CRÍTICA
por
David Garrido Bazán
Spielberg y su fábula en tierra de nadie
La trayectoria profesional de
Steven Spielberg desde el
éxito de "Salvar
al soldado Ryan" daba hasta ahora motivos para pensar
que un sutil cambio se estaba operando en el mayor fabulador que
ha dado la historia del cine en los últimos años. Sin abandonar
sus constantes (y dejando de lado ese personal y necesario
ajuste de cuentas en más de un sentido que había sido "La lista
de Schin-dler"), sus tres últimas películas ofrecían, bajo su
siempre brillante envoltorio formal y su aparente falta de
conexión temática entre ellas, indicios de que Spielberg estaba
empezando a madurar en su cine asuntos tan serios como cierto
pesimismo existencial so-bre la forma en la que el ser humano
manifiesta su capacidad y su necesidad de amar (enfoque de lo
más kubrickiano que impregna-ba gran parte del metraje de
"A.I.
Inteligencia artificial") o como el trauma de una
trágica desaparición ("Minority
report") o el derrumbe de la seguridad que ofrecía
una unidad familiar ("Atrápame
si pue-des") motivaba los actos de sus protagonistas,
siempre a la bús-queda inútil de un equilibrio perdido para
siempre o en perpetua hui-da hacia ninguna parte. Muchos
percibimos esa amargura como una evolución lógica en un cineasta
que no ha parado de crecer en una filmografía marcada por su
olfato para ofrecer al público lo que quiere.
Spielberg ha declarado que "La ter-minal" es en cierto modo su
contribu-ción a equilibrar un poco las cosas en un mundo que va
de mal en peor des-de los hechos del 11-S. Cree firme-mente que,
con todo lo que está pa-sando, lo que el público necesita en
este momento es una fábula vital y humanista, un canto optimista
a la bondad intrínseca del ser humano, un film que, a la manera
de aquellas pelí-culas que Frank Capra y James Ste-wart hacían
en los años 40 y 50 (con la emblemática "¡Qué bello es vivir!"
como estandarte), consiga hacer re-cordar al espectador que,
pese a lo que vemos cada día en televi-sión y leemos en los
periódicos, hay que seguir confiando en la ca-pacidad del ser
humano para sobreponerse a la desgracia y salir adelante con la
ayuda de nuestros semejantes, claro está. Es esta perspectiva la
que no hay que perder nunca de vista a la hora de enjuiciar una
película como "La terminal", una comedia ribeteada de
momentos dramáticos que, pese a la indiscutible brillan-tez de
algunos de sus pasajes (no olvidemos de quién esta-mos
hablando), probablemente es el trabajo menos intere-sante y
logrado de Spielberg en los últimos años.
Lo cierto es que el punto de
partida de la historia es francamente original y ofrecía mucho
juego: la peripecia vital de Viktor Navorski, un viajero que por
culpa de un golpe de estado en su imaginario país de origen del
este de Europa se queda sin papeles y atrapado en una situación
de alegalidad en la zona de tránsito internacional del
aeropuerto JFK de Nueva York y al que no le queda más opción que
apañárselas para sobrevivir allí, es sin lugar a dudas uno de
los planteamientos más atractivos vistos en el cine en los
últimos tiem-pos. El surrealismo atroz de esta premisa,
inspirada en un hecho real, permite a Spielberg durante
aproximadamente la mitad del metraje construir una espléndida
comedia, apoyado por un lado en su magnífico dominio de la
puesta en escena, que le saca todo el partido posible a un
fascinante decorado que recrea de forma abso-lutamente verosímil
un aeropuerto al completo, pero por encima de todo, contando una
vez más con la complicidad de Tom Hanks,
capaz de hacer de su despistado turista (que comienza siendo
algo así como el primo eslavo de Forrest Gump) un personaje tan
entra-ñable como inteligente, con una admirable capacidad de
adapta-ción y una humanidad a prueba de bombas.
Inicialmente, todo funciona muy bien: la sensación de inquietud
que proporciona la idea de que cualquier ciudadano puede en un
momento de-terminado ser víctima de una jugarreta del destino
como la que sufre el per-sonaje encarnado por Tom Hanks se
refuerza con el hecho de que Víktor no habla ni entiende inglés
y, por lo tanto, no puede comprender ni lo que le está
ocurriendo ni lo que pasa en su país, porque no puede
interpretar las terribles imágenes que emiten los monitores
desplegados por la termi-nal, en uno de los momentos de ma-yor
dramatismo de la película. Pero esto se atempera con las
si-tuaciones de pura comedia que Viktor protagoniza, primero
hacien-do inútiles los esfuerzos de
Stanley Tucci (espléndido en su papel de director
burócrata obsesionado por las normas y cada vez más incapaz de
manejar una anomalía como es Navorski) por explicarle su nueva
situación y más adelante frustrando sus primeros intentos por
deshacerse sutilmente de él, en la magnífica e hilarante
se-cuencia de la cámara de seguridad de la puerta principal.
La película entretiene y se
ve con mucho agrado mientras Viktor va solucionando sus primeros
obstáculos, que a veces nos hacen pensar en las curiosas
situaciones a las que se veían abocados los personajes de
Jacques Tati en obras como "Playtime", gracias a su
inteligencia, su tenacidad y, por supuesto, a la complicidad de
los trabajadores de la terminal (entre los que destaca el hindú
Ku-mar Pallana, que tiene el
personaje sin duda más agradecido de los secundarios, por su
cínica resistencia inicial y su perversa idea sobre cómo hacer
su trabajo) que es la base esencial de la idea de Spielberg:
Víctor, pese a ser todo bondad y buena voluntad, necesi-ta de la
amabilidad de los extraños, de la ayuda de ese melting pot
característico de los USA para sobrevivir primero y progresar
des-pués. El problema es que el guión comienza a flojear
según la película avanza, pues la necesidad de ampliar el campo
inicial de la propuesta incluye la aparición de nuevos
perso-najes, como esa azafata encarnada por
Catherine Zeta-Jones que
aparece y desaparece del film, convirtiéndose en poco más que
una débil excusa para que exista una inverosímil historia de
amor de química nula (el punto débil de Spielberg siguen siendo
las relaciones de pareja) que sólo nos deja una divertida escena
(la de la cena) antes de sumirnos en la incredulidad más
absoluta.
Incredulidad a la que ayudan histo-rias introducidas con
calzador como la del inmigrante ruso retenido, la re-solución
del romance (?) entre el lim-piador y la oficial de inmigración
o la revelación del delirante motivo del via-je de Viktor a New
York, uno de esos hitos del sentimentalismo marca de la casa que
a veces hace difícil de dige-rir el cine de Spielberg. Si todo
eso lo enmarcamos en esta historia de soli-daridad y buen rollo
que se establece entre el protagonista y los americanos que lo
rodean y acogen, precisamente en uno de los aeropuertos más
desa-gradables, inhóspitos y de más difícil acceso para los
extranjeros, no es extraño que un espectador con cierta
conciencia se desmar-que de la propuesta ante el intento de la
película de hacer pasar como real un mundo tan maravilloso e
imaginario como podría ser el de la tierra de Nunca Jamás de
"Hook". Baste comparar al abne-gado Viktor con el personaje real
que protagonizó el incidente que inspira la película (que
teniendo la posibilidad de regularizar su si-tuación y salir al
exterior a disfrutar del dinero que
Dreamworks le ha pagado por los
derechos de su historia, aún sigue viviendo en su banco del
aeropuerto de París) para darse cuenta de que las verda-deras
posibilidades de una historia tan rica como ésta van por
ca-minos bien distintos a los de esta fábula que emplea más
de dos horas para contarnos, a estas alturas, que todo puede
supe-rarse en América si hay solidaridad y buena voluntad. Por
mucho que nos riamos y que sea Steven Spielberg quien nos lo
cuente, no cuela.
Sin embargo, quien esto
escribe, pese a sus reparos tanto con las intenciones como con
los logros finales de la película, reco-mienda sin duda ver "La
terminal", aunque sólo sea para disfrutar de la habitual
brillantez de Spielberg narrando historias, de una nueva
exhibición de Tom Hanks o de la que sin duda es hasta aho-ra la
mejor hora de comedia vista en el cine en lo que va de 2004. Y
es que Spielberg sigue siendo mucho Spielberg.
Calificación:
    
Imágenes de "La terminal" - Copyright © 2004 DreamWorks, Amblin Entertainment
y Parkes/MacDonald Productions. Distribuida en España por UIP. Todos los derechos
reservados.
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