, por fin Asimov accedió a regresar al mundo de la ciencia-ficción, en concreto a la saga de la Fundación. Como Doubleday estaba deseosa de poder editar una nueva obra de Isaac Asimov perteneciente a este género, le dieron un adelanto de cincuenta mil dólares. Así que el 1 de junio de 1981 comenzó a releer la trilogía original, y tras terminarla reto-mó un manuscrito sobre la serie iniciado y abandonado años antes. Introdujo computadoras en la historia, pero no robots, finalizándola nueve meses después. Había nacido "Los límites de la Fundación", que enseguida se convirtió en un gran éxito de ventas, ganando además un premio Hugo. El 22 de septiembre de 1982 comenzó a escribir la tercera entrega de una saga inacabada, la conformada por "Bóvedas de acero" (1954) y "El sol desnudo" (1957), terminán-dola el 28 de marzo de 1983. "Los robots del amanecer", que así se llamaba el libro, sirvió para que Asimov se animara a unir sus dos prolíficas series: la de robots y la de la Fundación. Así, "Ro-bots e imperio" salió a la venta en 1985. Un año después apareció "Fundación y Tierra". Durante este tiempo, y en concreto el día 14 de diciembre de 1983, tuvo que hacérsele un bypass debido a su cada vez más incómoda y dolorosa angina de pecho.

[Comprar "Viaje alucinante" en Fnac]  Tras no pocas reticencias, en 1986 escribió una continuación de "Viaje alucinante", "Viaje alucinante II: Desti-no al cerebro", que a priori tendría que haberse convertido en una película, cosa que nunca sucedió. El 2 de ma-yo de 1987 recibió el título de Gran Maestro de los Nebula, siendo el oc-tavo autor que lo recogía desde 1975. Aunque a lo largo de su vida Asimov ya había escrito numerosas obras de ficción y no ficción para niños o ado-lescentes, ese mismo año se editó el primer título de una serie sobre astro-nomía dedicada al público infantil, in-cluidos enigmas y hechos asombrosos relacionados con la misma. Tuvieron un gran éxito. En 1988 se lanzó "Preludio a la Fundación", una especie de «precuela» de dicha saga que nació gracias a un lector que le comentó al propio Asimov que «siempre quiso saber qué le había sucedido a Hari Seldon cuando era joven y cómo había inventado la psicohistoria». Algo cansado de sus series más famo-sas, en 1989 vio la luz "Némesis", que «trataba de la colonización de un satélite que giraba alrededor de un planeta parecido a Júpiter, que a su vez giraba alrededor de una estrella enana roja. Mi prota-gonista era una joven y contaba con dos mujeres adultas entre los personajes. La novela era mucho más emocionante de lo que acos-tumbran a ser mis obras [...] y tuvo bastante éxito». Eso no evitó que durante sus últimos años de vida siguiera trabajando en textos de no ficción y artículos, entre ellos uno muy curioso «sobre cómo podrían ser las cosas en el año 3000». El 4 de junio de 1989 co-menzó a escribir "Hacia la Fundación", que continuaba lo narrado en "Preludio a la Fundación". Sin embargo, Asimov comenzaba a sentir signos de fatiga, aunque se negaba a reconocerlo. Cumpli-dos los setenta años, ingresó en un hospital para realizar diversas pruebas médicas, detectándosele nuevamente problemas en el co-razón y en los riñones, por lo que se le administró la medicación oportuna para mejorar su salud. De regreso a casa, Asimov comen-zó a escribir su nueva autobiografía, y tal y como le había aconse-jado su mujer, Janet, lo hizo de una forma más personal que en las anteriores entregas. Se entusiasmó con su nuevo proyecto, e inclu-so trabajó en él cuando volvió a ingresar en el hospital. El 28 de mayo de 1990, cuatro meses después de haberlo empezado, termi-nó su manuscrito.

  El 6 de abril de 1992 el cuerpo de Isaac Asimov no resistió más. El creador de la saga de la Fundación había muerto. Sus últimos meses los pasó entre hospitalizaciones y su deterioro físico era evidente. Ahora bien, en marzo de 2002 se publicó en los Estados Unidos una recopilación de fragmentos de las tres autobio-grafías de Asimov y de las cartas que enviaba a Janet cuando am-bos se comunicaban por correspondencia. En este libro se revela que Asimov en realidad estaba enfermo de SIDA, mal que contrajo a causa de una transfusión de sangre que se le realizó cuando se operó en 1983. Tal y como relata su esposa, la última frase que pronunció fue: «yo también os quiero», en referencia a Janet y Robyn. Y es que el propio Asimov lo dejó escrito: «al final también llegará mi turno, pero he tenido una buena vida y he coseguido lo que quería y más de lo que podía esperar».

ASIMOV HABLA

 

SOBRE EL CINE

  «Siempre he creído que cualquier relación con Hollywood, por tri-vial que fuera, aunque en el primer momento pudiera parecer prove-chosa, terminaría en un desastre y me he mantenido alejado de ese lugar. Tampoco me he arrepentido nunca de ello».

  «Me preguntan con frecuencia si alguno de mis libros ha sido lle-vado al cine. Durante mucho tiempo la respuesta fue que no, y eso me hacía feliz. Puede parecer extraño. Para la mayoría de la gente, Hollywood evoca el aura del romance y, todavía más, del dinero. Sin embargo, trabajar para Hollywood significa, por lo general, tras-ladarse a California [...] y yo no tenía la menor intención de hacer-lo».

  «Hollywood era peor que una carrera de ratas, era una trampa. Tentaba a una persona con un estilo de vida de sol y bronceado, de barbacoas y piscinas, una vida que no te puedes permitir a no ser que sigas trabajando para Hollywood. Así que sigues trabajando. Era un pacto para siempre con Mefistófeles».

  «En 1947, Orson Welles compró los derechos para el cine de mi relato "Evidence" por doscientos cincuenta dólares. En mi inocen-cia, pensé que pronto aparecería una gran película basada en el texto. No necesito explicar que jamás se hizo».

  «A finales de los sesenta, Hollywood suscribió una opción por "Yo, robot", que fue renovada año tras año durante unos quince años. Sin embargo, al final no se hizo nada a pesar de que Harlan Ellison escribió un guión fantástico basado en la novela».

  «Me apropié gratuitamente de la "Historia de la decadencia y rui-na del Imperio romano", de Edward Gibbon, al plantear la serie de la Fundación, y creo que la película "La guerra de las galaxias", a su vez, se apropió de la serie de la Fundación».

[Comprar DVD de "Viaje alucinante" en Fnac]  «Se había rodado una película titu-lada "Viaje alucinante", en la que un submarino miniaturizado, con una tri-pulación también miniaturizada, se pasea por el flujo sanguíneo de un hombre moribundo para curarle desde dentro. Existía un guión de la película y la idea era convertirlo en una novela. Bantam Books [...] se hizo con los derechos en rústica y quería que yo la escribiera [...]. No me costó mucho escribir la historia, aunque tuve que perder tiempo corrigiendo unos pocos errores elementales del guión [...]. Terminé de novelar el guión en sólo seis semanas. Esa era la parte más sencilla, lo difícil vino des-pués. Las novelas en rústica de películas lo único que pretenden es hacer publicidad de las mismas mientras se exhiben en los cines. Después, no se vuelve a oír hablar de ellas. Estaba decidido a que esto no le sucediera a uno de mis libros [...]. Por tanto, puse como condición para reelaborar el guión, el que hubiera una edición en-cuadernada en tapas duras [...]. Trabajé tan rápido y las películas avanzan tan despacio que la edición de tapa dura de "Viaje alu-cinante" se publicó a principios de 1966, seis meses antes de que la película se estrenara, y pareció que la película se había hecho a partir del libro. Esto era terrible porque había tenido que ceñirme al guión y estaba convencido de que yo solo podía haber escrito un libro mejor. Por tanto, declaré muchas veces, oralmente y por es-crito, que el libro procedía de la película y no al revés. No creo que eso ayudara mucho. No fue una mala película, dicho sea de paso. Además, Raquel Welch interpretaba su primer papel estelar y dis-trajo la atención de cualquier pequeño fallo de la película. La edi-ción es rústica apareció a la vez que la película se exhibía en los cines, y ante la extrañeza de Bantam (y mía), resultó no ser un producto desechable. Siguió vendiéndose mucho después de que la película dejara de exhibirse y aún sigue vendiéndose en la actua-lidad. Se han hecho varias docenas de reimpresiones y se han vendido unos cuantos millones de ejemplares. Hoy en día, después de la serie de la Fundación, es el libro que mejor se vende. Sin em-bargo, no me he hecho rico, ya que no era un trabajo original sino que seguía el guión muy de cerca, y sólo me ofrecieron una suma fija de cinco mil dólares [...]. Insistí en pactar un arreglo de los de-rechos de autor para la edición de tapa dura, la cuarta parte sería para mí y el resto para Hollywood, y conseguí recibir mi parte direc-tamente y no a través de Hollywood. Esto fue inteligente por mi parte, ya que si Hollywood hubiese recibido todos los derechos, yo nunca habría visto ni un penique. No me gusta "Viaje alucinante" y es uno de mis pocos libros que nunca volvería a leer. No es porque consiguiera tan pocos beneficios de un éxito fácil y perdurable, sino que el libro se basaba en un guión que no era mío, y creo merecer más de lo que he recibido».

  «Gene Roddenberry, famoso por "Star Trek", me pidió algunos consejos en relación con la primera película de "Star Trek" y lo hice con mucho gusto porque es amigo mío. No le pedí dinero, pero me envió un cheque y me dijo que aparecería en los títulos de crédito. Nunca había aparecido mi nombre en una película, así que fui a verla. Al final, todo el mundo empezó a salir, mientras una intermi-nable lista pasaba por la pantalla. Janet y yo esperamos tozuda-mente mientras el cine se vaciaba y por fin, lo último que se leía era: "Asesor científico: Isaac Asimov". Naturalmente aplaudí ruido-samente, y pude oír una voz que con toda claridad, desde el pasi-llo, decía: "es Asimov que aplaude su propio nombre". Acababa de nacer otra anécdota sobre mi vanidad».

  «Doubleday vendió una opción de mi relato "Anochecer". Se llegó a hacer una película, pero no me enteré hasta que unos amigos me contaron que habían visto un anuncio del filme en Variety. Nunca me consultaron mientras la rodaron y nunca vi el guión [...]. Enton-ces supe que la película se había hecho con un presupuesto muy bajo y yo me preguntaba lo mala que sería. Anunciaron la película, en los pocos sitios que se exhibió, con mi nombre en grandes ti-tulares y la gente fue a verla por eso. Al poco tiempo empezaron a llegarme cartas, y me enteré de lo peor. La opinión generalizada era que se trataba de la peor película jamás rodada y que no tenía ni el más ligero parecido con mi relato [...]. Por fortuna, la película murió como se merecía, casi de inmediato, y sólo espero que na-die que la haya visto o haya oído hablar de ella la recuerde».

  «Hollywood es famosa por su "creativa teneduría de libros". Pue-den ganar muchísimos millones con una película pero todo es para los actores y la dirección, y lo que queda, el "beneficio neto", del que los escritores reciben un porcentaje, por lo general suele re-sultar "pérdida neta"».

  «Como escritor de libros impresos, soy mi dueño [...]. Como guio-nista de películas o televisión, los que llevan la batuta son el pro-ductor y el director, y la imagen domina sobre la palabra. El guio-nista ocupa una posición muy baja entre las deidades de Holly-wood, y cualquiera puede estropear su trabajo».

  Hablando de su amigo Arthur C. Clarke, Asimov sospecha que «es uno de los escritores de revistas de ciencia-ficción más ricos, ya que ha escrito varios éxitos de venta y ha participado en varias películas, incluido el primero de los grandes éxitos cinematográ-ficos de ciencia-ficción, "2001: Odisea del espacio"».

  «Había visto "El capitán Blood, con Errol Flynn y Olivia de Havi-lland, y aunque no soy de esos que se enamoran de las actrices, admiro a unas más que otras. En esa época, Olivia de Havilland me impresionó como el epítome de la belleza femenina».

  «Probablemente, el honor más sorprendente que he recibido es el de ver mi nombre en una losa de piedra en un camino del Jardín Botánico de Brooklyn. Por supuesto no soy el único. A medida que se recorre el camino, losa tras losa aparecen los nombres de fa-mosos nacidos en Brooklyn. (Está el de Mae West, por ejemplo) [...]. Yo no nací en Brooklyn, pero me respondieron que puesto que me crié allí desde los tres años y fui allí a la escuela, era suficiente [...]. Me dijeron que dijera unas palabras, pero la auténtica estrella era Danny Kaye, al que siempre había admirado y con el que es-tuve por primera y única vez. Me llamó "payess" (patillas, en yidis) y después dio una charla encantadora. Sin embargo, parecía enfer-mo y, de hecho, murió el 3 de marzo de 1987, sólo nueve meses después, a la edad de setenta y cuatro años».

  «Cuando era maestro de ceremonías, solía entregar los Hugo y usaba la misma técnica que Bob Hope: me quejaba de que nunca me los dieran a mí». En el libro "Memorias" menciona en otras oca-siones frases parecidas relacionads con este habitual presentador de las ceremonias de los Oscars®.

  Refiriéndose a sus problemas de sobrepeso, Asimov comenta que «en 1964, cuando tenía cuarenta y cuatro años, ya pesaba noventa y cinco kilos [...]. Me asusté. Había sobrepasado en dos años la edad a la que a mi padre le sobrevino la angina [...]. Mi miedo se acrecentó cuando el actor Peter Sellers, que no estaba gordo, tuvo un ataque cardíaco y la noticia se publicó en toda la prensa».

  «Los escritores creen que los críticos tienen un gran poder, pero sólo son imaginaciones. Cualquier reseña (aunque sea desfavor-able) es útil, porque menciona el libro y contribuye a divulgarlo. O, como se dice que afirmó Sam Goldwyn: "la publicidad es buena. La publicidad favorable es todavía mejor».

  Un día «tuve el inefable placer de cenar en dos lugares diferentes; en uno comí conejo y en otro venado, y encontré ambas cosas de una perfección celestial. Cuando se lo conté con placer a alguien, la respuesta de desaprobación fue: "¿quieres decir que te comiste a Bambi y a Tambor en un mismo día?».

Homenaje a Asimov. Minirelato: El origen de un sentimiento

  Llevaba años obedeciendo todo tipo de órdenes. «¡Rehler, acérca-me el comunicador!», le gritaba su dueño. «Rehler, llévame al Cen-tro Mundial de Comercio», le sonreía su propietaria. Por supuesto, jamás se le había pasado por la cabeza el incumplir cualquiera de sus habituales obligaciones. «Este es tu sino, hacer más placente-ra la caprichosa vida de tus señores», le había susurrado, divertido, una de las acostumbradas visitas de la casa. Pero un día, Rehler se detuvo al contemplar un noticiario televisivo en el que se veían las terribles consecuencias de las guerras de Deresia. «Qué pesar produce el sufrimiento...», balbuceó ante el estupor de aquellos a los que él llamaba "amos". Horrorizados, lo devolvieron de inmedia-to a su lugar de procedencia. «Preferimos un robot... normal», se excusaron.


Imágenes de "Yo, robot" - Copyright © 2004 20th Century Fox, Davis Entertainment, Laurence Mark Productions, Canlaws Productions y Overbrook Entertainment. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados.

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