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EL BOSQUE
(The village)


Dirección y guión: M. Night Shyamalan.
País:
USA.
Año: 2004.
Duración: 108 min.
Género: Thriller.
Interpretación: Joaquin Phoenix (Lucius Hunt), Adrien Brody (Noah Percy), Bryce Dallas Howard (Ivy Walker), William Hurt (Edward Walker), Sigourney Weaver (Alice Hunt), Brendan Gleeson (August Nicholson), Cherry Jones (Sra. Clack), Celia Weston (Vivian), John Christopher Jones (Robert), Frank Collison (Víctor), Jayne Atkinson (Tabitha), Judy Greer (Kitty), Michael Pitt (Finton Coin).
Producción: M. Night Shyamalan, Scott Rudin y Samuel M. Mercer.
Música: James Newton Howard.
Fotografía:
Roger Deakins.
Montaje: Christopher Tellefsen.
Diseño de producción: Tom Foden.
Dirección artística: Tim Beach y Chris Shriver.
Vestuario: Ann Roth.
Estreno en USA: 30 Julio 2004.
Estreno en España: 24 Septiembre 2004.

 

CRÍTICA
por Miguel Á. Refoyo

Los monstruos innombrables

Shyamalan ofrece con "El bosque" un cuento moral, una de sus mejores películas con una historia de múltiples lecturas que analiza el miedo a lo desconocido y al progreso

  El cine de M. Night Shyamalan se construye sobre unas sólidas bases que tienen su sentido en una estética visual y perceptiva transformada en sentimiento elevado a un nivel de frialdad y distan-ciamiento capaz de articular con sus imágenes un universo de con-tundencia autoral, de sugestiva puesta en escena con fundamento, con un constante componente ideológico y/o teológico que, esgri-mido con géneros como el fantastique y el cine de terror, le han descubierto como uno de los cineastas más sugerentes y visiona-rios del último cine de Hollywood.

 Sus historias humanistas, tormen-tosas y a veces enfermizas, des-prenden de su finalidad global un discurso reconocible que apunta al análisis de la sociedad moder-na, dibujando para ello temores don-de el liberalismo político, el racionalis-mo, la moralidad y la autocensura re-flejan el pánico a lo desconocido, re-curriendo en todo momento a la suge-rencia visual y argumental para enjui-ciar subversivamente el relativismo moderno, la falta de cánones morales, el creciente progreso y la falta de creencia en lo trascendente, más allá del ámbito terrenal. Esa máxima, unida a la ambigüedad, el enig-matismo naturalista y al prodigioso manejo de los mecanismos del suspense con que Shyamalan envuelve sus filmes, son el prece-dente de "El bosque", un teorema más ideológico que argumental que recoge mucho de lo mejor de "Los primeros amigos", "El sexto sentido" o "El protegido" y poco de lo peor de la laxa teología de su obra más superflua hasta el momento, "Señales". En ese sentido, el cineasta de origen hindú parece haber adoptado la directriz de la alegoría narrativa para ir más allá en su discurso argumental. Así, en sus tres últimas películas ha dejado claro que los humanos son los muertos, que los superhéroes son creaciones de los más pér-fidos villanos sin entrañas y que todo Apocalipsis respalda un rena-cimiento interior. Metáforas inigualables, diáfanas, esquemáticas y universales para transcribir un mundo desamparado que el especta-dor puede interpretar mediante la poética fílmica y deliberada del di-rector.

  La acción de "El bosque" se sitúa en un pequeño pueblo llamado Convington (Pennsylvania), aparentemente a finales del S.XIX, si-tuado en medio de un paraje natural de increíble belleza. Un idílico entorno que contrasta poderosamente con la actitud de los lugare-ños, que viven atemorizados por ‘criaturas de las que no se habla’, entes demoníacos con los que mantienen un pacto de respeto, pe-ro que limitan la vida de sus vecinos impidiéndoles salir de la alie-nada villa. Cuando un joven aldeano, Lucius Hunt, propone atrave-sar esos límites para conseguir medicinas que alivien su precaria situación médica, se producirá un cambio en la existencia de todos los habitantes del pueblo. Bajo esta a priori intrascendente pro-puesta que, según su director, se basa en los principios temáticos de "Cumbres borrascosas", la novela de Emily Brontë, y en el clá-sico "King Kong", dirigido por Ernest B. Schoedsack y Merian C. Cooper, por la ambientación de época y la atmósfera opresiva, y la amenaza impuesta que viven los nativos de la Isla de la Calavera, respectivamente, "El bosque" va más allá de cualquier especula-ción baladí de aquellos que han intentado empequeñecer el porten-toso trabajo de guión y dirección de Shyamalan. Sobre el argumen-to, también planean turbiamente los atentados del 11-S contra las Torres Gemelas de Nueva York, aunque no sea ese el camino a se-guir para analizar un filme repleto de virtudes.

  "El bosque" fundamenta su existen-cia en una aldea que aboga al cada vez más extinguido valor de comuni-dad, que vive en perfecta armonía, só-lo quebrantada por un miedo a unos seres que habitan más allá de sus fronteras y que parecen establecer el bien y el mal. Para H.P. Lovecraft, el miedo funcionaba en varios ni-veles, pero el primordial estaba basado en el respeto hacia lo des-conocido. El temor a lo oculto, a lo amenazante. Y eso es, en prin-cipio, la clave para seguir la histo-ria, a los personajes circunscritos a un ambiente de paz y concordia. Pero si algo se asume con este dictamen, es que el miedo, del mismo modo, atenaza e inmoviliza, algo que se incrementa a lo largo de "El bosque". Y es en su pre-meditada acrimonia donde Shyamalan sitúa una enfermiza parábola que se puede leer de diversas formas, en una multilectura que aca-ba, irremediablemente, en un concienzudo examen aislacionista y antiprogreso simbolizado en un pueblo que busca infructuosamente aislarse de la traición, la violencia, los intereses económicos y la dependencia de lo material de una sociedad que cada vez es más amenazante.

  Algunos críticos americanos han querido ver en "El bosque" una crítica a la política de manipulación basada en el miedo y en la es-tafa que ha ejercido el gobierno de George W. Bush o simplemente como un panfleto pro-demócrata de cara a las próximas eleccio-nes. Justificar la mentira como vehículo para la consecución de un bien común, aun cuando exista la posibilidad de que ese bien sea una patraña, un fantasma de una mente trastornada podría apuntar a esa obsesión de un Ozymandias presidencial por unir a una co-munidad infundando el miedo a costa de una amenaza que no es. Bien podría serlo. Pero no es así. Y no es así porque la intención del cineasta es conformar una historia sustentada en tres factores primordiales para entender "El bosque": uno, lo que temáticamente vienen dando sus películas, que giran alrededor de decisiones éti-cas radicales y trascendentales; otro que apunta a que sólo el amor es el motor que mueve el mundo, que no conoce de mentiras ni de miedos y que es capaz de enfrentarse a ellos con bravura pa-ra descubrir la verdad; y, por último, la universalización de su men-saje hacia algo mucho más simple como es el miedo de la socie-dad ante los misterios que encierra el progreso y sus consecuen-cias en el mundo. Shyamalan acepta con su consiguiente estiliza-ción simbólica que su último y apasionante filme se preste a múlti-ples y variadas interpretaciones.

  Por ello, su última película es opor-tuna y comprometida, fiel al estilo de un realizador más preocupado por ha-cer partícipe al espectador de los sen-timientos de sus personajes que de hacer verosímiles las historias fantás-ticas que protagonizan. De ahí que el terror se sitúe en la carga emocional en los protagonistas, mientras que en el suspense, que tan bien maneja el director de "Señales", se concentra en las situaciones. Tal vez algo que se le achaque a "El bosque" sea la falta de concreción y de explicaciones enfáticas en pantalla sobre las res-puestas que se supone que tendría que dar Shyamalan una vez puntualizado ese ‘giro’ (in)esperado por todos, al que recurre como síntesis de la sugerencia y aquí nunca es utilizado como ‘efecto sorpresa’. Si bien es cierto que quedan algunas incógnitas sin acla-rar dentro del pánico creado en la pequeña aldea, Shyamalan es consciente de que su público es lo suficientemente inteligen-te para dejarse llevar por su imaginación y extraer de la poe-sía y las sensaciones una historia inclasificable que injusta-mente promete miedo y que termina brindando una película ponderable en todos los sentidos.

  "El bosque" es una película con tono denso, doliente, de contra-dicciones paradójicas, que manifiesta todo este juego de tensiones contrapuestas en su personaje principal, una ciega que sea la que pueda atravesar el bosque maldito, la que no tenga miedo a la hora de enfrentarse a las supuestas criaturas y la única que, por amor, sea capaz de traspasar los límites fronterizos. Todo llevado por el romanticismo, por el amor como único sentimiento ante un contex-to frío y distante. También que el mal esté representado en un esquizoide tarado (presentado como el falso ‘tonto del pueblo’) que, inteligentemente, ha descubierto el gran secreto y lo utiliza con po-der e intimidación sobre sus conciudadanos, provocando el caos, destruyendo la lógica de miedo impuesta por el Consejo. Un Con-sejo formado por hombres y mujeres que no han nacido en la aldea y vienen de fuera, donde los personajes de Hurt y Weaver son in-capaces de manifestar sus sentimientos y poseen una caja negra que oculta el gran secreto que todos esconden. También lo es la contradicción de la razón de una fábula intimatoria como fruto del amor y la necesidad de aislar a los lugareños del Mal de la socie-dad, fusionados en un microcosmos creado y financiado para y por una libertad que, en realidad, es una alienación egoísta. Unos miembros regidores que son capaces de dejar morir a los suyos con tal de no enfrentarse a los fantasmas sociales que les recluye-ron para siempre. No se trata, por tanto, de hacer pasar miedo al espectador, sino de reflexionar sobre cómo funciona el miedo y cómo éste afecta a nuestras vidas.

  Una cinta oscura y pesimista, nada autocomplaciente, que empieza con el entierro de un niño muerto por cau-sas que, una vez sabidas, se dedu-cen de las horribles consecuencias provinentes del experimento al que ha sido sometida la aldea. La cinta tam-bién acaba de una forma pesimista e imprevisible, pero a la vez tan realista que uno no puede más que aceptar los acontecimientos. Es ahí donde la atmósfera tiene un protagonismo es-pecial, donde Roger Deakins, habi-tual de los hermanos Coen, extrae un naturalismo en la línea de John Alcott, donde abundan los cielos nublados, que provocan que el filme ten-ga ese éter desapacible, un aspecto frío y distante. Como impor-tante es el recurso cromático simbolizado en la prohibición del rojo –el color de la vida y la sangre– o el amarillo –como defensa de los miedos–. Colores todos ellos que la protagonista ciega, evidente-mente, no puede ver, pero sí percibir, desoyendo las órdenes cuan-do su corazón lo dicta. Sobresalientes son también las interpreta-ciones de los protagonistas Bryce Dallas Howard (con un lanza-miento al estrellato más que sorprendente –está increíble–), la suti-lidad de Joaquin Phoenix en el papel de timorato retraído, así co-mo los siempre extraordinarios William Hurt, Sigourney Weaver y Brendan Gleeson. Sin embargo, en este apartado, no encaja la sobreactuación maniquea e inesperada de un Adrien Brody que juega tanto con los aspavientos y la mueca que termina por resultar sofocante.

  Dando un paso más en su estilizada evolución fílmica y cinemato-gráfica, Shyamalan ofrece un ejercicio de relectura estilística, si-guiendo los esquemas propios del terror con ese giro sorpresivo (que aquí no es tal) que tanto proliferaban en la obra de Rod Serling y Ray Bradbury (al que se acude por la similitud de su relato "Bos-que Mitago" con esta película), constituyendo una experiencia cine-matográfica absorbente. La dirección de Shyamalan, su puesta en escena emocional recubierta de sencillez y su minimalismo visual atienden de nuevo a sus restricciones en las que no existe la nece-sidad de mostrar, sino de sugerir con un particular y sutil pulso na-rrativo, ejemplificado en el ‘ralentí’ que se produce cuando el públi-co tiene la oportunidad de ver por primera vez a una de las criatu-ras. Apoyado en una prodigiosa partitura de James Newton Howard (la mejor en años), "El Bosque" es insinuante antes que terrorífica, claustrofóbica y alegórica antes que misterio-sa, y, sobre todo, es una obra llena de poesía y emotividad que deja la sensiblería a un lado para tratar con pasión una historia de amor y tragedia. Una poderosa y angustiosa película que, tras la fallida "Señales", encauza la brillante trayectoria de uno de los nue-vos genios del cine norteamericano.

Calificación:


Imágenes de "El bosque" - Copyright © 2004 Touchstone Pictures, Blinding Edge Pictures  y Scott Rudin Productions. Distribuida en España por Buena Vista International. Todos los derechos reservados.

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