CRÍTICA
por
David Garrido Bazán
Cuestión de ego
Hace unos
meses, a propósito de "Paycheck"
(John Woo, 2003) comentaba en estas mismas páginas que lo más
lamentable de aquella película era la forma tan penosa y burda
en la que el reali-zador desaprovechaba una buena historia en su
afán de convertir lo que era un punto de partida de lo más
interesante –basado en una premisa clásica de los relatos de
Philip K. Dick– en una rutinaria cinta de acción en la que
colocar sus cansinas marcas de identi-dad. En un primer momento,
uno siente la tentación de aplicarle a "Yo, robot" el mismo
reproche, pero lo cierto es que nos quedaría-mos bastante cortos
y hasta seríamos un tanto injustos con aqué-lla: al menos
"Paycheck" sí establecía una premisa más o menos fiel al relato
original de Dick y trataba, al menos al principio, de
de-sarrollar sus posibilidades. "Yo, robot" ni siquiera se
molesta en hacer lo propio con la obra de
Isaac Asimov en la que dice inspi-rarse, por más que
la desmesurada máquina publicitaria que acom-paña al último gran
blockbuster de este verano se empeñe en afir-mar lo
contrario.
Y es que cuando una estrella como Will
Smith no sólo cobra 28 millones de dólares por
protagonizar esta su-perproducción de corte futurista, sino que
además participa en ella desde esa privilegiada posición de
productor ejecutivo que permite entrar de lleno en el proceso de
la toma de decisio-nes sobre el producto, no estamos muy lejos
de propuestas como aque-lla involuntaria comedia que fue "Mi-sión:
Imposible 2" (John Woo, 2000) o el vehículo de
lucimiento que fue "El
último samurái" (Edward Zwick, 2003) en los que la
fórmula del "yo me lo guiso, yo me lo como" del astro Tom Cruise
devora la pantalla has-ta extremos literalmente insoportables.
Durante los primeros quince minutos de "Yo, robot", y dejando
aparte la enumeración de las co-nocidas Tres Leyes de la
Robótica de Asimov (a las que luego no van a hacer más caso del
estrictamente necesario), asistimos a la presentación del
inspector Spooner, un Will Smith que: A) demues-tra de forma
harto fehaciente a la audiencia que no ha perdido un ápice de la
musculatura que exhibió en el que hasta la fecha sigue siendo su
mejor trabajo, el biopic "Ali"
(Michael Mann, 2001); B) interpreta un personaje que vive
anclado en un pasado en el que le sucedió algo traumático y en
el que, en directa relación con lo an-terior, no tienen cabida
las maravillas robóticas que el año 2035 puede deparar, a las
que odia profundamente; y C) tiene exacta-mente la misma (si no
más) pose chulesca y prepotente de su an-terior papel en "Dos
policías rebeldes II", de modo que nadie le to-se,
nadie le discute y nadie le intimida, sino más bien al
contrario.
Con estos
mimbres (y una nada disimulada y sí muy vergonzosa exhibición de
conocidas marcas comerciales que no tiene nada de publicidad
encubierta ya que hasta cinco se reiteran de forma cons-tante a
lo largo de la cinta y cuatro de ellas aparecen en los prime-ros
minutos de película), nos adentramos en un mundo cuyo di-seño
de producción remite hasta cierto punto al desarrollado por
Steven Spielberg en "Minority
report" y en el que coexis-ten humanos y robots
en armonía gracias a las leyes que impiden que estos puedan
dañar a aquéllos. Al menos hasta que aparece muerto uno de los
mayores expertos en robótica del mundo en lo que parece ser un
suicidio y que lleva al personaje de Smith a en-trar en contacto
con un robot perteneciente a una nueva generación a punto de ser
distribuida a miles de hogares en sustitución de los modelos
antiguos, implicado de forma directa en los hechos y que se
comporta de un modo un tanto peculiar. Avanzando a trompico-nes
y sin descuidar algunos de los tópicos recurrentes del género de
acción (los intereses corporativos, ese inevitable jefe obligado
a retirarle la placa), la investigación revelará un peligro para
la huma-nidad de imprevistas dimensiones. Y sólo Will Smith, en
ausencia de Bruce Willis, puede salvarnos del desastre.
"Yo,
robot" tiene como mayor y casi única (aunque eso sí, nada
desdeñable) virtud el contar con un enorme presupues-to para su
realización, la mayor parte del cual se ha ido en unos
costosísimos, magníficos y a ratos sorprendentes efectos
visuales que aun estando al servicio de una historia
predecible, ru-tinaria y mucho menos compleja de lo que sería
deseable en este género, permite asistir a prodigios como el
robot estrella del film, Sonny, cuyo estilizado y trabajado
diseño, sacado directamente del proceso que Peter Jackson
utilizara para Gollum en "El
Señor de los Anillos", consigue a la vez resultar tan
amenazante como cercano: tanto cuando comparte plano con Will
Smith como en las espectaculares secuencias de acción en las que
participa (quizás, lo mejor de la función) resulta
extremadamente creíble, algo que sin duda debemos a los
continuos avances en el campo de los efectos visuales, sin los
cuales esta película no sólo no sería posible de llevar a cabo,
sino que no tendría sentido hacerla.
Por lo demás, "Yo, robot" vuelve a incidir (así como de pasada,
porque sus verdaderos intereses están en otro sitio) en las
mismas cuestiones –sobre las posibilidades de las máqui-nas de
evolucionar hasta alcanzar las emociones y sentimientos de sus
cre-adores humanos– que han tratado obras maestras como "2001:
Una odi-sea del espacio" (Stanley Kubrick, 1968),
"Blade runner" (Ridley Scott, 1982) o "A.I.
Inteligencia artificial" (Steven Spielberg,
2001), por citar só-lo tres ejemplos. No seré yo quien co-meta
el error de exigirle a esta pelicu-lita de entretenimiento de
Alex Proyas que esté a la
altura de di-chas obras, pero bien es cierto que del autor de la
espléndida "Dark city" uno tenía derecho a esperar algo más que
esta especie de popurrí referencial de obras protagonizadas por
robots en la que no faltan, además de los evidentes guiños a las
obras ya citadas, asaltos a comisarías o persecuciones
frenéticas al más puro estilo James Cameron en su serie
"Terminator" o plagios evidentes a obras como "Star
wars. Episodio I: La amenaza fantasma" (George Lucas,
1999) en detalles como la distribución de robots a través de esa
especie de máquinas expendedoras sobre ruedas. Según se avanza
más y más en el metraje, la película se inclina de su inicial
intriga de ciencia ficción que aún puede tener cierta gracia
(aunque ninguna para los que estamos familiarizados con los
relatos de Asi-mov: incluso aquellos que no somos especialmente
entusiastas de su obra les reconocemos una inteligencia ausente
por completo en la película) hacia una cada vez más desmadrada
obra de acción en la que Will Smith no para de intentar hacerse
el gracioso (sin con-seguirlo) y la pobre
Bridget Moynahan pasa de ser
una fría psicó-loga a manejar una ametralladora.
Eso sí,
Proyas se asegura de que todo el mundo pueda sentirse confortado
en esa falsa presunción de inteligencia que comporta poder
anticiparse sin esfuerzo a lo que va a suceder y ofrece
acción trepidante sin desmayo en el último tramo de la
pelí-cula, lo preciso para que el espectador no se haga más
pre-guntas de las necesarias sobre lo que está sucediendo,
no vaya a ser que le dé por pensar más de lo debido y le
desmonte el chiringuito. Por el camino se quedan algunas (pocas,
como la pri-mera aparición de James
Cromwell, el as en la manga de Will Smith) ideas
interesantes y la certeza de que si hasta ahora la am-plia obra
de Asimov, exceptuando "El hombre bicentenario" (Chris Columbus,
1999), permanecía inédita en el cine, después de ver "Yo, robot"
se puede seguir manteniendo la misma idea, pues el film de Alex
Proyas es tan representativo de la obra de Asimov co-mo las
marchas militares puedan serlo de la música, por así decir-lo.
Calificación:
    
Imágenes
de "Yo, robot" - Copyright © 2004 20th Century Fox,
Davis Entertainment, Laurence Mark Productions, Canlaws
Productions y Overbrook Entertainment. Distribuida en España por
Hispano Foxfilm. Todos los derechos
reservados.
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