CRÍTICA
por
Miguel Á. Refoyo
Un prodigio digital y
narrativo
Brad Bird consigue para la Pixar su mejor filme hasta el momento
basando su potencial en una perfección técnica absoluta y en el
épico homenaje al cómic de los 50
Con cinco largometrajes (las dos "Toy story", "Bichos", "Monstruos,
S. A." y "Buscando
a Nemo") John La-sseter
ha podido erigir una productora capaz de volar sin
una Disney que ha vivido estos años como sanguijuela de Pixar,
quedando como una incógnita el futuro de la casa del tío Walt.
"Los Increíbles" y la próxima "Cars" son las dos últimas
producciones compar-tidas por ambas compañías. Todo es debido a
la supremacía que Pixar ejerce en el mundo de una animación que
aboga por la tridimensionalidad de lo digital que ha impugnado,
como marcan lo tiempos, a la animación clásica del 2-D. Pero no
sólo los avances técnicos de un género revolucionado con la
progresiva tec-nología digital es el centro del éxito de una
productora de éxito co-mo la Pixar. Al igual que la que fue
ambición del genial marionetis-ta Jim Henson (el creador de "Los
teleñecos"), John Lasseter ha creado a su alrededor un estilo
de cine y de animación familiar que, sin perder una soterrado
mensaje de sutil moralina, sin aditivos ni falsas coartadas, es
capaz de contentar y conmo-ver, al mismo tiempo, a adultos y
pequeños. Y es ahí donde re-side el potencial comercial de
esta fábrica de sueños.
Para su
nueva y esperada película, Pixar se ha dejado contagiar por la
fiebre de superhéroes que arrasa Hollywood. Pero como no podía
ser de otro modo, no ha fusilado ningún cómic, sino que ha
tratado de llevar el género a su terreno, donde buena parte de
su eficacia reside en su propio carácter desmitificador,
especialidad en la cual no se concibe el espectáculo sin dotarlo
de un admirable estilo y exquisitez técnica. Sin perder ni una
brizna de su esperado humor e imaginación, ‘Los Increíbles’
vuelve a ser una demostra-ción de preponderancia, continuación
progresiva de la evolución de la animación por ordenador. "Los
Increíbles" cuenta las aventuras de Bob Parr (Mr. Increíble) y
Helen Parr (Elastigirl), otrora superhé-roes que tuvieron que
dejar de ejercer de salvadores del mundo pa-ra adoptar
identidades civiles y llevar una vida normal, rutinaria y
fa-miliar, con tres maravillosos hijos (Violeta, Dash y Jack
Jack) Cuando Parr recibe un misterioso comunicado al que acude
llevado por su vocación heroica, introduce sin querer a su
familia en una nueva aventura dentro de una isla perdida para
cumplir con la mi-sión que tanto echaban de menos: salvar al
mundo de un perverso villano.
Brad Bird, responsable del
clásico maldito de la animación "El
gigante de hierro" (y de varios episodios de "Los
Simpsons") ha tenido libertad to-tal para llevar a cabo esta
prodigiosa cinta de animación. Desde su fantás-tico prólogo de
clarividente presenta-ción de los personajes, donde los hé-roes
son retirados por el Gobierno de su actividad debido a las
crecientes demandas de daños materiales y psí-quicos que causan
sus acciones he-roicas, Bird no intenta reproducir o clonar
actores de carne y hueso, sino que cuida con detallismo ca-da
aspecto de la animación caricaturizada en los cuerpos y
personalidades, dotándolas de credibilidad y de una vena clásica,
convirtiéndolos así con sus acciones y diálogos en perso-najes
que trascienden su prosapia arquetípica gracias a sutiles
ma-tices que los hacen profundamente humanos. Como si una
‘krypto-nita’ particular de Parr fuera dada por la propia
sociedad en forma de vida aburrida, que le ha castigado por
hacer el bien (que cada uno saque su subversiva conclusión
social), se presentan persona-jes obligados a vivir dentro de
los estrechos límites del ‘American way of life’, unos márgenes
en los que, más allá de su condición de superhéroes caídos en
desgracia, tienen que enfrentarse a proble-mas perfectamente
reconocibles por todo tipo de públicos. Una lú-cida y mordaz
llamada contra la mediocridad de la vida en los su-burbios
rutinarios, no exenta de cinismo, donde subyace la lectura
humanista de la película.
Como en
casi todos los cómics y exploración reconocida en pelí-culas
como "Spider-Man",
recientemente en "Hellboy"
y en la saga de "X-Men", ‘Los Increíbles’ también invoca a una
reflexión sobre la anormalidad, la heterogeneidad a la conlleva
ser un héroe y el re-chazo que casi siempre la sociedad tiene
ante esto. En todos los casos, esa diferencia debe ocultarse, ya
que indefectiblemente no son bien vistos por una sociedad que
desprecia a los héroes, obli-gándolos a una vida de cotidianidad
mediocre. En el mejor cómic de todos los tiempos, "Watchmen", de
Alan Moore, se situaba 'Un-der the hood', pequeña historia donde
Hollis Mason es un antiguo superhéroe que en su retiro monta un
taller de reparación de vehí-culos. Algo reconocible en "Los
Increíbles", que supone la primera película de Pixar que
arriesga con sutilidad e ingenio en un cine mucho más adulto, en
un cine donde los protagonistas adquieren una perfección
absoluta, no sólo a nivel técnico (extraordinario, teniendo
en cuenta sus atributos no demasiado na-turalistas de la
realidad) sino a nivel narrativo. Y es que, imperan el pasado,
sus problemas presentes, sus sentimientos de frustración, de
pesar por una vida gris. Algo que permite al espectador entender
en todo momento el modo en que se enfrentan a sus problemas y
responden ante ellos.
Bird ha creado una joya de la progre-sión, donde el ritmo
endiablado de la aventura deja espacios para la refle-xión y el
humor, para dejar su tono y estilo exacto, confeccionando una
historia de rigurosa exactitud, donde la fuerza de sus diálogos
y de la tra-ma imponen la entrega total del direc-tor y su
equipo de animadores a una historia que atrapa desde el primer
momento y no suelta a un público rendido a las vicisitudes de lo
que qui-so ser "Spy
kids", de Robert Rodri-guez, y no pudo, pero que Bird
logra con creces en una línea narrativa co-losal e hiperbólica.
El ingenio se hace patente en la sutilidad con la que se expone
la metaforización de los superpoderes llevados a la normalidad,
representados en la ruda tosquedad de un padre con buen fondo,
en una madre inteligente y flexible con los problemas de casa,
en la timidez enfermiza de su hija mayor, la hiperactividad de
un travieso hijo pequeño y la incógnita de un bebé de pocos
me-ses. O en esa presentación totalmente culminante del malvado
de la función que quiere convertirse en un superhéroe admirado
por el público, acomplejado por el rechazo que sufrió por Mr.
Increíble en su niñez, en la divertida sumisión a la que está
sujeto Frozone (el inseparable amigo de aventuras) por su mujer
en una secuencia maravillosa en la que el superhéroe negro no
encuentra su traje tras muchos años y Edna, émulo del ‘Q’ de Ian
Fleming, en un ‘gag’ so-bre las capas que evocan el infortunio
de Isadora Duncan y su bu-fanda.
Todo ello
con ese citado sedimento de madurez en sus concep-tos al
introducir elementos de riesgo como antes no había probado
Pixar; el sometimiento al que conlleva la pérdida de libertad,
la po-sibilidad de la infidelidad que la esposa llega a intuir
en un marido que la puede estar engañando con otra, pero por
encima de todo, del uso de la violencia, de la tortura, de la
maldad sin concesión a la burla, de malvados esbirros sin nombre
ni rostros que mueren en explosiones, sin que a nadie parezca
importarle mucho, logrando asimismo un pretendido afecto y
admiración con que se trata a la familia, concebida como algo
indestructible, con un mensaje explí-cito: el ‘dumasiano’ «uno
para todos y todos para uno», sin perder su humor cómplice,
familiar, pero en ningún caso ingenuo.
"Los Increíbles" es, además, una suntuosa obra de arte y
artesanía, una fiesta de cine de animación clásico, donde Bird
demuestra su devoción por el clasicismo de los años 50 y la
estética retrofuturista (que evoca al Metropolis de
"Super-man"), apostando en todo momento con un toque ‘pulp’
sesentero, donde no falta en ‘pop art’ estético y el ‘high tech’
que hace recordar a Steranko y su ‘Nick Furia’ con la
utilización de alta tecnología y ‘gadgets’, lugar co-mún para
enfurecidos robots asesinos y aparatos con las más
insospecha-das utilidades. Componentes que se subrayan en un
sincero home-naje a la serie de James Bond (aunque también de
Flint o Matt Helm) más tradicional, de sus aventuras
circunscritas a parajes que van desde el refugio volcánico del
malo, los centros de opera-ciones, salones y salas metalizadas
de torturas, los corredores con naves deslizantes o la selva
exótica y tropical. Ambiente en el que no podía faltar una banda
sonora compuesta por Michael Gia-cchino
y Tim Simonec en claro
homenaje a aquellas composicio-nes que hicieron célebres Henry
Mancini y John Barry.
Pero si
por algo destaca "Los Increíbles", además de esa ca-pacidad de
contar su historia, es por la revolucionaria per-fección de sus
imágenes, por el inigualable modelado de los personajes, por un
diseño de producción con una calidad de la imagen sintética
totalmente ilusoria que ha desplegado la desbordante
creatividad de los integrantes del equipo capitaneado por Brad
Bird. En este sentido, asistimos a un completo catálogo de las
técnicas de animación más recientes y complejas, creando para la
ocasión nuevos programas elaborados exclusivamente para "Los
Increíbles"; como el Goo, el Atmos, el Subsurface Scattering,
que permiten apreciar con mayor definición y realismo los
múscu-los faciales y corporales, la piel y sus texturas, y,
principalmente, los efectos de un filme de aventuras
introduciendo realistas explo-siones, fuego, secuencias marinas
o subacuáticas. Una joya de imágenes, una de las experiencias
audiovisuales más perfeccionis-tas que se recuerden en los
fastos de la animación.
Dentro de este delirio tecnológico y digital, el evidente gusto
por lo clási-co, la épica del cómic y las miserias cotidianas de
la vida en familia, "Los Increíbles" es, posiblemente, el mejor
filme animado de los últimos tiempos, debido a que, como en todo
lo que hace Pixar, sabe mostrar la realidad jugando al mismo
tiempo con la ani-mación y la aventura, sin perder un ápice en
su ponderación satírica, por muy fantástica que sea la trama.
Esta es la primera vez que la Pixar sólo usa personajes humanos
en una his-toria y también es la más larga realizada por
ordenador, y eso no resta para expresar, abiertamente, que
estamos ante una de las grandes obras del cine de
entretenimiento de la actualidad.
Calificación:
    
Imágenes de "Los Increíbles" - Copyright © 2004 Waly Disney
Pictures y Pixar Animation Studios. Distribuida en España por
Buena Vista International. Todos los derechos
reservados.
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