CRÍTICA
por
David Garrido Bazán
Pixar sí que es increíble
Parece mentira que haga apenas diez años que se estrenó
"Toy story". Una década le ha bastado a los muchachos de
John Lasseter para convertirse,
basándonos en un dato tan contundente como el promedio de
beneficios por película, en el estudio más rentable de todo
Hollywood. Tanto es así que lo que comenzó sien-do una empresa
pionera en la animación por ordenador que entró en sociedad de
la mano de la casa Disney se ha acabado convir-tiendo,
directamente y pese a sus fuertes competidoras, en la mar-ca de
referencia esencial para el cine de animación actual, que ha
arrasado con cada nuevo estreno, desde las dos entregas de los
ju-guetes de "Toy story" a los insectos trasunto de "Los siete
samu-ráis" de "Bichos", pasando por el inteligente uso de los
temores in-fantiles de "Monstruos,
S.A." o la irresistible seducción del mundo acuático
de "Buscando
a Nemo". En todas y cada una de sus pro-puestas Pixar
ha marcado nuevos hitos no ya en el cine de anima-ción, sino en
el cine a secas, dignificando su espacio de creación hasta
límites impensables hace, insisto, tan sólo una década.
Pero no sólo la innovación tecnológi-ca basta para mantenerse en
el trono (y menos con los nuevos retos que supondrá deshacerse
tras la próxima "Cars" de su contrato de distribución con Disney
y acometer nuevas me-tas) y en Pixar eran tan perfectamen-te
conscientes de ello hace ahora cuatro años que cuando
Brad Bird (un antiguo compañero
de estudios de John Lasseter, curtido durante mu-chos años nada
menos que en "Los Simpson" y con una estupenda carta de
presentación bajo el brazo: su in-comprendida y espléndida
película a reivindicar de 1999 "El
gigante de hie-rro") llamó a su puerta con un
proyecto completamente distinto a todo lo que Pixar había hecho
o estaba haciendo hasta ese mo-mento, Lasseter y su equipo
decidieron que era una gran oportu-nidad darle a Bird carta
blanca para que explorara la posibilidad de ensanchar aún más
sus fronteras, sin que ello suponga precisa-mente perder sus
señas de identidad más reconocibles en cuanto a alardes
tecnológicos y perfección en el acabado se refiere.
El
resultado es esta fantástica "Los Increíbles", una nueva joya
de la animación por ordenador y, a la vez y esto es un dato
mucho más interesante, una película de autor en toda regla
en la que Brad Bird consigue la cuadratura del círculo: por un
lado, es una estupenda película de superhéroes en la que se
demuestra de una vez por todas y de forma apabullante que la
animación es el mejor medio para visualizar las impresionantes
proezas que mu-chos de nosotros hemos podido leer en las páginas
de cualquier cómic; por otro, Bird consigue aglutinar en su
propuesta una idea que en su momento le dio un enorme juego a M.
Night Shyamalan en otra película generalmente incomprendida, "El
protegido", que no es otra que la enorme frustración
que genera en unos seres do-tados con unas habilidades
especiales el tratar de disimularlas u ocultarlas bajo una
repelente apariencia de ‘normalidad’, que en la película de Bird
no es sino una insoportable mediocridad de la que cualquier
superhumano (o humano a secas) debería tratar de esca-par a toda
costa. Pero aún hay más. Bird se construye de principio a fin un
emocionado homenaje a todo lo que uno intuye que para él ha sido
esencial en su formación como cineasta, pues en "Los
In-creíbles" se dan cita el cine de ciencia ficción de los años
50 y 60 (la época dorada) con las películas de agentes secretos
y espías de todas las épocas, todo ello ambientado con un
encomiable esti-lo retro de lo más personal que es todo un logro
del departamento de diseño de producción y una magnífica banda
sonora no menos evocadora de dichas épocas y géneros a cargo de
Michael Giac-chino, sin que
por ello se descuide en ningún momento la tradicio-nal defensa
de la institución familiar como forma de enfrentarse a los
problemas (estilo "Spy
kids") que tanto gusta en la casa madre, Disney.
¿Parece mucho, verdad? Pues les aseguro que apenas he empezado.
Tomen como ejemplo el punto de par-tida de la historia, en la
que los super-héroes que pueblan la tierra son obli-gados a
retirarse por una sociedad que les desprecia por ser diferentes
hasta el punto de llegar al absurdo de demandarles por los daños
colatera-les que causan sus actividades dia-rias mientras salvan
al mundo (¿un guiño a esa obra maestra del cómic, "Watchmen" de
Alan Moore?) y se darán cuenta de la tremenda carga de
profundidad de la propuesta: algunos de los mejores momentos de
la pelí-cula ocurren en esa primera parte en la que un padre de
familia su-perfuerte disimula su capacidad detrás de una mesa en
una triste empresa de seguros en la que lo único que puede hacer
por la hu-manidad es soplarle a sus asegurados cómo sacarle el
dinero con-tra los intereses de la propia empresa y escaparse a
hurtadillas pa-ra hacer pequeñas proezas de vez en cuando; una
ama de casa con poderes elásticos se las ve y se las desea para
mantener unida a una familia desgraciada; una adolescente capaz
de hacer-se invisible y crear escudos de fuerza lucha con los
problemas de autoestima propios de su edad; un niño hiperactivo
dotado de su-pervelocidad descarga su frustración usando sus
poderes para gas-tar bromas a sus profesores; y un bebé sin
poderes aparentes, que espera su momento para desarrollarse.
Obsérvese
que, más allá de los obvios homenajes a los Cuatro Fantásticos
de la Marvel (por cierto, flaco favor le ha hecho a la pró-xima
película en imagen real del cuarteto la excelsa calidad de ésta)
o al Flash de DC, no es nada casual que cada uno de los miembros
tenga poderes acordes con su rol familiar o con su situa-ción
personal, como tampoco resulta casual que el villano de la
fun-ción, Síndrome, no posea poderes propios excepto su
descomunal talento tecnológico y que todo su rencor provenga de
un sentimien-to de rechazo fácilmente reconocible para todo
aquel buen aficio-nado al cómic de superhéroes. Brad Bird
maneja con soltura el material con el que construye su película
y en ella hay una lectura subterránea bastante más profunda que
en anteriores productos Pixar, pues basta con observar el
detenimiento y la mi-nuciosidad con la que Bird plasma la
frustración de Mr. Increíble y el cambio que se opera en él
cuando empieza a hacer aquello para lo que está mejor dotado.
Hay un sentido del humor que nace de la amargura de esa
situación desconocido hasta ahora en Pixar. Y muy de agradecer
por los espectadores adultos.
Por lo demás, es imposible no hacer mención al torrente de
acción, lleno de energía y fuerza, que se apodera de la película
en su segunda parte, distinta pero igual de interesante, en la
que Bird saca pleno partido de los poderes de la familia a pleno
rendi-miento: más de uno se quedará con la boca abierta con lo
que es capaz de hacer la espectacular Elastigirl o cualquiera de
sus vástagos y ese en-frentamiento final por todo lo alto con el
robot de guerra de Síndrome (un supervillano con una motivación,
al fin y al cabo) en la que tienen momentos para el lucimiento
el elegante Frozono (una secundario mezcla de El Hombre de Hielo
y Estela Plateada) y hasta un desternillante in-vitado
imprevisto. Una última reflexión: es un éxito de la película el
presentar a sus protagonistas no como réplicas exactas de seres
humanos, sino como estilizadas representaciones de los mismos,
sin que por ello desmerezca un solo ápice el magnífico grado de
fidelidad conseguido. Que esta lección sirva de referencia a
algu-nos.
Calificación:
    
Imágenes de "Los Increíbles" - Copyright © 2004 Waly Disney
Pictures y Pixar Animation Studios. Distribuida en España por
Buena Vista International. Todos los derechos
reservados.
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