CÓMO SE HIZO "DIARIOS
DE MOTOCICLETA"
Notas de producción
© 2004 Vértigo
Films
"Si presento un nocturno
créanlo o revienten, poco importa, que si no conocen
personalmente el paisaje fotografiado por mis notas,
difícilmente conocerán otra verdad que la que les cuento aquí.
Los dejo ahora conmigo mismo; el que fui..."
Ernesto Guevara de la Serna
Notas de viaje, de Ernesto
Guevara, no es el diario de viaje de un hombre que iba a
convertirse en uno de los "iconos del siglo", según la
definición de la revista Time Magazine. La obra, reescrita por
Guevara algunos años después del viaje, es un libro de memorias.
Las entradas de su diario de viaje describen los acontecimientos
y las gentes que encontró en su camino, acompañados de sus
reflexiones sobre la significación que tendrían en el futuro,
por lo que proporcionan una rara oportunidad de observar cómo se
forja el destino de un hombre notable; cómo se fragua su
identidad a partir de las experiencias de la edad temprana.
La versión cinematográfica de
esta obra, Diarios de motocicleta, se originó en South Fork
Pictures, gracias a la iniciativa del productor ejecutivo Robert
Redford y los productores Michael Nozik y Karen Tenkhoff, de
Wildwood Enterprises, quienes, desde el primer momento,
comprendieron que el proyecto era una magnífica oportunidad para
trabajar con Walter Salles, un director que había logrado la
beca NHK de Sundance en 1996 con su guión para Estación central
de Brasil. En palabras de Redford: "Diarios de motocicleta nos
pareció el vehículo perfecto para colaborar con él, en
particular teniendo en cuenta que el Che puede ser un tema muy
delicado. Yo sabía que Walter abordaría la historia con lirismo
y humanidad, en lugar de centrarse en los aspectos políticos de
quién llegaría después a ser Ernesto".
Cuando los productores se
pusieron en contacto con el director Walter Salles para hablar
sobre la película, éste ya estaba bastante familiarizado con el
libro: "El libro me impactó realmente, porque trata de un viaje
de descubrimiento no sólo de la identidad y del sitio que ocupa
en el mundo una persona, sino también sobre la búsqueda de lo
que creo que podríamos llamar una "identidad latinoamericana".
Para mí es muy conmovedora esta imbricación de una búsqueda de
carácter personal con otra de más amplio alcance, que nos afecta
a todos los que provenimos de esas latitudes". Salles añade:
"Cuando acabas de leer el libro, tienes la impresión de que
realmente puedes cambiar las cosas en el mundo si las comprendes
y te involucras. La belleza de este viaje reside en que alteró
la percepción del mundo que tenían sus protagonistas, que
viajaban sin anteojeras y que después quisieron cambiar el
mundo, de acuerdo con las nuevas perspectivas que habían
adquirido".
Para llevar este proceso de
maduración a la pantalla, el equipo de producción recabó los
servicios de alguien que había estado muy cerca del material
desde su publicación: el periodista y documentalista italiano
Gianni Miná, editor en Europa de Mi Primer Gran Viaje, el diario
de viajes de Che a través de Latinoamérica. Miná se incorporó al
proyecto como supervisor artístico. El equipo de producción hizo
un primer viaje con Miná a la Habana, en Cuba, en el que
emprendieron su exhaustivo proceso de investigación, se
entrevistaron con Granado (un octogenario que sigue tan vital
como siempre) y conocieron a la viuda de Guevara, Aleida March,
y a sus hijos, Aleida, Camilo y Ernesto.
José Rivera, un joven y
galardonado dramaturgo portorriqueño que había estudiado en el
Sundance Institute, fue el escritor elegido para adaptar la
historia. El director y el guionista se documentaron juntos,
leyendo todas las biografías publicadas sobre Guevara. Rivera
trabajó durante dos años en sucesivos borradores del guión,
antes de llegar a la versión definitiva.
Para asegurarse de que la
historia retratase de forma equilibrada a ambos personajes,
Rivera utilizó tanto los diarios de Guevara como el relato que
el propio Granado hizo del viaje: Viajando con Che Guevara. A
diferencia de Notas de viaje, la versión de Granado no son unas
memorias, sino que reproduce fielmente las entradas de su diario
del viaje. La inmediatez de su estilo y el humor manifiesto en
todas sus páginas fueron cruciales, no sólo para reconstruir los
acontecimientos que se describen, sino también para reconstruir
la personalidad de su carismático autor.
"José nunca confunde al joven
(Guevara) con el mito en el que se convertiría en el futuro"
dice Salles. "José estaba más interesado en revelar las facetas
humanas de dos personajes singulares, intentando observar a
estos jóvenes tal y como eran en aquel momento, reteniendo el
humor, muy presente tanto en el libro de Guevara como en el de
Granado. Pero lo más importante es que fue añadiendo capas de
profundidad sucesivas, que se adensan a medida que los viajeros
avanzan, un poco como Ettore Scola en el guión de La escapada".
Según el propio Rivera,
"Escribir este guión planteaba muchos retos. ¿Cómo puede uno ni
siquiera acercarse a una figura tan carismática como la de
Ernesto Guevara? ¿Cómo humanizar el mito? ¿Cómo hacer honor a su
memoria y respetar la Historia a un tiempo? ¿Cómo dar a Alberto,
su compañero de viaje, el mismo peso? ¿Cómo capturar el paisaje
interior de un joven que se convierte en un hombre? ¿Cómo
capturar esa huidiza Latinoamérica de antes de los sesenta, que
parecía suspendida entre dos eras? ¿Cómo reflejar tal cúmulo de
rostros, temperamentos, culturas, razas y voces? Ernesto Guevara
escribió una vez que un auténtico revolucionario se guía por
"grandes corrientes de amor". El mayor y más singular de los
regalos que un escritor puede hacer a una película es brindarle
su amor por los temas y las personas que se tratan. Yo tuve
suerte, porque, aunque escribir el guión y satisfacer sus muchas
exigencias supuso un esfuerzo denodado, me resultó muy fácil
aportar todo el cariño que siento por las historias de los
jóvenes Ernesto Guevara y Alberto Granado".
FilmFour prestó su apoyo
inicial al proyecto. En 2001, los productores ejecutivos Paul
Webster y Rebecca Yeldham se incorporaron al proceso de
desarrollo de Diarios de motocicleta, y la empresa se encargó de
cofinanciar la película. Entretanto, el director emprendió su
propio viaje personal por los pueblos y ciudades descritos en
los libros, para conocer de primera mano la ruta recorrida por
Guevara y Granado 50 años antes. Este primer viaje permitió a
Salles reconstruir la aventura de los dos jóvenes y descubrir en
qué estado se encuentran en la actualidad los lugares descritos
en sus diarios: "Mi primera impresión fue que los problemas
estructurales y sociales que llamaron la atención de Ernesto y
Alberto en 1952 siguen, en su mayor parte, sin resolver. Lo que
transmiten los escritos es prácticamente lo mismo que yo sentí
al repetir el viaje. La modernidad y la contemporaneidad de sus
libros fue toda una revelación. Creo que eso puede deberse a que
las realidades políticas y sociales de la cultura
latinoamericana no han cambiado demasiado en todo este tiempo".
Una vez finalizado el guión,
el equipo comenzó a preparar la producción. Todos tenían claro
que la película debía ser argentina, en honor a sus
protagonistas, por lo que establecieron una oficina en ese país,
con la empresa BD Cine como asociada. Sahara Films sería la
empresa asociada en Chile, e Inca Cine la empresa asociada en
Perú. Desde el primer momento, Salles supo que, para preservar
la autenticidad de la película, sería preciso filmarla en los
escenarios originales. Las labores de localización de exteriores
se iniciaron a principios de noviembre de 2001, con la visita
del equipo de producción a Argentina. La búsqueda de exteriores
en el resto de los países se inició el mes de enero del año
siguiente y se prolongó hasta el mes de mayo. Igualmente
importante para la autenticidad del filme y del retrato que en
él se hace de las diferentes culturas visitadas fue la decisión
de emplear actores locales. Se celebraron sesiones de casting en
toda Latinoamérica, en las que se seleccionaron actores
argentinos, chilenos y peruanos.
Una excepción a esta regla
fue, sin embargo, el actor elegido para representar a Ernesto
Guevara: el excelente actor mexicano Gael García Bernal, a quien
Salles describe como "uno de los actores más singulares y con
más talento de su generación". Intrigado por la oportunidad de
encarnar al legendario revolucionario en sus años mozos, Bernal
aceptó la propuesta. En palabras del propio Bernal, "El Che ha
tenido una influencia muy fuerte en nuestras vidas,
especialmente en las de quienes nacimos después de la revolución
cubana... (Mi generación) nació con la idea de un héroe
latinoamericano moderno, un hombre que luchó por sus ideas, un
argentino que peleó en un país que no era el suyo, que se
convirtió en ciudadano de Latinoamérica, del mundo... Creo que
esta historia podría animar a la gente a intentar encontrar sus
propias creencias..."
Con el papel de Guevara
resuelto, aún quedaba por encontrar un actor para interpretar a
Alberto Granado. Durante las sesiones de casting que Walter
Rippel celebró en Buenos Aires, hubo un actor que destacó sobre
los demás: Rodrigo de la Serna, un joven argentino de formación
principalmente teatral, que hace su debut internacional en
Diarios de motocicleta.
Según Salles, "su parecido
físico con el joven Alberto es impresionante, pero no fue ésta
la razón última de mi elección... Creo que Rodrigo está en la
vena de los grandes actores italianos, como Vittorio Gassman y
Alberto Sordi. Siempre te soprende. Su capacidad para combinar
humor y dramatismo es única. Además, se daba una coincidencia
increíble, algo de lo que no me percaté hasta después de haberlo
elegido: Rodrigo de la Serna es primo segundo de Ernesto Guevara
de la Serna". El reparto se completó con actores y actrices
experimentados –como Mercedes Morán, Mía Maestro y Jean Pierre
Noher–, y también con actores noveles, que harán su primera
aparición en las pantallas con Diarios de motocicleta.
Los actores elegidos para los
papeles principales comenzaron inmediatamente a prepararse
leyendo biografías y estudiando las entrevistas con Granado que
Salles y Miná habían grabado durante uno de sus viajes a Cuba.
Bernal empezó a leer los mismos libros que Guevara en aquel
período (existencialistas franceses, teóricos sociales
latinoamericanos); de la Serna, por su parte, leyó la versión
completa de los diarios de Granado y comenzó a acumular los
siete kilos necesarios para interpretar su papel. Además, Salles
llevó a los dos actores a Cuba, para que conociesen a Granado y
a la familia de Guevara. Granado acudió también al rodaje, y
sirvió de inspiración a los actores. Con las fechas de inicio
del rodaje ya próximas, los actores comenzaron un período de
formación intensiva que se prolongaría durante 14 semanas, en
las que aprendieron a conducir la motocicleta Norton 500 del año
1939 y afinaron su técnica futbolística. Bernal recibió clases
de español argentino y se entrenó para lograr la excelente forma
física que caracterizaba al joven Ernesto. Su entrenamiento le
vino muy bien a la hora de interpretar la escena en la que
Ernesto cruza a nado el Amazonas. De la Serna, por su parte,
tomó lecciones de mambo y de tango y aprendió a imitar el acento
cordobés.
Ambos actores participaron
también, junto con el resto del equipo, en seminarios y
conferencias destinados a mejorar sus conocimientos sobre los
personajes y la época de la película, con títulos como:
Argentina en los años 50, Cinematografía argentina, Música
popular de los 50, El imperio Inca y Chile y Perú en los 50. El
equipo de producción contó así mismo con la asistencia de Luis
Valdez y Ricardo Achenbach como especialistas en lepra, uno de
los temas centrales de la historia, y del Dr. Guillermo Menga,
quien les asesoró sobre los efectos del asma en los años 50.
Mientras los actores se
preparaban para interpretar sus papeles, el director seguía
perfilando la estética de la película. Salles y su equipo se
inspiraron en las fotografías que Guevara tomó durante el viaje,
y también en la evocativa obra del fotógrafo aimará Martín
Chambi. El diseñador de la producción, Carlos Conti, trabajó en
la reconstrucción del período, incluyendo alusiones al contexto
histórico, pero dando al mismo tiempo un aire contemporáneo a la
producción para subrayar la intemporalidad de los temas
tratados.
Conti explica que,
"considerando que el Che es un héroe moderno, pensé que la
producción no debía fijarse totalmente en un período preciso,
que debía tener un aspecto lo más contemporáneo posible.
Procuramos que los escenarios fuesen sutiles, que los decorados
no aplastasen a los actores. El director de fotografía, Eric
Gautier, las diseñadoras del vestuario Beatriz Di Benedetto y
Marisa Urruti, Walter Salles y yo mismo nos pusimos de acuerdo
para utilizar una paleta de colores restringida. Durante la
búsqueda de exteriores vimos que el carácter de los diversos
lugares era bastante caótico, por lo que procuramos dar un
aspecto más unitario a la película".
En colaboración con su
director de fotografía, Eric Gautier, Walter Salles trabajó para
definir el estilo cinematográfico específico de la película:
"Optamos por emplear una gramática cinematográfica sencilla y
directa, y por la simplicidad del formato súper 16, con algunas
imágenes nocturnas en 35 mm. La mayor parte del tiempo, procuré
evitar imponer una "puesta en escena", y me dejé llevar por lo
que íbamos encontrando en el camino, sin imponer ideas
preconcebidas. También intentamos hacer lo contrario de lo que
podría llamarse un "documentario inducido". Básicamente,
intentamos filmar la historia como si estuviese desarrollándose
frente a nuestros propios ojos", precisa Salles.
Habiendo tomado la inusual
decisión de rodar la película siguiendo la cronología del guión,
Salles y Gautier se esforzaron por crear un ritmo natural para
las tomas. La actitud de Salles fue semejante a la adoptada
durante el desarrollo del guión con Rivera: El carácter de una
"road-movie" es, por definición, episódico. Esto, sin embargo,
puede ser peligroso si no se da al espectador tiempo suficiente
para asimilar poco a poco, sutilmente, la información recibida.
En los libros, la realidad política y social de Latinoamérica se
hace cada vez más presente, añadiendo capa tras capa de densidad
a la historia, y esto es lo que intenté transmitir, con la ayuda
de actores tan extraordinarios como Gael y Rodrigo. No hay un
momento preciso en que todo bascule. En lugar de eso, las capas
de trascendencia van acumulándose una a una, delicadamente, de
tal manera que finalmente comprendes cómo el viaje los ha
transformado. En la narración, necesitas el silencio para poder
oír el caos. Necesitas respetar el ritmo interno de los
personajes. No queríamos imponer un ritmo artificioso a la
historia. Queríamos que evolucionase poco a poco, hasta el
final.
La decisión de rodar la
película en orden cronológico hizo posible además que emergiesen
ciertos paralelos entre la producción y el viaje que se cuenta.
"Filmar en los escenarios auténticos, que en ocasiones
resultaban tan exóticos para los actores como lo habían sido
para los protagonistas de la historia, no solo añadió
autenticidad al proyecto, sino que incrementó también nuestras
posibilidades creativas". Respetando el espíritu del viaje
original, Salles animó a los actores a improvisar con la gente
que se iban encontrando en el camino, para incorporar después
esos materiales a la cinta.
"Poco a poco", relata Salles,
"introdujimos escenas que integraban en la estructura fílmica lo
que la realidad tan generosamente nos aportaba. Y esto empezó a
pasar, concretamente, a partir del momento en que la moto se
avería, lo cual, curiosamente, refleja exactamente lo que tanto
Alberto como Ernesto recogen en sus respectivos diarios. Cuando
tenían la moto, podían ir desde A hasta B directamente, pero
cuando se quedaron sin ella se vieron obligados a andar y a
hacer autostop, y, lógicamente, tuvieron muchas más
oportunidades de tomar contacto directo con las gentes de
Latinoamérica. Lo mismo nos ocurrió a nosotros a medida que nos
adentrábamos en el continente, en especial cuando llegamos a
Perú y nos encontramos con la herencia Inca, porque se nos
acercaban indios que hablaban Quechua, y que querían dialogar, y
pudimos integrar los resultados de esos encuentros con la
película. En cierto sentido, creo que estas escenas están más
cerca del espíritu original del viaje que si hubiésemos incluido
escenas que contasen acontecimientos descritos específicamente
en los diarios".
Los preparativos definitivos
para el rodaje se iniciaron a mediados de junio de 2002 y se
prolongaron durante 16 semanas. Las tomas principales comenzaron
a rodarse a mediados de septiembre. La película se rodó en más
de treinta escenarios, donde se desarrollaron la mayor parte de
los acontecimientos que narra la historia: Buenos Aires y
Bariloche en Argentina; Temuco, el desierto de Atacama,
Valparaíso y una mina en Chile, e Iquitos y Machu Pichu en Perú.
La película se rodó en 84 días.
El viaje que los miembros del
equipo debieron emprender a su vez para llevar a la pantalla
grande la historia de la entrada en la edad adulta de los dos
protagonistas tuvo también su efecto: "Si hay una cosa que puedo
decirle sobre esta experiencia –y creo que hablo por todos los
que nos "echamos a la carretera" durante dos años para llevar a
término este proyecto– es que cuando llegamos al final de
nuestro viaje, nosotros también habíamos cambiado", confiesa
Salles.
Imágenes y notas
de cómo se hizo "Diarios de motocicleta" - Copyright © 2004 FilmFour, South
Fork Pictures y Tu Vas Voir Productions. Distribuida en España
por Vértigo Films. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "Diarios de motocicleta"
Añade "Diarios de motocicleta" a tus películas favoritas
Opina sobre "Diarios de
motocicleta" en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda "Diarios de
motocicleta" a un amigo
|