CRÍTICA
por
Tònia Pallejà
Para Increíbles los de la
Pixar
Resulta curioso que durante los úl-timos años, algunos de los
mayores logros del cine hayan venido de un campo, el de la
animación, y más en concreto de aquella producida digital-mente,
otrora desestimado por la opi-nión crítica al considerarlo un
produc-to poco serio para mero consumo in-fantil. Dentro de este
ascenso meteó-rico hacia un justo reconocimiento li-bre de
prejuicios —y paralelo a una ampliación de mercado— cabe
men-cionar el valor incuestionable de traba-jos como la
rompedora “Shrek”,
obra de
DreamWorks. No obstante, y
fuera de toda duda, ha sido la Pixar, en su rentable asociación
con la Disney, quien más se ha ganado a pulso un lugar de honor
en este panorama, gracias a un puñado de brillantes títulos
entre los que se cuentan las dos partes de “Toy story”, “Monstruos,
S.A.” o “Bus-cando
a Nemo”. Su nueva propuesta, “Los Increíbles”, se
suma al carro de éxitos, pero en cierto sentido también marca un
antes y un después en las historias de este corte por su alto
calibre huma-no y la solidez de un guión, por otro lado
altamente disfrutable, que se encuentra en justa correspondencia
con su impecable perfil técnico-artístico. Tal vez esta lucidez
y desparpajo no se antojen tan insospechados si tenemos en
cuenta que vienen de la mano de Brad
Bird, realizador al que hemos podido degustar
largamente a través de “Los Simpsons”, una de las mejores series
para la tele-visión, y la cinta “El
gigante de hierro”, que pasó más desapercibida de lo
que merecían su calidad y compromiso.
Como ya
sucediera con anteriores largometrajes de la fac-toría de
John Lasseter, este último proyecto
ofrece una doble lectura paralela para niños y mayores, de forma
que satis-face a unos y otros sin necesidad de buscar
posturas intermedias que no agraden a ninguno de los dos
sectores. Pese a todo, “Los Increíbles” —la primera del grupo
protagonizada íntegramente por humanos— quizás sea la más adulta
de todas, porque nos acerca —aun con toda la parafernalia propia
de los superhéroes y los as-pectos cómicos que se derivan— a
algunas realidades cotidianas que a los pequeños se les escapan
y con las que los grandes en-contrarán rápida identificación.
“Los
Increíbles” nos presenta a una familia de superhéroes retira-dos
desde hace más de una década debido a cierta mala experien-cia
en el pasado, que finalmente regresarán a la acción ante la
amenaza de un peculiar villano movido por el mejor motor de
todos: el rencor y la frustración. Así pues, esta excepcional
película es, en buena medida, una aproximación doméstica al
mundo de los su-perhéroes, en donde la sitcom familiar convive
en perfecta armonía con el cómic, el fantástico, la
ciencia-ficción y el género de espías.
En su primera parte, la más íntima y realista, vemos cómo las
capacidades sobrenaturales de estos antiguos sal-vadores de la
humanidad y su afán por limpiar la ciudad de malhechores chocan
con la obligación de llevar una existencia anónima y discreta
como civiles comunes. A través de diferen-tes episodios,
asistimos a los inicios del matrimonio compuesto por Mr.
In-creíble y Elastigirl, y los sucesos que los apartaron de la
vida pública, para ser partícipes, con posterioridad, de los
pormenores domésticos y labora-les que asfixian su rutina
diaria, tan reconocibles, a la que se han venido a añadir tres
retoños que, por aquellas cosas de la genética (ajem), también
poseen superpode-res a esconder. En esta tesitura de renuncias a
favor de una mejor adaptación a las nuevas circunstancias, el
más perjudicado es el cabeza de familia, condenado a un trabajo
gris y desesperanzador como agente de seguros —muy apropiado—,
quien desde el redu-cido cubículo de su oficina —tan poco
oportuno para las dimensio-nes que ha ido ganando su cuerpo a
base de años de inactividad— añora los tiempos pasados. Será en
la segunda parte, marcada al inicio por la intriga pero, sobre
todo, por acción y aventuras a rau-dales, cuando el grupo —hijos
incluidos— se vea forzado a reunirse de nuevo bajo su antifaz
para frenar las maquinaciones del pérfido Síndrome en una
selvática isla desierta.
Si “Los
Increíbles” es generosa en su trasfondo psicológico, incluso
social —algo que constituye una grata novedad— por sus
inquietudes acerca de cuestiones en continuo estira y afloja,
como la identidad, la marginación, las crisis de pare-ja, la
realización personal, la unidad familiar o el efecto de la
opinión pública, tampoco se queda corta en su revisitación
de motivos e iconos ya asumidos por la cultura popular. El film
abunda en parodias y homenajes al mundo de los superhéroes
gestados en las viñetas, dando holgado repaso a figuras como
Superman, los Cuatro Fantásticos, Flash o el Hombre de Hielo.
Quizás menos re-conocibles sean algunas referencias a “Watchmen”
de Alan Moore o Spiderman. Asimismo, los guiños se extienden al
cine de cien-cia ficción de décadas pasadas y a famosas sagas
cinematográfi-cas, siendo “Spy
kids”, “Star
wars”, “Matrix”
y el agente secreto Ja-mes Bond —hasta en su partitura musical a
cargo de Michael Giacchino—
las que se llevan la palma.
La labor
del equipo de animación generada por ordenador dota a “Los
Increíbles” de una factura visual irreprochable. Tanto los
esce-narios urbanos, con claros toques retro, y otros ambientes
natura-les, donde el agua y la vegetación permiten a los
artistas lucirse en su juego, gozan de un grado de verosimilitud
que se repite, con si-milar detalle y esmero, en los
movimientos, gestos y texturas que revisten a los caracteres
humanos, en cuyas fisonomías no prima tanto el dibujo realista
como la siempre efectiva caricatura. Tam-bién son especialmente
reseñables las proyecciones de luces y sombras que, por su
minucioso ajuste a cada escena, dan la im-presión de responder a
un trabajo de fotografía tradicional. Pero si esta
espectacular carcasa formal cobra plena vida es gracias al
respaldo de un ingenioso guión, cargado de emoción y
sensibilidad, que con unos diálogos chispeantes, constantes
inv-itaciones al humor y situaciones sorpresivas, ayudan a
conformar unos personajes muy apreciables que rebosan carisma
—entre los secundarios de lujo, no tiene desperdicio Edna Mode,
la diseñadora de supertrajes—.
Hablar de interpretaciones en una película sin actores de carne
y hueso se traslada al terreno de las voces. En contra de lo que
es mi gusto ha-bitual, no pude ver “Los Increíbles” en su
versión original, y tuve que conten-tarme con el doblaje en
español. Ya se ha convertido en una costumbre fatal que en las
grandes producciones de animación, famosos mediáticos, que ni
siquiera son actores especia-listas, participen en estos
menesteres y su nombre sea usado como un re-clamo más, al margen
de sus dudo-sas capacidades. Encontrar, pues, en este reparto de
cuerda vocales a personajes como la inefable
Ana Rosa Quintana junto a
Esther Arroyo,
Álex de la Iglesia y
Car-los Herrera es para lanzar
un “apaga y vámonos”. Por suerte, los caracteres principales han
recaído en la voces de profesionales, a cuyo lado el resto no
molestan en exceso o directamente desento-nan —caso de
Laura Pastor como Violeta, la
hija adolescente, o la mencionada Arroyo como Mirage—, pero al
menos por un breve espacio de tiempo.
“Los
Increíbles” no es sólo un divertido despliegue de talento con
indiscutible sello de autor, sino también uno de los films fruto
de la animación computerizada más competentes que hemos podido
ver en los últimos tiempos. Sus desacostumbradas dos horas de
dura-ción no hacen mella alguna y garantizan el disfrute para
todos. Y recuerden: nunca usen capa en su disfraz.
Calificación:
    
Imágenes de "Los Increíbles" - Copyright © 2004 Waly Disney
Pictures y Pixar Animation Studios. Distribuida en España por
Buena Vista International. Todos los derechos
reservados.
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