CRÍTICA
por
Julio Rodríguez
Chico
El mejor amigo del hombre
Hace dos
años, el argentino Carlos Sorín
sorprendía con "Histo-rias
mínimas", una triple historia llena de sencillez y
humanidad, enmarcada en los parajes de la Patagonia. Ahora,
vuelve a ese te-rritorio inhóspito y silencioso para seguir
buscando los mejores sentimientos de sus personajes, seres
cotidianos que no viven grandes heroicidades pero que sí
intentan buscar la felicidad en lo pequeño de cada día.
Si en su
anterior película, el venerable Don Justo hacía gala de un amor
encomiable por su viejo perro perdido y salía en su búsqueda,
aquí es otro perro llamado Bombón quien viene a dar compañía y
algo más a Juan Villegas
(Coco), un hombre en paro que hace mangos de cuchillo en sus
ratos libres. Argumento mínimo para contar una gran historia
de humanidad, llena de sentido po-sitivo y de esperanza en la
bondad de la gente. Por las de-siertas carreteras del sur
argentino surgen seres normales, con di-ficultades para
sobrevivir en tiempos de penuria, pero con un cora-zón de oro,
dispuestos a hacer un favor o a tomar un té y charlar con quien
cruza el umbral de su casa: asistimos a una exposición canina
con situaciones de lo más pintorescas e incluso cómicas,
presenciamos el pequeño drama de una niña que sufre afonía por
los nervios ante la recitación de una poesía, o sentimos con
Coco la incertidumbre sobre si prosperará su negocio de cría de
perros cuando llevan a Bombón a una perra en celo.
La historia no da para más, pero no es necesario porque de lo
que funda-mentalmente se trata es de recoger esa vida interior
de su protagonista. Coco es un trozo de pan, un hombre sencillo
y transparente, incapaz de hacer mal a nadie ni de decir no a
quien le pide un favor. Un poco ino-cente y solo en una vida que
se le tuerce, le planta cara al futuro con optimismo y con una
sonrisa perma-nente. Enseguida cualquier especta-dor advierte
que tras esos ojos redon-dos y abiertos se esconde un alma noble
y leal, de recursos limitados pe-ro de esos que piensan siempre
que están “de suerte”, aunque mal-viva en una casucha miserable
y apenas gane unos pesos con sus cuchillos: su afabilidad le
hace ser querido por sus amigos, y su mirada sincera y honesta
suscitan confianza. Lo encarna espléndi-damente Juan Villegas,
actor no profesional que trabajaba como encargado del garaje del
propio Sorín; según las declaraciones del director, en este caso
persona y personaje se identificaban, y lo eligió porque estaba
convencido que aportaría toda la visión entra-ñable y positiva
que quería para Coco. Sin duda, esa frescura y autenticidad
son la principal baza para llegar al espectador y dar a este
cine una carga de verdad, al igual que lo hicieron el
neorrealismo italiano o el actual cine iraní, con el que se
emparenta esta cinta. A esa espontaneidad contribuyen
igual-mente una galería de secundarios prodigiosa, entre los que
se po-dría incluir incluso a un perro dogo bien enseñado, noble
y sencillo como su amo.
La puesta
en escena también es minimalista, y como el desnudo paisaje de
la Patagonia vienen a reafirmar ese intento por llegar a lo
esencial de la persona: al quitarles toda artificiosidad y
apariencia a sus personajes, así como el más mínimo poder,
riqueza o inteligen-cia, acaba quedándose con lo más valioso de
la persona: su cora-zón, su bondad, su sentido de solidaridad.
La banda sonora de Ni-colás Sorín
sostiene delicada y eficazmente estos fragmentos de vida, y
contribuye poderosamente a que los buenos sentimientos emerjan
sin sentimentalismos ni empachos.
El enfoque social también está pre-sente en esta cinta de Sorín,
con unas lastimosas situaciones de paro o de reconversiones
laborales mal lle-vadas. No parece que se trate de un drama
aunque la realidad lo sea, por-que la situación de este hombre
de 52 años y sin trabajo no está enfocada con amargura ni odio:
no se pone el acento en las circunstancias injustas que hayan
contribuido a ello, ni se cargan las tintas en los posibles
cul-pables, porque se prefiere mirar al in-terior del
protagonista y confiar en los recursos del hombre para superar
las dificultades..., porque el propio Sorín, como Coco,
prefiere mi-rar hacia adelante con esperanza y optimismo. Nada
que ver con tantas cintas cargadas de escepticismo y nihilismo
como llegan del viejo continente. Una historia sencilla y
conmovedora que se llevó el premio de la Federación
Internacional de Prensa Ci-nematográfica (FIPRESCI) en el último
Festival de San Sebastián.
Calificación:
    
Imágenes de "Bombón. El perro" - Copyright © 2004
Guacamole Films, Ok Films y Wanda Visión. Distribuida en España
por Nirvana. Todos los derechos
reservados.
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